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Ruiz: Irse por las ramas derecho a lo esencial‏


Los años chilenos de Raúl Ruiz
por Yenny Cáceres | ycaceres@quepasa.cl.
Revista Qué Pasa, 25/08/2011
http://www.quepasa.cl/articulo/cultura/2011/08/6-6410-9-los-anos-chilenos-de-raul-ruiz.shtml

19 de marzo

"Esta casa podría ser un monumento nacional por toda la gente
famosísima que ha pasado", dice Raúl Ruiz. Son las 11 de la mañana de
un sábado, y este Ruiz luce mucho más repuesto que cuando lo
entrevisté en diciembre, para el estreno de Amledi, el tonto. Ha
ganado algunos kilos después del trasplante de hígado del año pasado,
y hasta bromea con que se tendrá que poner a dieta.

La casa de la que habla es un departamento en calle Huelén, en
Providencia, antiguo, con piso de parqué, de otra época. Aquí vivió en
los 60, junto a sus padres. Aquí, se filmó El tango del viudo (1967),
un mediometraje donde actuaban Luis Alarcón y Delfina Guzmán, que
creíamos perdido hasta que Ruiz nos cuenta que apareció hace poco.
Aquí, un día llegó a alojar el poeta ruso Yevgeny Yevtushenko, amigo
de Neruda. Aquí, un joven Ruiz recibió los consejos de Joris Ivens,
uno de los padres del cine documental. Y, en una máquina de escribir
Olivetti, en ese mismo comedor frente al que estamos sentados,
escribió los diálogos de sus primeras películas.

Como siempre, una entrevista con Ruiz es someterse a una larga sesión
de citas, chistes y digresiones ("irse por las ramas derecho a lo
esencial", según su propia definición). Este Ruiz habla de películas
inconclusas que quiere retomar, como El tango del viudo. De proyectos
que realizará en los próximos dos años. De una nueva obra de teatro
que estaba escribiendo para Santiago a Mil. Este Ruiz está muy lejos
del que apareció en las noticias, el viernes pasado, cuando anunciaron
su muerte.

-En sus inicios, ¿por qué se pasa del teatro al cine? Una vez José
Román, guionista y crítico de cine, me dijo que él creía que el medio
teatral había sido un poco hostil con usted.

-No. Pepe es pesimista y practica el rencor nacional. Entonces para
apoyarme dice eso. No, en el teatro me trataron bastante bien, había
un espíritu de capilla muy fuerte, se juntaban todos y eran -los que
se interesaban en lo que yo hacía- gente de otro medio social, de otra
clase social. Todos tenían casas en el campo o iban a casas en el
campo, tenían relaciones, se movían… Yo también soy rencoroso, como
Pepe que tiene un rencor social, yo también lo sigo teniendo.

-No pensé que usted tenía rencor social. No se le nota.

-Es que lo tengo mitigado porque no lo considero una virtud. Ahora es
distinto. Hace unos días me dieron un doctorado honoris causa en
Valparaíso y bueno, siempre voy a estas ceremonias como medio aburrido
y medio halagado, es una mezcla. De repente miro a los estudiantes y a
ninguno de ellos los habría visto en la universidad en mis tiempos, yo
era como el único roto digamos. Eran verdaderamente caras populares,
caras muy aindiadas, lo digo yo, que también lo soy. Y me vino una
especie como de euforia. Me puse contento ese día y suspendí mi juicio
sobre Chile y dije, bueno, pase lo que pase, o por las razones que
sean, estos chicos están aquí estudiando en la universidad y Medicina,
que es una carrera cara y no es fácil de entrar. Entonces de repente
tuve la sensación de una verdadera promoción social.

-Pero ahora hay muchos universitarios que tienen que pedir un crédito
en un banco para poder estudiar.

-Claro, es terrible. Pero es que más que eso, Chile nunca se va a
aceptar como el país racista que es. Y además es un error porque lo
que se suele llamar indio es como la cara de un español de Andalucía.

Justamente los proyectos en que ahora estoy trabajando para dos años
más tienen que ver con eso. Estoy haciendo una cosa que no se debe
hacer, que es jugar con el tiempo, la apuesta de que voy a estar dos
años más acá. Estoy haciendo algo en torno a varias novelas -no son
adaptaciones- de Blest Gana. Y lo que quiero hacer justamente es
trabajar en ese período en que se va decantando la oligarquía
nacional, que es un período que en los países varía mucho. Tenemos un
cronista privilegiado de eso que es Blest Gana. Después de la caída de
Balmaceda se estabiliza la formación de una casta social. "De
Bezanilla para arriba y de Bezanilla para abajo…" ¿Conoces esa
expresión? Los curas la usaban mucho. Cuando yo me vine de Valparaíso
a Santiago, hice el sexto año de Humanidades, el cuarto medio de
ahora, en los Padres Franceses de Santiago, y en esa época solamente
habían oligarcas. Ahí usaban mucho la expresión, "éste es de Bezanilla
para arriba o de Bezanilla para abajo". Se llegó al extremo de que un
cura me quería presentar una niña de apellido Tagle para que los niños
salieran Ruiz Tagle.

-Volviendo a sus inicios, ¿cómo fue reencontrarse, hace pocos años,
con su primer cortometraje, La maleta (1960/1963)?

-Yo soy una persona de emociones a destiempo, ése es el toque indio,
de reacción tardía. Los indios son de reacciones tardías y
desproporcionadas. Se atrasan, pero se les pasa la mano. Entonces en
el momento no me produjo nada, me lo produjo después, cuando ya la
terminé de montar.

-¿Y cuándo encontró El tango del viudo?

-El año antepasado, en el Normandie. La tiene Alex Doll, me propuso
que la termináramos. La vi y está pésima, y además se perdieron los
diálogos. Tengo la impresión de que está completa, era un mediometraje
de casi una hora. En lo que vi estaban todas las tomas, que eran como
una hora y media, pero hay que encontrar a una persona sordomuda que
pueda descifrar los textos. Después de eso los tomo y los reescribo.
Podría haberlo hecho en febrero, pero estuve haciendo pequeñas tareas,
bueno escribiendo para una obra de teatro, para reincidir.

-Los cortometrajes que se hacían en esos años, con directores como
Sergio Bravo o Miguel Littin, eran muy sociales. Visto desde ahora,
resulta raro que en el Cine Experimental de la Chile le hayan dado
material para hacer algo tan surrealista.

-Claro, pero ni me preguntaron lo que iba a hacer. De hecho, la gente
del Partido Comunista era muy puntillosa sobre ciertos temas. Entonces
comencé a ser, no agredido, sino todo lo contrario, solicitado, para
ser concientizado. Y yo siempre he tenido problema con que me
encasillen.

-Pero usted no era comunista.

-No, pero era como socialista, no era de derecha digamos. A los
comunistas les molestaba que alguien no fuera de derecha o de
izquierda, les molestaban las medias tintas. Entonces llegaba alguien
y me decía: vi lo que hiciste, pero eso no pega con nada. Empezaba así
la cosa. Y de repente era un poco cierto porque yo estaba filmando La
maleta en la calle, y en la calle de al lado había una manifestación
de estudiantes. Era una realidad también eso. Era casi como darle la
espalda voluntariamente a una realidad. Eso lo integré después cuando
hice Tres Tristes Tigres (1968), que no fue la realidad social, pero
por lo menos era la realidad de los bares que yo frecuentaba.

23 de abril

Ha pasado más de un mes desde la última sesión. Ruiz está cansado.
Durante todo el mes ha estado supervisando el rodaje de la que sería
su última película, La noche de enfrente, que se filmó en el Norte. No
viajó a Antofagasta, pero igual se hicieron algunas escenas en
Santiago. Que la cita sea el sábado de Semana Santa, más que una falta
de religiosidad, en el caso de Ruiz es la prueba de lo que todos
siempre han dicho, de que es un director que no descansa nunca.

-¿Cómo conoció a Joris Ivens?

-Bueno, porque el medio acá era chico y él dio un seminario comentando
sus películas. Ésa es una de las razones de por qué, cuando puedo, doy
ese tipo de seminarios, porque para mí fue muy útil escuchar a Joris
Ivens, a pesar de que no tenía nada que ver con lo que a mí me
gustaba. Es muy importante ver a alguien que hizo algo y que es un
personaje que ya está en la historia del cine y que comenta con la
mayor naturalidad cómo hizo ciertas cosas.

-¿Se acuerda de algún consejo que le haya dado?

-Recuerdo lo que dijo cuando le contaron que yo era surrealista. Con
esa obsesión de que las cosas no se pueden repetir, que es muy
nacional. "El surrealismo es de los años 30, cómo va a haber un
surrealista chileno en los años 60", decían. Ivens dijo, "todos los
jóvenes son surrealistas, déjenlo tranquilo". Me acuerdo de otra cosa
que me dijo, que en Polonia había un movimiento de cortometrajistas y
que había cosas que iban en el mismo sentido que La maleta. Citó a
Polanski, Dos hombres y un ropero (1958). Ésa sí que es coincidencia.

-En Tres Tristes Tigres y Nadie dijo nada hay un retrato de la bohemia
de esos años y de un Santiago que ya no existe. ¿Por qué le interesaba
retratar ese mundo?

-Porque era el mundo en el que yo me movía. Lo que yo encontraba ahí
era el aspecto sobre todo, cómo decirlo, mágico, por eso es que no
había literalmente denuncia social. Estaba implícita. Había más una
fascinación por la vida cotidiana de las personas, por su profunda
comicidad, en francés se le dice drôlerie, que se ajusta más. El
aspecto regocijante de la vida cotidiana, más que el aspecto sórdido o
triste. Es también triste, es también sórdido, pero hay algo divertido
en todo eso, que es la mirada propiamente chilena.

-Y además está el aspecto del habla…

-Ahí lo que quería tomar en el lenguaje chileno es la sintaxis, mucho
más que las expresiones, porque casi no hay expresiones dialectales,
son todas expresiones del castellano. Pero la redacción, la manera de
decirlas, el espíritu, hace que de repente no se sepa de qué se está
hablando, que es como el lenguaje implícito, el decir una cosa por
otra es muy fuerte.

30 de abril

Es la última sesión. Copa está inquieta. Maúlla más de la cuenta, y se
pasea por los piernas de Ruiz. Copa es la gata de Ruiz, enorme y
regalona, herencia de su madre ya fallecida. Ruiz cree que la gata
intuye que está por partir. En un par de días más, Ruiz viajará a
Francia. Por última vez.

-Durante la UP usted era militante…

Sí, pero ser militante del Partido Socialista quiere decir muy poco.
No es gran mérito. Militante del Partido Comunista es cosa seria, o
sea, habían reuniones periódicas. En el PS las reuniones se hacían de
repente, a veces no.

Nosotros éramos un grupo de gente bastante romántica. Con un
romanticismo errático al mismo tiempo, con ganas de hacer muchas
cosas, pero sin saber mucho qué, salvo yo, que quería hacer cine y que
mi prioridad era hacer cine.

Todo el mundo andaba sobreexcitado, se hubiera dicho que andaban todos
con Ritalín. Toda la gente andaba con ganas de hacer las cosas más
raras, no necesariamente militantes. Describiéndolo desde ahora era un
momento en que había un gran espíritu de juego.

-En una entrevista usted decía que en la UP todos estaban haciendo un
papel, como en una gran representación.

-Pero eso siempre en América Latina ha existido, y yo creo que en
todas partes del mundo. En América Latina fue más flagrante que la
gente asuma roles de personajes del pasado. Pero leyendo este libro
monumental de Menéndez Pidal sobre La Canción de Rolando, parece que
en la época de Carlomagno todos se ponían nombres de personajes
griegos, uno era el Homero, otro era Sócrates, o sea había una
teatralidad al asumir roles del pasado para de algún modo decir: eso
es lo que yo quiero hacer. En la UP se hablaba de la campaña del
terror. Entonces literatura del terror eran libros como Diez días que
estremecieron al mundo de John Reed, porque leíamos y era exactamente
lo que estaba pasando en Chile, pero en Chile estaban muertos de la
risa. Esa risa que le viene a los chilenos después de los terremotos.

-Esa idea de estar representando un papel uno la ve en La Expropiación
(1972), Palomita Blanca (1973) o Diálogos de exiliados (1974).

-Sí, se transmite eso, que es bastante diferente de la versión
oficial. No es que sea en contra, es un complemento necesario.

-¿Y usted alcanzó a hacer talleres para campesinos y obreros?

-No. Inmediatamente fui bloqueado. Hay que decir la verdad, la
cultura, y sobre todo el cine, nunca fue tomado muy en serio. Y eso
viene de arriba. A Allende le gustaban las películas del Oeste, punto.
De repente iba por obligación a ver ciertas películas, yo sé que fue
a ver Tres Tristes Tigres. Dijo que había que apoyar ese tipo de cine,
pero en lo concreto le gustaba el cine de entretención. Hasta el día
de hoy el cine no es tomado muy en serio en Chile, sobre todo por la
gente de literatura. Todavía es considerado como una entretención o
como una excrecencia de otras artes, como la literatura, la pintura o
el teatro.

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