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“Momentos estelares de la humanidad”


"Reflexionen un minuto en dónde estaría Chile si hubiéramos seguido por la vía del Estado motor del desarrollo..."


Así se titula un libro de Stefan Zweig que describe puntos de inflexión en la historia, donde, en una disyuntiva, la decisión tomada tuvo consecuencias enormes para un país o una civilización. Ahí se relata cómo un mariscal francés persiguiendo a los prusianos no vuelve a Waterloo, a pesar del ruido de cañones, se pierde la batalla y marca la derrota de Napoleón y el inicio de la era moderna. Se cuenta también la decisión alemana en la Primera Guerra Mundial de permitir a Lenin retornar de Suiza a Rusia para iniciar la revolución comunista, probablemente la más sangrienta que conozca la historia de la humanidad.

En nuestras propias vidas hemos tenido puntos de inflexión. La elección de nuestra profesión o con quién nos casamos, o los trabajos que aceptamos o rechazamos. Con los años, vamos aguzando el instinto, la razón y el sentido común, y mejoramos en la toma de decisiones. En el fútbol es igual, Bilardo respecto de Caniggia —que con la madurez llegaría a ser un gran jugador de fútbol—, lo describía cuando joven diciendo que elegía mal, porque picaba cuando tenía que enganchar y enganchaba cuando tenía que picar.

Los países también tienen momentos estelares, puntos de inflexión. En el siglo XV China tenía el mismo ingreso per cápita de Europa y decide cerrarse al mundo, perderse la revolución científica e industrial y ello la condena a un retraso y pobreza de 500 años respecto de Occidente. Chile se acerca a una de esas encrucijadas con la historia. Don Francisco nos diría: elija la puerta blanca o la roja. La puerta blanca es la del capitalismo democrático y del desarrollo, la puerta roja es la del estatismo democrático y el subdesarrollo.

En la blanca el imperfecto modelo chileno, en la roja el perfecto populismo sudamericano. La puerta de la libertad es mas desafiante, nos obliga a trabajar y ser responsables, nos da libertad, pero nos exige esfuerzo y perseverancia. Limita al Estado, porque no lo idealiza, y fiscaliza a los privados, porque tampoco los idealiza. Confía en las personas y su capacidad de elegir, y con ello de acertar o equivocarse. Busca que cada uno pague por lo que usa y se esfuerce por lo que quiere, porque así valora lo que logra.

Es la ruta de menos impuestos y gasto fiscal, y de más ahorro e inversión privada. Es la ruta de los que trabajan, que hablan poco y crean mucho. La puerta roja es la ruta al estatismo, el populismo y un espejismo de igualdad. Es la ruta que nos mantuvo condenados a la pobreza y desigualdad como país por 50 años y como continente hasta hoy. Es la ruta de los intelectuales que hablan mucho y crean poco, de los que reclaman derechos sin deberes. Es el camino al Estado que proyecta una sombra gigantesca que deja que muchos se cobijen bajo ella, pero que nadie crezca bajo ella. Es la ruta de más política y menos trabajo, más gasto y menos ahorro, más rutina burocrática y menos resultado empresarial.

Los que no sepan a qué me refiero, vean lo que el estatismo democrático le puede hacer a países ricos. Piensen en Argentina, que en 1900 tenía el mismo ingreso per cápita que Australia y vean dónde está hoy. Reflexionen un minuto en dónde estaría Chile si hubiéramos seguido por la vía del Estado motor del desarrollo, a que nos condujo la idealización del Estado y la ignorancia económica. Y si todavía no entiende el momento estelar que enfrenta Chile, lea el libro “El Otro Modelo”, que quiere hacernos ignorar 100 años de conocimiento y experiencia económica, política y jurídica. Es la llave de la puerta roja, un pasaje para nuestros hijos sin retorno hacia el tercer mundo.

Desde 1990 todos los presidentes, con buen juicio y moderación, han abierto la puerta blanca y mantienen clausurada la roja. Unos por vocación, otros por conveniencia y todos por realismo, han reconocido que no hay democracia posible con Estado rico y ciudadanos pobres, y que solo la libertad, esfuerzo e iniciativa privada de los más, genera la riqueza que permite que ayudemos a los menos.

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