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Jean Kerleo: El guardián de los perfumes históricos


 
 Una biblioteca aromática

Es uno de los perfumistas más legendarios de Francia y hace más de dos décadas creó L'Osmothèque (la Osmoteca), una suerte de biblioteca que reconstruye y guarda fragancias. En Versalles, donde funciona esta institución y están guardados los más de dos mil perfumes y sus fórmulas, Jean Kerleo revisa los aromas que han marcado la historia y su carrera.   

Texto y fotografías: Juan Luis Salinas T., desde París.
Diario El Mercurio, martes 9 de octubre de 2012

El aroma embriaga. Con toques orientales. Florales. Muy femenino. Quizás demasiado.

-Este es Arlequinade, uno de los perfumes que componían la colección del diseñador Paul Poiret. Lo presentó en 1923, poco tiempo después de crear su línea de fragancias Les perfumes de Rosine, en honor a su primera hija... Poiret fue el primer creador de alta costura que entró al negocio de los perfumes.

El perfumista Jean Kerleo lo cuenta en un inglés enrevesado, contaminado por su fuerte acento francés y obstaculizado por la ansiedad de hablar de un tema que lo apasiona.

Son las cinco de la tarde y Jean Kerleo -un hombre de 80 años y  modales pausados- está en la oficina central de L'Osmothèque (la Osmoteca), una suerte de biblioteca que reconstruye la historia de la perfumería, ubicado en el número 36 de la calle Parc de Glancy, cerca del Palacio de Versalles, al oeste de París, en las instalaciones del Isipca, el Instituto Superior de Perfumería, Cosmética y Aromática.

Jean Kerleo fue el creador de este espacio que se inauguró en 1990, y hasta hace dos años fue su presidente. Ahora entregó el cargo, pero su adoración por recuperar y mantener lo que llama "el aroma del tiempo" está intacta.

-Los olores definen los recuerdos -dice mientras en su mano sostiene un pequeño frasco negro-marrón. Una botellita que sacó de una pequeña maleta oscura que había dispuesto sobre su escritorio. Ahí, protegidos por la suavidad de una funda de terciopelo, hay otras de las fragancias de Les perfumes de Rosine y una decena de aromas fundamentales.
Kerleo mira la caja y su contenido con una expresión que limita entre la adoración, la vanidad y la redención.

-Estas son nuestras joyas -dice casi en un murmullo.

Kerleo toma una lata oscura y saca un touche -una tira de papel blanco absorbente usado por los perfumistas para probar las fragancias- y lo introduce en uno de los pequeños frascos de su cofre. Con un movimiento delicado pero enérgico lo remoja por menos de un segundo y lo ofrece.

-"Le Chipre de Coty", de 1917. Ya tiene casi un siglo de antigüedad. François Coty creó con este perfume una de las familias más clásicas. Contiene notas de musgo de roble, pachulí y bergamota que se integran con otras florales o frutales -explica Kerleo, quien ya tiene en su mano un papelito impregnado con un nuevo aroma para descubrir.

-Aquí está el agua de Colonia que creó Napoleón.

Antes de sentir su aroma, Jean Kerleo comienza a contar su historia. Dice que Napoleón llevaba un frasco de este perfume en su bota para combatir el hedor de la guerra. Usaba uno o dos frascos al día. Cuando fue exiliado a la isla de Santa Elena en el Atlántico Sur, no pudo llevárselo y lo extrañaba. Louis Etienne de Saint Denis, el valet que lo acompañaba en el exilio, se ofreció a prepararlo en base al recuerdo de la fragancia. Años después de su muerte, al revisar las pertenencias del valet, quien vivía en Versalles, entre estos papeles estaba la fórmula del perfume. En 1992, el ex alcalde de Versalles, André Damien, se la entregó a Jean Kerleo para que lo recreara.

El perfumista era el indicado. Durante sus más de cincuenta años de carrera ya había demostrado su talento para recuperar la esencia de los recuerdos.
 
L'Osmothèque es un lugar único en Francia. Por sobre otros espacios famosos dedicados al perfume que existen en ese país como el Museo Internacional de la Perfumería en Grasse, la legendaria "ciudad de los perfumes; el Museo Fragonard perteneciente a la casa de perfumes que lleva ese nombre y que tiene tres sedes: una en Grasse y dos en París (en la Rué Scribe 9 y el Boulevard des Capitanes 39) y El Castillo de los Perfumes de Chamerolles, en Orléans, en el centro sur francés.

A diferencia de estos museos, que recorren la historia, la evolución y muestran los procesos con que se crean las fragancias, la Osmoteca de Versalles es una "biblioteca aromática" que alberga más de 2.500 perfumes de todas las épocas y estilos. 

Las fragancias son custodiadas bajo llave y protegidas con un sistema especial de conservación para que no pierdan su aroma. Los perfumes son almacenados en una suerte de bodega bajo tierra, un lugar que llaman la cueva y que está bajo la casona que durante estas dos décadas ha albergado a la Osmoteca. Ahí se conservan a 12 grados Celsius. Para contrarrestar el efecto del aire, que oxida los perfumes, cada botella es sellada con un centímetro de gas argón, ya que es más pesado que el aire.

Además de la conservación, el gran trabajo ha sido conformar su catálogo. Con los aromas recientes no hay mayores problemas, simplemente llegan y se conservan. Pero hay muchos perfumes que ya no existen y que han debido ser recuperados gracias a la ayuda de las casas que los creaban, de los herederos o familiares de los perfumistas o gracias a la casualidad, como ocurrió con el agua de Napoleón.

-Algunas marcas divulgan sus fórmulas de los perfumes que han dejado de vender, pero otras se niegan a entregar las fórmulas de sus aromas olvidados. Sin embargo, siempre hay alguien dispuesto a hablar. Para obtener las fórmulas antiguas de Guerlain, contactamos al perfumista de la casa Jean Paul Guerlain, quien realizó una docena de perfumes para nosotros como Kadine, una fragancia que la casa no tiene ni en sus archivos -explica Jean Kerleo, quien luego de dejar su puesto como nariz de la casa Jean Patou se obsesionó con la idea de crear la Osmoteca. La comprensión del pasado en la perfumería era fundamental para el desarrollo de los perfumistas del futuro.

-Cuando las casas de perfumes nos entregan sus fórmulas, nosotros no asumimos como si nos las hubieran regalado. La fórmula se guarda en una caja de seguridad; sólo tres personas tienen llave. Porque nuestra idea es preservarlo, no comercializarlo. Somos los guardianes de los aromas.

Las funciones y la actual estructura de la Osmoteca es similar a la idea original de Kerleo: reconstruir y preservar las fragancias en condiciones óptimas para la posteridad, la creación de un foro de perfumistas para la discusión de diversos aspectos, métodos y problemas técnicos, y educar a profesionales y al público en general en la historia de estos perfumes mediante seminarios.

Pese a la genialidad del proyecto, Jean Kerleo esperó cerca de una década para encontrar socios que apoyaran su idea. En 1988, Gérard Delcour, quien entonces presidía el Comité Francés del Perfume (PPC), se involucró con la idea. Luego apareció Didier Simon, entonces presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Versalles, quien no sólo apoyó económicamente la idea, sino que también ofreció una casa La Osmoteca en el campus de Isipca. Luego llegó el patrocinio de la Sociedad Francesa de Perfumistas y aparecieron perfumistas importantes que se integraron a su comisión técnica: el historiador de la perfumería Jean-François Blayn; Raymond Chaillan, creador de fragancias clásicas como Opium y Anäis Anäis de Cacharel; Jean-Claude Ellena, actual nariz de Hermès; Robert Guy, autor del libro básico de la perfumería "Les Sens du Parfum" y creador de clásicos como "Dioressence" de Christian Dior y "Calèche" de Hermès; Yves Tanguy, quien fue la nariz tras la versión masculina "L'eau de Issey".

-Con ellos empezó todo. Yo fui sólo el hombre que dio la idea -dice Jean Kerleo.

Cuando Osmothèque abrió sus puertas en 1990 sólo tenía 400 fragancias. Actualmente mantiene una selección que abarca todo. Desde joyas que se daban por desparecidas como el Agua de la Reina de Hungría; "Le Jardin de Mon Cure", una esencia creada para Guerlain en1895; "Marsolia" de 1927 y "Mon Boudoir" de 1922. Y otros más comerciales, desde "CK One" hasta las fragancias de la tenista Gabriela Sabatini.
 
Jean Kerleo llegó a la perfumería por casualidad. En 1955, cuando tenía 22 años, y luego de haber cumplido con su servicio militar, empezó a buscar trabajo. Entonces vivía en una pequeña ciudad de la región de Bretaña en el noroeste de Francia, una península que se extiende unos 240 kilómetros desde Atlántico, el canal de la Mancha y el golfo de Vizcaya. Un conocido le comentó que en la casa Helena Rubinstein de Nueva York necesitaban aprendices de perfumería y que debía presentarse en París al día siguiente. Entonces, Helena Rubinstein tenía una fuerte presencia en Francia con sus líneas de cosméticos y sus salones de tratamiento. En 1965, mientras trabajaba para Rubinstein, Kerleo ganó el Premio de Parfumeurs de France.

-Sus perfumes eran ligeros, con ingredientes de bajo costo. Para alguien que recién empezaba estaba bien. Jacques Jansen, fue un maestro. Cuando él se fue de ahí, lo sucedí -recuerda Jean Kerleo.

En 1967 fue reclutado por la casa de perfumes Jean Patou. Ahí llegó a ser el director técnico y se le atribuye la creación de clásicos modernos como "1000", "Má Liberté", "Voyageur "y "Sublime". Además, Kerleo desarrolló fragancias para Yohji Yamamoto y Lacoste, dos etiquetas cuya licencia estaba entonces en poder de Patou.

-Se sueña con la fragancia antes de escribir la fórmula. Luego esas ideas se llevan al papel. Se empieza como compositor, porque el perfume tiene arreglos, sinfonía de aromas, pero hay que terminarla con algo concreto, como la pieza de un escultor -dice Kerleo.

En sus espaldas hay varias vitrinas llenas de botellas de perfumes conocidos. A diferencia de los frascos pequeños, simples y oscuros en los que guarda los aromas para preservarlos, estos envases son coloridos y de formas caprichosas.

-Aquí tenemos muchos perfumes recientes. Desafortunadamente, hoy el negocio es más importante que la creación. Hace medio siglo la calidad era lo principal; ahora lo que importa es lanzar aromas cada vez más rápido, pero de esos muy pocos se mantienen en el mercado. En el pasado, la creación de un perfume tomaba años. Hoy este trabajo no se toma como una creación artística.
Kerleo frunce el ceño y dice:
-Y cada vez más fórmulas quedan en el olvido.
 
Atardece sobre Versalles. Afuera pega un viento fresco, pero los 12 grados que se mantienen en la bodega donde se guarda la colección de perfumes de la Osmoteca no resultan fríos. Al contrario. Los estantes llenos de botellitas provocan una sensación agradable. Una curiosa calidez.

Jean Kerleo revisa las botellas, todas rotuladas. Tienen círculos verdes, amarillos y rojos. El perfumista explica que es como un semáforo. Las que tienen la pegatina verde tienen su fórmula más segura. Las que tienen el sello rojo, hay que protegerlas.

Kerleo dice que su interés por la reconstrucción de fragancias olvidadas surgió en la misma medida en que fue perfeccionando su carrera de perfumista en Jean Patou, en donde fue creando nuevos aromas. Y también por una petición de Jean de Mouy, entonces presidente de Patou, quien en 1984 le encargó una tarea que parecía imposible: recuperar doce de las más clásicas fragancias de la marca que habían desaparecido del mercado y que algunas antiguas clientas de la marca seguían pidiendo. Jean Kerleo se interiorizó de las fórmulas originales y el resultado fue el lanzamiento de la colección Ma, que fue un éxito.

-Ahí se me ocurrió que podríamos repetirlo con otras fragancias desaparecidas, recuperar sus fórmulas y recuperar su historia. Cuando dejé Patou -luego de 33 años de trabajo- seguí pensado en esto y me embarqué en La Osmoteca.

Para Jean Kerleo, duplicar perfumes desaparecidos en la forma más exacta posible es también una manera de responder a los comentarios que escucha cuando la gente huele una fragancia que reconstruyó.

-Algunos dicen: huele bien, pero creo que hace veinte años los perfumes olían mejor. La gente tiende a recordar las cosas mejor de lo que eran, pero lo molesto en este caso era que los perfumes de los que opinan no existen desde hace más de ochenta años; es imposible hacer una verdadera comparación.

Ese es el caso de las joyas que Jean Kerleo guarda en su maletín: las 12 fragancias que ha rescatado de las 36 que alguna vez conformaron Les perfumes de Rosine que creó Paul Poiret; L'eau de Verveine, que en 1925 presentaron las hermanas Callot, unas legendarias costureras parisinas o "Fougère Royal" de la casa de perfumes Houbignant.

-Lo creó el perfumista Paul Poiret en 1882. Fue el primer perfume "Fougère" (helecho, en francés) de la historia, estableció una nueva familia olfativa que cambió las fragancias masculinas. Su particularidad es que, hasta su muerte, todos los ingredientes eran naturales. Ahora todos los perfumes de la familia Fougère son sintéticos. Todo el mundo pensó que olería mal y se sorprendieron de que fuera muy bueno.
El perfumista mira el frasco, remoja la punta de un touche y lo lleva a su nariz.
-Haber recuperado este perfume, me ayudó a conseguir la composición original de otro clásico de la casa, "Peau d´Espagne".

Kerleo lo buscaba desde hace tiempo. Un día alguien le dio el teléfono de la hija de Enrico Donati, el último dueño de Houbignant. Ella lo contactó con su tío Antoine, quien guardaba las fórmulas. Él dijo que las dejaría fotocopiar, pero antes necesitaba probar su seriedad. Le comentó que desde su niñez recordaba perfectamente "Fougère Royale", y sabía que Kerleo lo había recuperado. Y le pidió olerlo. Si era tal como lo recordaba, le pasaría la fórmula y otras de la casa Houbignant.

-Y lo convencí. En estos frascos están algunos de esos perfumes que ya habían desaparecido.





«Ese aroma que hace al recuerdo respirar profundo... »
(Cuatrimesario, 1985)

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