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Padre Peyton


Padre Peyton
"La familia que reza unida, permanece unida"
por el Padre Raúl Feres  

Padre de Schoenstatt
Diario El Mercurio, domingo 9 de Octubre de 2011

El Evangelio de hoy nos habla de un banquete de bodas donde los invitados se niegan a ir con diferentes pretextos. Entonces, el dueño de casa enojado decide hacer su invitación a todos los que se encuentren en las calles y caminos.

Sentarse a la mesa es un signo de amistad y cariño. Jesús nos hace una invitación permanente a disfrutar de este banquete de "manjares suculentos, medulosos, de vinos añejados, decantados". ( l1a Is. 25,6-10).

La eucaristía es un banquete en torno a la mesa del altar. Es el mismo Señor Jesús quien nos sirve con su palabra y con su cuerpo, lo cual constituye un preámbulo de lo que será el banquete definitivo en el cielo.


Pero nosotros tenemos pretexto para no ir: tengo otras cosas que hacer, no tengo tiempo, etc. ¿Por qué esa reticencia? A lo mejor no estamos motivados o desconocemos el valor de ese encuentro. La misa o eucaristía nos parece una obligación pesada, y además no la entendemos o nos aburrimos en ella.

Para poder comprenderla se hace necesario tener la experiencia de un encuentro personal con Jesús, que puede aclararnos su significado a través de su Palabra y de su Sacrificio renovado en forma sacramental.

Hoy día estamos concluyendo la "Semana de la Familia", que organiza anualmente la Iglesia Católica. Ha sido una oportunidad para reunirnos en torno a una misma mesa, tanto material como espiritual. Contribuye a ello el lema de la Iglesia: "Chile, una mesa para todos".

En la misma línea, se dio a conocer esta semana un documento inédito de los obispos católicos junto con pastores de otras confesiones cristianas acerca de los "valores fundamentales sobre la vida, el matrimonio y la familia", rechazando los proyectos sobre aborto terapéutico y uniones de hecho.

Todo esto ha de contribuir al fortalecimiento de la familia, para que sea realmente misionera, compartiendo su felicidad y gozo con muchos más fuera de ella.

Cristo nos reúne para que la Iglesia sea también una gran familia con una fe y valores comunes, creciendo en la esperanza de congregarnos un día, al final de nuestras vidas, para celebrar el banquete definitivo del Reino, donde el Señor "secará las lágrimas de los ojos. Y ya no habrá muerte, ni pena, ni llanto ni dolor", porque Él hace nueva todas las cosas. (Apocalipsis 21, 4-5).


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