Chile se comienza a descubrir
en el cambiante contraste
de las singulares luces y sombras
que definen su paisaje.
No hay límite para el horizonte de esa mirada.
Al final, ese paisaje
se nos impone y nos define
constituyéndose
en una absoluta imposibilidad
el situarse al margen de Chile.
Si hasta el sinsentido
de las cosas que sólo
pasan en Chile
es lo que a la larga
le provee del significado
como país entrañable.
Podemos ignorarlo desde lejos,
pero su presencia
sólo crece en la ausencia.
Para bien o para mal,
como escribió desde Manhattan
el poeta Lihn:
Nunca se sale del horroroso Chile...
Yo diría algo parecido:
nunca salí de este país
delirantemente bello
aunque los chilenos
no demos el ancho
de un país tan angosto
y a la vez tan amplio
con la punta del compás
en el fin del mundo
y abriendo un arco
que abarca y representa
lo vasto, remoto y desconocido.
Desde este locus vacilante
hay la posibilidad
de desplegar una mirada
distinta, con perspectiva
para contemplar el mundo,
fundarlo en la poesía
y construirlo con cariño,
audacia y respeto.
No nos queda otra...
ese es nuestro talento
que la tierra misma
se encargará de desenterrar...
ARTICULO RECIBIDO POR A.C.
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