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La palabra chilena más escuchada, la voz inconfundible...‏





Sobre esta piedra
por Antonio Martínez
Diario El Mercurio, Revista del Deporte
Domingo 7 de mayo de 2012

Un canal de televisión, desde la distancia y con un micrófono sensible, capta el discurso del preparador físico de Colo Colo, cuyo nombre poco importa, para estos efectos.

El profesional habla en voz alta y el plantel, a su alrededor, escucha humilde con la cabeza gacha.

Es una pintura del equipo albo, pero puede ser Universidad de Chile o Unión Española, porque es un óleo típico chileno.

Es fácil descubrir, en el discurso, la voz que es piedra filosofal, matriz y origen de nuestro mundo. 

Lo dijo una, dos y decenas de veces; fue sustantivo, adjetivo y verbo, para reafirmar eso que era reto, motivación, arenga, terapia y lavativa.

No les decía que habían sido lelos y que jugaron alelados, sino que empleaba el sinónimo que hace tiempo fue aceptado por la Real Academia de la Lengua Española: huevones.

Esta debe ser la palabra chilena más escuchada por los jugadores de fútbol y aparece instantánea cuando pierden; si les cae una goleada, se hace inevitable; y si el gol es en la hora última, la misma cosa.

¿Por qué perdieron? Por eso perdieron.
¿Y cómo jugaron? Cómo les dije.
¿Por qué les metieron ese gol? Porque estaban en eso.
¿Qué es lo que son? (No se pase, profe).

Para solucionar los males, conjurar su significado y exorcizar el término, se les enseña que les faltó energía, virilidad, sudor y testosterona, porque hay que jugar y poner lo que hace falta: huevos.

Meterle huevos cocidos, revueltos, fritos, escalfados y a la copa.

El discurso anterior, como se sabe, apaga la llama de la inteligencia y relega el conocimiento específico y científico que requiere el fútbol.

Huevos es la solución.

Es el discurso más improductivo, básico y huevón.

Porque así son las cosas, el término es para todos y va y viene, de ida y vuelta: para los que dirigen y arengan y para los que escuchan y juegan. Para el que escribe y para el que lee.

Está a los dos lados del espejo y no es permanente, menos mal: es un estado anímico e intelectual que nunca nos abandona. A diario, una vez a la semana, cada 30 días o anualmente. Lo único que cambia es el promedio, pero no el hecho vital, que los chilenos tenemos el don de reconocer: estoy, ando o me desperté muy huevón.

Los jugadores de Universidad Chile, Unión Española y Colo Colo, debido a las sendas derrotas, pueden dar fe de ese chilenismo que les ladra en las esquinas, muerde sus tobillos y les lima la cabeza.

Una palabra que es como el pecado. 

Todos los somos. 

Que nadie tire la primera piedra.
 

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