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La pérdida de su hábitat y los perros amenazan al pudú

Especie vulnerable:

Si se tiene suerte, es posible avistarlo entre las regiones de Maule y Aysén, aunque su timidez no ayuda. Gracias a las cámaras-trampa, recién se ha podido conocer más de la biología y hábitos de este pequeño ciervo nacional.  

por Richard García

Diario El Mercurio, lunes 26 de agosto de 2013
 
Algunos dicen que 10 mil, otros seis mil, pero en realidad nadie sabe con certeza cuánta es la población de pudúes de Chile, un ciervo que habita desde la región del Maule hasta Aysén, pero que concentra su mayor población en la isla de Chiloé.
"Esta especie es considerada como vulnerable, debido a una declinación continua y una reducción de la población de más de 30% en los últimos 12 años", explica Paulo Corti, investigador del Programa de Investigación Aplicada en Fauna Silvestre de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la U. Austral. Ello se ha estimado por la disminución de la calidad y disponibilidad de su hábitat y la gran tasa de ataques por perros, además de la caza ilegal, dice Corti.
La mayoría de los especialistas coincide en que el tema de los perros es el más preocupante. Eduardo Silva, doctor en veterinaria del Departamento de Ecología y Biodiversidad de la U. Andrés Bello (UNAB), descubrió que al menos la mitad de los pudúes que llegan a centros de rescate animal lo hacen debido a sus ataques. Y no se trata de perros salvajes, sino de los propios vecinos de áreas protegidas que los manejan libres, dice.
La solución, opina, está condicionada por un tema de tenencia responsable, pero también hay uno de tipo cultural, por la limitación de recursos económicos de sus dueños.
En 2011, Silva formó parte de un estudio denominado "Prioridades para la conservación del pudú en el sur de Sudamérica", donde se reconoció la amenaza que enfrenta por la expansión de la actividad humana y de sus mascotas, pero también que existe muy poco conocimiento de su ecología y conservación.
La recomendación principal fue establecer un monitoreo de la especie, al menos en áreas protegidas.
Gracias a un programa de seguimiento con cámaras-trampa en Villarrica, investigadores de la Fundación Fauna Andina Los Canelos han logrado identificar corredores biológicos y áreas de apareamiento. "Su uso del hábitat es desalentador, porque el bosque nativo prácticamente no existe. Se ha transformado más bien en un especialista de manchones del bosque nativo y ha tenido que adaptarse a áreas arbustivas. Incluso se le ve en plantaciones exóticas", cuenta Fernando Vidal, director de la fundación y docente de la Escuela de Medicina Veterinaria de la U. Santo Tomás, quien también participó en el estudio de 2011.
A diferencia del huemul, la actividad del pudú se desarrolla bajo la cota de los 750 metros, es decir la zona donde la actividad humana genera mayor impacto. Además, debe competir por el hábitat y el alimento con el ganado y especies exóticas, como los ciervos rojos. "Ambos tienen el potencial de transmitirles enfermedades y desplazarlo", dice Vidal.
Otro tema complejo es su alimentación. "Sus requerimientos varían en forma estacional, es decir, en invierno comen hojas de diversos árboles, incluyendo además helechos y hongos; mientras que en primavera y verano se alimentan de pasto", explica el veterinario.
La U. de Concepción se ha dedicado a estudiar su potencial reproductivo y de crianza en cautiverio. Las investigaciones, lideradas por la bióloga Eugenia Reyes del Departamento de Biología Celular, se han realizado sobre todo en las dos décadas anteriores y en conjunto con investigadores de las universidades Guelph (Canadá), de Munich (Alemania) y de Praga (República Checa).
"Estudiamos su ciclo de vida, madurez sexual, períodos normales de reproducción y hormonas que regulan esta actividad; además de estudios de comportamiento", cuenta Reyes. Actualmente trabaja en un manual de manejo de la especie.
En Chile, su caza está prohibida y su tenencia y comercio es fiscalizado por el SAG. Hoy existen 21 criaderos que mantienen a la especie, los que son fiscalizados una vez al año para conocer el estado de los animales y los recintos. Además, el servicio atiende denuncias sobre animales heridos o tenencia ilegal y los lleva a clínicas o centros de rescate para su recuperación.
 Perseguido
Entre 1977 y 1987, el pudú enfrentó una despiadada caza gracias a una ambigua resolución otorgada por el SAG de esa época. Cientos de animales fueron capturados y muertos para comerlos o vender sus pieles. Otros fueron llevados a un criadero en una remota isla del archipiélago de Chiloé, donde hoy todavía se pueden encontrar, y desde allí algunos partieron a Argentina o a zoológicos extranjeros. El hecho fue denunciado por la Revista del Domingo de "El Mercurio"

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