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Traducir es como interpretar una pieza musical...‏





Traductor chileno Orden al Mérito Pablo Neruda
La odisea de Miguel Castillo Didier

Estudió Pedagogía en Castellano, Derecho e Interpretación en órgano. Hoy es el mejor traductor al español de Kavafis y Kazantzakis, y uno de los mayores helenistas del mundo, reconocido en dos oportunidades por el gobierno de Grecia.  
por Pedro Pablo Guerrero
Diario El Mercurio, Artes & Letras
Domingo 25 de marzo de 2012
 
En una habitación al fondo de una casa de sinuosos pasillos en la calle San Francisco, en el mismo sitio donde alguna vez funcionó el "Colejio Rosa del Sagrado Corazón para Señoritas", que dirigía su bisabuela materna, está sentado el profesor Miguel Castillo Didier. Junto al órgano de tubos con el que le pagó la viuda de Kazantzakis su traducción de la "Odisea", hay un piano vertical, un armonio, un clavicordio y un clavecín, pequeños bustos de Beethoven y Wagner, un retrato de Bach y muchas fotos familiares, entre las que destaca la de Jorge, su hermano sacerdote, fallecido hace diez años, el mayor de los siete hermanos Castillo Didier.
"Nuestro hermano-papá", lo llama Miguel Castillo. "Él enseñó también griego y latín. Los jesuitas en ese tiempo estudiaban mucho. Fueron campeones de los estudios clásicos. Ahora han dejado el latín y el griego; estudian inglés. Qué terrible, ¡cómo cambia el mundo!", dice.
Miguel Castillo nació en una familia de cultura humanista. Su madre tocaba el piano y cantaba en casa. Su padre, profesor de filosofía, era un gran lector, aficionado a estudiar idiomas. Él les transmitió a todos sus hijos el gusto por los libros. Fue también la persona que, a mediados de los años 50, puso en sus manos un volumen que no iba a olvidar nunca: la primera traducción al español de "Cristo de nuevo crucificado", de Nikos Kazantzakis. Miguel Castillo ya estudiaba Pedagogía en Castellano y se había iniciado en el aprendizaje del griego clásico, en los cursos libres que dictaba el profesor Fotios Malleros en la Universidad de Chile. Con los años, Castillo llegaría a ser director del Centro de Estudios Griegos, Bizantinos y Neohelénicos que lleva el nombre de su maestro.
De Kavafis oyó hablar por primera vez en la conferencia sobre poesía neohelénica que dictó en Santiago Jorge Razís, un funcionario del consulado de Grecia en Valparaíso. Razís leyó sus traducciones de tres poemas de Kavafis. Deslumbrado, Castillo le pidió más textos, pero estaban en griego moderno, idioma que no dominaba. Fue entonces cuando se decidió a aprenderlo, para decepción del profesor Malleros, quien tenía la esperanza de verlo convertido en un filólogo de griego clásico. Sus primeras traducciones fueron poemas de Odiseo Elytis -pioneras en español- y de tres autores neohelénicos -Seferis, Kavafis, Palamás- que colocó en el diario mural de Escuela de Leyes de la Universidad de Chile, donde estudiaba Derecho en forma paralela.
Miguel Castillo nunca se recibió de abogado, pero ha llegado a ser, según los entendidos, el mejor traductor al español de Kavafis y Kazantzakis y uno de los mayores helenistas del mundo, reconocido dos veces por el Gobierno de Grecia. Miembro de la Academia Chilena de la Lengua, traductor de la poesía completa de Constantino Kavafis (Tajamar Editores), y autor de una biografía sobre el poeta alejandrino que se publicará este año, el profesor Miguel Castillo se apresta a recibir este martes, a las 19:00 horas, la Orden al Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda, que le entregará el ministro de Cultura Luciano Cruz-Coke.
"Cuando me pregunto el porqué de este reconocimiento, llego a la conclusión de que lo que he hecho es aprender la vida entera, y enseñar la vida entera para compartir lo que uno ha recibido. En el aula he tenido maestros maravillosos. Desde el Colegio Hispanoamericano, tanto sacerdotes como laicos. Después en el Pedagógico, para qué decir: Ricardo Latcham, Eleazar Huerta, Ambrosio Rabanales, el doctor Rodolfo Oroz. Grandes, grandes. Y en la Escuela de Leyes: Álvaro Bunster, un profesor extraordinario, y Jaime Eyzaguirre, Alamiro de Ávila... En el conservatorio también fueron muy buenos mis profesores, así que he tenido esa gran suerte. He tratado de aprender de todos. De mi familia, de todos los profesores, los colegas, de mis alumnos; ¡uno aprende tanto de los alumnos!".
-¿Enseñar y traducir son vocaciones indisociables?
"Claro, y de hecho yo he estado traduciendo siempre para los alumnos, porque he traducido bastante más de lo que se ha publicado. Poetas posclásicos, helenísticos, que son menos conocidos. Lo he hecho sin mayores pretensiones, no ya para publicar ni para organizar; así que han estado la traducción y la investigación totalmente enlazadas con la docencia".
-¿Cuál de sus traducciones es la que más lo satisface?
"Es casi imposible responder eso. Pasa más o menos lo que pasa cuando a uno le preguntan por su músico preferido. Al final cada uno entrega una forma de belleza, todos con su personalidad distinta, pero igual de conmovedora. Con los poetas ocurre algo parecido. Es imposible que Kavafis y Kazantzakis no aparezcan como las cumbres, pero son distintos y las dificultades también son muy diferentes".
-¿Cuál es la obra que más le ha costado?
"La 'Odisea' de Kazantzakis, sin duda, fue la más dificultosa. Si no hubiera tenido la ayuda por carta de la viuda, yo creo que nunca hubiera terminado. Fueron seis años de trabajo. Kazantzakis utiliza elementos lingüísticos dialectales muy amplios del griego moderno, sobre todo de Creta, y muchísimas palabras que él mismo formó y que no estaban en ningún diccionario. Además, no había diccionarios de griego moderno-castellano hasta hace recién tres o cuatro años, así que había que batirse con textos ingleses y franceses. Lo otro es la inmensidad y la complejidad de lo que va ocurriendo: hay tal cantidad de sueños, de cantos, de historias dentro de otras historias, que hay momentos en que uno está medio perdido".
-Se ha dicho que traducir es como interpretar una pieza musical. Usted, que sabe hacer ambas cosas, ¿lo ve así?
"No me parece mal la comparación. En el caso de la música hay una parte básica, que es técnica: hay que leer las notas tal como están puestas, el ritmo, la velocidad. Todo eso es un aspecto que podríamos llamar mecánico. Lo que viene después es la interpretación. Ahí verdaderamente uno tiene que tratar de ponerse en la mente del artista, del creador: cómo interpretaba él, con los medios que tenía, lo que está escrito. En la traducción también hay una parte básica, que es saber bien el significado de todas las palabras, pero en seguida viene un problema que ya está en otro nivel: los medios expresivos de cada lengua son distintos, en algunos casos muy distintos. Uno tiene que pensar la manera en que quiso un poeta expresar algo, con los medios que tenía en su lengua. Yo debo tratar de imitarla y buscar los medios más aproximados que mi lengua tiene".
-¿Hay contactos entre la poesía chilena y la poesía griega moderna?
"Es una pregunta para especialistas de la literatura, sin embargo hay algunos síntomas. Se hizo en Grecia hace unos diez años, un tomo con poemas que ellos llamaron Kavafoyení ; o sea, nacidos de Kavafis, que de alguna forma tienen su punto de origen en un verso, poema, o idea del autor. Mandaron preguntar a varios países. Resultó que entre los alumnos que yo tuve, Alejandro Zambra presentó un poema. Otro alumno, Kurt Folch, lo mismo. Y así se fueron juntando siete autores chilenos, dos de ellos mujeres, que habían escrito poemas con algún motivo kavafiano. Me parece que todos esos jóvenes han seguido admirando y leyendo a Kavafis".
-¿Percibe en Kavafis una afinidad con Parra o Neruda?
"Con ninguno de los dos. Quizás con Parra en cuanto al uso de la lengua coloquial, pero no al de la ironía al grado en que la ha utilizado Nicanor Parra. En cambio, hay un poeta que desgraciadamente es menos conocido, Yanis Ritsos, que sí tiene muchas semejanzas con Neruda en cuanto a la inmensidad de su obra, verdaderamente oceánica, y eso es lo que dificulta, precisamente, la traducción y el ser difundido. Él también fue una persona de izquierda. Durante la dictadura de los coroneles estuvo relegado en la isla de Samos y durante la guerra civil estuvo en un campo de concentración. Si su obra fuera más traducida habría estudiosos que harían la comparación. Es como el Neruda de la lengua griega".
-"Nunca faltan las personas que dicen que los estudios antiguos no sirven para nada", afirmó usted hace unos años. ¿Todavía se encuentra con estas opiniones?
"Sí, más de alguna persona lo dice a veces, y no hay mucho que responderle. Si realmente lo siente así, casi hay que compadecerla. El hecho de que en el Centro Fotios Malleros tengamos todos los años entre 20 y 27 alumnos, muy buenos, que vienen con sacrificio después de una jornada de trabajo o de estudio, el solo hecho de que haya jóvenes que tengan ese interés y se acerquen al mundo griego antiguo, indica que esa literatura responde al sentimiento y a inquietudes de esta época. Yo, mientras más enseño, más me convenzo de que Homero, los trágicos, son absolutamente actuales, nos dicen tanto, nos hacen reflexionar tanto, que es evidente que no van a pasar nunca. Por supuesto que en una sociedad como la actual, con este modo de vivir tan apresurado, tan urgido, y tan terriblemente presionado por el consumismo y esta propaganda inmensa que llega por todos lados, es evidente que no puede ser una afición mayoritaria; eso es imposible. Además, los medios en Chile y América Latina no contribuyen para nada".
-¿Es partidario de que se repongan las lenguas clásicas en la enseñanza media?
"Eso realmente ya es casi imposible. Pienso que fue una gran pérdida la supresión del latín, que se complicó con las controversias entre la Iglesia, el anticlericalismo y el laicismo. Desgraciadamente fue así, pero a estas alturas, después de casi un siglo y medio, es muy difícil reponer las lenguas clásicas, porque cada vez los niños tienen que estudiar más cosas. Están muy presionados, desde chicos. Hay una imagen física de ese recargo: las mochilas. ¡Cuántos kilos cargan los pobres niños! Es difícil que algún colegio pueda reponer las lenguas clásicas. Tendría que suprimir algo, acomodar horas. En Venezuela, en el tiempo que yo estaba, había algunos colegios que enseñaban latín".
Destierro en Venezuela
-¿Por qué usted se exilió en Venezuela trece años?
"Tuvimos que salir de Chile por fuerza después de que mi esposa estuvo en manos de la DINA. No sé por cuántos milagros -y según las personas creyentes, fueron varios- ella fue una de las sobrevivientes de Villa Grimaldi. La tomaron detenida el 23 de julio de 1976. Yo no volví más a la universidad desde ese día, hasta quince años después. Ahí comenzó la odisea de arrancar, y luego de esconderse cuando la soltaron. Caímos en Venezuela por circunstancias increíbles. Una de mis hermanas, en su desesperación, fue a la embajada de ese país. A los tres años del golpe ya no se asilaba a nadie, y entonces la recibió el segundo funcionario en jerarquía. 'Mi hermano es profesor, ha traducido a autores griegos, como Kazantzakis', le dice mi hermana. El señor va a un estante, toma la edición de la 'Odisea', que recién había llegado de España, y le responde: 'Yo soy un gran admirador de Kazantzakis, y voy a sacar a la familia aunque me cueste el puesto' ".
-¿Cómo llegó a hacer el catálogo de órganos de las iglesias de Venezuela?
"Allá estuve un año entero sin trabajo en una ciudad llamada Los Teques. Todo ese tiempo nos ayudaron dos griegos: un señor que tenía un cafecito, y otro que tenía un bazar. Nosotros no teníamos nada. Un día, desesperado porque no podía seguir recibiendo plata para comer, fui al Palacio de Miraflores, en Caracas. Pedí una entrevista con el historiador José Luis Salcedo-Bastardo, que era ministro asesor de Cultura del Presidente Carlos Andrés Pérez. Le pregunté si me podía ayudar a conseguir trabajo. Tomó el teléfono y empezó a llamar. Le había gustado mi idea de catalogar los órganos de las iglesias que yo había estado mirando y eran muy valiosos. Me hicieron un contrato, y después ingresé al Instituto Latinoamericano de Investigaciones y Estudios Musicales Vicente Emilio Sojo. Me dieron una credencial para ir a las iglesias, que nunca necesité. Llegaba, hablaba con el párroco, y él me decía: 'mira, chico, no sé lo que hay adentro, tú encarámate y ve'. Otro mundo, ¡una espontaneidad! Aquí le diré que hacer el catálogo de los órganos de Santiago me costó muchísimo, por la desconfianza que había".
Este martes, el profesor Miguel Castillo recibirá en la Biblioteca Nacional la Orden al Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda.  

"Fue una gran pérdida la supresión de las lenguas clásicas en los colegios, pero a estas alturas es muy difícil reponerlas".
 Reivindicación a Francisco de Miranda
Durante su exilio, Miguel Castillo se interesó en la figura del intelectual y patriota venezolano Francisco de Miranda (1750-1816). El año pasado publicó el libro "Miranda escritor" (Centro de Estudios Griegos de la Universidad de Chile/Asociación Internacional Andrés Bello), con el objeto de reivindicar en nuestro medio la figura de Miranda, destacando su faceta de helenista y su relación con el Abate Molina, Bernardo O'Higgins y Andrés Bello.
"La ignorancia sobre Miranda es fomentada, en parte, por el culto a Bolívar, que ha sido arrasador. Muchos siguen repitiendo que entregó Venezuela y que capituló frente a los españoles, cuando fue el Gobierno venezolano el que, por unanimidad, trató de salvar la situación cuando ya era insostenible. Lo dicen grandes historiadores como Tomás Polanco, José Luis Salcedo-Bastardo y Caracciolo Parra-Pérez, que desgraciadamente no son leídos. Incluso personas tan serias como Iván Jaksic, que tiene ese libro magnífico sobre Andrés Bello, tranquilamente afirma que Miranda capituló y fue derrotado".
Miguel Castillo hace notar que en Chile no hay un monumento al héroe venezolano. "Sólo existe un busto en Chillán, y había otro en la Universidad de La República. No sé qué fue de él. Los masones reivindican a Miranda como masón, y la verdad es que no hay elemento documental alguno que permita afirmar que lo fuera. Su gran mérito está en la lucha por la libertad y los derechos humanos tanto en Francia como en América", sostiene.

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