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Las matrioskas de Bachelet. Complicación dentro de un malentendido, envuelto en una equivocación mayúscula y así ad infinitum...‏


"Mientras algunos en la derecha creen que todo es economía y se olvidan de la política, el equipo gobernante incurre en el error contrario, y tiende a creer que la economía es cosa de pura voluntad: si los empresarios quisieran, la economía florecería..."


Todo partió tan bien en marzo para Bachelet, con una popularidad tan alta, una votación tan impresionante y todo un país que le atribuía las dotes de un hada madrina, que la única posibilidad que quedaba era que las cosas empeoraran, como efectivamente sucedió. A casi diez meses de haber asumido, sus numerosos problemas semejan a una matrioska rusa, donde, como en esas muñecas, una complicación se esconde dentro de otra.

El primero y más visible de sus problemas parece ser la baja de popularidad, un dato que para ella debe resultar especialmente doloroso. La estrategia de mantenerse como una reina en las alturas, muy eficaz en su primer gobierno, supone contar con unos equipos muy distintos de los actuales. Hoy, si quiere que las cosas funcionen, tiene que meterse en la contingencia; pero no puede hacerlo sin asumir costos y responsabilidades, cosa que, además de ser poco agradable, afecta su popularidad, porque los discursos dan para todo pero las decisiones concretas no siempre son de gusto general.

Cuando se abre la matrioska de las encuestas aparece la de la economía, esa maldición que acompaña a casi todos los gobiernos socialistas. Bachelet y su equipo asustan a los empresarios, pero al mismo tiempo les exigen que sigan invirtiendo. ¿No es fantástico? Mientras algunos en la derecha creen que todo es economía y se olvidan de la política, el equipo gobernante incurre en el error contrario, y tiende a creer que la economía es cosa de pura voluntad: si los empresarios quisieran, la economía florecería. Si no da muestras de crecimiento, solo puede deberse a la mala voluntad de esa gente egoísta.

Dentro de la matrioska económica está la de la educación. Como casi todo en el planeta Tierra, ella solo funciona si hay plata: por eso se hizo la reforma tributaria. Pero como se infló tanto la reforma de la educación básica y media, el dinero apenas alcanzará para mal financiar el fin del lucro, del copago y la selección escolar (de la calidad no hablemos, porque aquí no importa demasiado).

¿Y qué pasa con la reforma universitaria? La respuesta es dolorosa: ella marcó el inicio del movimiento estudiantil, con sus exigencias de terminar con el lucro y conseguir la gratuidad, pero las universidades llegaron tarde al reparto, y hoy los pesos no alcanzan para financiarles todos esos anhelos.

La presidenta de la FECh ya se dio cuenta del problema, y ha reaccionado del único modo que conoce: anunciando movilizaciones para 2015. Pobre Valentina, no se da cuenta de que Camila pudo llegar al estrellato porque tenía enfrente a Sebastián Piñera y a Felipe Larraín, con las finanzas nacionales en orden y bien provistas. Hoy la situación es muy distinta y, por mucho que los universitarios salgan a las calles, las probabilidades de conseguir más medios para las universidades son más bien escasas. ¿O piensan que el Gobierno se animará a hacer una segunda reforma tributaria?

A la matrioska educacional se suma una tensión que es consustancial a la Nueva Mayoría, la que existe entre el PC y la DC. Como no parece que el PC vaya a cambiar sus ideas, la única solución para Bachelet sería que la DC se izquierdizara. Pero si algo ha mostrado este año 2014, es que la DC ha hecho un excelente negocio al mantener una fisonomía propia y no hacer caso a los que quieren venderle su alma a la Nueva Mayoría. Más problemas para la Presidenta.

Para enfrentar esta sucesión de dificultades, Bachelet puede seguir estrategias muy distintas. Una, poco probable, es aprovechar el próximo cambio de gabinete para decir: "perdón, me equivoqué". Es difícil, porque está sinceramente convencida de lo que está haciendo y no es amiga de retractaciones.

Así las cosas, y como la lógica política le exige hacer algo para calmar las inquietudes del público, lo más probable es que enfrente los problemas con photoshop . Como no puede alterar ni la economía ni la educación, que están en el ADN de la Nueva Mayoría, tendrá que pintar las matrioskas de otro color. El cambio de look podría consistir en el reemplazo de algunos ministros poco conocidos (la Nueva Mayoría toma este desconocimiento como ineptitud, sin advertir que son desconocidos porque no han incurrido en ninguna metida de pata). De este modo, podrá cambiar para que todo siga igual. Los riesgos del photoshop no son muy grandes, porque las expectativas ya se han desinflado y son cada vez menos los chilenos que todavía creen que su Presidenta posee dotes sobrenaturales

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