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El recadero invisible, que será recordado por que va por la vida repeinado y con trajes hechos a la medida, todo demasiado estudiado, medido, un poco rígido y ciertamente irrelevante...‏

ANDRÉS BENÍTEZ, 


rodrigo peñailillo ministro interior

El hombre invisible - El figurín del año


Dicen que es poderoso, que habla mucho con la Presidenta, que tiene buenas relaciones con los partidos, en fin, que se maneja. Puede ser, pero para mí, el ministro Peñailillo es más bien invisible, no se nota; tampoco molesta, pero pese a su exposición es poco vistoso.
Claro, algunos lo encuentran fachoso. Es claro que el hombre se preocupa de su look, pero el resultado no es bueno. Quien mejor lo retrató en este aspecto fue la bloguera española, Patrycia Centeno, famosa por sus ácidas descripciones de los políticos. Dijo que cuando le presentaron a Peñailillo, la cosa no le cuadró. “La verdad es que sus trajes hechos a la medida no consiguen el efecto deseado. Va excesivamente repeinado. La perfección forzada cansa, molesta y crea sospechas. Es mejor cuando el atuendo luce algo descuidado, que se ve más auténtico, es más real, menos distante”, dice.


Tiene razón, pero el problema de Peñailillo es que esa imagen externa es la misma que proyecta en sus palabras, en sus acciones. Es demasiado cuidadoso en todo. Sus opiniones son tan estudiadas que no trascienden. Nunca se sale del libreto. Para él, las cosas parecen no estar bien o mal, simplemente son. La mayoría de las veces parte aludiendo a su jefa. La Presidenta dice, la Presidenta lo verá. Todo esto en un tono tan distante, que diluye el mensaje”.


Con esto tampoco dirige. Él, se supone, es el jefe del gabinete, quien debe dar las directrices. Nada de aquello ocurre. Entonces, le dicen que está muy solo, que necesita ayuda, que no se puede echar toda la pega encima. Puede ser, pero ese  no es el problema. El punto es que Peñailillo no se nota.La consecuencia de esto es que la propia Presidenta ha tenido que bajar a tierra para hacer la pega. A la gente no le basta el mensajero, quieren escuchar ideas, no recados.
Anuncian  que viene un cambio de gabinete, pero que el ministro del Interior es innamovible. Es probable. Puede que siga hasta el fin del gobierno, pero eso no significará mucho. No estamos frente a la figura política que se prometió. Como va, no se inscribirá en la lista de los grandes conductores de la política chilena. A lo mejor, nos acordaremos de sus trajes, pero no de sus palabras. Hasta ahora nada de lo que ha dicho importa demasiado.
Quizá es mucho pedir. El hombre es joven y más que mal lo tiraron a los leones con poca preparación. Pero la política es más brutal que aquello. No da plazos, por la sencilla razón de que no hay tiempo. Los gobiernos son cortos y hay que rendir ahora, no después. Ser joven no es excusa.
Tampoco se percibe que el hombre pueda cambiar. Su patrón de conducta es demasiado marcado; más bien inflexible. Es como se viste: rígido. Así las cosas, con el paso del tiempo es probable que se haga más reservado. Si llegan refuerzos al equipo político, su figura decrecerá, porque alguien más tendrá que hacer la pega. Y Peñailillo seguirá ahí, hablando de la Presidenta, apostando a que las cosas mejoren. Sin molestar mucho, siempre cuidado, pero también siempre un poco invisible para la gente.

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