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Un pesebre en La Moneda


El pesebre de La Moneda es una muestra de que la Presidenta Bachelet está propiciando esta laicidad inclusiva e integradora. Ha mantenido la capilla interreligiosa en el Palacio de Gobierno y ha asistido oficialmente a celebraciones religiosas como los Te Deum Católico y Evangélico y el Hanukkah judío.


La instalación de un pesebre en el Patio de los Cañones del Palacio de la Moneda ha suscitado comentarios críticos. Se alega que los recursos invertidos serían mayores que los del año pasado y que no se estarían respetando los deberes de un Estado laico.

Más allá del problema del gasto incurrido, que -según han explicado las autoridades- es sustancialmente menor si se considera que este pesebre está destinado a ser usado en los años venideros, la cuestión de fondo planteada es, una vez más, la valoración que debe hacerse en una sociedad democrática de las expresiones públicas de las religiones que profesan los ciudadanos.

Existen tres opciones al respecto: el confesionalismo, el laicismo y la laicidad. En el primero, el Estado se compromete con una sola religión mientras tolera los demás cultos. En el lado opuesto, el laicismo propicia que el Estado prescinda de lo religioso en el ámbito público y admita, como una especie de mal menor imposible de evitar, que las personas profesen sus creencias en el marco de lo privado y lo doméstico. Como podrá advertirse, los extremos se topan. Podría decirse que el Estado que asume el laicismo, paradójicamente, pasa a ser "confesional", desde que deja de ser neutral frente al fenómeno religioso e impone, como credo oficial, una doctrina que desprecia la religión y le niega relevancia en el espacio público.

Entre confesionalismo y laicismo aparece el concepto de "laicidad", que busca instaurar una relación de mutuo respeto y colaboración entre las instituciones públicas y las diversas tradiciones religiosas que coexisten en la sociedad. El Estado no debe ser hostil ni tampoco indiferente, ha de reconocer y valorar el aporte que las comunidades religiosas pueden hacer a la riqueza de visiones y experiencias que se expresan en el tejido social.

El pesebre de La Moneda es una muestra de que la Presidenta Bachelet está propiciando esta laicidad inclusiva e integradora. Ha mantenido la capilla interreligiosa en el Palacio de Gobierno y ha asistido oficialmente a celebraciones religiosas como los Te Deum Católico y Evangélico y el Hanukkah judío.

Hay que alegrarse por ello. Pensemos en los resultados absurdos a los que se llegaría si se siguieran las voces de quienes se escandalizan al ver las figuras de Belén en el patio de La Moneda. Habría que suprimir también todos los pesebres que instalan muchas de las municipalidades del país. Y no solo los pesebres, sino los tradicionales árboles de Navidad, que son símbolos de la alegría por el nacimiento de Cristo. El hermoso árbol que Carolina Tohá, alcaldesa de Santiago, ha instalado en la Plaza de Armas, y que se compone de 1.600 muñecos y muñecas elaborados por niños de la comuna, tendría que ser derribado. Siguiendo la misma lógica, debería continuarse con los "viejos pascueros", el "cola de mono" y, ¿por qué no?, con los aguinaldos de Navidad de que gozan por ley los funcionarios públicos y los pensionados.

Aplicar un laicismo que suponga negar todo rasgo de cristianismo en una sociedad como la chilena implicaría diluir su identidad y amagar los valores que han conformado toda nuestra cultura. Bien puede aplicarse a nuestro país lo que el Papa Francisco señaló en su reciente discurso ante el Parlamento Europeo: "Considero fundamental no solo el patrimonio que el cristianismo ha dejado en el pasado para la formación cultural del continente, sino, sobre todo, la contribución que pretende dar hoy y en el futuro para su crecimiento. Dicha contribución no constituye un peligro para la laicidad de los Estados... sino que es un enriquecimiento. Nos lo indican los ideales que la han formado desde el principio, como son: la paz, la subsidiariedad, la solidaridad recíproca y un humanismo centrado sobre el respeto de la dignidad de la persona".

Son los valores a los que apunta la celebración de la Navidad, y que se plasman en estos días en el pesebre de La Moneda.

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