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El antidiscurso, la real caza, el artefacto perfecto...‏



La real caza

El paseo de caza del rey, su tropiezo con los elefantes, la ausencia del galardonado en el Cervantes, los discursos faltantes, el certificado médico del monarca, la expropiación de YPF no son otra cosa que un antipoema de Nicanor Parra.  

por Joe Black
Diario El Mercurio, domingo 22 de abril de 2012
http://diario.elmercurio.com/2012/04/22/reportajes/cuentan_que/noticias/0EE1036F-620D-4FAC-A2E4-936804C014E4.htm?id={0EE1036F-620D-4FAC-A2E4-936804C014E4}
 
Ustedes me excusarán, pero yo me niego a creer que fuese una mera coincidencia que Cristina Fernández anunciara la expropiación de la empresa española Repsol-YPF justo cuando el rey Juan Carlos enfrentaba el terrible bochorno de haber sido sorprendido cazando elefantes en África en Semana Santa.
No estoy diciendo que Cristina K "aprovechó" el instante de debilidad del monarca para hacerse de la gigantesca empresa petrolera, ya que es obvio que el plan estaba listo desde hace tiempo. Todo lo contrario. Creo que ni ella sospechó el contexto en que se producirían los acontecimientos. Y por eso fue todo tan magníficamente extraño, insospechado e irrepetible.
El día en que la Presidenta argentina anunció la expropiación de Repsol, exhibió un gráfico para demostrar la abrupta caída de la producción de la empresa y dijo que parecía "la trompa de un elefante". Una ironía exquisitamente perversa que le daba un toque humorístico a un hecho trágico a ojos de los españoles.
Al día siguiente, el canciller hispano, José Manuel García-Margallo, salió a fustigar la acción realizada por Cristina K. Dijo que, con la expropiación, Argentina se había "pegado un tiro en el pie". De inmediato, a todo el mundo se le vino a la cabeza el accidente que acababa de ocurrirle al nieto del rey Juan Carlos, a quien se le disparó una bala en una de sus extremidades inferiores. Ahora parecían ser los españoles los que satirizaban sus propios chascarros.
¿Otra coincidencia? Lo dudo. Más bien, todo parecía un guión perfectamente escrito por una mente genial.
Lo que ocurrió un día después fue simplemente histórico: el rey, ante un atónito planeta, pedía perdón. No dijo por qué se disculpaba, pero todos entendimos a lo que se refería. Caminando con muletas, el vestigio que dejó su fractura de cadera durante la excursión africana, se presentó ante los medios de comunicación. Estaba claro que por algún tiempo no muy breve el rey saldría de circulación para curar las heridas en su cuerpo y en su reputación.
El efecto más concreto para los chilenos de todo el incidente sería que don Juan Carlos tendría que restarse de una antigua tradición: entregar el Premio Cervantes, que justo este año recaía en un compatriota nuestro, Nicanor Parra.
Pero las cosas eran aún más alambicadas. El poeta de 97 años tomó la decisión de no viajar a España a recibir el premio. Tampoco alcanzó a escribir el discurso completo para recibir el homenaje, pero sí mandató a un nieto ("Tololo") para que leyera al menos un mensaje.
En síntesis, el Premio Cervantes de este año no tendrá al homenajeado (Parra) ni al anfitrión (el rey) ni el discurso histórico. Será una "antipremiación".
Ahora entiendo todo. El paseo de caza del rey, su tropiezo con los elefantes, la ausencia del galardonado en el Cervantes, los discursos faltantes, el certificado médico del monarca, la expropiación de YPF no son otra cosa que un antipoema de Nicanor Parra.
No hay caso, el hombre es un genio. Todo esto fue una "instalación" artística, un artefacto.
Parra lo hizo de nuevo, a punto de cumplir 100 años y desde Las Cruces.
El rey y Cristina fueron cazados por Parra, como si ellos fuesen dos animales y él un viejo zorro.

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