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Medicina y misericordia


por Mario Valdovinos
Diario El Mercurio, Revista de Libros,
Domingo 6 de Noviembre de 2011
http://diario.latercera.com/2011/11/06/01/contenido/opinion/11-89488-9-entre-plebiscitar-y-gobernar.shtml

Medicina y literatura han tenido un buen matrimonio. Allí están Freud,
Guimaraes Rosa, Cronin, Chéjov, William Carlos, tal vez porque la
literatura y la medicina hablan de la mente y el cuerpo. Hojas de
otoño es un relato del doctor Santiago Soto, una fusión entre novela,
por su tono y personajes, y autobiografía, porque el lector comprueba
que se trata de las vivencias del autor, bajo otros nombres y
circunstancias.

El dilema de esta narración testimonial es tan simple como hondo: el
protagonista, que narra en primera persona, envuelto en un tono
confidencial, decide contribuir a la fundación de una escuela de
medicina diferente, en la que, a pesar de la pobreza de medios, lo
decisivo sea una moral en la formación de los futuros médicos. Donde
no se empleen cadáveres para hacer autopsias y diseccionar órganos con
patologías, para eso están, hoy, los programas digitales y
tridimensionales sobre el cuerpo humano, para respetar no sólo la
vida, curando a los enfermos, sino también la muerte.

El libro desarrolla una casuística, los diversos pacientes que el
protagonista atendió en su larga vida profesional, sin eludir las
ramificaciones que sus enfermedades tenían con la vida interior:
Selma, Hernán, Ernesto, y su discurso pone énfasis en los maestros que
tuvo, aunque sin mencionarlo: él también lo es de sus discípulos que
lo veneran.

La medicina debe ser una ciencia, pero también una artesanía, donde el
facultativo escuche al enfermo, le conceda tiempo, lo palpe y
relacione su padecimiento con el entorno biográfico y sicológico que
ha vivido. Así el relato establece una suerte de decálogo del buen
doctor, el médico familiar y de barrio, en el que se teoriza
extensamente sobre la muerte cerebral, la vida vegetativa tras la
extinción de las funciones mentales, el transplante de órganos. Al
mismo tiempo, el narrador protagonista enviuda, cuenta sobre sus
estudios básicos y universitarios, tiene hijos, se vuelve a casar. Le
ocurre, como a todos, la vida y lo acecha la muerte.

La narración no excluye el tono edificante: el médico precisa ser el
soporte del enfermo, no sólo pedirle exámenes clínicos y recetarle
fármacos; debe quererlo y entender su sufrimiento, en especial cuando
la vitalidad comienza a extinguirse. De este modo, la síntesis tras la
lectura de Hojas de otoño es que la ética del médico tiene como
sustento la misericordia.

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