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¿Sabe usted escribir?



por Pedro Gandolfo
Diario El Mercurio, Sábado 04 de Febrero de 2012 
http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2012/02/04/sabe-usted-escribir.asp

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Cuando el hombre descubrió la escritura (hace unos 2.800 años), ella jugaba un papel subordinado a la oralidad. El alfabeto —esa fantástica tecnología que surgió en el Mediterráneo oriental— se empleaba como sistema de notación, una suerte de partitura, una antigua “grabadora” que buscaba registrar lo más fielmente posible el discurso oral. La escritura vino a ser el gran sustituto de la memoria.
Los amanuenses, aquellos funcionarios que ponían por escrito los discursos orales más importantes para conservarlos (leyes, decretos y sentencias, contabilidad administrativa, enumeraciones de efemérides o dinastías), fueron adquiriendo un estatus social cada vez más alto en la medida en que el discurso escrito ganó autonomía respecto del oral. La escritura inició entonces un desarrollo espectacular, del cual nunca estaremos lo suficientemente agradecidos: los primeros científicos, los filósofos, los poetas, los grandes trágicos, los historiadores, los narradores de fábulas y mitos empezaron a producir textos, muchos de los cuales (si no todos) glosaban a otros, en una cantidad abrumadora que no cesa hasta hoy. La civilización occidental es un don de la escritura, ya que esta potenció la capacidad teorética, creadora e innovadora del hombre.
¿Cuál es, cabe preguntarse, el estado actual del escribir en Chile? El lugar común es que escribimos mal, pero es probable que, vistos con distancia y puestos en el contexto histórico, nuestras habilidades correspondan al nivel cultural y educacional. Las escuelas privadas y públicas hace decenios que descuidaron enseñar a escribir. La evaluación casi exclusiva sobre la base de pruebas de alternativas simples y múltiples (una externalidad negativa de la PAA y PSU) sepultó las “pruebas de desarrollo”, las redacciones, “las composiciones” y las substituyó por la pereza y simplificación intelectual del “V” o “F”, “a”, “b”, “c”, “ninguna de las anteriores”: se dejó de medir (y apreciar) el correcto escribir. Paralelamente, desde mediados del siglo pasado, el grueso de las personas disponía ya de medios masivos de comunicación e información —una mezcla de oralidad, texto e imágenes— que resultaban más atractivos y cómodos que escribir, técnica cada vez más complicada, ardua y en la que no se encontraban adiestrados.
Un cambio importante en los últimos años —un cambio que quiebra la tendencia— es la explosión de la mensajería, del correo electrónico y los intercambios escritos en las redes sociales. Estamos volviendo a descubrir las ventajas, las utilidades y las gracias del escribir. Fuera de las escuelas, que están perdidas en otras cosas, los chilenos acaso estén empezando a jugar con las palabras, un arte cuyas sutilezas, belleza e inmensas posibilidades habíamos olvidado.

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