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En busca de la reconexión


Ethan Zuckerman fue de los pioneros en internet. Después de crear una de las primeras empresas puramente puntocom, diseñar los avisos pop-up y hacerse millonario antes de los 30, se dedicó a distintas ONGs y hoy es director del Center for Civic Media del MIT. Feroz crítico de la falta de información internacional en Estados Unidos, hoy apuesta por un mundo interconectado, que defiende y explica en su libro Rewire.


© Marina Gerosa
“Sería muy mala idea terminar con un McDonald’s de ideas y usar internet para reducir la cultura a su mínimo común denominador: es mejor usarla para acceder a las conversaciones más interesantes que están pasando en distintos lugares del planeta, en Chile o en Ghana”.
Fue en el Festival de Viña, el año 2008. Journey, la quintaesencia de la banda de rock estadounidense, se presentó sobre el escenario con un cantante filipino que encontró en YouTube. “Don’t Stop Believin’ ” fraseó Arnel Pineda y la Quinta Vergara estalló en aplausos. Pineda no era Steve Perry, el histórico cantante del grupo, pero era un reemplazo creativo y talentoso para la voz principal del grupo. Journey, después de Viña y a 40 años de su fundación, mantuvo a sus fieles fans y sumó una inesperada hinchada filipina. La banda siguió tocando.

“Es una historia maravillosa”, dice Ethan Zuckerman, el director del Center for Civic Media del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), profesor, por lo tanto, de uno de los mejores centros de educación superior en el mundo. Zuckerman fue de los pioneros de internet, creador de Tripod, una de las primeras empresas puramente puntocom. A mediados de los 90 diseñó los primeros avisos pop-up en internet y antes de cumplir 30 años ya era millonario. Luego se embarcó en ONGs: primero  Geekcorps, que busca la transferencia de tecnología a países más pobres, y más tarde Global Voices, una comunidad global que busca preservar la libertad de expresión en línea y la difusión de información, especialmente en países en desarrollo. Hoy se dedica a la docencia y la investigación, y rescata la historia de Journey y Pineda en Rewire: Digital Cosmopolitans in the Age of Connection, el libro que publicó este año y llama a reconectarse en internet, a utilizar la red no sólo para ubicar a viejas amistades en Facebook, sino para ampliar nuestros horizontes, plantearnos nuevos desafíos, pensar en nuevas soluciones. Tal como hizo Journey.

“Creo que tienes que estar abierto a la noción de que la mejor persona para un trabajo, una idea o un proyecto puede surgir del lugar más inesperado. El caso de Arnel Pineda es maravillosamente complicado. Abre conversaciones interesantes: por qué Journey tiene todavía un atractivo en otros países, por qué en Filipinas existe esta debilidad por las baladas rockeras. ¿Qué nos dice todo eso?”.

-Usted plantea en Rewire que en internet tenemos la opción de ser “cosmopolitas digitales”, aunque en la práctica la usamos principalmente para conectarnos con amigos o conocidos, ver las noticias locales o chequear los resultados deportivos del fin de semana.

-Lo que yo quiero plantear es que tenemos menos conexión internacional de la que queremos y de la que necesitamos. Es fácil decir entre empresarios que si quieres hacer negocios tienes que conocer los mercados mundiales. Pero lo que yo quiero plantear es la idea de la diversidad cognitiva para la gente común, para cualquiera. Las buenas ideas, las ideas brillantes no provienen de genios solitarios; surgen en la conversación con otros. ¿Podemos expandir nuestros círculos de influencia? ¿Podemos ir más allá de las ideas que escuchamos todos los días en nuestro círculo de amigos para resolver mejor nuestros problemas? Para resolver un problema es mejor tener un equipo de gente diversa que un equipo de gente experta. Si eres un empresario, o un artista, o un escritor, si quieres mejorar tu trabajo en cualquier área es mejor cuando buscas distintos puntos de vista”.

-Y eso es posible gracias a nuestro actual estado de “conexión digital”, ¿en qué se diferencia eso al proceso de globalización que ya estaba en marcha hace años y que muchos critican porque agranda a las empresas, amenaza nuestras identidades locales o arrasa con las diferencias? 

-Decimos “globalización” para referirnos a un montón de fenómenos distintos. Para decir que las personas viajan más, que los bienes, la cultura y las ideas se vuelven más móviles. Pero también ocupamos el término para referirnos a la “corporización” del mundo, a la creación de grandes corporaciones que aspiran a ejercer influencia en todo el planeta. O para implicar “homogeneización”, la idea de que todos consuman lo mismo al mismo tiempo. Cuando dices “globalización”, en algún lugar de tu cabeza estás pensando en McDonald’s, pero no tiene por qué ser sólo eso. Globalización también puede significar que ganas acceso al mejor arte, a los mejores productos culturales, a las mejores ideas en cualquier parte. Globalización podría significar entender mejor la interdependencia de nuestros sistemas y cómo generar flujos de bienes, ideas y personas que sean más sofisticados. Sería muy mala idea terminar con un McDonald’s de ideas y usar internet para reducir la cultura a su mínimo común denominador: es mejor usarla para acceder a las conversaciones más interesantes que están pasando en distintos lugares del planeta, en Chile o en Ghana.

-Pero cuando el tiempo y los recursos son limitados, usar internet para encontrar a los amigos o las noticias locales parece una decisión muy lógica, muy racional... 

-Me alegra  que prefieras tu comida local al McDonald’s. Pero también debes reconocer que vives en un país que es increíblemente dependiente del resto del mundo. Naturalmente, puedes hiperfocalizarte en lo local, pero en ese caso te vas a ir de sorpresa en sorpresa: no entenderás por qué el combustible es tan caro; por qué ciertos productos desaparecen del mercado; cuándo empezó a crecer la economía de Nigeria, o de dónde surgen las pandemias o los atentados terroristas. Tenía sentido enfocarnos en nuestra propia aldea cuando estábamos menos conectados en términos de transporte, economía, energía. Hoy, estar desconectados no nos hace bien.  Y porque es muy difícil revertir el camino de la globalización, es mucho mejor tratar de entender los procesos y las tendencias globales. Yo vivo en una ciudad pequeña, compro comida local, me simpatiza la idea de desconectarse de los aspectos negativos de la globalización, pero me preocupa que nos despreocupemos de los temas globales, porque yo quiero influir en los procesos que me afectan, todos queremos tener algo que decir respecto a los procesos que nos afectan.

-Desde la perspectiva de un país como Chile, con una economía muy abierta, pero flanqueado por el desierto, la cordillera, el océano, ¿cuáles son las oportunidades de la conexión digital?

-En cierto sentido, Chile es un país aislado y en otro sentido es un país globalizado y conectado. La economía global influirá mucho en lo que pase en Chile. Tienen una industria de extracción intensiva de recursos que depende mucho de los mercados globales. Porque es un país pequeño no es una economía que se pueda contener a sí misma: depende de otros países para importaciones y otros. Así que la idea de un país aislado es una ilusión. Si quieres entender el lugar de Chile en el mundo y el futuro de los chilenos, vas a necesitar una comprensión profunda de sus conexiones internacionales.

-Eso nos lleva al tema de la migración, que usted también aborda en su libro como parte de este mundo más conectado. En Chile, a medida que llegan nuevos inmigrantes, empiezan también a surgir los discursos xenófobos. Tendemos a pensar que vivimos en un país homogéneo y que ése es uno de nuestros activos.

-Una de las cosas interesantes de la inmigración es que hoy parece que fuera más grande que nunca. Hoy llegar de Chile a Boston te toma menos de un día; cien años atrás era un viaje de meses. Pero a nivel global, apenas cerca de un 4% de la población es inmigrante, vive en países donde no nacieron. En 1910 la cifra era de un 13%. Así que, con la excepción de Estados Unidos -que por lo demás es un país fundado por inmigrantes-, hoy el mundo está muy, muy, muy por debajo de su peak histórico de inmigración.  El porcentaje de inmigrantes en el mundo es muy pequeño, pero mantenemos hacia los inmigrantes una actitud que viene de la Segunda Guerra Mundial, cuando las fronteras se cerraron y los países se volvieron estáticos. Pero hoy la pregunta es qué beneficia más a un país, su diversidad o su homogeneidad. Japón es un país tremendamente homogéneo y necesita inmigrantes, gente joven que cuide a los ancianos, que dinamice la economía. Pero es difícil, porque no existe el apoyo social para los inmigrantes, es difícil para ellos comprender el idioma, ser aceptados. Y los japoneses están fabricando robots para cuidar a los ancianos. Canadá, en cambio, no sólo tiene jóvenes, porque tiene muchos inmigrantes; sus jóvenes son hiperconectados, tienen grandes grupos de inmigrantes que vinieron desde China, India y Asia y ellos le van a dar gran acceso a esos mercados, porque los conocen, tienen el idioma, la cultura. Así que Canadá considera que su diversidad es una ventaja estratégica. Como ves, son maneras distintas de enfrentar un mismo tema.

-Y ése es el tipo de cosas que se descubren cuando uno está conectado; cuando lees las noticias internacionales y tratas de comprender el mundo más allá de tu comunidad.

-Claro. Si piensas en ti mismo sólo como ciudadano de un país, es fácil que todos los que vienen de afuera te parezcan sospechosos. Pero si te piensas a ti y a tu país como espacios conectados con el resto del mundo verás a  los que vienen de afuera como una oportunidad interesante.

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