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Sólida mediocridad con tendencia al retroceso (Nos agota competir con el resto del mundo; nuestro problema es que añoramos aquellos años de tercermundistas, cuando competíamos en un estadio vacío y en una pista sin rivales para celebrar nuestros triunfos morales...)‏

ColumnistasDiario El Mercurio, Lunes 22 de septiembre de 2014http://www.elmercurio.com/blogs/2014/09/22/25410/Mediocridad.aspxMediocridad"La autocomplacencia con que nos miramos nos entrega todo tipo de excusas para no enfrentar los escollos. No nos inquieta el lugar en que aparezcamos, a pesar de que ser competitivos es garantía de bienestar para todos..."


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Adolfo Ibáñez

Hace algunos días se dio a conocer el informe de competitividad internacional preparado por el World Economic Forum y la Universidad Adolfo Ibáñez. En él aparecimos en el lugar 33 de 144 países. Hace diez años figurábamos en el lugar 22 y, cuando se comenzó a publicar en Chile hace casi veinte años, estábamos en el 17. ¿Qué ha sucedido para estar en esta tendencia decreciente?
Si tomamos el club de los diecisiete primeros, nos encontramos con que en los últimos catorce años hay doce países que siempre han estado en ese grupo (los mismos que Ud. puede imaginar sin problemas) y catorce que han entrado y salido de él. Pero todos estos últimos están muy adelante de Chile en este momento, incluyendo algunas naciones árabes, que hace dos décadas no figuraban y que desde hace unos años son titulares en esta selección.
La única respuesta posible a esta decadencia es la vocación para la mediocridad que hemos demostrado. Además, la autocomplacencia con que nos miramos nos entrega todo tipo de excusas para no enfrentar los escollos. No nos inquieta el lugar en que aparezcamos, a pesar de que ser competitivos es garantía de bienestar para todos: preferimos afirmar que estamos mejor así como somos. Desgraciadamente, la evidencia ha demostrado la falsedad de este predicamento. Simplemente preferimos eludir los problemas mientras no aprieten mucho. El resultado es que no estamos más atrás porque no han aparecido otros que nos desplacen. Hace diez años Indonesia flirteaba con Argentina y hoy nos pisa los talones; seguramente el próximo año nos adelantará. La contradicción es que si bien nuestras instituciones nos abren al mundo, en lo más íntimo preferimos estar encerrados.
Hablar de agenda de productividad ya es un tema viejo, pero igual no pasa nada. Sin duda que hace falta. Pero el problema va más allá. Se trata de que la competividad internacional revela capacidad, creatividad, tenacidad y muchas otras cualidades que solo son tales porque nacen del alma. Nuestro problema es que añoramos aquellos años de tercermundistas, cuando competíamos en un estadio vacío y en una pista sin rivales para celebrar nuestros triunfos morales. No nos preocupa el verdadero crecimiento espiritual, que es lo que permite levantar la vista hacia el horizonte. Esto hace que nuestros motores como país estén apagados y nos hayamos dejado llevar suavemente por el alto precio del cobre: ha sido una morfina para autoengañarnos. El problema es que cuando llegue la hora de la cuenta, va a doler.

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