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Paradero 14

"Hay una amplia capa de la población resuelta a defender prácticas e instituciones basadas en el mercado, las que estima consustanciales a su percepción de logro...


Ahí está el corazón de la comuna de La Florida, en Santiago. Lo estuvo siempre. Hace cuarenta años el paradero 14 de Vicuña Mackenna era el límite entre la zona urbana y las chacras y fundos que se extendían hasta Puente Alto. Ahí estaba el comercio y las fuentes de soda, que atraían clientes que llegaban incluso desde el Cajón del Maipo. A pocos pasos estaba y sigue estando la casona que aloja el Municipio. De ahí brotaba la avenida Walker Martínez, que conecta el centro de la comuna con Lo Cañas, en la cordillera, donde residían los vecinos más acomodados. A escasas cuadras hacia el sur se desplegó desde fines de los años sesenta el acelerado poblamiento de la comuna a partir de la toma de terrenos que dio lugar a la Villa O'Higgins, seguido posteriormente por otra población y proyectos inmobiliarios privados orientados hacia grupos de ingresos levemente superiores.

Al llegar los años noventa ya se había desvanecido su talante semirrural y La Florida se erguía como la comuna con más población del país. Era polo de atracción de familias jóvenes que comenzaban a capitalizar el crecimiento económico del país y a respirar sin complejos los aires de la democracia. El paradero 14, entretanto, reforzó su centralidad con la inauguración en 1990 del primer mall levantado fuera de la zona oriente de Santiago y con la llegada de la línea 5 del metro en 1997, a la que se sumó la línea 4 en 2005.

Todo lo anterior convirtió a La Florida en el símbolo de lo que se llamó el "Chile emergente", compuesto por familias pequeñas, con ambos cónyuges integrados al mercado laboral, muchos de ellos técnicos o profesionales que laboran en el mundo privado, que han accedido a una vivienda propia a través de un crédito hipotecario y que están afiliados a una AFP y a una isapre, que optaron por la educación particular subvencionada para sus hijos, y que se identifican mayoritariamente con la Concertación, que les abrió las puertas a condiciones de vida que superan con creces las de sus padres. La Florida era el vivero del Chile que nacía. De ahí que las empresas de estudios de mercado y los expertos electorales la tomaran como laboratorio desde el cual se podía comprender las tendencias futuras del consumidor y elector chilenos.

Las familias que colonizaron la comuna en las décadas del ochenta y noventa se consolidaron y envejecieron. Sus hijos siguieron la huella de sus padres, y los que no viven ahí mismo lo hacen en Maipú, Ñuñoa y algunos en Las Condes. Los nietos, sin embargo, se rebelaron. Ellos fueron los que salieron a las calles el 2011 proclamando la ruptura con el orden construido o tolerado por sus padres y sus abuelos, basado en el lucro y el mercado.

Muchos adultos se sintieron interpelados por el llamado de estos jóvenes. De ahí que en la clase política ganara fuerzas la idea de revertir el proceso de mercantilización e instaurar una sociedad más igualitaria basada en derechos: de hecho, aquí radica el núcleo de los proyectos impulsados por el gobierno actual. Se sabía que este programa provocaría la repulsa de los poderosos de siempre.

Lo que nadie previó fueron las resistencias que despertaría en el "Chile emergente", ese que tuvo su epicentro histórico en el paradero 14.

En efecto, lo que se ha descubierto en estos meses es que hay una amplia capa de la población resuelta a defender con dientes y uñas prácticas e instituciones basadas en el mercado, las que estima consustanciales a su percepción de logro, como la educación particular subvencionada y la salud privada. Es curioso que esta oposición tenga entre sus voceros a Walker (Ignacio) y Martínez (Gutemberg), aunque quizás fuera predecible: Walker Martínez, la avenida, nace precisamente en el paradero 14.

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