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Ríos urbanos por Mathias Klotz



Diario El Mercurio, VD, Sábado 10 de Noviembre de 2012

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Desde las antiguas civilizaciones, como la egipcia o la mesopotámica, se fundaron las ciudades por regla general en torno a ríos. Las razones sobran y no hay más que apelar al sentido común para entender que además de suministrarnos el agua necesaria para sustentar la vida y un sinnúmero de actividades económicas, en la mayoría de los casos han sido y continúan siendo una importante plataforma para el transporte y el intercambio de mercancías. Por otra parte, en muchas de las ciudades que atraviesan, los ríos se convierten en el icono, la postal o referente cultural de una nación. Nadie podría dejar de imaginar el Sena al referirnos a Francia, el Danubio al hablar de Austria o el Río de la Plata al recordar a nuestros vecinos.
En Europa la importancia de los ríos va incluso mucho más allá de representar el espíritu y la cultura de una determinada nación. La red fluvial está complementada por una serie de esclusas y canales que van tejiendo una trama que permite desplazarse al interior del continente, viajando, por ejemplo, desde el Mar Negro hasta el Canal de la Mancha, atravesando Francia, Alemania, Austria, Hungría, Croacia y Bulgaria. En América del Sur, el Amazonas con sus distintos afluentes comunica Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela, mientras que en Norteamérica el Mississippi hace lo suyo.
Todo este desarrollo ha sido posible gracias a factores históricos y culturales, acompañados de una topografía adecuada y muchísimo menos pronunciada que la nuestra, lo que permite que las aguas escurran en forma lenta y controlada.
En nuestro caso, donde tenemos una gradiente de varios miles de metros de altura en tan sólo 150 kilómetros de ancho, nada de esto sucede, salvo algunos tramos menores en la región de Los Lagos. Chile es una especie de terraza mirando al Pacífico, producto de pliegues en el terreno producidos por la placa del océano que se desplaza debajo de la continental, levantando la tierra y formando la cordillera. Es por esto que los ríos corren a gran velocidad, arrastrando inmensas cantidades de áridos, y su caudal fluctúa mucho de acuerdo a las estaciones.
Pero esto es una condición, no un defecto como muchas veces pareciéramos percibir en el entorno nacional.
El río que atraviesa nuestra capital podría transformarse en el parque urbano más largo e integrador del país, al reunir a su paso una serie de comunas que van desde Lo Barnechea hasta Pudahuel. Por desgracia esto no es así. Al contrario, la puerta de entrada a nuestra ciudad es el vertedero clandestino más largo del país, juntando basura y escombros en su ribera desde la Estación Mapocho hasta su desemRíos urbanos
por Mathias Klotz
Diario El Mercurio, VD, Sábado 10 de Noviembre de 2012

Mathias-Klotz.jpg
Desde las antiguas civilizaciones, como la egipcia o la mesopotámica, se fundaron las ciudades por regla general en torno a ríos. Las razones sobran y no hay más que apelar al sentido común para entender que además de suministrarnos el agua necesaria para sustentar la vida y un sinnúmero de actividades económicas, en la mayoría de los casos han sido y continúan siendo una importante plataforma para el transporte y el intercambio de mercancías. Por otra parte, en muchas de las ciudades que atraviesan, los ríos se convierten en el icono, la postal o referente cultural de una nación. Nadie podría dejar de imaginar el Sena al referirnos a Francia, el Danubio al hablar de Austria o el Río de la Plata al recordar a nuestros vecinos.
En Europa la importancia de los ríos va incluso mucho más allá de representar el espíritu y la cultura de una determinada nación. La red fluvial está complementada por una serie de esclusas y canales que van tejiendo una trama que permite desplazarse al interior del continente, viajando, por ejemplo, desde el Mar Negro hasta el Canal de la Mancha, atravesando Francia, Alemania, Austria, Hungría, Croacia y Bulgaria. En América del Sur, el Amazonas con sus distintos afluentes comunica Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela, mientras que en Norteamérica el Mississippi hace lo suyo.
Todo este desarrollo ha sido posible gracias a factores históricos y culturales, acompañados de una topografía adecuada y muchísimo menos pronunciada que la nuestra, lo que permite que las aguas escurran en forma lenta y controlada.
En nuestro caso, donde tenemos una gradiente de varios miles de metros de altura en tan sólo 150 kilómetros de ancho, nada de esto sucede, salvo algunos tramos menores en la región de Los Lagos. Chile es una especie de terraza mirando al Pacífico, producto de pliegues en el terreno producidos por la placa del océano que se desplaza debajo de la continental, levantando la tierra y formando la cordillera. Es por esto que los ríos corren a gran velocidad, arrastrando inmensas cantidades de áridos, y su caudal fluctúa mucho de acuerdo a las estaciones.
Pero esto es una condición, no un defecto como muchas veces pareciéramos percibir en el entorno nacional.
El río que atraviesa nuestra capital podría transformarse en el parque urbano más largo e integrador del país, al reunir a su paso una serie de comunas que van desde Lo Barnechea hasta Pudahuel. Por desgracia esto no es así. Al contrario, la puerta de entrada a nuestra ciudad es el vertedero clandestino más largo del país, juntando basura y escombros en su ribera desde la Estación Mapocho hasta su desembocadura en el río Maipo.
Es francamente una vergüenza como sociedad, que al llegar a la capital del país supuestamente más desarrollado de la región, cuyo (mal distribuido) PIB se acerca a los US$20.000, uno se encuentre con este espectáculo de indolencia y falta de amor por nuestra ciudad. Es una radiografía de la inequidad expresada en montañas de basura a lo largo de la orilla, mientras al fondo, frente a la cordillera se asoma la torre más alta de Sudamérica...
Ahora que el Presidente se convenció de que difícilmente sería navegable, y que en su lugar está haciendo un parque acuático al sur del Parque de los Reyes; ahora que se está construyendo la Costanera Sur y que las comunas de Providencia y Santiago Centro tienen renovados aires con las recién elegidas alcaldesas, es un momento propicio para aunar fuerzas y pensar que en lugar de este basural circundado por autopistas, podríamos tener un río espléndido, que nos represente y del cual estemos orgullosos.
No es difícil, no cuesta caro, tiene innumerables beneficios y sobran buenas ideas y proyectos razonables para implementar en forma gradual.
Es francamente una vergüenza como sociedad, que al llegar a la capital del país supuestamente más desarrollado de la región, cuyo (mal distribuido) PIB se acerca a los US$20.000, uno se encuentre con este espectáculo de indolencia y falta de amor por nuestra ciudad. Es una radiografía de la inequidad expresada en montañas de basura a lo largo de la orilla, mientras al fondo, frente a la cordillera se asoma la torre más alta de Sudamérica...
Ahora que el Presidente se convenció de que difícilmente sería navegable, y que en su lugar está haciendo un parque acuático al sur del Parque de los Reyes; ahora que se está construyendo la Costanera Sur y que las comunas de Providencia y Santiago Centro tienen renovados aires con las recién elegidas alcaldesas, es un momento propicio para aunar fuerzas y pensar que en lugar de este basural circundado por autopistas, podríamos tener un río espléndido, que nos represente y del cual estemos orgullosos.
No es difícil, no cuesta caro, tiene innumerables beneficios y sobran buenas ideas y proyectos razonables para implementar en forma gradual.

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