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A Roma con Amor de Woody Allen - Estación menor


por Antonio Martínez
Diario El Mercurio, Wikén, viernes 17 de agosto de 2012
http://diario.elmercurio.com/2012/08/17/wiken/lascriticas/noticias/505A06E2-81DF-49EE-BF75-BB230B9AD0B4.htm?id={505A06E2-81DF-49EE-BF75-BB230B9AD0B4}


Antonio Martínez Esta podría ser la última estación europea de Woody Allen, en principio, porque su próximo proyecto se filmará en Nueva York, según esa agenda neurótica y algo demencial de filmar y estrenar, al menos, una película al año. 

Esto es así desde 1982 a la fecha y al director le cabe en la cabeza un guión anual, un trabajo solitario, para un talento excepcional, donde ya tiene un récord: 14 nominaciones al Oscar. 

Realizar una película y liderar un equipo es un asunto distinto, y este ritmo está acentuando la natural irregularidad en la filmografía de cualquier director y, en este caso, de un hombre de 77 años. "Vicky Cristina Barcelona" (2008), "Medianoche en París" (2011) y "A Roma con amor" son películas filmadas en Europa, cuya columna vertebral son los turistas norteamericanos que recorren las ciudades en busca de amor, inspiración o nostalgia.

Esta es una película coral de turistas que se mezclan con personajes italianos y son cuatro historias recorridas por los lugares comunes del romance y las postales de la ciudad: Coliseo, Plaza de España o Fontana di Trevi, donde los policías de tráfico son un espectáculo, los romanos cantan ópera bajo la ducha y son enredosos cuando dan las direcciones.

"A Roma con amor" es un ejercicio turístico que está poblado de referencias fáciles, cinéfilas y populares: la comedia italiana, la estructura episódica del relato y un personaje tan tópico como el de Penélope Cruz, que interpreta a esa prostituta que es pura carne, decisión y comprensión.

Es una película donde todo es ligero y liviano: el equipaje y los personajes, las historias y diálogos, incluso los propósitos y aspiraciones.

En el rescate de la película, quizás, se puede mencionar al arquitecto John (Alec Baldwin), una presencia real y a veces fantasmal, que recuerda a "Sueños de un seductor" (1971) de Herbert Ross, donde el espectro de Humphrey Bogart aconsejaba a un inexperto Woody Allen.

El episodio del comediante Roberto Benigni es una historia irónica y absurda en torno a la fama repentina, cuyo blanco son los medios de comunicación, siempre tan serviciales con los famosos y sus caprichos y tonterías.

Y por último está la actuación del propio Woody Allen, incansable cuando se trata de avanzar con su personaje. Esta vez es un director de ópera retirado, quisquilloso, nervioso y con miedo a la muerte. Un veterano que aún puede ser divertido y todavía conserva fuerzas como para sacar adelante algún proyecto, aunque lo traten de imbécil y duden de sus capacidades.

En la larga filmografía del admirado y prolífico Woody Allen, la película 2012 será una de esas estaciones menores y desarmadas, donde ya nadie se baja ni sube y por eso el tren sigue de largo y no se detiene.

"To Rome with love". 14 años. 

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