WELCOME TO YOUR BLOG...!!!.YOU ARE N°

El Mercado de la Abundancia por Francisco Mouat


Diario El Mercurio, Sábado 18 de Agosto de 2012

http://diario.elmercurio.com/2012/08/18/el_sabado/perdone_lo_poco/noticias/88436902-A1D5-4823-9715-4AFF8C86E0D2.htm?id={88436902-A1D5-4823-9715-4AFF8C86E0D2}

Francisco-Mouat-nueva.gif
No he estudiado con detalle mi árbol genealógico, pero alguna rama debió pasar por la banda oriental del río de la Plata y detenerse en Montevideo. No sé mucho lo que significa llevar un país en la sangre, desconozco eso que comúnmente se llama patria o prefiero conectarla con mis afectos antes que con un pedazo de tierra, y sin embargo algo me sucede con Uruguay y especialmente con Montevideo, que incluso un día le dije al que entonces era embajador en Chile que me diera la nacionalidad uruguaya por gracia. Mi único mérito consistía en admirar profundamente a su país y escribir sobre él cada vez que podía. El asunto no prosperó porque iba a ser difícil sortear los aparatos burocráticos correspondientes, pero el señor embajador veía con buenos ojos el proyecto. Una vez en su casa, desplegamos un gran mapa de Uruguay sobre la mesa del comedor y fuimos dibujando un viaje circular por todo el país que semanas después concretamos con mi amigo Héctor Yáñez. Cada uno sabe cuáles son los mejores viajes de su vida. Recorrer Uruguay en auto sin prisa en mi caso es un recuerdo estelar.
Son pocos los uruguayos, eso es lo primero. Hacen un país pequeño, y laico más encima. Recorrerlo no toma mucho tiempo, y sus carreteras (la mayoría angostas) están más llenas de pájaros y vacas que de autos. Y luego está Montevideo, de donde vengo llegando después de tres o cuatro días de invierno puro y duro, con frío y niebla y lluvia, pero a orillas del río.
Saqué la cuenta, y he estado diez veces en Montevideo. En cada nuevo viaje aprendo a fuerza de novedad y reiteración. Conocí ahora la plaza Alfredo Zitarrosa, sencilla, de maicillo arcilloso y unos pocos juegos infantiles coloridos y de madera que los niños disfrutan cuando el clima acompaña. Es, quizás, la plaza más sencilla y común del mundo, y debe ser por eso y por sus árboles añosos que acaba siendo bella. Queda al lado del principal cementerio de Montevideo, no sé si el mismo cementerio donde un puñado de catorce ciudadanos fue a enterrar en 2008 a la poeta uruguaya Idea Vilariño, que se murió en silencio en los mismos días en que lo hacía Mario Benedetti con bastante atención de la prensa. Algún día terminó Idea Vilariño de escribir un breve poema titulado "43", que es sencillamente extraordinario: "Como un jazmín liviano/ que cae sosteniéndose en el aire/ que cae cae cae/ cae./ Y qué va a hacer".
Idea Vilariño fue por muchos años amante de Juan Carlos Onetti, autor uruguayo al que no puedo dejar de visitar cuando estoy en su país. Esta vez me traje el tercer tomo de las Obras completas que editó Galaxia Gutenberg: todos sus cuentos, todos sus artículos, una miscelánea de reflexiones, prólogos, la única conferencia que dictó en su vida. Una joyita que en la contraportada extrae el mejor jugo onettiano: "Lo más importante que tengo sobre mis libros es una sensación de sinceridad. De haber sido siempre Onetti. Tengo la sensación de no haberme estafado a mí mismo ni a nadie, nunca. Todas las debilidades que se pueden encontrar en mis libros son debilidades mías y son auténticas debilidades".
En Montevideo existe la Cinemateca, conformada por un par de modestísimas salas de cine que diariamente van renovando su cartelera y entregándole espacio y apoyo al cine arte, al cine independiente, a las joyas de la historia del cine. Pagas una mensualidad ridícula y puedes ver treinta películas en un mes si quieres, y así librarte de la dictadura que imponen los distribuidores y las multisalas con sus cientos de copias de cada nuevo producto estrella. En Montevideo preguntas por una dirección en la calle y la respuesta casi siempre vendrá con información adicional, que no esperabas. En Montevideo vive un poeta, Agustín Lucas, que es futbolista profesional y que sueña con hacer una película documental que narre la singular historia del seleccionado uruguayo Palito Pereira, a quien conoce muy bien. En Montevideo se puede ser feliz con muy poco: caminando la rambla o almorzando el menú del día en el Mercado de la Abundancia, en pleno centro, en calle San José. ¿Vieron qué lindo nombre? Mercado de la Abundancia. En Montevideo pueden estar cerrando un boliche pero te esperan sin ladrar a que termines de hacer lo que tienes que hacer. En Montevideo vi la película finlandesa El puerto, de Aki Kaurismäki, y ahora solo quiero volver a verla para sentir nuevamente la dicha de atravesar sus calles y, especialmente, su alma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

COMENTE SIN RESTRICCIONES PERO ATÉNGASE A SUS CONSECUENCIAS