A 30 años de la gran crisis económica


por José Pablo Arellano Diario La Tercera - 15/08/2012 

Recientemente se cumplieron 30  años de la gran crisis económica que sufrió nuestro país en 1982. Ciertamente que no es una fecha para celebrar. Fue lo que podría considerarse una crisis perfecta: desregulación financiera que facilitó el manejo irresponsable en los principales bancos del país;  fijación del tipo de cambio para facilitar el control de la inflación, lo que generó exceso de endeudamiento y de gasto privado, que se tradujo en un déficit de cuenta corriente insostenible. Las consecuencias fueron gravísimas con la caída de la producción en más de 13%, el desempleo superior a  26%, la intervención a la banca, el rescate de deudores insolventes que costó al Estado -y en definitiva a todos los chilenos- más del 35 % del PIB.
Nada que festejar, obviamente. Sí es motivo de celebración el que desde entonces han transcurrido 30 años sin crisis económicas en el país. Motivos para tenerlas ha habido, porque siempre los hay, e incluso algunos de ellos han sido de importancia. Baste mencionar la reciente Gran Recesión que afectó a los países desarrollados y aún está golpeando a Europa. Podemos agregar la grave crisis que afectó a Asia a fines de los años 90. Por cierto que en ambos casos hubo repercusiones en el país, pero no una crisis económica mayor.
Que en estos 30 años no hayamos tenido crisis económicas es motivo de celebración si consideramos que en las tres décadas anteriores, entre 1952 y 1982, tuvimos numerosas y variadas  debacles. Fuertes caídas de producción en 1973 (más del 6%) y en 1975 (más de 13%); descontrol inflacionario, superior al 70% en 1953-54, por sobre el 45% en 1963 e hiperinflación en 1972-73. Además, sufrimos varias crisis de balanza de pagos, entre las que destacan la de  1962 y 1972-73.
En las tres décadas que comprenden 1922 a 1952, la situación no fue mejor. Baste decir que en cinco oportunidades el PIB se redujo en más de 10% anual (1921, 1930, 1931, 1932 y 1947). Por ello que estos últimos 30 años se distinguen muy positivamente en nuestra historia de los últimos cien años.
Son varios los factores que están detrás de la celebración que, con razón, podemos hacer. Por un lado, el rechazo al populismo y al voluntarismo que estuvieron presentes en varios de los episodios que antecedieron las crisis de los períodos anteriores. Se suman a ello la institucionalidad de nuestra política fiscal, que le ha dado atribuciones fuertes al Presidente de la República y a las autoridades económicas para conseguir presupuestos financiados, y una política fiscal que gasta en función de los ingresos permanentes y así manejar responsablemente la conocida volatilidad del precio y los ingresos del cobre. Una institucionalidad del Banco Central que le ha dado independencia y credibilidad a la política antiinflacionaria y que ha mantenido un tipo de cambio flexible que sirve para ajustarse a los cambios en las condiciones internacionales. Una regulación y supervisión del sistema financiero que vela por su estabilidad y previene los riesgos sistémicos.
Importante celebrar estos 30 años y hacer presente los factores que han sido claves en este logro para que así perseveremos en esas políticas y podamos celebrar otros 30 años sin crisis económicas.

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