¿Demoliendo se construye futuro? A arrasar, arrasar, que el mundo se va a acabar...‏




Aterrizaje en Chile

Tres meses fuera, ¿y con qué se encuentra uno que de nuevo le llame la atención? Con una ciudad coloso a medio construir. 

por Alfredo Jocelyn-Holt - Diario La Tercera 07/04/2012 - 

DESDE ALMAGRO en adelante, dícese de algo siempre un tanto forzoso. Recordemos que, durante siglos, era frecuente llegar por mar, haciéndole el quite al desierto, aunque también a medias, apenas en pie, después de haber naufragado. Enrique Lihn era de la idea de que una vez aquí, nunca se abandona Chile. De llegar a salir, es por un respiro, "momentos de un momento"; uno nunca se desarraiga "del eriazo/remoto y presuntuoso" e, incluso exiliado, "pido a tambor batiente mi repatriación a este mismo lugar del que si doy un golpe de menos/me borran otro poco de más". Lihn pedía volver a su centro de gravitación: el Paseo Ahumada. Un amigo historiador que viaja a menudo a Italia, cada vez que llega de vuelta se dirige de súbito de Pudahuel a calle Puente. Prefiere este tratamiento directo a la vena que el gota a gota bastante más sufrible.
Tres meses fuera, ¿y con qué se encuentra uno que de nuevo le llame la atención? Con una ciudad coloso a medio construir, cuyo horizonte todavía pendiente e improvisado siguen siendo las grúas, sin decidirse aún si alguna vez se va a  terminar de hacer. Y no es que se construya sobre la nada, que tendría mucho de novedoso que ofrecer. No, con frecuencia se edifica sobre lo no siempre accidentalmente derribado. El fin de semana pasado, en Viña del Mar me topé con el premonitorio cartel: "Demoliendo se construye futuro". Quedé helado, y eso que salí haciendo mucho calor y vuelvo también a mucho calor. Todo un poco febril de más.
Otro amigo que recién viene de vivir en Leiden, Holanda, con un poco más de 100 mil habitantes, me dice que nuestro ambiente le parece carnavalesco, con lo que supongo quiere decir que está patas arriba porque nuestros compatriotas, así en lote, no parecen alegres, sino ansiosos, como un largo hilo encadenado de hormigas (así me la describió uno de mis médicos estos días); todos yendo en una sola dirección, sin nadie que se detenga y pueda explicarle a uno a qué. ¿A lo que por ningún motivo no hay que perderse? El bombardeo de ofertas en materia cultural, por ejemplo, viene en torrente, le oigo decir a Rafael Gumucio. Uno siempre vuelve a los amigos.
Se me hace ver, también, que han estado cambiando las formas de medición y estaríamos a sólo unos cuatro mil dólares per cápita de convertirnos en país desarrollado. ¿Esa es la explicación? Es probable, aunque no por expectante lo que viene se deja de devolvernos a lo de siempre. Voy a renovar mi carné de chofer, y mientras espero, veo pasar cuatro tipos emblemáticos de la sociedad chilena: adultos mayores como de otra época (aunque no en la comuna donde vivo); jóvenes "cool", alternativos, vestidos a la moda, y que hablan, muy dueños del mundo, por celular; otros tantos pertenecientes a cierta medianía económica y social difícil de definir; y, por último, algunas personas más modestas, aunque también en ascenso difícil. Al menos dos veces oigo comentarios referidos al gobierno y a la filiación política del alcalde (presumo, no en vano, que dichos en mi beneficio, a sabiendas que recojo este tipo de comentarios). Abro los periódicos, vuelvo a leer twitters y blogs, y vuelve a sorprenderme cierta agresividad altísima y la falta de cohesión social. En fin, parece que estoy de nuevo en casa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

COMENTE SIN RESTRICCIONES PERO ATÉNGASE A SUS CONSECUENCIAS