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"Modo mundial" versus "modo fiscal"

Columnistas
por Joe Black, Diario El Mercurio, Domingo 29 de junio de 2014


"Todo va a ser ahora 'para beneficio fiscal': lo que se recaude en las campañas de beneficencia, los colegios, las universidades, las clínicas, los tributos de las gasolinas, las sopaipillas pasadas... y las pollas mundialeras..."

¿Cuándo empieza la violencia? (¿Y cuándo terminará?)‏

ÓSCAR CONTARDO, DIARIO LA TERCERA, DOMINGO 22 DE JUNIO DE 2014oscar contardo

La rabia

“Indio horroroso”, dijo una panelista de un matinal de televisión para referirse a uno de los jugadores de la Selección, quizás el más querido, quien efectivamente tiene el rostro mestizo que comparte la mayor parte del pueblo chileno. Alexis Sánchez, Arturo Vidal y Gary Medel tienen ese tipo de rostros que rara vez aparece en televisión. La estampa de los que nunca serán galanes de teleseries, directores de empresas o modelos de catálogo. Es el semblante habitual en otro contexto: en la crónica roja o después de algún desastre, pidiendo justicia, llorando miserias, resignándose a lo que venga. El rostro de Chile que suele ser interrogado en sus desgracias o mirado con sospecha “Si a (Arturo) Vidal me lo encontrara en la noche, cruzaría la calle”, escribió alguien en Twitter, a modo de broma, durante el partido en el que la selección nacional eliminó a España del Mundial. Son los rasgos de la duda, el escalón que indica el camino al sótano en donde el respeto se sumerge en la oscuridad de una convivencia naturalmente feroz. Una violencia de baja intensidad, tolerada por las costumbres y de la que no es posible rebelarse: porque es de mal gusto, porque no tiene sentido, porque una cosa es la realidad y otra el resentimiento. El respeto queda entonces condicionado a la obediencia que impone acatar las cosas tal como son.
La cara de Chile es la de los soldados muertos en Antuco y el rostro de las víctimas de la cárcel de San Miguel, es la cara de los mineros que dicen haber vencido a la muerte, pero no a la vida. También, es la cara de la selección chilena que este miércoles triunfó y sacudió un extraño orgullo patrio que salta de la alegría a la euforia, y de la euforia a la rabia. Muchos de quienes suelen aludir a sus raíces europeas ahora reivindicaban el valor de la república aindiada.
Luego de la victoria de Chile, algunos especularon -otra vez, como viene sucediendo desde el Mundial juvenil de 1993- sobre un cambio de mentalidad, un remezón cultural. Una especie de estadio de superación que, sin embargo, apareció matizado por los descalabros: una turba de chilenos irrumpió sin entradas al Maracaná y fue detenida por la policía. “Había que aprovechar la oportunidad”, dijo uno de ellos antes de ser deportado. La filosofía del robo por sorpresa es muy similar a los consejos de liderazgo proactivo. Lo peor vino después, en Santiago, cuando el triunfo fue la excusa para destrozar buses, quemar palmeras, quebrar botellas, atemorizar y arruinar una celebración que debió terminar de otro modo. La pregunta es, ¿por qué? Y la respuesta más fácil es buscar una manada y ponerle una etiqueta: son los “chooligans” y los flaites, que lo mismo que los encapuchados suelen venir de un sitio lejano y haber sufrido alguna mutación que los hace distintos al resto y, por lo tanto, identificables. Criaturas anómalas, con rostros sospechosos -de esos que hacen cruzar la calle-, que encarnan todo tipo de desviaciones, como antes fueron los gañanes y los rotos. Y entonces viene un debate especulativo sobre una categoría humana que todos parecieran muy claramente conocer: son los otros, los que no se ven más que en estas ocasiones, robando, destrozando, quemando. La discusión dura lo que el disgusto y sucumbe al olvido, dejando siempre una pregunta pendiente: ¿Cuándo es que realmente empieza la violencia?

Comentario:

¿Cuándo comienza todo tipo de violencia? 
Tal vez cueste determinarlo porque 
la complejidad central de la naturaleza humana 
está en nuestras emociones, no en nuestra inteligencia. 
Las habilidades intelectuales 
son un medio para llegar a un fin. 
Las emociones determinan lo que el fin será. 

Las emociones tienen una historia más larga 
y raíces más profundas que la inteligencia. 

Lo que sí sabemos es que cuando 
comenzamos a justificar 
las manifestaciones violentas 
de toda especie y de diverso origen, 
allí si que se pone cuesta arriba 
un camino que conduzca a su término. 

Buscar la justicia amparando violencias, 
cualesquiera sea el origen, 
es utilizar el principio 
del fin justifica los medios. 

Y cuando ello ocurre 
uno se convierte en escéptico 
en las buenas intenciones 
de dichos fines, que para 
imponerse y prevalecer 
optan por el amedrentamiento, 
la amenaza y la acción violenta 
desde lo verbal a lo físico.

Equivocado diagnóstico inicial, lejos de apuntar al desafío principal, entre los prejuicios y la buena intención, sin suficiente estudio y preparación... se pierde el rumbo‏

Columna del día
Domingo 29 de junio de 2014

Diagnóstico, rumbo y horizonte

"Es fundamental que el Gobierno y la política pública no equivoquen el diagnóstico, como parece estar ocurriendo: el desafío del sistema educativo chileno es ofrecer una "escuela justa..."

Desorden en educación

Columnistas
Diario El Mercurio, Domingo 29 de junio de 2014


"La Presidenta acaba de anunciar una agenda corta en educación: el mejoramiento material de las escuelas municipales. La pregunta es obvia: ¿por qué se hace de manera repentina? ¿Acaso no era el fin al lucro, al copago y a la selección lo más urgente?.."

El combo de Felipe Berríos

Columnistas
Diario El Mercurio, Domingo 29 de junio de 2014


"Su entrevista en TV nos muestra que el problema del padre Berríos no es el lenguaje que utiliza, sino el 'combo' que nos presenta, donde se mezcla todo sin mayores distinciones, desde el 'matrimonio' homosexual hasta el mejoramiento de la educación..."

La inmortalidad de todo ser humano - Comentario del Evangelio de don Patricio Astorquiza‏

Comentario del Evangelio de Hoy
Domingo XIII
San Pedro y San Pablo
por P. Patricio Astorquiza Fabry
Diario El Mercurio, domingo 29 de junio de 2014

La festividad de los apóstoles Pedro y Pablo,
por su relevancia, toma precedencia
sobre la liturgia de este domingo.

La misa completa,
con sus lecturas y oraciones,
es la correspondiente a la fiesta.

Hoy nos detendremos 
no en un texto particular,
sino en un aspecto esencial
de la predicación de los apóstoles,
que ellos, por cierto,
tomaron de su Maestro Jesús:
la inmortalidad de todo ser humano.

La supervivencia después de la muerte
es una intuición universal del hombre.

Es, en el fondo, 
una señal más de su inteligencia.

Algunos dirán que es una creencia religiosa,
entendiendo por esto una afirmación subjetiva
sin fundamento científico.

O quizás una ilusión de la humanidad,
que quisiera un mundo mejor e inmortal.

Y es indudable que esta 
supervivencia después de la muerte 
contiene un elemento de perplejidad.

Nos sentiríamos más seguros
si algunos difuntos pudieran volver,
y explicarnos qué es lo que sucede
al partir de este mundo.

Por otra parte, 
constatamos entre nosotros
y en los demás,
unos signos constantes
de que somos
mucho más que materia.

El sólo hecho 
de estar conscientes
es una llama encendida
más allá de los límites
del cuerpo orgánico.

Y la comunicación con los demás
no sólo de actividades físicas
sino de pensamientos, sentimientos,
sueños y metas futuras.

Y la captación y reproducción
de la belleza, radiante e imperecedera.

Y el amor incondicional.

Y la percepción 
del orden y armonía 
de la creación,
que postula a un Creador.

Todo nos habla de la grandeza
de nuestra condición humana inmortal.

Sobre esta base de implícita inmortalidad,
presentes en el mundo pagano de su tiempo,
predicaron los apóstoles Pedro y Pablo su Evangelio.

Y enriquecieron con las revelaciones de Jesús
todas las incógnitas que esperan al hombre
después de esta vida.

Hay un juicio divino sobre cada cual,
tal como ya se lo sugiere a cada persona
su propia conciencia.

Hay cielo e infierno.

Y hay resurrección.

Todo esto lo ha venido a comunicar,
desde más allá del reino de la muerte,
el Maestro resucitado Jesús.

Esta conciencia de la propia inmortalidad
y el conocimiento de la predicación apostólica
están en la base misma de la civilización occidental.

Por eso extraña que en el debate
sobre el supuesto aborto terapéutico
nadie se atreve a mencionar
el que tanto abortistas como abortados
han de encontrarse algún día en la otra vida.

No se trata sólo de un postulado religioso,
sino de valoraciones que están también
al alcance de la inteligencia normal.

Que el Sagrado Corazón de Jesús,
y el Inmaculado Corazón de María,
dos fiestas recientes, iluminen
las inteligencias y los corazones
de los chilenos en la defensa de la vida.

Hora de hacérselo ver al Gobierno‏

Columnistas
Diario El Mercurio, Domingo 29 de junio de 2014

Hora de resolver

"Ex autoridad en tiempos de la Concertación ha estimado que podría rebajar en hasta 6% el nivel de nuestro ingreso nacional, indefinidamente, en cada uno de los años futuros: una catástrofe diez o más veces mayor que la del Transantiago..."

El poema que Parra perdió hace 25 años


En el año en que el antipoeta cumple un siglo, se publica Temporal, un largo poema de 1987, social y político, sobre las fuertes lluvias que inundaron Santiago.

por Roberto Coreaga C. - Diario La Tercera, 14/06/2014 
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Fueron cinco días agitados. Impregnados de religiosidad, pero sobre todo muy políticos. La visita del Papa Juan Pablo II, en abril de 1987, desató masivas pasiones cristianas, como también protestas contra el régimen de Pinochet de eco mundial. Desde su casa en La Reina, Nicanor Parra siguió los pasos del Pontífice con tanta atención que terminó escribiendo el poema La sonrisa del Papa nos preocupa. “Nadie tiene a derecho a sonreír / en un mundo podrido como este / salvo que tenga pacto con el Diablo”, empieza. Parra, como siempre, estaba con un ojo en la calle. Después del Papa, fue el furioso temporal que por 11 días de julio azotó la zona central, generando inundaciones y damnificados, el que capturó su preocupación. También sobre eso escribió un poema. Largo,  social y político. Pero ese se perdió. 
“Se traspapeló”, dijo en más de una ocasión Parra a sus cercanos, refiriéndose a ese texto con el que creía haber logrado lo que siempre había buscado: sacudirse por fin de todos los rastros literarios para acceder a la realidad. Creía haber puesto en el papel el “lenguaje de la tribu”,  ese que venía acechando desde mediados de los 50, cuando publicó Poemas y antipoemas. Un año después, en 1988, se sentó frente al crítico español René de Costa en Chicago y, ante una grabadora, el antipoeta dijo que ese poema se llamaba Temporal. 
“Es un poema largo, es un libro. Temporal se llama y  está todo hecho en lenguaje de la tribu y con el tema de la tribu... En último término, lo que me interesa a mí es la crítica social. Es una necesidad impostergable en mí, es decir, yo no quiero ser un fotógrafo de las imágenes oníricas, sino que quiero ser la voz de la tribu, y no tan sólo la voz de la tribu, sino que la conciencia de la tribu”, dijo el escritor. 
Ese diálogo grabado no se perdió, pero casi: De Costa guardó los cassettes sin revisarlos. El año pasado, el editor y hombre de confianza de Parra, Adán Méndez, tuvo acceso a las conversaciones. Su plan era transcribirlas para publicar un libro con el contenido -lo que hará este año a través de su sello Ediciones Tácitas-, pero se encontró con algo inesperado: el antipoeta no sólo hablaba varias veces de Temporal, también lo leía. Dos veces. Entero. “Cuando apareció, Nicanor quiso que se publicara de inmediato”, cuenta Méndez. “El poema le importa mucho, él sabía que había batido nuevos récords”, agrega.
En el año en que Parra llega al siglo, y lo celebran exposiciones de sus artefactos, libros visuales y nuevas ediciones de sus títulos, Ediciones UDP publica Temporal. A 10 años de Lear Rey & mendigo, lo último inédito del antipoeta, este texto viene a echar luz del tránsito de renovación que recorrió en los 80: atrapando las modulaciones verbales del sentir social del país durante el temporal del 87, Parra supera al personaje que asumió en Sermones y prédicas del Cristo del Elqui y se acerca a su verdadera voz, que luego explotará en los Discursos de sobremesa. 
Por esos días, Parra vivía en su casa de La Reina y bajaba periódicamente para dar clases en el Departamento de Estudios Humanísticos, de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile. Sólo en 1996, con 82 años, dejó la docencia. Entre sus amigos cercanos, seguía estado Enrique Lihn. A fines de los 80, ya era el gigante que hoy es, pero se aparecía con frecuencia por recitales y ferias. Justo ese año, 1987, el poeta Sergio Parra publicó La manoseada y el antipoeta, tras leerlo, lo invitó a su casa. 
Parra empezó ese año en Madrid, dando un recital en el Círculo de Bellas Artes, en el marco de la exposición Chile Vive. En una entrevista con El País, se definió como un “ alfabetizador ecologista” y clamó por la destrucción de la Tierra. De España viajó a Estados Unidos, donde participó en la II Feria Latinoamericana del Libro en Nueva York: “Oíste Nueva York algún día me vengaré de ti”, leyó de un artefacto ante público  entusiasmado. También se encontró con viejos amigos: leyó con Allen Gingberg en la iglesia que ocupa el centro The Poetry Project. 
Luego partió a Chicago, invitado por René de Costa: “Parra es como respirar aire fresco”, dijo el crítico al presentarlo. Cuando regresó a Chile, lo esperaba un país encrispado, el gobierno militar se asomaba al final. Llegó Juan Pablo II y él escribió un poema. El último día de junio empezó a llover y no paró hasta 11 días después: cayó más agua que en todo un año, se salió el Mapocho, se cortaron caminos y puentes por toda la zona central, 175 mil personas quedaron aisladas. Parra intentó llevar la tragedia al papel, pero sobre todo los discursos que corrieron sobre el aguacero: las informaciones oficiales del Estado, las noticias de prensa, la conversaciones callejeras, las lecturas políticas, las interpretaciones históricas, etc.
“En este momento estoy casi convencido de que, por fin, se inventó la poesía social”, le dijo Parra a De Costa al año siguiente, feliz por Temporal. “Es el lenguaje de la tribu, que no es un lenguaje poético ni es un lenguaje literario, sino que así habla la gente. La sensación que tengo es que estoy aterrizando por primera vez y que vengo desde la literatura hacia la realidad, de que por fin estoy en la RR, en la realidad real”, añadió. 
Quizás efectivamente lo logró. En cualquier caso, Parra siguió ajustando su escritura, pasado los 80 años, en los Discursos de sobremesa. No se detiene. Mes a mes, acumula cuaderno tras cuaderno. Hay kilos de papeles inéditos, que todavía hoy, a los 99, sigue aumentando. No para. “Toda la antipoesía es un tartamudeo”, le dijo a De Costa. “Y lo que resulta es que el tartamudeo, si tú revisas, cada vez el tipo parece que construye mejor su discurso. Y al final ya el discurso está aceptable”, añadió

San Agustín sobre San Pedro y San Pablo‏

Oficio de lectura, 29 de junio, Apóstoles San Pedro y San Pablo

Estos mártires, en su predicación, daban testimonio de lo que habían visto
De los sermones de San Agustín, obispo

El día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo. No nos referimos, ciertamente, a unos mártires desconocidos. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. Estos mártires, en su predicación, daban testimonio de lo que habían visto con un desinterés absoluto, dieron a conocer la verdad hasta morir por ella.
San Pedro, el primero de los apóstoles, que amaba ardientemente a Cristo, y que llegó a oír de él estas palabras: Ahora te digo yo: Tú eres Pedro. Él había dicho antes: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Cristo le replicó: «Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Sobre esta piedra edificaré esta misma fe que profesas. Sobre esta afirmación que tú has hecho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, edificaré mi Iglesia. Porque tú eres Pedro». «Pedro» es una palabra que se deriva de «piedra», y no al revés. «Pedro» viene de «piedra», del mismo modo que «cristiano» viene de «Cristo».
El Señor Jesús, antes de su pasión, como sabéis, eligió a sus discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles. Entre ellos, Pedro fue el único que representó la totalidad de la Iglesia casi en todas partes. Por ello, en cuanto que él solo representaba en su persona a la totalidad de la Iglesia, pudo escuchar estas palabras: Te daré las llaves del reino de los cielos. Porque estas llaves las recibió no un hombre único, sino la Iglesia única. De ahí la excelencia de la persona de Pedro, en cuanto que él representaba la universalidad y la unidad de la Iglesia, cuando se le dijo: Yo te entrego, tratándose de algo que ha sido entregado a todos. Pues, para que sepáis que la Iglesia ha recibido las llaves del reino de los cielos, escuchad lo que el Señor dice en otro lugar a todos sus apóstoles: Recibid el Espíritu Santo. Y a continuación: A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos.
En este mismo sentido, el Señor, después de su resurrección, encomendó también a Pedro sus ovejas para que las apacentara. No es que él fuera el único de los discípulos que tuviera el encargo de apacentar las ovejas del Señor; es que Cristo, por el hecho de referirse a uno solo, quiso significar con ello la unidad de la Iglesia; y, si se dirige a Pedro con preferencia a los demás, es porque Pedro es el primero entre los apóstoles.
No te entristezcas, apóstol; responde una vez, responde dos, responde tres. Venza por tres veces tu profesión de amor, ya que por tres veces el temor venció tu presunción. Tres veces ha de ser desatado lo que por tres veces habías ligado. Desata por el amor lo que habías ligado por el temor.
A pesar de su debilidad, por primera, por segunda y por tercera vez encomendó el Señor sus ovejas a Pedro.
En un solo día celebramos el martirio de los dos apóstoles. Es que ambos eran en realidad una sola cosa aunque fueran martirizados en días diversos Primero lo fue Pedro, luego Pablo. Celebramos la fiesta del día de hoy, sagrado para nosotros por la sangre de los apóstoles. Procuremos imitar su fe, su vida, sus trabajos, sus sufrimientos, su testimonio y su doctrina.