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Six Two-Minute Videos About Curious World Phenomena
• How Tall Can Mountains Be?
http://www.youtube.com/watch?v=jIWhzYq16Ro
• The One That Got Away (Size Matters)
• Why is All Sand the Same?
Six Two-Minute Videos About Curious World Phenomena
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• How Tall Can Mountains Be?
http://www.youtube.com/watch?v=jIWhzYq16Ro
• The One That Got Away (Size Matters)
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• Why is All Sand the Same?
http://www.youtube.com/watch?v=pxmHHoTPSKI
• Which Came First - The Rain or the Rainforest?
http://www.youtube.com/watch?v=Y3OWgb0Bv-A
• Garbage Doesn't Lie
http://www.youtube.com/watch?v=KI-sGVwC4yE
• The Hottest Place on Earth
http://www.youtube.com/watch?v=gKYrXHZwtPw
/watch?v=pxmHHoTPSKI• Which Came First - The Rain or the Rainforest?
• Garbage Doesn't Lie
• The Hottest Place on Earth
LA HORA DE DESAPRENDER
Los hombres maduros de ahora hemos llegado a una edad maravillosa en la que emprendemos el camina del desaprendizaje.
Fuimos criados con la creencia de que debíamos ser los mejores en todo: mejores estudiantes, mejores esposos, mejores profesionales, mejores padres, etc. Fuimos educados con la creencia de que TODO es pecado. Ha llegado la hora del desaprendizaje o lo que mi hija llama graciosamente el importaculismo.
Ha llegado la hora de decir NO en muchas ocasiones, de mandar al carajo los compromisos y las obligaciones. Pasó la hora de las responsabilidades desvelantes. Ahora nos gusta estar solos, disfrutar buenas conversaciones con gente que no nos insulta y que cree lo mismo que nosotros o que no le importa que opinemos diferente. Es la hora de hablar de todo sin necesidad de sostenerlo como medio de defensa. Es hora de ver películas, de estar en una finca durante la semana, de leer, de escuchar, de sonreír y de burlarse de la mayoría de los mortales que viven pendientes de las pendejadas.
Nosotros demostramos que las responsabilidades fueron bien atendidas por nosotros, que hicimos las cosas lo mejor posible, que dejamos huellas, que somos buenas personas.
Lo que nos queda de vida es para nosotros, para disfrutar, para cumplir el mandamiento divino de amarnos a nosotros mismos. Por eso vamos a hacer lo que nos da la gana. Viajar al máximo, tomando café con amigos y amigas, conversando con todo el que nos encontremos.
Ya pasó la época de los roles. Lo que fuimos, fuimos, ahora somos para nosotros mismos sin tener que rendir cuentas a nadie. Los demás seguirán su camino de responsabilidades y de afanes, de preocupaciones y nerviosismos.
Nosotros ahora estamos por encima del bien y del mal. Vamos a museos, asistimos a conferencias y si no nos gusta nos salimos sin que nos importe, redescubimos al Quijote y a Fernando González.
Ahora asistimos con mayor frecuencia a entierros y nos damos cuenta de que se aproxima el nuestro, pero estamos preparados, pues al fin y al cabo vivir es mortal. Dios es para nosotros una profunda experiencia interior, lejos de mitos, ritos, limosnas y pecados sin fin. Es la hora de empezar a relajarnos y de conversar largas horas con Dios, que es el único que permanece siempre, ahora y después de que abandonemos la nave del cuerpo.
Nos rodean pocos seres a quienes amamos profundamente y que seguirán viviendo sus propias experiencias, estemos nosotros o no. Mandaremos para donde sabemos a la gente que nos molesta, la tóxica. Quienes nos buscan sin egoísmos van a encontrar una sonrisa, una mirada tierna y comprensiva, un consejo acertado o no, afecto.
Somos ahora sí libres de ataduras, de prejuicios, de creencias. Somos libres si no le tememos ni a la vida ni a la muerte.
Fuimos criados con la creencia de que debíamos ser los mejores en todo: mejores estudiantes, mejores esposos, mejores profesionales, mejores padres, etc. Fuimos educados con la creencia de que TODO es pecado. Ha llegado la hora del desaprendizaje o lo que mi hija llama graciosamente el importaculismo.
Ha llegado la hora de decir NO en muchas ocasiones, de mandar al carajo los compromisos y las obligaciones. Pasó la hora de las responsabilidades desvelantes. Ahora nos gusta estar solos, disfrutar buenas conversaciones con gente que no nos insulta y que cree lo mismo que nosotros o que no le importa que opinemos diferente. Es la hora de hablar de todo sin necesidad de sostenerlo como medio de defensa. Es hora de ver películas, de estar en una finca durante la semana, de leer, de escuchar, de sonreír y de burlarse de la mayoría de los mortales que viven pendientes de las pendejadas.
Nosotros demostramos que las responsabilidades fueron bien atendidas por nosotros, que hicimos las cosas lo mejor posible, que dejamos huellas, que somos buenas personas.
Lo que nos queda de vida es para nosotros, para disfrutar, para cumplir el mandamiento divino de amarnos a nosotros mismos. Por eso vamos a hacer lo que nos da la gana. Viajar al máximo, tomando café con amigos y amigas, conversando con todo el que nos encontremos.
Ya pasó la época de los roles. Lo que fuimos, fuimos, ahora somos para nosotros mismos sin tener que rendir cuentas a nadie. Los demás seguirán su camino de responsabilidades y de afanes, de preocupaciones y nerviosismos.
Nosotros ahora estamos por encima del bien y del mal. Vamos a museos, asistimos a conferencias y si no nos gusta nos salimos sin que nos importe, redescubimos al Quijote y a Fernando González.
Ahora asistimos con mayor frecuencia a entierros y nos damos cuenta de que se aproxima el nuestro, pero estamos preparados, pues al fin y al cabo vivir es mortal. Dios es para nosotros una profunda experiencia interior, lejos de mitos, ritos, limosnas y pecados sin fin. Es la hora de empezar a relajarnos y de conversar largas horas con Dios, que es el único que permanece siempre, ahora y después de que abandonemos la nave del cuerpo.
Nos rodean pocos seres a quienes amamos profundamente y que seguirán viviendo sus propias experiencias, estemos nosotros o no. Mandaremos para donde sabemos a la gente que nos molesta, la tóxica. Quienes nos buscan sin egoísmos van a encontrar una sonrisa, una mirada tierna y comprensiva, un consejo acertado o no, afecto.
Somos ahora sí libres de ataduras, de prejuicios, de creencias. Somos libres si no le tememos ni a la vida ni a la muerte.
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21 Comentarios - 30 de noviembre de 2013
- RUBYARANGOComentario realizado el 2/3/2013 10:48:05 PMQue bonito articulo, así es como deberíamos terminar nuestras vidas,pero,cuantos viejos no tienen nada para pasar esos buenos ratos que tan bellamente nos describe?
- LectoramenudoComentario realizado el 10/8/2012 6:27:22 PMQuizá lo q dice D. Samuel, es q al final del recorrido, se toman las cosas con serenidad, con mas calma incluidas las penurias económicas. el único valor agregado q trae la vejez es la sabiduria. Como hoy es dia de poemas, permítanme Rockistan y los otros comentariastas q escriben hermosos poemas, agregar uno aprendido hace muchos años y de cuya exactitud no estoy seguro y pido el favor a Rockistan corregirme por favor. "Alma querida ingravil compañera de mi cuerpo inquilina pasajera, en q pararán, dí alma querida y viajera todos los placeres q gocé por ti ? Memorias de Adriano
- RockistanComentario realizado el 10/8/2012 6:10:03 PM¡Qué bien, Señora! ¿?La Ciega: hablarnos con poemas cargados de otoñal vida, buena por esa… como dice el poeta: / “La vida no vale nada si no es para perecer porque otros puedan tener lo que uno disfruta y ama…”/ Pablo milanés).
- CalabazaComentario realizado el 10/8/2012 5:04:34 PMGracias don Samuel y a los comentarios de Rockistan y le agrego. Ser distinto es ser loco y usted viejo Rocki... es un buen loco. Ferpel Geniosprofesionales@hotmail.com
Qué quisiera para Chile
por Pbro. Luis Eugenio Silva
Diario La Segunda, Jueves 28 de Noviembre de 2013
Diario La Segunda, Jueves 28 de Noviembre de 2013
http://blogs.lasegunda.com/redaccion/2013/11/28/que-quisiera-para-chile.asp
Faltando pocos días para que una nueva Presidenta sea elegida, son muchas las ideas y proyectos que se repiten por ambos lados en contienda. Debo aceptar que es el bien común lo que las guía, ya que se promete mejorar las condiciones que se dan ante la injusticia en la salud pública, la educación, los salarios, jubilaciones y pensiones dignas, la seguridad ante la delincuencia, la ecología y el respeto a la naturaleza, el crecimiento con equidad y las desigualdades económicas aberrantes. Lamento que poco o nada se diga acerca de la cultura y la espiritualidad, ya que parece que se entiende por progreso todo lo que dice relación con el bienestar económico, como si el ser humano se redujese a lo meramente material.
Tres posiciones se debaten: una, que quiere un cambio rápidamente acelerado e inmediato, y otra, que aceptando lo que ya se ha conseguido, buscaría progresar paulatinamente. La tercera posición no es conocida, ya que más de la mitad de los ciudadanos no votó en la primera parte del proceso electoral. ¿Qué piensan los jóvenes y los no votantes adultos? No lo sabemos, pero se puede presumir que no lo han hecho por el desencanto que origina la actividad política, y la clase política a la que, injustamente, se la ve como corrupta y buscadora de bienes particulares y o meramente partidistas. Tampoco se puede dejar fuera de esta tercera posición la comodidad y el desinterés por lo público, dado el ambiente egoísta e individualista que reina. Debemos reflexionar ante los cambios que se prometen, y en la participación en la votación, partiendo de las legítimas posturas políticas y doctrinales que se tengan. Pero también las opciones espirituales-religiosas han de tenerse en cuenta, ya que obligan a quien las sostiene a actuar consecuentemente.
No hay que olvidar que todo ciudadano tiene, amén de derechos, deberes y responsabilidades jurídicas, morales y religiosas, y todas ellas han de tenerse en cuenta en la construcción de la sociedad democrática y pluralista. Ningún cambio se produce de un día para otro, y prometerlos es una necedad, y a la vez un peligro, ya que los movimientos sociales legítimos, la calle dicho simplemente, lo pide y se enfrenta con los partidos políticos, que saben que no es posible conseguir lo pedido, por muy justo que sea, ya que es en el Parlamento donde se legisla, y éste no camina ni entrega leyes de modo inmediato, y no es razonable legislar sin tener legítimamente seguro el respaldo económico. Esto último puede poner al gobierno que salga en grave peligro, pues las manifestaciones reiteradas y las promesas insensatasdel populismo electoral son agitadas permanentemente y generan expectativas irrealizables.
Chile necesita la colaboración de todos y con generosidad, y antes de pensar y pedir qué me dará el Estado, se debería pensar y actuar así: qué puedo yo dar al país, como lo dijo en su campaña John Kennedy. Pero hay algo más que se debería conseguir en los años que se nos vienen, cual es superar la división y conseguir la reconciliación, ya que el país aun está dividido, y, para ello, todos y en especial la clase gobernante han de llamar a superar el pasado, perdonarse mutuamente y olvidando, para así mirar hacia adelante. No hay otra forma de hacerlo. Así lo han hecho grandes países, que experimentaron situaciones traumáticas, revoluciones y guerras. Sería un sano realismo moral y político. El revanchismo ahonda la no reconciliación.
Buscar el bien común significa superar la miseria y la pobreza; crear una sociedad donde se den las oportunidades de crecer no sólo en lo material, sino en lo espiritual y cultural; tener a la familia como la célula fundamental de la sociedad, respetar todos los derechos del hombre y exigir el cumplimiento de los deberes; tener un sistema de justicia, donde la ley sea respetada por todos, sin excepción de persona. En fin, como lo dice la Doctrina Social de la Iglesia, donde el ser humano sea visto y tenido como un fin y no como un engranaje de cualquier sistema de producción.
Quien vaya a gobernar ha de esforzarse en reencantar la noble actividad política y elegir a los mejores, los más capaces y sobre todo los que crean en la moral que sabe distinguir entre el bien y el mal. Aun a riesgo de que se me tenga como un fundamentalista, lo que no lo soy, la sociedad del Chile de hoy necesita más de Dios, pues sólo El enseña, mediante sus leyes inscritas en la naturaleza, el valor y el respeto que se le debe al ser humano.
¿Dónde va a parar la gente cuando desaparece de nuestra vida, de nuestra memoria?
Revista Qué Pasa, miércoles 27 de noviembre de 2013
http://www.quepasa.cl/articulo/guia-del-ocio/teatro/2013/11/249-13239-9-hecho-a-mano.shtml
Hecho a mano

Es teatro, danza, cine en vivo, manualidades, juego de escalas. Kiss & cry, el espectáculo belga de la coreógrafa Michèle Anne De Mey y del cineasta Jaco van Dormael es un cuento en miniatura. Una voz en off se pregunta “¿dónde va a parar la gente cuando desaparece de nuestra vida, de nuestra memoria?”. Y aunque esa voz es masculina, corresponde a los pensamientos de Giselle, una mujer que desde el presente evoca a los seres que alguna vez formaron parte de su vida y ya no están. Amores como el primero, a sus trece años, que duró trece exactos segundos. O el tercero, con quien experimentó una pasión animal. Hombres que caen en un agujero, al fondo de la memoria, y que la protagonista intenta traer a la superficie. Pero la evocación no es de cuerpo entero: lo que la mujer recuerda sólo son las manos. El foco, entonces, se traslada a los dedos de esos amantes traídos de una cajita de recuerdos viejos.
Lo que vemos a continuación es un despliegue de manos que se convierten en bailarines, patinadores, caminantes, seductoras y seductores, durmientes que hacen cucharita, seres animalizados y una seguidilla de figuras que a veces son como frutas, “otras como pájaros muertos, otras como enredaderas”. Besos y lágrimas que encadenan otros besos y otras lágrimas (se llama Kiss and Cry al lugar donde los patinadores esperan los resultados tras una competencia). La fascinación que provoca este espectáculo es múltiple, porque los dos bailarines y los nueve técnicos en escena no sólo crean una ilusión vital con las manos y las diversas miniaturas instaladas en más de treinta sets a modo de maquetas, sino que van filmando y proyectando simultáneamente, en una pantalla grande, una película que viene a ser el making of de sí misma. Una ampolleta se transforma en un amanecer; un puñado de azúcar, en nieve; unas motas de algodón, en nubes. Y aunque los trucos estén a la vista (o acaso por eso mismo), el montaje nos hechiza con esa espléndida capacidad de transformar objetos en seres animados, con sus quiebres de perspectiva, con la ternura y la tristeza de las evocaciones posibles. Sin duda Kiss & cry es una de las mejores obras presentadas en Santiago durante este 2013.
Lo que vemos a continuación es un despliegue de manos que se convierten en bailarines, patinadores, caminantes, seductoras y seductores, durmientes que hacen cucharita, seres animalizados y una seguidilla de figuras que a veces son como frutas, “otras como pájaros muertos, otras como enredaderas”. Besos y lágrimas que encadenan otros besos y otras lágrimas (se llama Kiss and Cry al lugar donde los patinadores esperan los resultados tras una competencia). La fascinación que provoca este espectáculo es múltiple, porque los dos bailarines y los nueve técnicos en escena no sólo crean una ilusión vital con las manos y las diversas miniaturas instaladas en más de treinta sets a modo de maquetas, sino que van filmando y proyectando simultáneamente, en una pantalla grande, una película que viene a ser el making of de sí misma. Una ampolleta se transforma en un amanecer; un puñado de azúcar, en nieve; unas motas de algodón, en nubes. Y aunque los trucos estén a la vista (o acaso por eso mismo), el montaje nos hechiza con esa espléndida capacidad de transformar objetos en seres animados, con sus quiebres de perspectiva, con la ternura y la tristeza de las evocaciones posibles. Sin duda Kiss & cry es una de las mejores obras presentadas en Santiago durante este 2013.
“Kiss & cry”: funciones hasta el 1 de diciembre, en el Teatro Municipal de Las Condes.
Cuando el Boom se mudó a Princeton
© LatinstockEn el archivo de Princeton se encuentran papeles de autores como Julio Cortázar, Carlos Fuentes y Victoria y Silvina Ocampo, además de los chilenos Jorge Edwards, Mauricio Wacquez y los recién adquiridos de Diamela Eltit.
Lo más apetitoso de todo es que cualquiera puede consultar la colección. En mi caso, estuve durante un mes en Princeton como parte de un proyecto de investigación que contempla la publicación de los diarios de José Donoso.
Princeton no se interesa por adquirir piezas, por valiosas que sean, sino archivos completos.“El objetivo no es coleccionar manuscritos tipo trofeo”, explica Fernando Acosta-Rodríguez .
“Ayer cumplí 50 años. No he sentido nada de particular a pesar de que he tratado”. Así registraba José Donoso en su diario la llegada al medio siglo de edad. No es una anotación con la descarnada mordacidad que acostumbraba a escribir de sí mismo y de los demás en los cuadernos que llevó por más de cuarenta años y que hoy se conservan en dos prestigiosas universidades de Estados Unidos. Pero retrata de modo fidedigno su permanente inconformidad.
Por esos mismos días, 1974, Pepe realiza la primera entrega de su archivo a la Universidad de Princeton. Un acto que le debe haber parecido trivial puesto que ni siquiera lo menciona en el diario. Ocupado como estaba de dar forma a una nueva novela -Casa de campo-, obsesionado por dedicarse por completo a la literatura, sumido en llegar al fondo de sus propios desgarros interiores, Donoso no se dio cuenta de que había realizado una acción que haría historia. Porque al entregar sus papeles a esta Ivy Leaguer, el escritor sentó las bases para lo que llegaría a ser el archivo más completo, más revelador, más atractivo y varios mases más de la literatura de Latinoamérica. Digamos que a raíz de este acto, el bullado Boom latinoamericano se trasladó desde París a esta universidad de la Nueva Inglaterra. Un viaje sin escala desde el Paseo de Gracia a Nassau Street.
DOCUMENTOS PARA EL MUNDO
Como muchas cosas importantes, esta iniciativa surgió más bien por azar.
La Universidad de Princeton se destacaba por su notable colección de manuscritos. Posee originales de Lewis Carroll, Oscar Wilde, Scott y Zelda Fitzgerald. Material de Ezra Pound, Ernest Hemingway, Ford Madox Ford, Thomas Mann. Manuscritos de Charlotte y Emily Brontë, pero también de Robert Browning, Lord Byron, Charles Dickens, Emily Dickinson. Y tantos otros. Colecciones que no se agotan con autores anglosajones, ya que se podrían agregar los nobeles griegos Elytis y Seferis, por ejemplo, e incluso sorprendentes archivos de culturas antiguas.
Con todo, la colección no incluía literatura latinoamericana hasta cuando Donoso entrega su archivo. Por algún tiempo corrió el rumor que lo había hecho con el fin de pagarle la matrícula a un estudiante. Imagino que no habrán faltado los que creyeron ver en este dato algo oscuro, sabroso, acaso prohibido. No debe haber faltado suspicacia y más de una pesquisa improvisada tras ese misterioso beneficiado. De hecho hace un tiempo el diario argentino Clarín señalaba que “no mucho se sabe de aquel estudiante destacado, quién fue, qué vínculo lo unió a Donoso”.
Pero no había que buscar lejos. Pepe había estudiado en Princeton y las evidencias aparecieron en su propio archivo. Una carta de la universidad enviada a la calle Holanda 292 -la casa familiar en la que vivió por muchos años y en la que desarrolló buena parte de su imaginario- con la típica redacción elegante y aterradora que la idiosincrasia norteamericana usa para estas cosas, con frases como “nuestros encargados se preguntan por qué su cuenta lleva tanto tiempo impaga”:
Dear Mr. Donoso:
Our Auditors have been checking over the student loan accounts. They are asking why your account is so long delinquent. We cant answer that question. Wont you help by dropping us a line without further delay? Or by sending the payment? In the enclosed envelope?
Sincerely yours,
Sólo después de la donación del autor chileno, el curador de entonces, Peter Johnson, ideó la creación de un archivo destinado a nuestras letras. Una iniciativa que llegó a convertirse en un tesoro, como queda reflejado al listar algunos de sus escritores: Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Victoria y Silvina Ocampo, Miguel Ángel Asturias, Margo Glantz, Sergio Ramírez, Juan José Saer, Elena Garro, Alejandro Rossi, Augusto Monterroso (http://libguides.princeton.edu/latinammss).
De chilenos se conserva material de Mauricio Wacquez, Jorge Edwards, las correspondencias de Margarita Aguirre y Mercedes Valdivieso. Acaban de sumarse los papeles de Diamela Eltit, todavía sin desembalar.
Aventurarse en esta sección ubicada en la Biblioteca Firestone de la universidad resulta similar a la experiencia de Alicia en el país de las maravillas cuando, tratando de alcanzar al “señor conejo”, se asoma a una especie de madriguera para caer en un mundo extraordinario. Aquí nada más empezar la lectura, los archivos cobran vida y dialogan entre sí. Originales, cartas, fotos, contratos de edición, primeras versiones e incluso dibujos van entretejiendo sus hebras, conformando un todo mayor, una increíble conversación.
Lo más apetitoso de todo es que cualquiera puede consultar la colección. En mi caso, estuve durante un mes en Princeton como parte de un proyecto de investigación de la Universidad Diego Portales, que contempla la publicación de parte de los diarios de José Donoso. Pero los archivos están abiertos a quien quiera y no es necesario tener una afiliación académica ni una carta de presentación. Excepto, claro, cuando los propios autores o sus descendientes establecen restricciones. Parte de los diarios de Sergio Pitol, por ejemplo, están restringidos en la actualidad y no es posible consultarlos hasta después de su muerte.
Los más consultados son los papeles del cubano Reinaldo Arenas, y muy especialmente Alejandra Pizarnik, de quien ya se han publicado fragmentos de sus diarios.
EL SEÑOR DE LOS ARCHIVOS
Fernando Acosta-Rodríguez es el encargado de todo lo referido a lo hispano y latinoamericano de la Biblioteca Firestone, tanto en lo que se refiere a publicaciones como manuscritos. Desde hace diez años, este portorriqueño de nacimiento y latinoamericanista de vocación, encabeza el proceso de selección, compra y clasificación de los archivos. Le ha tocado gestionar numerosas adquisiciones, pero como buen negociador, la discreción es parte de su ADN. No consigo que me diga si es más difícil negociar cuando el autor está vivo, como le ocurrió con Vargas Llosa, o después, cuando intervienen los descendientes, que fue su experiencia con Miriam Gómez, la mujer de Cabrera Infante. Y apenas se asoma al tema -fascinante para mí- de las viudas de escritores, esa especie de profesión que la industria cultural ha exacerbado con ejemplares dignos de estudio, se escabulle con una sonrisa. Tampoco suelta prenda respecto de los montos que se pagan por la compra de estos papeles, aunque explica que se trabaja con la asesoría de algunos especialistas, que dan una orientación que siempre será una cuestión relativa. Pregunté cuánto se pagó por la segunda parte del archivo de Vargas Llosa (ya había entregado hace unos años un fragmento) ahora que era Premio Nobel. “Son aspectos confidenciales sobre los cuales no puedo comentar”, obtuve como toda respuesta.
Incluso sospecho que en esos casos en las negociaciones intervienen los agentes literarios, por lo que la situación varía completamente. Pero no puedo aseverarlo con certeza.
De cualquier forma, Fernando asegura que no se pagan cifras siderales y, pese a que la universidad cuenta con un presupuesto estable para estas adquisiciones, cuando la tasación es desmedida sencillamente no se compra. Lo fascinante, en cualquier caso, es que por lo general Princeton no se interesa por adquirir piezas, por valiosas que sean, sino archivos completos.
-¿Cuáles son los criterios para seleccionar los archivos que se van incorporando?
-Intentamos combinar la reconocida calidad del escritor y el potencial interés de investigadores en su obra. La idea es que el archivo pueda revelar, más allá de lo estrictamente literario, acerca de expresiones y tendencias culturales, estéticas, políticas. Queremos documentar no sólo la vida y obra de autores, sino la historia de los mundos a los cuales pertenecen o con los cuales se relacionan. Interesa mucho que se puedan descubrir las redes intelectuales y la relación con las instituciones (culturales, estatales, editoriales, la academia norteamericana, etc.). El objetivo no es coleccionar manuscritos tipo trofeo. Desde nuestro punto de vista, el valor principal está en las posibles lecturas que se puedan hacer de un documento o del conjunto, y no en el objeto mismo como pieza de museo. Por eso intentamos, siempre que sea posible, adquirir archivos completos, sin preseleccionar o filtrar categorías de documentos. También intentamos que los archivos se complementen unos a otros.
-¿Qué ha sido para ti lo más difícil en el proceso de negociación de un archivo?
-Aunque cada caso es diferente y pueden surgir dificultades muy distintas entre un caso y otro, pienso que lo más complejo es manejar la parte afectiva, emocional, que une al escritor o a sus herederos con el archivo. Para algunas personas enviar el material a Princeton representa desprenderse de una parte muy importante de sus vidas y realmente les cuesta, les duele. Hay que tener tacto, ser paciente, flexible, empatizar. Lo cual puede tornarse complicado pues la burocracia de la universidad no se interesa en esos detalles.
-¿Qué otro material hay en esta colección, además de los archivos de escritores latinoamericanos?
-¡Muuuuucho! Para la División de Manuscritos solamente, te recomiendo veas en la webhttp://www.princeton.edu/~rbsc/department/manuscripts/.
-Me refiero a material proveniente de América Latina…
-Tenemos miles de folletos y “efímeros” (volantes) relacionados a temas políticos, militancia, movimientos, etc., en Chile (y en muchas otras partes de América Latina) que ninguna otra biblioteca o archivo los tiene, y hoy en día serían imposibles de adquirir. En cuanto a este tipo de documentación, Princeton tiene un fondo sin paralelo. Las colecciones chilenas, por cierto, son las de mayor profundidad y continuidad gracias a Armando Gajardo, el “busquilla” residente en Santiago que desde 1984 recopila este material para Princeton y a quien le estamos profundamente agradecidos. Valdría la pena entrevistarlo porque es un personaje medio excéntrico, lleno de historias fascinantes por contar.
Por esos mismos días, 1974, Pepe realiza la primera entrega de su archivo a la Universidad de Princeton. Un acto que le debe haber parecido trivial puesto que ni siquiera lo menciona en el diario. Ocupado como estaba de dar forma a una nueva novela -Casa de campo-, obsesionado por dedicarse por completo a la literatura, sumido en llegar al fondo de sus propios desgarros interiores, Donoso no se dio cuenta de que había realizado una acción que haría historia. Porque al entregar sus papeles a esta Ivy Leaguer, el escritor sentó las bases para lo que llegaría a ser el archivo más completo, más revelador, más atractivo y varios mases más de la literatura de Latinoamérica. Digamos que a raíz de este acto, el bullado Boom latinoamericano se trasladó desde París a esta universidad de la Nueva Inglaterra. Un viaje sin escala desde el Paseo de Gracia a Nassau Street.
DOCUMENTOS PARA EL MUNDO
Como muchas cosas importantes, esta iniciativa surgió más bien por azar.
La Universidad de Princeton se destacaba por su notable colección de manuscritos. Posee originales de Lewis Carroll, Oscar Wilde, Scott y Zelda Fitzgerald. Material de Ezra Pound, Ernest Hemingway, Ford Madox Ford, Thomas Mann. Manuscritos de Charlotte y Emily Brontë, pero también de Robert Browning, Lord Byron, Charles Dickens, Emily Dickinson. Y tantos otros. Colecciones que no se agotan con autores anglosajones, ya que se podrían agregar los nobeles griegos Elytis y Seferis, por ejemplo, e incluso sorprendentes archivos de culturas antiguas.
Con todo, la colección no incluía literatura latinoamericana hasta cuando Donoso entrega su archivo. Por algún tiempo corrió el rumor que lo había hecho con el fin de pagarle la matrícula a un estudiante. Imagino que no habrán faltado los que creyeron ver en este dato algo oscuro, sabroso, acaso prohibido. No debe haber faltado suspicacia y más de una pesquisa improvisada tras ese misterioso beneficiado. De hecho hace un tiempo el diario argentino Clarín señalaba que “no mucho se sabe de aquel estudiante destacado, quién fue, qué vínculo lo unió a Donoso”.
Pero no había que buscar lejos. Pepe había estudiado en Princeton y las evidencias aparecieron en su propio archivo. Una carta de la universidad enviada a la calle Holanda 292 -la casa familiar en la que vivió por muchos años y en la que desarrolló buena parte de su imaginario- con la típica redacción elegante y aterradora que la idiosincrasia norteamericana usa para estas cosas, con frases como “nuestros encargados se preguntan por qué su cuenta lleva tanto tiempo impaga”:Dear Mr. Donoso:
Our Auditors have been checking over the student loan accounts. They are asking why your account is so long delinquent. We cant answer that question. Wont you help by dropping us a line without further delay? Or by sending the payment? In the enclosed envelope?
Sincerely yours,
Sólo después de la donación del autor chileno, el curador de entonces, Peter Johnson, ideó la creación de un archivo destinado a nuestras letras. Una iniciativa que llegó a convertirse en un tesoro, como queda reflejado al listar algunos de sus escritores: Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Victoria y Silvina Ocampo, Miguel Ángel Asturias, Margo Glantz, Sergio Ramírez, Juan José Saer, Elena Garro, Alejandro Rossi, Augusto Monterroso (http://libguides.princeton.edu/latinammss).
De chilenos se conserva material de Mauricio Wacquez, Jorge Edwards, las correspondencias de Margarita Aguirre y Mercedes Valdivieso. Acaban de sumarse los papeles de Diamela Eltit, todavía sin desembalar.
Aventurarse en esta sección ubicada en la Biblioteca Firestone de la universidad resulta similar a la experiencia de Alicia en el país de las maravillas cuando, tratando de alcanzar al “señor conejo”, se asoma a una especie de madriguera para caer en un mundo extraordinario. Aquí nada más empezar la lectura, los archivos cobran vida y dialogan entre sí. Originales, cartas, fotos, contratos de edición, primeras versiones e incluso dibujos van entretejiendo sus hebras, conformando un todo mayor, una increíble conversación.Lo más apetitoso de todo es que cualquiera puede consultar la colección. En mi caso, estuve durante un mes en Princeton como parte de un proyecto de investigación de la Universidad Diego Portales, que contempla la publicación de parte de los diarios de José Donoso. Pero los archivos están abiertos a quien quiera y no es necesario tener una afiliación académica ni una carta de presentación. Excepto, claro, cuando los propios autores o sus descendientes establecen restricciones. Parte de los diarios de Sergio Pitol, por ejemplo, están restringidos en la actualidad y no es posible consultarlos hasta después de su muerte.
Los más consultados son los papeles del cubano Reinaldo Arenas, y muy especialmente Alejandra Pizarnik, de quien ya se han publicado fragmentos de sus diarios.
EL SEÑOR DE LOS ARCHIVOS
Fernando Acosta-Rodríguez es el encargado de todo lo referido a lo hispano y latinoamericano de la Biblioteca Firestone, tanto en lo que se refiere a publicaciones como manuscritos. Desde hace diez años, este portorriqueño de nacimiento y latinoamericanista de vocación, encabeza el proceso de selección, compra y clasificación de los archivos. Le ha tocado gestionar numerosas adquisiciones, pero como buen negociador, la discreción es parte de su ADN. No consigo que me diga si es más difícil negociar cuando el autor está vivo, como le ocurrió con Vargas Llosa, o después, cuando intervienen los descendientes, que fue su experiencia con Miriam Gómez, la mujer de Cabrera Infante. Y apenas se asoma al tema -fascinante para mí- de las viudas de escritores, esa especie de profesión que la industria cultural ha exacerbado con ejemplares dignos de estudio, se escabulle con una sonrisa. Tampoco suelta prenda respecto de los montos que se pagan por la compra de estos papeles, aunque explica que se trabaja con la asesoría de algunos especialistas, que dan una orientación que siempre será una cuestión relativa. Pregunté cuánto se pagó por la segunda parte del archivo de Vargas Llosa (ya había entregado hace unos años un fragmento) ahora que era Premio Nobel. “Son aspectos confidenciales sobre los cuales no puedo comentar”, obtuve como toda respuesta.
Incluso sospecho que en esos casos en las negociaciones intervienen los agentes literarios, por lo que la situación varía completamente. Pero no puedo aseverarlo con certeza.
De cualquier forma, Fernando asegura que no se pagan cifras siderales y, pese a que la universidad cuenta con un presupuesto estable para estas adquisiciones, cuando la tasación es desmedida sencillamente no se compra. Lo fascinante, en cualquier caso, es que por lo general Princeton no se interesa por adquirir piezas, por valiosas que sean, sino archivos completos.
-¿Cuáles son los criterios para seleccionar los archivos que se van incorporando?-Intentamos combinar la reconocida calidad del escritor y el potencial interés de investigadores en su obra. La idea es que el archivo pueda revelar, más allá de lo estrictamente literario, acerca de expresiones y tendencias culturales, estéticas, políticas. Queremos documentar no sólo la vida y obra de autores, sino la historia de los mundos a los cuales pertenecen o con los cuales se relacionan. Interesa mucho que se puedan descubrir las redes intelectuales y la relación con las instituciones (culturales, estatales, editoriales, la academia norteamericana, etc.). El objetivo no es coleccionar manuscritos tipo trofeo. Desde nuestro punto de vista, el valor principal está en las posibles lecturas que se puedan hacer de un documento o del conjunto, y no en el objeto mismo como pieza de museo. Por eso intentamos, siempre que sea posible, adquirir archivos completos, sin preseleccionar o filtrar categorías de documentos. También intentamos que los archivos se complementen unos a otros.
-¿Qué ha sido para ti lo más difícil en el proceso de negociación de un archivo?
-Aunque cada caso es diferente y pueden surgir dificultades muy distintas entre un caso y otro, pienso que lo más complejo es manejar la parte afectiva, emocional, que une al escritor o a sus herederos con el archivo. Para algunas personas enviar el material a Princeton representa desprenderse de una parte muy importante de sus vidas y realmente les cuesta, les duele. Hay que tener tacto, ser paciente, flexible, empatizar. Lo cual puede tornarse complicado pues la burocracia de la universidad no se interesa en esos detalles.
-¿Qué otro material hay en esta colección, además de los archivos de escritores latinoamericanos?
-¡Muuuuucho! Para la División de Manuscritos solamente, te recomiendo veas en la webhttp://www.princeton.edu/~rbsc/department/manuscripts/.
-Me refiero a material proveniente de América Latina…
-Tenemos miles de folletos y “efímeros” (volantes) relacionados a temas políticos, militancia, movimientos, etc., en Chile (y en muchas otras partes de América Latina) que ninguna otra biblioteca o archivo los tiene, y hoy en día serían imposibles de adquirir. En cuanto a este tipo de documentación, Princeton tiene un fondo sin paralelo. Las colecciones chilenas, por cierto, son las de mayor profundidad y continuidad gracias a Armando Gajardo, el “busquilla” residente en Santiago que desde 1984 recopila este material para Princeton y a quien le estamos profundamente agradecidos. Valdría la pena entrevistarlo porque es un personaje medio excéntrico, lleno de historias fascinantes por contar.
Y tú, encinar madrileño, con tu adustez castellana corrigiendo la vanidad y el atuendo...
Diario El Mercurio, Viernes 29 de noviembre de 2013
Una semana en Madrid
"Los españoles se merecen este cambio para mejor. Es su premio por los severos recortes que impuso un gobierno de derecha que no temió ser impopular..."
He tenido la suerte de pasar una semana en Madrid. Suerte por muchas razones. Porque he podido descansar del populismo electoral. Porque Madrid es la capital más agradable del mundo, y su gente, culta, cálida y generosa. Porque en esta época la luz de Madrid es nítida, y la acompaña un frío asoleado que te llena de energía. Porque pude ir al campo, a aquellos campos de Castilla que son tan accesibles desde esta ciudad de dimensiones tan humanas. Campos amplios, de horizontes lejanos, marcados por la sierra de Guadarrama, que en noviembre ya acumula nieve. Campos secos, austeros, poco poblados, en que se yergue la encina, cuyas bellotas alimentan los cerdos que comemos en forma de jamón ibérico.
Es la misma encina que celebraba Antonio Machado en su poesía, la misma literalmente, porque puede llegar a tener cientos de años. Un árbol que conmueve, porque pese al frío preserva porfiado sus hojas en el invierno. Un árbol humilde, según Machado. “Brotas derecha o torcida,/ con esa humildad que cede/ solo a la ley de la vida,/ que es vivir como se puede”, le dice admirado, y después: “Y tú, encinar madrileño,/ bajo Guadarrama frío,/ tan hermoso, tan sombrío,/ con tu adustez castellana corrigiendo/ la vanidad y el atuendo”.
Es cierto que en los últimos años las adustas encinas no se la pudieron con la vanidad y el atuendo que invadieron a la otrora austera Castilla. Hubo una fiesta de exceso de gasto del Estado y de los privados, y los españoles, como si salieran de una larga borrachera, han tenido después años muy duros, años de privación y sacrificio. Pero están mejor de lo que yo pensaba, a pesar del enorme desempleo. En parte, porque un cuarto de la economía es informal: hay mucha actividad que no se registra. Pero también porque las medidas de austeridad empiezan a dar sus frutos. Vienen llegando inversionistas, muchos de ellos latinoamericanos, en busca de gangas; y el PIB vuelve a crecer.
Los españoles se merecen este cambio para mejor. Es su premio por los severos recortes que impuso un gobierno de derecha que no temió ser impopular, y que condujeron a que España se vea tanto mejor ahora que Francia, donde un gobierno socialista no se ha atrevido a decirle a la gente la verdad, prefiriendo seducirla con la retórica de los derechos, con la consecuencia de que Francia está a la deriva.
En fin, España se recupera, y en Madrid, la semana pasada, la recuperación no solo vestía colores de otoño; lucía tintes peruanos. En el teatro Matadero, se inauguraba una versión de “Kathie y el hipopótamo”, de Mario Vargas Llosa, con una brillante actuación de Ana Belén, que para expresar la nostalgia que siente Kathie por París desde su casa en San Isidro, prorrumpía de vez en cuando en canciones de Edith Piaf. Dos días después, en el Auditorio Nacional, el tenor peruano Juan Diego Flores daba un memorable recital en homenaje a Vargas Llosa.
El recital era parte de un ciclo de conciertos de Juventudes Musicales. Es una admirable institución madrileña que ya no recibe ayuda estatal, debido a la crisis. Tampoco le es fácil conseguir aportes privados. Pero sus notables conciertos siguen floreciendo año tras año gracias a la irresistible combinación de simpatía y tesón que despliega su organizadora. Se llama María Isabel Falabella, y es nacida en Chile.
Se equivocan aquellos que piensan que España —o Europa— están en una decadencia terminal. ¡Han estado mucho peor muchas veces, y siempre vuelven! Pero nunca les ha venido mal contar de vez en cuando con un soplo inspirador del Nuevo Mundo, sea de inversionistas, de emprendedoras culturales, o de creadores y artistas. Es lo que pensaba mientras oía a Flores pasearse como si nada por los vertiginosos sobreagudos de Donizetti.
Es la misma encina que celebraba Antonio Machado en su poesía, la misma literalmente, porque puede llegar a tener cientos de años. Un árbol que conmueve, porque pese al frío preserva porfiado sus hojas en el invierno. Un árbol humilde, según Machado. “Brotas derecha o torcida,/ con esa humildad que cede/ solo a la ley de la vida,/ que es vivir como se puede”, le dice admirado, y después: “Y tú, encinar madrileño,/ bajo Guadarrama frío,/ tan hermoso, tan sombrío,/ con tu adustez castellana corrigiendo/ la vanidad y el atuendo”.
Es cierto que en los últimos años las adustas encinas no se la pudieron con la vanidad y el atuendo que invadieron a la otrora austera Castilla. Hubo una fiesta de exceso de gasto del Estado y de los privados, y los españoles, como si salieran de una larga borrachera, han tenido después años muy duros, años de privación y sacrificio. Pero están mejor de lo que yo pensaba, a pesar del enorme desempleo. En parte, porque un cuarto de la economía es informal: hay mucha actividad que no se registra. Pero también porque las medidas de austeridad empiezan a dar sus frutos. Vienen llegando inversionistas, muchos de ellos latinoamericanos, en busca de gangas; y el PIB vuelve a crecer.
Los españoles se merecen este cambio para mejor. Es su premio por los severos recortes que impuso un gobierno de derecha que no temió ser impopular, y que condujeron a que España se vea tanto mejor ahora que Francia, donde un gobierno socialista no se ha atrevido a decirle a la gente la verdad, prefiriendo seducirla con la retórica de los derechos, con la consecuencia de que Francia está a la deriva.
En fin, España se recupera, y en Madrid, la semana pasada, la recuperación no solo vestía colores de otoño; lucía tintes peruanos. En el teatro Matadero, se inauguraba una versión de “Kathie y el hipopótamo”, de Mario Vargas Llosa, con una brillante actuación de Ana Belén, que para expresar la nostalgia que siente Kathie por París desde su casa en San Isidro, prorrumpía de vez en cuando en canciones de Edith Piaf. Dos días después, en el Auditorio Nacional, el tenor peruano Juan Diego Flores daba un memorable recital en homenaje a Vargas Llosa.
El recital era parte de un ciclo de conciertos de Juventudes Musicales. Es una admirable institución madrileña que ya no recibe ayuda estatal, debido a la crisis. Tampoco le es fácil conseguir aportes privados. Pero sus notables conciertos siguen floreciendo año tras año gracias a la irresistible combinación de simpatía y tesón que despliega su organizadora. Se llama María Isabel Falabella, y es nacida en Chile.
Se equivocan aquellos que piensan que España —o Europa— están en una decadencia terminal. ¡Han estado mucho peor muchas veces, y siempre vuelven! Pero nunca les ha venido mal contar de vez en cuando con un soplo inspirador del Nuevo Mundo, sea de inversionistas, de emprendedoras culturales, o de creadores y artistas. Es lo que pensaba mientras oía a Flores pasearse como si nada por los vertiginosos sobreagudos de Donizetti.
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