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Vale la pena tener en cuenta


Vale la pena tener en cuenta.

En la facultad de Medicina, el profesor se dirige a un alumno y le pregunta: “¿Cuántos riñones tenemos?” 
“¡Cuatro!”, responde el alumno. 
“¿Cuatro?”, replica el profesor, arrogante, de esos que sienten placer en pisotear los errores de los alumnos. 
“Traiga un fardo de pasto, pues tenemos un asno en la sala”
, le ordena el profesor a su auxiliar. 
“¡Y para mí un cafecito!”
, replicó el alumno al auxiliar del maestro. 
El profesor se enojó y expulsó al alumno de la sala. El alumno era el humorista Aparício Torelly, conocido como el Barón de Itararé (1895-1971)
Al salir de la sala, todavía el alumno tuvo la audacia de corregir al furioso maestro:
“Usted me preguntó cuántos riñones‘tenemos’.
‘Tenemos’ cuatro: dos míos y dos suyos. Porque ‘tenemos’ es una expresión usada para el plural. Que tenga un buen provecho y disfrute del pasto”.

DÍAS DIFÍCILES


Días difíciles
por Roberto Merino
Diario Las Últimas Noticias,
Lunes 29 de agosto de 2011

Estamos viviendo días interesantes,
según la conocida maldición.

En las calles, en los cafés
y en los mentideros de la ciudad
la gente habla con la conciencia
de pasar por un momento histórico:
vientos y gritos de cambio.

No sé.

La famosa
y ya trillada frase de Lampedusa
siempre corona estos entusiasmos
como una divisa invisible:
que todo cambie para que todo siga igual.

Fue Joaquín Edwards Bello,
quien dijo alguna vez
que en cincuenta años
nunca había visto que
se solucionara algún problema,
escribió en septiembre de 1932
(tiempo igualmente interesantes):
"Me molesta esa alegría
de perros rabiosos
que noto en las calles".

Lo mismo podemos decir hoy
ante el exceso de opiniones
que desborda Twitter
y que conforma un conjunto
finalmente tedioso e insustancial.

Se ve que hay gente que disfruta al ver
a ministros contrariados o acogotados
y que está a la espera de alguna nueva
equivocación "comunicacional"
para renovar sus propias seguridades.

Las imágenes que van quedando hora tras hora
se parecen a las de 1983 y a las de 1973;
el humo blanco de las lacrimógenas,
el pavimento mojado por el guanaco,
los grupos humanos registrados
en el instante de lanzar una consigna a coro,
tipos lanzando piedras,
carabineros levantando la luma,
fogatas en la que arrojan carteles,
troncos y señales de tránsito.

Estas escenas son tópicos visuales
equivalentes a los de cualquier cuadro de batallas.

Nunca he sido muy animoso
para las manifestaciones, pero en 1980,
en víspera del plebiscito, me iba a asomar
a las justificadas protestas que había en el centro.

Una de esas noches agitadas,
en el Paseo Ahumada,
apareció de la nada un frontón policial
que ocupaba todo lo ancho de la calle.

Hubo que arrancar.

Corrí todo lo fuerte que pude
y en ese empeño
choqué con otro fugitivo
que tuvo peor suerte que yo,
porque dio un par de trastabillones
y cayó sobre la acera,
siendo arrebatado de inmediato
por los carabineros a patadas.

Seguí corriendo
con la marcación personal
de un paco viejo,
que a pesar de su edad
y de sus pesados atuendos
me respiraba en la oreja.

Cuando ya no pudo alcanzarme
me largó un lumazo y un insulto.

Después aprendí que es mejor
avanzar caminando en contra
de los piquetes de carabineros
y pasar a través de ellos.

Habría que desempolvar
viejos tomos de psicología social
para calibrar la situación actual.

Yo insisto con mi teoría de que,
cualesquiera sean los contenidos
de las reivindicaciones sociales,
prima una exasperación de fondo:
la que produce la normalidad y los costos.

Parece que la estabilidad institucional
se nos hiciera insoportable proyectada en el tiempo.

"¡Que pase algo, por último un terremoto!",
le escuché decir a un adolescente
a comienzos de los noventa.

Punto aparte son los saqueadores,
que prosperan a río revuelto
en cualquier situación:
terremotos, partidos de fútbol, marchas.

Verlos registrados
por las cámaras de seguridad
provoca un abismo semejante
al que experimentamos
ante un grupo de papiones.

Las miradas movedizas,
el ademán encorvado
y la rapidez con que
mueven las poruñas,
todo ello revela la existencia
de un no sé qué animal, simiesco,
anterior a la civilización.

Confesiones de mi ADN


Confesiones de mi ADN
 
Con una muestra de saliva, un periodista de "Sábado" se sometió a un examen de ADN y se enteró de algunas cosas que hubiera preferido no saber: por ejemplo, que si sigue tomando tanto café puede tener un ataque cardíaco, que es susceptible a la hipertensión y que en su árbol genealógico hay un héroe celta y un zar. Este es su relato.   
Luis Goycoolea U. Ilustraciónes Francisco Javier Olea 
Es lunes. Me encuentro en una oficina de dos ambientes, en Las Condes. Afuera está nublado y a punto de llover. Mientras tomo un café, Sebastián Salinas me dice: "Lo que está pasando hoy con la genética es similar a lo que sucedió con la fotografía, cuando el señor Kodak creó la primera cámara".
Desde que en 1944 se aislara el ADN como material genético y se descubriera que era capaz de asegurar la transmisión de los caracteres hereditarios de célula a célula, la genética ha avanzado hasta llegar a los exámenes personalizados. En 2008, la revista Time lo bautizó como el invento del año y definió esta era como la de "los tiempos de la genética personal". En Chile, desde febrero de 2011 es posible someterse a un examen genético. La empresa que gestiona el procedimiento es DNA Prevent, en asociación con la estadounidense Pathway Genomics. Cuesta 350 mil pesos. Hace algunos años el mismo examen -FIT (dieta-nutrición y ejercicios), Salud (respuesta farmacológica, enfermedades recesivas, enfermedades complejas) y Ancestros- costaba varios cientos de miles de dólares.
Sebastián Salinas, CEO de DNA-Prevent, estudió en el Colegio Saint George y luego bioquímica en la Universidad de Chile. Hizo su práctica en 2008 en San Francisco, Estados Unidos, donde conoció empresas que realizaban los primeros tests genéticos como "23 and Me", de Anne Wojcicki, señora de Sergey Brin, uno de los creadores y dueño de Google. "Era un tema muy común en esa época y me dije que esto se podía hacer perfectamente en Chile. Conversé con gente acá y al terminar la universidad armé esta empresa. Nos demoramos un año en conseguir la licencia. Había que ajustar un modelo comercial, los protocolos. Pasé 2010 poniendo a punto todo", dice.
La obtención de la muestra que luego será enviada a Estados Unidos para estudiar el ADN es bien simple. De hecho, Sebastián me toma por sorpresa al sacar una caja pequeña de color celeste y blanco, con un recipiente en su interior. "Llevamos dos horas hablando y no has comido nada ni tampoco has besado a alguien, por lo tanto estás en condiciones de dar la muestra", me dice. En seguida preguntó, extendiéndome el frasco: "¿Estás listo para seguir adelante con este tema?".
Recordé las inquietudes de mi mujer: "¿Y los resultados los vas a hacer públicos? ¿Qué crees que va a decir la isapre? ¿Y te dicen si vas a tener cáncer o cuánto vas a vivir? O si la familia tiene una enfermedad genética, ¿se lo dirás a tus hermanos y papás". Las dudas se incubaban. Mis padres estaban más curiosos. Les interesaba el tema de las enfermedades portadoras y recesivas, como también los efectos de los fármacos en mi organismo. Si se podía diagnosticar el alzheimer, por ejemplo. Mi papá también quería saber si era posible dilucidar el origen de nuestros antepasados. Después de sopesar todas las inquietudes, decidí que me haría el examen. La curiosidad pudo más.
Sólo tuve que llenar el envase con 2 mililitros de saliva. Luego Sebastián selló el recipiente, lo etiquetó y me pasó una etiqueta gemela que me servirá después para identificar los resultados. Guardó todo en una caja y luego en una bolsa especial de salud del courrier DHL, que cumple con los protocolos de envío de exámenes de salud, la que será mandada a Pathway Genomics, en Estados Unidos. Pero antes, debo completar un cuestionario de salud en la página web de la empresa estadounidense. Las preguntas abarcan tres áreas: el estilo de vida en que me muevo, mi estado de salud y mi historial de salud familiar.
MI PROBABLE ARRITMIA
Poco más de dos semanas después recibí un llamado: mis resultados ya estaban online. Por lo mismo, partí leyendo el reporte de salud, que se inicia con la respuesta farmacológica o drug response, en inglés:"hemos escaneado tu ADN por los SNP que tienen conocidas asociaciones con ciertas drogas".
Mi estructura biológica arrojó tres respuestas atípicas de las 10 drogas testeadas: mi organismo metaboliza lentamente la cafeína, lo que podría aumentar mi riesgo de un ataque al corazón. Luego que la estatina, medicamento prescrito para reducir el colesterol, puede producirme dolores y daños musculares. Y, finalmente, la warfarina, droga utilizada para el tratamiento de coágulos de sangre, me podría generar complicaciones de sangramiento. Hasta aquí mi única preocupación fue la estatina, ya que la tomo hace muchos años.
Pero el recuento siguió: la parte relativa a las enfermedades recesivas; es decir, "causadas por una mutación que puede ser llevada silenciosamente en la familia por generaciones, sólo siendo descubierta cuando dos portadores tienen un hijo con esa condición", según el reporte. Aquí, soy portadora de dos condiciones: hemochromatosis y la deficiencia MTHFR. La primera, es una alta absorción de hierro por parte del cuerpo. Y la segunda, es una disminución en la actividad de una enzima que puede manifestarse en convulsiones, trastornos sicóticos, etc...
Por primera vez comienzo a inquietarme.
Finalmente llegué a las 24 enfermedades complejas. Esta parte es seria, ya que estamos hablando de alzheimer, esclerosis lateral amiotrófica (lo que tiene el científico Stephen Hawkins), cáncer colorrectal, enfermedades coronarias, leucemia, hipertensión y hasta artritis.
Fue un alivio saber que la única enfermedad en la que debería tomar acción inmediatamente es la fibrilación auricular; es decir, soy vulnerable a tener arritmias cardiacas. Pero no todo era tranquilidad: ante enfermedades como el alzheimer, enfermedad coronaria, hipertensión e infarto de miocardio, el reporte sugiere cambios en mi estilo de vida, ya que soy más susceptible que otras personas. Aunque, agrega,"esto no indica que tendrás la enfermedad o no".
Aumentan mis dudas.
El segundo reporte fue el FIT (dieta, nutrición y ejercicios). En resumen, debo hacer dieta baja en carbohidratos y controlar mi comportamiento alimenticio ya que soy propenso al tentempié y el picoteo. Tengo el gen de "taster": sería capaz de cruzar la ciudad por probar un bocado que me apetece. En cuanto a ejercicios, tengo una variante genética llamada "sprinter gene", asociada a los atletas de elite. El corredor más rápido del mundo, el jamaicano Usain Bolt, tiene el mismo gen que se conoce como ACTN3. Mejora mi perspectiva.
Mi árbol genealógico resultó con varias sorpresas. Por medio del "cromosoma Y", que se hereda de padre a hijo sucesivamente, me enteré que mi haplogrupo (rama genética prehistórica) fue el R. Según los expertos, "esta mutación ocurrió hace 26 mil 800 años en el sur o centro de Asia". El informe agrega: "En este tiempo, el mundo estaba en medio de la última Era del Hielo del período Pleistoceno". Posteriormente, mi subgrupo, ahora denominado R1b1, por mutaciones, emigró hacia Europa: "Con el fin de la última glaciación, los R1b1 se expandieron hacia España, Italia y norte de Gran Bretaña". Entre los famosos de mi haplogrupo están el héroe celta Somerled, quien desalojó a los vikingos de Escocia en el siglo XII, el zar Nicolás Romanov II (1868-1918), 12 presidentes de Estados Unidos y, más contemporáneo, el periodista de CNN Anderson Cooper. Pero no estoy solo ni soy tan exclusivo, el haplogrupo R constituye hoy casi el 90 por ciento de la población en Inglaterra, Irlanda, Escocia, España y Francia. Es decir, somos millones.
MI MAPA GENÉTICO
¿Qué tanto coinciden los resultados de los informes con mi actual estado de salud? Algunos puntos encajan. Por ejemplo, el café efectivamente me sobrerrevoluciona. En mi familia sí hay un problema con las enfermedades coronarias y desde muy joven tomo Lipitor (estatina) para controlar el colesterol, pero nunca he tenido dolores musculares. Tampoco sufro de hipertensión, al menos no todavía.
Respecto del resultado que indicó que soy más susceptible, según mi genética, al alzheimer, enfermedad coronaria, hipertensión e infarto de miocardio, tanto los doctores que consulté como las investigaciones científicas concuerdan en que nada tiene un valor predictivo absoluto. Según el Proyecto del Genoma, entidad científica internacional creada en 1990 para determinar la secuencia de pares de bases químicas que componen el ADN, los exámenes entregan como resultado sólo una probabilidad de desarrollar el desorden. Algunas personas nunca llegan a enfermarse. Los científicos creen que estas mutaciones pueden funcionar en conjunto con otras desconocidas y con factores ambientales.
Según la doctora Marcela Lagos, jefa del laboratorio de Biología Molecular y citogenética de la Universidad Católica, "lo único que te dice -el reporte- es que al tener cierta variante en el ADN, tienes un poco más de riesgo de tener hipertensión, enfermedad coronaria, o lo que sea, pero no te dice con certeza que tú vas a tener tal enfermedad. No tiene un valor predictivo establecido".
Cecilia Mellado, genetista clínica y jefa de la Unidad de Genética de la División de Pediatría UC, concuerda con que aún es incierto el poder hacer un diagnóstico con estos exámenes. "El mapa genético está, pero sólo sabemos leer un porcentaje pequeño de toda la información, pero no interpretarla. Hoy, por ejemplo, está muy en boga la epigenética, que son factores que modifican el ADN sin cambiar las bases. Entonces, estamos viendo que son millones de cosas asociadas a otras variables, estilos de vida, etc...".
Me tranquiliza su aclaración.
Un día después, la doctora Mellado me envió un paper publicado el 10 de enero de 2011 en la revista Clinical Genetics y que, según ella, tuvo mucho impacto. Este sostiene que, "aunque la tecnología y sus avances están haciendo posible la adquisición a bajo costo de data genética, estamos recién captando que la enorme cantidad de información genética es el mayor obstáculo. Temas, tanto científicos y ético-legales, deberán ser atendidos en la medida en que la data genética está siendo empujada hacia la utilización clínica y de consumidores".
Frente a estos tests, en Chile recién se está discutiendo el tema. El 8 de junio, el senador Alejandro Navarro presentó el proyecto de ley que "regula la intimidad del trabajador y establece prohibición de discriminación laboral frente a los análisis genéticos". Recordé entonces las aprensiones de mi mujer y llamé a la asociación de isapres para evaluar si publicaba los resultados de mis exámenes. Ahí, el director ejecutivo, Rafael Caviedes, me informó por escrito que: "Ninguna isapre ha considerado utilizarlo para ningún efecto. En consecuencia, no se aprecia ningún mal uso posible. En isapres, lo único que faculta la ley es exigir una declaración de salud que debe hacer el afiliado, de las enfermedades que le han sido diagnosticadas y no de probabilidades de sufrir un mal determinado".
Aunque, en definitiva, hay poca claridad sobre cuán útil es saber nuestro ADN, creo que el examen fue beneficioso. No está de más hacer más ejercicios, tomar menos café, seguir con el Lipitor para combatir el colesterol, y taimar ese marcador genético denominado "taster" que me impulsa a esos arrebatos de apetito. Mi mujer, Macarena, también quedó contenta sobre todo con eso de que "apenas sabemos leer muy poco del mapa genético". Pero más que nada por nuestro hijo, ya que ninguna de las enfermedades que porto se han manifestado en él, lo que quiere decir que Macarena tampoco carga esas mutaciones. A mis progenitores les di tema para rato. Mi padre, como buen investigador ya comenzó a buscar en Google nuestro haplogrupo y sus migraciones a lo largo de la historia. Habrá que ver qué sucede mañana con los avances genéticos. Al menos yo ya tengo parte de mi información genética guardada por si aparecen novedades en el horizonte médico.
"En mi árbol genealógico están el héroe celta Somerled, quien desalojó a los vikingos de Escocia, y el zar Nicolás Romanov II".
 

"Eternizar estas movilizaciones puede terminar dañando más a la Concertación que al Gobierno"

Andrés Allamand, ministro de Defensa:
"Eternizar estas movilizaciones puede terminar dañando más a la Concertación que al Gobierno"

Hace ocho meses que dejó el Congreso y asumió como ministro de Defensa. Desde ahí su silencio político ha sido absoluto. El paro lo sorprendió en medio de su visita a Haití, desde donde llama a un acuerdo entre oposición y gobierno y dice que "esta es la hora de los políticos".  

Cecilia Derpich Desde Haití 

El ministro de Defensa, Andrés Allamand, sube y baja de camionetas y de helicópteros y en menos de tres días, visita y saluda uno por uno a los más de 500 hombres y mujeres que componen las tropas chilenas que forman parte de la Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití (Minustah).
En medio de su visita al país más pobre de América Latina y de su reunión con el Presidente de Haití, Michel Martelly, para aportar en su intención de constituir una defensa en este país, sigue atentamente las noticias que llegan desde Chile sobre las movilizaciones de esta semana.
Y decide romper con "El Mercurio" el riguroso silencio político que ha mantenido desde que asumió como ministro de Defensa para analizar la crisis de los estudiantes y las movilizaciones de esta semana.
-¿Cuál es su análisis sobre las movilizaciones de esta semana?
-Después del paro de esta semana todo indica que las movilizaciones han alcanzado un límite, luego de lo cual es perfectamente factible que se tornen o que se vuelquen contra sus propios organizadores o contra quienes las han promovido. Chile tiene una opinión pública madura y advierte que en ninguna democracia sana las movilizaciones pueden reemplazar a las elecciones. Y afirmo esto porque el contenido ideológico y político que se le ha ido asignando a estas movilizaciones ha ido mucho más allá de las razones vinculadas a las grandes falencias educacionales.
-Según su tesis, ¿sobre quiénes se volcará esta responsabilidad?
-La gente es perfectamente capaz de percibir cuándo una expresión tiene un objetivo y es un mecanismo conducente a un propósito y cuándo se desvirtúa. Creo que en esta semana se ha cruzado el umbral a partir del cual la movilización empieza a traspasar sus propios límites. Eternizar las movilizaciones puede terminar dañando mucho más a la Concertación que al propio Gobierno.
-¿En qué sentido?
-En primer lugar, en Chile se aprecia el valor que tiene una oposición constructiva que en vez de echarle leña al fuego se esfuerza por alcanzar soluciones y que busca esas soluciones a través de los caminos institucionales. Por ejemplo, hay un contraste muy grande entre la actitud que tiene la actual oposición y la actitud que en circunstancias críticas para el país tuvo la oposición en el pasado. Cuando se produjo el desastre del Transantiago, a nadie de la oposición de entonces se le habría pasado por la cabeza convocar a una movilización que en ese minuto y en las condiciones que existían, quizá habría generado un estallido social de proporciones.
-¿Es comparable esta crisis con la del Transantiago?
-Todas las situaciones son distintas, pero esa situación como otras que han tenido lugar durante la transición, como la crisis política durante el gobierno de Lagos, que condujo a un acuerdo político de gran envergadura sobre reforma del Estado, o yendo mucho más atrás, algunas crisis políticas que tuvieron lugar al inicio de la transición durante el gobierno de Aylwin, tuvieron una respuesta opositora de moderación. Nunca la oposición pretendió que echándole leña al fuego podrían resolverse los problemas.
-Pero más allá de la actitud de la Concertación. ¿cree que estas movilizaciones y el descontento van más allá de los partidos?
-Ese es un segundo punto. El Gobierno ya ha entregado respuestas contundentes a los planteamientos que se han formulado y tiene un compromiso claro, como le corresponde a cualquier gobierno de cautelar el orden público. En consecuencia, si la Concertación no adopta una posición constructiva, lo que va a ocurrir es que va a ser sobrepasada por estos movimientos sociales y puede terminar jugando un rol de irrelevancia, es decir, de no ser un verdadero protagonista de las soluciones.
-¿Y cree que hoy están siendo protagonistas?
-Hay un hecho esencial que demuestra la falta de liderazgo y de alguna manera el sobrepaso de las figuras políticas de la Concertación ante estos movimientos: es precisamente cuando los dirigentes estudiantiles logran que los dirigentes de la Concertación dejen sin efecto una audiencia con el Presidente de la República que ellos mismos habían solicitado. Ese es un punto de inflexión, que demuestra cuándo un determinado sector político abdica de su liderazgo y en definitiva es sobrepasado por estos fenómenos.
-Además, creo que la opinión pública, que hoy día objetivamente tiene un juicio muy crítico de la actividad política, es aun más lapidaria en su apreciación cuando advierte incoherencia en la acción política. A la gente le cuesta entender, por ejemplo, que la Concertación o dirigentes de la Concertación se sumen a propuestas o demandas que durante los veinte años en que fueron gobierno o no acogieron o definitivamente rechazaron.
-¿Cómo cree que podría avanzarse hacia una solución?
-La solución que el país requiere es una solución netamente política y eso significa que no puede ser un juego de suma cero; aquí hay que lograr generar una atmósfera y un escenario donde el Gobierno, la Coalición y la Concertación, como principales fuerzas políticas del país, puedan volver a colaborar y encuentren maneras de acción conjunta que permitan resolver los problemas.
-¿Confía en la existencia de la capacidad de encauzar las movilizaciones?
-Ese es exactamente el rol fundamental de la política en cualquier país. Ser capaz de percibir aquellas demandas que provienen de la ciudadanía, pero no solamente percibirlas, sino tener la capacidad de conducirlas o cesarlas dentro de un sistema institucional, por eso -en mi opinión- el país enfrenta un minuto en que necesariamente gobierno y oposición deben volver a colaborar.
-¿De qué manera?
-Yo echo de menos un rol de mucho mayor protagonismo de los partidos políticos y fundamentalmente del Congreso Nacional. No creo que a esta altura alguien pueda imaginar que la solución de los problemas planteados que requieren legislación, en muchos casos con aspectos técnicos complejos y que requieren un alto grado de acuerdo político y legislativo, pueda alcanzarse al compás permanente de estas movilizaciones. Para mí, llegó la hora de la política.
-¿No hay una dicotomía en plantear "que llegó la hora de la política" si, según marcan las encuestas, la gente no confía en los políticos?
-Siento que a veces existe una cierta abdicación de responsabilidades de la propia clase política. Es cierto que existe un malestar ciudadano, pero también yo veo que existe un cierto masoquismo de la clase dirigente. Durante estos últimos 20 años la clase dirigente chilena ha sido capaz de resolver muy difíciles coyunturas. No era fácil transitar desde un gobierno militar a un régimen democrático. No era fácil perseverar en el desarrollo económico ni encontrar mecanismos para alcanzar grados importantes de progreso y de paz social. Ninguna de estas cosas cayeron del cielo, todas fueron el resultado de dirigentes que en distintas etapas asumimos los liderazgos para que los conflictos alcanzaran una solución.
-¿Hay capacidad de hacer eso?
-La capacidad existe, quizás está larvada. Es cierto que hay veces que surgen señales que me resultan muy incomprensibles. Que algunos de mis antiguos colegas en el Parlamento estén planteando que la solución a la actual crisis pasa por establecer el mecanismo de plebiscito me parece completamente absurdo. Quién puede creer que una materia como el crédito fiscal universitario o la provisión mixta en educación puede razonablemente ser materia de un plebiscito. Para mí es tan absurdo como haber pretendido plebiscitar la solución del Transantiago hace algunos años atrás. Creo también, por ejemplo, que frases como la del ex Presidente Frei en el extranjero afirmando que Chile está al borde de una situación de ingobernabilidad no ayudan a nada. No recuerdo otro Presidente de la República que jamás se haya referido en esos términos a su propio país.
-¿Y en esta "falta de conciliación" política no cree que hay responsabilidad de los dos lados?
-Palabras sacan palabras, pero creo que no hay nadie que pueda desconocer que el Presidente Piñera ha tenido una actitud permanente de búsqueda de diálogo y de aporte a las soluciones. Lo que ocurre es que ningún gobierno puede dejarse someter a ultimátums, muchos de los cuales son marcadamente ideológicos y en los hechos imposibles de satisfacer.
"Uno ve muchas descalificaciones recíprocas"
-¿Más allá de las expresiones de violencia de esta semana, le llama la atención el regreso de los "caceroleos", que no se veían en Chile desde las luchas democráticas de los años 80?
-Hay efectivamente un malestar que se expresa de distintas maneras. Para mí, que se exprese de forma pacífica es mucho mejor a que se exprese de forma violenta. Pero le vuelvo a decir, llevamos meses en los cuales ya ha habido suficientes expresiones de la ciudadanía. Ahora, objetivamente hablando, la pelota está en la cancha de los políticos.
-¿Hay gente que quiere "desalojar" al Gobierno?
-En Chile los desalojos se producen únicamente en forma democrática. "El desalojo" fue una buena expresión para apuntar a la necesidad de reemplazar democráticamente a la Concertación. Que fue lo que finalmente ocurrió después de 20 años. Yo francamente no creo que quienes puedan estar de alguna manera obnubilados con la idea de generar en Chile una situación de ingobernabilidad vayan a prevalecer.
-Además de dirigente estudiantil, fue un actor del periodo previo a la transición en los 80 y luego en los 90. ¿Ha hecho algún aporte en La Moneda a la solución de esta crisis?
-Yo formo parte del Gobierno y estoy siempre a disposición del Presidente en esta y otras materias. Creo que por la naturaleza de mi cargo no corresponde que yo me mezcle en la contingencia diaria de la política. Lo que sí me preocupa es un cierto deterioro ostensible en la confianza política que debe existir entre los dirigentes políticos.
-Yo recuerdo que tuve una larga conversación con Carlos Briones, el último ministro del Interior de Allende. Y él me hizo ver que la situación a la que se había llegado, que ciertamente no tiene nada que ver a la situación actual, porque son circunstancias históricas, políticas y sociales muy distintas, en gran medida uno de los combustibles que había generado la situación de erosión del sistema democrático había sido la falta de confianza entre los dirigentes políticos. En sus propias palabras, pasaron "de adversarios a enemigos". Y una de las claves de la transición ha sido precisamente el capital de confianza que existió en estos 20 años, donde bastaba un apretón de manos o un simple compromiso, y todas las personas cumplían con aquello que se establecía. Estoy convencido de que la opinión pública castiga, con mucha más fuerza de la que los propios dirigentes políticos advierten, la inconsecuencia.
-¿En qué se refleja esa inconsecuencia que plantea?
-Por ejemplo, en que parece recordar que cuando se discutió el reemplazo de la LOCE, hubo unanimidad de todos los dirigentes políticos para aprobar en el ámbito primario y secundario la provisión mixta educacional, es decir, todos coincidimos en que debería haber un sistema en que existiera una educación particular subvencionada. No han pasado ni dos años y resulta que todo el mundo se olvidó de aquello que firmó. O cómo va a ser razonable que el año 2005, en pleno gobierno del Presidente Lagos, se haya acordado una completísima reforma a la Constitución y que cinco años después los mismos políticos que consideraban que esto era un gran logro, digan que hay que hacer una nueva Constitución o una asamblea constituyente.
"No siento que esté mal ubicado en esta posición"
-Respecto del rol de los políticos, usted fue uno de los más críticos de la ausencia de estos en el "primer tiempo" del Gobierno. ¿Siente que el tiempo le dio la razón?
-Siempre fui partidario de un equilibrio entre los llamados técnicos y políticos. Creo que el actual gabinete expresa mucho mejor ese equilibrio que el inicial.
-A usted lo sacaron de senador justamente para potenciar el rol político. Sin embargo, hasta ahora había guardado silencio. ¿Por qué no ha ejercido un rol político?
-Yo he cumplido las tareas propias del Ministerio de Defensa, que son objetivamente importantes para el país y que desde mi punto de vista exigen un tratamiento absolutamente transversal y de total unidad nacional. Es precisamente lo que hago. A nivel de Relaciones Exteriores y de Defensa, las fronteras entre gobierno y oposición tienden en parte a desaparecer. Ese es parte del rol que me parece adecuado de cómo se desempeña el Ministerio de Defensa y el de Relaciones Exteriores en nuestro país.
-¿Pero de qué le sirve políticamente al gobierno de Sebastián Piñera si su capital político no se expresa en la contingencia?
-El que nombra a los ministros es el Presidente de la República, él es el que asigna su rol y a mí me tiene asignado un rol del cual estoy muy agradecido de desempeñar, que es el Ministerio de Defensa. Creo que, objetivamente hablando, en las actuales circunstancias del país es un ministerio que tiene una enorme importancia, más aún en esta etapa, de manera que no siento que esté "mal ubicado" en esta posición.
-¿Y echa de menos el rol político?
-Francamente, el Ministerio de Defensa ha sido el rol más importante que me ha correspondido desempeñar en mi vida pública.
-Usted dijo en noviembre que la carrera presidencial ya comenzaba a adelantarse y que negarlo era tapar el sol con un dedo. Su nombre sigue estando presente dentro de las encuestas como "presidenciable".
-La política del Presidente Piñera es súper clara: el que es ministro no es candidato. Y punto.
 "Hay una clara conducción civil en el ámbito de la Defensa"
-¿Cuál es su evaluación a sus 8 meses a cargo del Ministerio de Defensa?
-Han sido una gran experiencia personal y la posibilidad de aportar a una nueva etapa de la Defensa. Esta nueva etapa se caracteriza por hitos muy claros. El primero, es la implementación del nuevo Ministerio de Defensa después de un profundo cambio legislativo y de la renovación de una estructura de funcionamiento que tenía más de 70 años. El ministerio antiguo era administrador de la Defensa, y el Ministerio de Defensa actual es conductor de la Defensa. La segunda cosa fue normalizar y afianzar el rol del Estado Mayor Conjunto. Lo tercero es avanzar en el reemplazo a la Ley Reservada del Cobre y establecer un nuevo sistema de financiamiento para las Fuerzas Armadas. Y en cuarto lugar, hemos estado trabajando en la preparación de la primera estrategia de seguridad y defensa del país, que en el primer trimestre de 2012 será presentada en consulta al Senado y a la Cámara de Diputados.
-¿Hay algún cambio en el estilo de su gestión que lo diferencia de las anteriores?
-Me ha correspondido encabezar un ministerio que tiene muchas más facultades que las que tenía en períodos anteriores. A mí no me corresponde calificar lo que pueda ser ese sello, pero no hay duda de que hay una clara conducción civil en el ámbito de la Defensa. Hoy día hay un muy buen ensamble entre las instituciones de la Defensa y el ministerio.
-¿Cómo analiza el escenario coyuntural que se ve con los países limítrofes?
-Chile tiene una política que es por definición defensiva y disuasiva. Esta es la definición que Chile ha aceptado y se ha otorgado a sí mismo desde hace mucho tiempo. Y hoy día tenemos Fuerzas Armadas profesionales, no deliberantes, altamente profesionales y dotadas de capacidades estratégicas y de medios materiales para cumplir cabalmente con sus misiones constitucionales.
-¿Cuál es la relación con cada uno de ellos?
-Obviamente, hay que diferenciar. Tenemos una relación con Argentina que se ha ido afianzando y cuya culminación después de un trabajo de más de 6 años es la conformación de la fuerza Cruz del Sur. Es muy destacable que dos países que hace algunas décadas estuvieron en una situación particularmente compleja, hoy hayan sido capaces de revertir esa situación y sean lo que yo mismo he calificado como "portadores de la paz". Con Perú estamos trabajando intensamente en el marco de Unasur, en materias como la homologación de los gastos militares, y para mí fue muy elocuente que la delegación que se envió al cambio de mando y que participó en el desfile militar en Lima haya sido ovacionada por el público asistente y por el propio Presidente Humala. Ésa es una señal de respeto recíproco. Con Bolivia, ciertamente, hay una relación más compleja, que tiene que ver con los vaivenes de la política interior boliviana, que hace más difícil la relación.
-¿Qué están haciendo en el tema fronterizo?
-El Gobierno, bajo la conducción del Ministerio del Interior pero con apoyo y colaboración del Ministerio de Defensa, está trabajando en un plan para abordar la situación de la frontera norte. El problema de fondo que tenemos ahí son dos. Uno es que, objetivamente hablando, la droga se ha venido al sur. Hoy, Perú y Bolivia son el primero y tercer país que tienen las mayores plantaciones de cocaína en el mundo, y en segundo lugar, tenemos una frontera extraordinariamente extensa, en la que hay un número pequeño de pasos habilitados y un sinnúmero de pasos no habilitados.
"Es necesario pasar a una segunda fase de cooperación"
Andrés Allamand dice que hubo tres cosas que lo impactaron durante su visita a Haití. La primera: el esfuerzo, prestigio y profesionalismo de las Fuerzas Armadas. La segunda, el ver sin filtro el abismo de la pobreza, "y el encontrarse cara a cara con niños que, a la par de su sonrisa, uno intuye que enfrentan horizontes que, salvo cambios muy radicales en este país, van a ser sombríos". Y la tercera, apreciar el contraste con Chile, "que lleva a mirar con mayor perspectiva lo que hemos logrado".
El miércoles, recién arribado a Puerto Príncipe -tras una escala de casi un día en República Dominicana esquivando al huracán Irene-, su primera actividad fue reunirse con el Presidente Michell Martelly, a quien le expuso cómo funcionan el Ministerio de Defensa y las Fuerzas Armadas chilenas, para colaborar en el establecimiento de la seguridad en este país.
-¿Cuál es su impresión sobre las necesidades de Haití?
-El drama de Haití es que tiene una trilogía que se transforma en una trampa fatal: tiene inseguridad, debilidad institucional y problemas de desarrollo económico. Estas tres cosas van de la mano. Sin seguridad, es imposible que despegue el desarrollo económico. Y sin instituciones, el desarrollo económico por definición es incierto. Entonces, la comunidad internacional tiene que trabajar muy fuerte en esa línea.
-Desde las declaraciones del Presidente Martelly, hace tres semanas en Chile, se ha abierto un debate sobre el rol de la misión de paz en este país. ¿Usted cree que debe ser la seguridad o el desarrollo?
-Chile tiene un compromiso muy fuerte con Haití, expresado en las tareas que desempeñan desde hace 7 años nuestras Fuerzas Armadas. Coincidimos con la mayoría de los países que están presentes en Haití en que es necesario pasar a una segunda fase de cooperación y ayuda. Para Haití, la seguridad es condición necesaria pero no suficiente, pero tenemos que pasar a una segunda fase, en la que el énfasis esté en las tareas de creación de instituciones, fomento a la inversión y al desarrollo. Por otro lado, respecto de las tropas, nadie pretende que eternicen su presencia acá. El Presidente Martelly planteó en su programa de gobierno la creación de una Fuerza Armada, sin que hasta ahora el gobierno haya definido si va a tener las características de un ejército o de una gendarmería. Ellos recopilan información y nosotros colaboramos presentando cómo se organiza Chile en ese aspecto.
El país donde "pronto todo estará bien"
El dicho más común en Haití es "pronto todo estará bien". Pese a la miseria de sus calles, plagadas de basura y escombros como si el terremoto que dejó 300 mil muertos hace 20 meses hubiera sido ayer, al hambre y al caos, los haitianos son optimistas.
En la capital, Puerto Príncipe, no hay almacenes ni ningún tipo de comercio formal porque son pocos los que pueden comprar, pero prácticamente en cada cuadra existe una peluquería para las mujeres y una barbería para los hombres. Las familias, que en promedio tienen 6 hijos, sobreviven con un dólar diario, pero los domingos van todos de punta en blanco a la iglesia.
Existen más de 1.000 campamentos de "desplazados" del terremoto, unas 600 mil personas que en medio de la ciudad duermen en el suelo, entre improvisados plásticos y sin ninguna condición de higiene, lo que ha hecho que enfermedades como la malaria y el cólera, que ya ha matado a unas cinco mil personas, se propaguen con facilidad.
Frente a las ruinas del Palacio de Gobierno, un haitiano que vende tres lienzos de casi medio metro pintados a mano por tan sólo 10 dólares cuenta con crudeza cómo se logra sobrevivir: a los 10 años los niños comienzan a ser explotados sexualmente. Y a los 13, comienzan a robar. El desempleo alcanza un 70% y la gente deambula por las calles pidiendo comida o jugando cartas, donde el que pierde paga el juego colocándose perros de ropa en las orejas y el resto de la cara.
Un vuelo de una hora en helicóptero entre Puerto Príncipe y Cabo Haitiano, que en auto podrían significar hasta 20 horas por las malas condiciones del camino, muestra más contrastes. Inmensas mansiones y campos de cultivo de caña de azúcar pertenecientes al 2% de la población y kilómetros de terrenos fiscales que están sin explotar.
Cabo Haitiano muestra otra cara de la pobreza. Casi no se ven campamentos de desplazados y por ser una zona más rural, hay quienes logran cultivar caña de azúcar o algunos frutos. Hay una sola bomba de bencina, que es el centro neurálgico de la ciudad, donde la gente vende comidas preparadas en la calle y zapatos, ropa y artículos electrónicos que muchas veces provienen de las donaciones de compañías internacionales.
Allí existe un orfanato apadrinado por soldados chilenos donde viven 40 niños de entre 8 y 14 años. Ellos comen sólo una vez al día, casi siempre arroz, y las cuidadoras aseguran que la leche es tan escasa, que cuando los niños llegan a tomar, se ponen hiperactivos. "De todas formas, para ellos es una bendición este lugar porque sus padres murieron en el terremoto o fueron llevados ahí por sus padres buscando mejores condiciones", cuenta la teniente Marcela Vergara, una abogada del Ejército.

¿Derechos de autor?


¿Derechos de autor?
por Ignacio Valente
Diario El Mercurio, domingo 28 de agosto de 2011
http://diario.elmercurio.com/2011/08/28/al_revista_de_libros/revista_de_libros/noticias/FA634808-793C-4F7D-8B9E-4F4983624A74.htm?id={FA634808-793C-4F7D-8B9E-4F4983624A74}

¡Vivan los derechos de lector! Si el autor se lo quiere ganar, que se
dé prisa en hacerlo cuanto antes, en interesarlo, ¡en atraparlo y no
soltarlo!


No, no cuestiono los derechos de propiedad intelectual, sino otro
derecho que ciertos autores (narradores) se arrogan, esta vez en su
relación con el lector: el derecho a ser leídos más allá de las
primeras veinte o treinta páginas de su relato, cuando éstas no le han
suministrado el estímulo verbal suficiente para seguir leyendo. Como
si el pobre lector tuviera, por su parte, el deber de hacerlo, en
nombre de ¿la paciencia?, ¿la cultura?, ¿el precio del volumen?, ¿el
masoquismo?

Cada vez me siento más intolerante al respecto, así se trate de
autores famosos o sumamente recomendados. En las últimas semanas he
dejado a medio camino -o mucho antes- obras de Julian Barnes y de
Philippe Claudel, de Yasunari Kawabata y de John Updike.

Es cierto que incluso grandes escritores, como Balzac en algunas de
sus novelas, nos llevan hasta el límite de la paciencia con su entrada
morosa, sus antecedentes, sus presentaciones de lugar, tiempo y
personajes, con sus preámbulos y preparativos del material. El
mismísimo capítulo inicial de El señor de los anillos incurre, por
motivos de erudición, en una falta de este tipo, y por eso recomiendo
leerlo en diagonal, ojearlo o simplemente saltárselo. Pues el que
tiene derechos adquiridos en este caso es el lector: ¡vivan los
derechos de lector! Si el autor se lo quiere ganar, que se dé prisa en
hacerlo cuanto antes, en interesarlo, ¡en atraparlo y no soltarlo,
pues el lector es un espécimen esquivo por naturaleza!

Años atrás se me ocurrió que estaba tratando con frivolidad a los
novelistas españoles del siglo XIX: tras haber cumplido con Pereda,
Pérez Galdós o la Pardo Bazán mis deberes escolares de juventud, que
no dejaron mayor huella en mí, decidí intentar de nuevo la lectura de
alguna obra emblemática, y tomé la que pasa por ser la mejor de ese
ciclo, La regenta de Leopoldo Alas, Clarín. Pues bien, a poco andar se
me cayó de las manos. Nunca más he hecho el intento. Alguien -un alma
de buena voluntad- me sugirió que volviera a hacerlo, por razones
de... cultura general. ¡Qué inocencia, caramba! (Era una persona joven
e inculta.) Tras agradecerle el consejo por motivos de buena crianza,
tuve que decirle sin piedad: por favor, menos cultura y más placer,
general o particular. ¡Pobres profesores de castellano! Y ¡pobres
alumnos!

Yo no reivindico mi derecho de lector, a saber, el derecho a no
aburrirme, en nombre de la entretención, sino de la literatura, y eso
en la medida en que puedan separarse, porque nada hay más entretenido
que la humanidad capturada dentro del lenguaje, la secuencia, los
diálogos, los buenos caracteres...: la calidad literaria, en suma. De
vez en cuando he incursionado en algún bestseller con fama de
entretenido, pero no considerado de lleno en la categoría de
literatura: no fuera a ser que estuviera yo cayendo en algún purismo
académico (que me resulta odioso). Tomé el año pasado una exitosa
novela de espionaje, cuyo título no recuerdo, aunque sí su famoso
autor, John Le Carré. Pues bien, con todo respeto por los lectores que
se entretienen con él, yo tuve que dejar aquel novelón antes de llegar
a las treinta páginas: me aburrió porque, entretenido o no, y aunque
bien redactado y quizá bien armado, carecía de esa entretención
superior que es la calidad narrativa.

Yo disfrutaba mucho de la lectura y de la relectura en mis tiempos de
crítica literaria semanal, pero a veces tenía que aburrirme por deber
de estado, al hacerme cargo de obras renombradas que sobre la marcha
me parecían deficientes, y que seguía leyendo -qué remedio- justamente
para dejar constancia de sus carencias. Pero en los últimos años,
libre ya de ese deber y leyendo por placer -aunque no sin espíritu
crítico, espero-, ya no concedo a ningún narrador el derecho a
aburrirme, así sea un Premio Nobel como Claude Simon, Naguib Mahfuz o
Dario Fo si, tras un número prudente (y cada vez menor) de páginas, no
logró cautivarme. Allá él. ¿Y si una novela cobra vuelo desde la
página cien?, me preguntó alguien. Y yo: demasiado tarde, "que para tu
voz dormida/ ya está mi puerta cerrada". A esas alturas el novelista
perdió su derecho de autor.

Novela encontrada


Novela encontrada
por Roberto Merino
Diario El Mercurio, Revista de Libros, domingo 28 de agosto de 2011
http://diario.elmercurio.com/2011/08/28/al_revista_de_libros/revista_de_libros/noticias/B089F36F-A5D6-422E-9001-7AC6345368D6.htm?id={B089F36F-A5D6-422E-9001-7AC6345368D6}

Entre fines de los setenta y comienzos de los ochenta, Cristián
Huneeus tenía un lugar de cierta visibilidad en esa red de
conversaciones que se llama el panorama literario chileno. Sus novelas
El rincón de los niños y El verano del ganadero tuvieron respuestas
disímiles: la primera fue recuperada con entusiasmo a través de sus
dificultades formales; a la segunda le jugó en contra el subtítulo de
"novela pornográfica", agregado en la portada.

Borges pensaba que los libros no debían llevar prólogos, en la medida
en que lo que en ellos se establece determina la lectura de los
comentaristas de prensa y finalmente de todo el mundo. Algo parecido
pasa con los subtítulos. Leer El verano del ganadero como "novela
pornográfica" es un error, por cuanto la provocativa afirmación -un
gesto de demarcación, en su caso- termina por enrarecer las
expectativas del lector. Nadie va a satisfacer su búsqueda de
pornografía en una obra narrativa cuyo peso específico está puesto en
los sedimentos que el río de la memoria ha arrastrado desde lejanas
zonas de la realidad.

La editorial Sangría ha persistido en recuperar a Huneeus del relativo
ostracismo en que ingresó tras su muerte en 1985. A la reedición de
los dos libros mencionados hay que agregar este año la publicación de
una novela inédita y además perdida: Una escalera contra la pared ,
cuyo protagonista es Gaspar Ruiz -esa especie de álter ego de Huneeus-
y sus circunstancias familiares y sociales. El relato, influido por la
teoría de la "reflexividad", que predominaba en el momento de su
escritura, hace constantes indicaciones a su condición formal, a su
naturaleza ficticia, a pesar de las presumibles pistas autobiográficas
dispersas en toda su extensión.

Cuando Huneeus se distrae de las indicaciones documentales y de la
fragmentación del texto, surge su asombrosa madurez narrativa, o su
arte de la escritura. Las muchas páginas destinadas, por ejemplo, a
presentar a Víctor Ruiz, el padre de Gaspar, corresponden a un
maravilloso ejercicio en el cual el desarrollo de una historia
individual se estructura con el análisis psicológico y con los
determinismos de clase. El pragmático Víctor es un hijo de su época,
de su segmento social y de una ideología heredada. Durante mucho rato,
uno tiene la impresión de que no obstante ser testigo de la vida de un
hombre, ésta no está narrada tanto por sus acciones como por sus
omisiones, sus palabras, sus costumbres, sus tics, sus cartas.

Cristián Huneeus, fiel a la recomendación realista de describir la
propia aldea, escribió de aquello que conocía mejor: el complejo
espectro de la clase alta chilena. Esta entidad, que ha generado
siempre tantas caricaturas reduccionistas, está puesta en este caso en
el centro de una mirada literaria seria, lo que no significa que el
narrador desdeñe la ironía y, aun, el sarcasmo. Como los realistas
franceses del siglo XIX, Cristián Huneeus parecía pensar que los
destinos humanos son "transpersonales" y que uno reproduce en sus
cautelas los miedos de sus abuelos o la prudencia de sus padres.

Chile - en la pará educacional‏ ...........por AC


LA CUESTION EDUCACIONAL (Borrador de la Primera Parte - Norte)

Cómo vamos a botar todo por la borda
nada más que porque la esfervecencia social se desborda.
Es cierto que hay que aprender a escuchar
es el punto de partida si el país pretende marchar.

Chile está primero, se le cuida y se le defiende
ya que es de todos y de nadie, no sé si me entiende.
Nadie es dueño de Chile para hacer lo que se le antoje
y Chile pertenece a todos para que nadie se enoje.

Pero para que la cosa sea justa hay que desarticular los grupos de poder
porque la indignación tiene su asidero y no se trata de joder por joder.
Lo más escandaloso de las desigualdades es que los que rasgan vestiduras
sean los que se han aprovechado para hacer todo tipo de frescuras.

Los problemas se conversan y se negocian las diferencias:
con lealtad, con altura de miras, con lucidez y conciencia.
Todos merecen y deben tener la mejor oportunidad
para eso hay que nivelar la cancha con educación de calidad.

Con decisión y valentía, con honestidad y sin hipocresía,
esta bien que haya esponteneidad sin tener que rendir pleitesía,
pero también hay que demostrar generosidad, sin egoísmo,
ni menos con una violencia que nos lleve al abismo.

Desde Arica a Punta Arenas, hay que dar a manos llenas
Desde Hanga Roa a Villa Las Estrellas y no sólo para las más bellas.

Hay que elevar el nivel que está muy enano
y aprender de los pueblos aymaras que habitan el altiplano.
La cota mil no es el límite como estereotipan al jutre
la educación llega más alto hasta el mismo Visviri y Putre.

Cómo vamos a botar a Ollagüe por el desagüe
o vamos a dejar que Alto Hospicio se vaya al precipicio
No porque la cabra tira pa'l monte vamos dejar caer a Pozo Almonte
Ni espoleanaremos para hundir a Iquique porque estamos hecho un quique
No, no, no, con la tierra de campeones, tendríamos que ser muy huevones.

A la contaminada Tocopilla, la tierra del Niño Maravilla
no la vamos a hacer desaparecer, por supuesto que na' que ver.
Cómo se le ocurre que a Calama le vayamos a hacer la cama
o que a Antofagasta la vayamos a dejar convertida en una plasta.

El primer amor nunca se olvida, como el que tuve en Mejillones
y aunque parezca cosa anticuá, es verdá que en Chile hay puros corazones.
Defendamos Chile a toda costa, incluyendo a Taltal y Chañaral
y por ningún motivo busquemos hacerle a la Patria ningún mal.

Del Salvador a Caldera, cortémosla con la lesera
De Copiapó a Vallenar, hay mucha riqueza que explotar.
Tenemos a Coquimbo y La Serena, para pasar las penas
Y si falta la mistela, nos vamos a Monte Grande a pedirle a la Gabriela.

No te metai con Combarbalá, porque directo al poto va ir la patá
Ni querer levantarle la voz a Ovalle, no vaya a ser que te calle.
Con piedras y fuego quieren levantar una Torre de Babel,
pero no se la podrán con Vicuña, Los Vilos o Illapel.

Ya están los exaltados preparando la horca
pero don Manuel Montt les va a parar el carro en Petorca.
Si se meten con la Ligua y Papudo, les van a aplicar la Ley del Embudo
y no vale ningún desbande, porque los paramos en San Felipe y Los Andes.

No les vamos a aguantar ni en La Calera ni Quillota, al que se ponga idiota.
Está bien luchar por los derechos, si partimos por planteamientos bien hechos
a no olvidar los deberes, hay que buscar conciliar los pareceres.
Lo cortés no quita lo valiente, todo lo logra el que es paciente.

Hay que cuidar el tono arrogante, que no es lo mismo que tener desplante,
porque la validez de los argumentos se demuestran con buenos razonamientos.

La inteligencia se demuestra, desplegando coherencia en la palestra
y eso vale para los de arriba y los de abajo y a diestra y siniestra.

Así que si queremos educación de calidad, cortémosla con tanta maldad
y pongámonos todos las pilas para que no haya chilenos hechos una huilas.

Así que a abrir las Ventanas de par en par, de aquí a la quebrada del ají
que la contaminación está ahogando a niños y grandes en Puchuncaví.
A cuidar el medio ambiente, que todos son personas inteligentes
y no podemos seguir con este cuento demente, que no se traga nadie decente.

Así que a defender la biodiversidad, a tocar La Campana,
desde Concón a Limache y desde Quilpué a Villa Alemana.
Nadie va a decir que Valparaíso no quiso, abran cancha que se viene Playa Ancha
si se sientan a conversar, sí que te creo, y continuamos en el Recreo.

Desde Juan Fernández a Isla de Pascua, está todo Chile en ascuas
para que se solucione la cuestión y no nos conformemos con ser rascas.
Invitemos a San Antonio y Cartagena y por qué no a las bellas morenas
para que se sumen en lo central, a fin de solucionar este problema Capital...

¿Prohibir el lucro en educación?


¿Prohibir el lucro en educación?
Diario El Mercurio, Editorial, Domingo 28 de Agosto de 2011

Prohibir el lucro en la educación —básica, media y superior— tendría
vastas consecuencias organizacionales y de dinámica en el sector,
mucho más allá de las cuantiosas indemnizaciones que procederían y las
dificultades para reemplazar los establecimientos impedidos de operar.
Desde luego, habría que definir en qué términos ocurriría eso, si
relativos o absolutos.

Si fuere en los últimos, equivaldría virtualmente al fin de la
libertad de enseñanza, por lo que cabe presumir que no se plantea eso.
Por otra parte, la labor universitaria —de instrucción, investigación
y extensión, según una definición clásica— no necesariamente supone
que quien la desarrolle sea propietario de la infraestructura que
utilice. Si una sociedad relacionada con los dueños de una universidad
provee a ésta de la infraestructura, pero se le impide cobrar un
arriendo por ella, equivale a suponer que dicha infraestructura debe
necesariamente ser donada por sus socios para poder desarrollar el
proyecto. ¿Es eso lo que se quiere? Y si la universidad arrienda la
infraestructura a un tercero no relacionado, ¿implica eso que ese
mismo proyecto universitario en tal caso sí podría desarrollarse
legítimamente? No se advierte la lógica de discriminar entre ambos
casos. Lo único que corresponde asegurar es que el valor del arriendo
sea el de mercado, pues un valor muy superior a él implicaría una
eventual extracción de utilidades.

Y en otro ámbito de la actividad universitaria, si un académico de una
universidad estatal de excelencia, contratado a tiempo completo,
complementa sus ingresos con asesorías efectuadas a empresas privadas
o públicas, y con parte de los fondos de un proyecto de investigación
en el que participa, adjudicado en concurso público, ¿se considerará
que está lucrando con su tiempo, pues éste último ya está cubierto por
su remuneración base y, en consecuencia, esos recursos adicionales que
recibe deberían ser entregados a la universidad? Y si ese académico
hace lo mismo, pero en una universidad privada, ¿estaría ésta
infringiendo la ley, extrayendo de ella excedentes mediante métodos
“ingeniosos”?

Las conclusiones a que lleva una visión fundamentalista y negativa del
lucro pueden traducirse en resultados desastrosos para la educación
chilena, pues ejemplos como los anteriores son obviamente
extrapolables a los institutos profesionales, centros de formación
técnica y colegios, inhibiendo con eso los esfuerzos educacionales
emprendedores de profesores u otros agentes, cuya actividad es
inapreciable complemento a la que realiza el Estado en esa área, con
conocidas dificultades y deficiencias. Lo importante es definir los
estándares de calidad que cabe exigir a los privados y al Estado para
hacerse acreedores a los beneficios de financiamiento, becas o
créditos estatales, y luego, obviamente, hacerlos cumplir.

Acuerdo educacional


Acuerdo educacional
por Carlos Peña
Diario El Mercurio, domingo 28 de agosto de 2011
http://diario.elmercurio.com/2011/08/28/reportajes/opinion/noticias/7720D559-FC1F-43B4-BF6D-98E840E36886.htm?id={7720D559-FC1F-43B4-BF6D-98E840E36886}

El sistema educativo padece una crisis de legitimidad.
Las razones son múltiples. Y todas justificadas.

Las mayorías históricamente excluidas del sistema ya no encuentran en
él los bienes que proveía cuando, anhelantes, lo miraban desde lejos.
El aura de la formación universitaria -por efecto de la masificación-
se ha desvanecido casi para siempre.

Se suma el hecho que las familias sienten, con igual intensidad, el
deseo que sus hijos se incorporen a la educación superior y la
angustia de saber que ello será a cambio de vender su alma al banco.

En fin, subsiste la sensación de que el sistema educacional en vez de
liberar a los niños de la sombra de la cuna parece, en Chile, atarlos
a ella ¿De qué otra manera se explica que se pueda predecir la
trayectoria vital de cualquier niño -dónde se situará cuando adulto-
con sólo saber a qué escuela asiste?

No hay duda.

No queda más que modificar ese sistema de una forma que concite el
consenso -siquiera traslapado- de todos. Las líneas estratégicas de
esa modificación surgen de la respuesta a dos preguntas: ¿Quién tiene
derecho a proveer educación? y ¿quién la paga y cómo?
La primera exige decidir si los privados podrán organizar escuelas o
si, en cambio, sólo podrá hacerlo el Estado.
En los países democráticos la provisión educacional es abrumadoramente
pública (en Estados Unidos de América y en todos los países de Europa
Continental, con las excepciones de Bélgica y Holanda); pero se admite
el derecho de los particulares a fundar u organizar escuelas y el
derecho de los padres a escoger entre ellas.

Un sistema como ese -de provisión mixta; pero con predominancia
pública- fue el que se configuró en Chile hasta los años ochenta, ¿por
qué no volver a él? ¿Acaso no es hora de abandonar el modelo de
Friedman: un mercado de escuelas privadas alimentado por los subsidios
que portan los alumnos? Hay que fortalecer la educación de base
estatal y subir, para todos, los estándares de calidad. De esa manera
los proveedores privados que no estén dispuestos a invertir -aquellos
animados por el simple lucro- saldrán por sí solos del sistema. Una
definición como esta -un sistema educativo con predominancia pública-
vale tanto para el sistema escolar como para la educación superior.

La segunda de esas preguntas -"¿Quién paga?"- admite respuestas
distintas según se trate de la escolaridad obligatoria o la educación
superior.
La escolaridad obligatoria debe ser financiada con cargo a rentas
generales; pero la educación superior no: los excluidos del sistema,
que serán siempre los más pobres, acabarán financiando el capital
humano de los que acceden, quienes se situarán, inevitablemente, en
los quintiles de más altos ingresos. Un sistema como ese es regresivo
(cumple el llamado efecto Mateo: da a los que tienen y quita a los que
no tienen). Es mejor que el acceso se financie con un sistema de
créditos estatales que se pague, luego del egreso, con un porcentaje
de la remuneración. Así el pago del crédito es contingente al ingreso
y éste, por su parte, a la calidad del certificado.

Créditos como ese, apoyado por un sistema de becas que corrija
divergencias entre beneficios sociales y privados, y alienten
mecanismos de discriminación positiva (que ayuden a diversificar las
élites) sería más justo que la gratuidad y mejor, sin duda, que lo que
hoy existe.
Un sistema educativo de carácter mixto, con predominancia pública,
créditos administrados por el Estado, cuyo pago sea contingente al
ingreso, y un programa de discriminación positiva apoyado en becas,
puede ser el contenido de un acuerdo que oriente la política futura.

No es el sistema que imaginó Friedman y echó a andar la dictadura.
Tampoco es la Escuela Nacional Unificada.

Es -en cambio- lo que en las democracias se llama consenso parcial.

Nada -claro- semejante a las fiebres ideológicas que han querido
rediseñarlo todo; pero -y no es poco- se trata de algo bastante
parecido a lo que existe en los países de la OECD.

Estado, mercado y corazón


Estado, mercado y corazón
por Joaquín García-Huidobro
Diario El Mercurio, domingo 28 de agosto de 2011
http://diario.elmercurio.com/2011/08/28/reportajes/opinion/noticias/21EE50CD-53B5-4B57-9D73-3A1EFFAED73D.htm?id={21EE50CD-53B5-4B57-9D73-3A1EFFAED73D}

La noche del jueves al viernes pasado, 180 pobladores del campamento
"San Francisco" no durmieron en sus mediaguas. Se quedaron cuidando la
Escuela Eleodoro Matte Ossa, de la Sociedad de Instrucción Primaria,
en San Bernardo, saqueada la tarde anterior. Conversaron hasta tarde,
porque, a diferencia de sus viviendas, la escuela tiene luz eléctrica
y calefacción. Hablaban en castellano, pero sus hijos desde prekinder
tienen clases de inglés. Ellos no estaban dispuestos a que la escuela
sufriera un nuevo asalto de encapuchados. La limpiaron, repararon
destrozos y organizaron guardias.
Esa escuela no es un caso aislado. En Chile se cuentan por centenares
las iniciativas educacionales que nacen desde la sociedad misma y que,
con ayuda de la subvención estatal, abren horizontes a miles de niños.
Son los Quijotes de la educación chilena.

Ellos constituyen fundaciones y corporaciones, a las que dedican
tiempo y energías; consiguen platas por donde sea y dan vida a
colegios subvencionados que obtienen buenos resultados y son un agente
inigualable de movilidad social.

Ante estas iniciativas, no todos responden como esos pobladores. Los
encapuchados las enfrentan con su odio que destruye lo que presente
belleza y solidaridad. En otro colegio de San Bernardo no sólo
devastaron todo, sino que hasta mataron a las crías de la gata. Ni los
felinos se salvan de la pasión destructora.

Para los impulsores de estas escuelas las dificultades no pasan de ser
una anécdota desagradable. "Es un segundo terremoto", dijo una de esas
personas, "y nos recuperaremos tal como lo hicimos con el primero".

El Estado es importante, el mercado también, pero hay otra lógica, la
del corazón, que debe ser impulsada. ¿Cómo conseguir que se
multiplique esa gente?, ¿cómo hacer para que surjan muchas iniciativas
como esas?

El gran obstáculo para el desarrollo de la educación altruista no es
la operación de las escuelas y liceos. La subvención estatal y el
copago de los padres son un buen comienzo. Sin embargo, la inversión
inicial, los edificios, supone una enorme cantidad de recursos, que no
están al alcance de cualquiera.
Con oriental sabiduría, en Hong Kong el Estado construye los edificios
y los entrega a la gestión de particulares que educan con fines
altruistas. Obviamente les exige mucho: un proyecto educacional de
calidad y un plan de inversiones perfectamente definido, ¡pero eso es
precisamente lo que esos particulares quieren hacer! Estado y
emprendedores altruistas trabajan de la mano. Aquí caben todas las
orientaciones filosóficas y religiosas, sólo basta con que un grupo de
gente quiera hacer algo que valga la pena.

Esta gestión privada filantrópica de establecimientos construidos con
fondos públicos tiene una ventaja adicional: los padres pueden elegir
el colegio que mejor responda a su concepción de la vida, y no se ven
forzados a educar a sus hijos de acuerdo con las preferencias
ideológicas de la autoridad del momento.

En todo caso, la lógica del corazón no es suficiente para resolver el
problema de la educación básica y media en Chile. Por más ayudas que
se entreguen, no hay en nuestro país suficientes Quijotes. Por eso
deben intervenir, además, el Estado y el Mercado. No despreciemos la
educación pública, pero tampoco olvidemos el papel de las innumerables
Pymes educacionales, de emprendedores que arriesgan su capital, muchas
veces pequeño, y toman créditos para fundar un colegio en que los
padres pagan una cifra más bien modesta y el Estado aporta una
subvención.

¿Se justifica esa subvención? Las familias piensan que sí. De hecho,
en los últimos 10 años la matrícula de estos colegios ha subido en un
13% mientras que la de los establecimientos municipalizados ha
disminuido en la misma proporción. Con un aporte no muy grande, el
Estado consigue una educación que, en promedio, es mejor que la
pública, aunque hay mucho que avanzar para evitar fraudes y conseguir
niveles internacionalmente aceptables. Que alguien, de paso, obtenga
una legítima ganancia, parece perfectamente razonable. Junto a los
Quijotes también existen Sanchos Panza. Además, ¿por qué va a ganar el
profesor de gimnasia, el portero, la señora que atiende el quiosco,
por qué van a ganar todos menos el que tuvo la idea y arriesgó la
plata?

La bella y las bestias


La bella y las bestias
por Joe Black
Diario El Mercurio, domingo 28 de agosto de 2011
http://diario.elmercurio.com/2011/08/28/reportajes/cuentan_que/noticias/D35C3029-B1AD-4783-8C3A-5612A761C901.htm?id={D35C3029-B1AD-4783-8C3A-5612A761C901}

Lo que aquí tenemos es a un grupo de vejetes que hace rato perdió su
juventud, su atractivo y su popularidad tratando de colgarse de los
atributos de una jovencita. Patético.


¿No les pareció ligeramente perturbadora la imagen de Camila Vallejo
siendo flanqueada por los veteranos dirigentes Jaime Gajardo y Arturo
Martínez el jueves al final de los dos días de paro convocado por la
CUT?

¿No se les pasó por la mente la imagen del reality de Canal 13 en el
que un grupo de hombres madurones luchan contra unos veinteañeros para
seducir a una atractiva muchacha?

Sólo que esto es mucho peor. Este reality es real. Y no se llama "40 o
20". Se llama "60 contra 20".

Lo que aquí hay es un grupo de vejetes que hace rato perdió su
juventud, su atractivo (si es que lo tuvo alguna vez) y, lo más
relevante, su popularidad tratando de recuperar sus atributos
políticos y personales perdidos intentando colgarse de la juventud y
la belleza de una jovencita.

¿Les suena que algo así puede ocurrir en política? No, el caso
Menem-Bolocco no es el único, ni el más reciente. Me reservo por ahora
los otros para obligarlos a pensar, aunque sea domingo en la mañana.

Lo trágico es que en este tipo de situaciones el resultado nunca es bueno.

Fíjense cómo han ocurrido las cosas. El movimiento estudiantil iba
bastante bien encaminado hasta que primero se coló don Jaime Gajardo.
Ahí ya mucha gente se empezó a descolgar, porque el presidente del
Colegio de Profesores es el símbolo de los maestros que no quieren
someterse a evaluación. A ellos les gusta poner malas notas, pero no
quieren que nadie los ponga a prueba. En mi pueblo había un dicho muy
feo para catalogar ese tipo de conductas.

Luego se entrometió don Arturo Martínez, un socialista a cargo de la
CUT que trató sin éxito de ser diputado, que no se lleva bien con sus
pares sindicalistas y que más encima se vio envuelto en una polémica
por comer langosta en un restaurante del puerto. Martínez hace años
que no es capaz de organizar un acto decentemente masivo, y ahora
reaparece en la movilización estudiantil creyendo que las 100 mil
personas que marcharon lo hicieron siguiéndolo a él. Es como sacarse
esas fotos kitsch con un hermoso paisaje caribeño falso detrás, cuando
en el fondo uno vive en un tierral.

Esto es lo mismo que una fiesta de jóvenes en una casa a la que, ya
entrada la madrugada, llegan los padres, de una comida o un
matrimonio. Ahí, los adultos tienen dos opciones: o piden que se corte
la música y decretan el fin de la fiesta, dados la hora y el respeto
que se tiene por los vecinos; o saludan brevemente y pasan directo al
dormitorio, permitiendo que la juerga continúe hasta cuando los
muchachos quieran.

Pero lo que no se puede hacer es ¡sumarse al carrete! ¡Y menos puede
el papá sacar a bailar a la niña bonita de la fiesta!

Eso es patético. ¿O no?

Hay pocas cosas más tristes que los "viejos lolos" (aunque sean rojos
en vez de verdes).