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Aliteraciones (peri)patéticas por RRA compartido por UU.GG.

o el imperativo categórico
de la crítica a la razón impura...
 
Una tarea de coordinación sintáctica,
un ejercicio de configuración sinérgica
un desafío de complementación sinfónica
que se manifiesta en la contemplación sintética
de las concatenaciones sinápticas
a cargo de múltiples argumentos
que se van desplegando simultáneamente
en momentos que exponen la maravillosa
diversidad de los elementos en situación
conformados para hacer resplandecer
la verdad y utilidad de su belleza intrínseca... 
...lo demás es música

Parando el escándalo...por RRA

(del devenir de mis incoherencias)
 
Elefantes en la cristalería
persiguiendo a unos monos con navajas,
la versión macro (¿Marmicoc?)
de una olla de grillos
convertida en bolsa de gatos...

La extraña paradoja

Cambios en la cinefilia:

por Ernesto Ayala
Diario El Mercurio, Artes & Letras,
Domingo 20 de marzo de 2011http://diario.elmercurio.com/2011/03/20/artes_y_letras/artes_y_letras/noticias/50CC2689-C86A-4151-90BA-24BFEE48D0F8.htm?id={50CC2689-C86A-4151-90BA-24BFEE48D0F8}
 
Son difíciles tiempos para los amantes del cine. Aunque difíciles no
es la palabra exacta. Raros, distintos. En 20 años ha cambiado
completamente la forma en que vemos, hablamos y discutimos sobre cine.
Para bien y para mal.
 
En los años ochenta, y hasta bien entrados los noventa, acceder a
películas antiguas, clásicas, o incluso de los años sesenta y setenta,
era un trabajo en sí. En términos generales, había tres alternativas:
se recurría a infames copias en VHS, borrosas, de mal sonido y pésimo
traspaso, que se veían muy mal en televisores de 21 pulgadas; la
segunda, si se vivía en Santiago, había que estar muy atento a los
ciclos de cine organizados por el Normandie, la Católica o los centros
culturales de Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania, donde,
en salas chicas y más o menos incómodas, se podían pillar las obras de
las estrellas fílmicas más admiradas por entonces: Godard, Truffaut,
Rohmer, Wenders, Fassbinder, Chaplin, Bergman, Tarkovski, Herzog,
Hitchcock. Los horarios incómodos, lo reducido de los espacios y la
mala calidad del audio se compensaban con lo barato que era la entrada
-tema delicado cuando se es estudiante- y con que, sí, casi siempre se
trataba de proyecciones de celuloide, cine de verdad, y no videos
proyectados en la pantalla grande, como comenzó a usarse después. La
tercera alternativa, más difícil y menos frecuente aún, era aprovechar
algún viaje para poder ver por fin algo de Kazan, Renoir o Fellini en
la pantalla grande. No había ciudad digna de admiración sin uno, dos o
tres cines en que se preciaran de mostrar grandes películas de las
décadas pasadas.
 
El poco acceso que había a películas canónicas las vestía, al mismo
tiempo, de un aire sacramental. Cada una de ellas se veía en grupos
pequeños pero informados, en un clima de expectación, respeto y
agradecimiento. En la casa, luego, se leía lo que se podía encontrar
sobre la cinta o el director, en los números coleccionados de la
Enfoque o en los escasos libros que se obtenían desde la escasa
selección que ofrecían entonces las librerías chilenas. También se
discutía mucho, quizás con más pasión que conocimiento, pero casi
siempre de manera terriblemente seria. Porque en la juventud se suele
ser terriblemente serio con algunas cosas, pero además porque veíamos
las mismas películas y las películas que nos importaban mucho.
 
Hoy el acceso a las películas canónicas quizás no es ilimitado, pero
sí es muy amplio. Los trabajos principales de cualquier gran director
están editados en DVD o se consiguen en internet. Y se ven muchísimo
mejor, lo que, sumado a las pantallas de televisión de hoy, hace que
la experiencia sea muy placentera y bastante más cercana -por lejos
que aún se esté- a la pantalla grande. Al mismo tiempo, hay canales
especializados en películas clásicas. Y si se trata de cine de
festivales, de cine contemporáneo o de cine de los márgenes, siempre
se puede encontrar buena parte de lo que se busque.
 
A los ojos de un cinéfilo de los años ochenta, esta situación podría
describirse, al menos, como envidiable y deliciosa. Pero a ese
cinéfilo también habría que contarle que la cartelera ofrece casi
exclusivamente cine infantil y adolescente, cine lleno no sólo de
efectos especiales, sino de usos efectistas. Habría que contarle que
pese a que por fin podemos ver, de manera digna, los Hawks, los
Rossellini, los Fuller, los Renoir o los Kurosawa que añoramos, a
nadie parece importarle mucho. Hoy es casi imposible involucrarse en
una conversación sobre el pesimismo del último John Ford, del abismo
que separa a Keaton de Chaplin o de lo subvalorado que aún resulta ser
Howard Hawks. Habría que contarle a ese cinéfilo que el cine en blanco
y negro se menosprecia sin el menor pudor por los menores de cuarenta,
incluso si se trata de gente leída e inteligente. Habría que contarle
que los amantes del cine tienen una cultura hoy cada día más dispersa,
que ya nadie ve lo mismo y que, por lo tanto, ya nadie habla sobre lo
mismo. Sí, habría que contarle que hoy se tiene un acceso gigantesco a
películas, a información sobre ellas, pero que todo el acto de mirar
películas, leer sobre ellas y discutirlas se ha trivializado de una
manera que le costaría imaginar.
 
Extraña paradoja.

El campo de hielo que Santiago se está perdiendo

Por Sebastián Montalva W. y Daniela Elster
Diario El Mercurio, Revista del Domingo, 20 de marzo de 2011http://diario.elmercurio.com/2011/03/20/revista_del_domingo/_portada/noticias/6292C6B1-4E15-47B2-B50E-7B7F2B1F142E.htm?id={6292C6B1-4E15-47B2-B50E-7B7F2B1F142E}
 
 Como pocas ciudades, Santiago tiene al alcance de la mano un circuito
de glaciares que perfectamente podría convertirse en un destino de
interés mundial. Un par de esas masas -los glaciares Olivares y Juncal
Sur- están justo tras las montañas que uno ve desde la capital: un
gigantesco campo de hielo que prácticamente nadie conoce. ¿Por qué?
Por los portones que entorpecen los accesos.
____________
 
Corría julio de 2008. Elías Lira y Sven Gleisner estaban a punto de
conseguir lo que hace meses venían buscando: cruzar -por primera vez
en invierno- el imponente glaciar Olivares Gamma, en el llamado "Campo
de Hielo de Santiago". Sí. De Santiago de Chile. Un hito apenas
conocido, justo detrás de las montañas que flanquean a la ciudad, y
que está formado por enormes masas de hielo que, en conjunto, tienen
una superficie aproximada equivalente a un tercio del tamaño de la
capital.
 
Lira y Gleisner habían sido tenaces. No sólo llevaban siete días
acarreando un trineo lleno de equipos entre las montañas. No sólo
habían tenido que soportar fuertes nevazones, dormir en improvisadas
cuevas de hielo y escalar empinadas paredes de roca para llegar al
punto donde se encontraban. Además, habían tenido que sortear otro
obstáculo que resultó completamente fuera de su control: necesitaban
permiso.
 
Necesitaban permiso para poder entrar y poner sus pies en este
solitario rincón de los Andes.
 
Nunca lo consiguieron. Pero llegaron igual.
 
"Lo que más nos marcó y aún recordamos fue la experiencia de
adentrarse en lo inexplorado, y la soledad que nos rodeaba", dice hoy
Elías Lira, más interesado en contar el logro que en recordar los
inconvenientes que tuvieron.
 
"El glaciar es gigante. Dentro de los años que llevo haciendo
montañismo, es el sitio que más me ha marcado en términos de
aprendizaje. Es impresionante que a pesar de estar muy cerca de
Santiago se trate de un lugar súper aislado. Estando allí entiendes
que ya no es necesario ir a sitios como Campos de Hielo Sur para hacer
cosas de nivel".
 
El diario de la travesía de Lira y Gleisner es elocuente sobre las
dificultades para alcanzar este logro. "A poco andar de la mañana (del
12 de julio de 2008) las nubes comenzaron a disiparse y mostrarnos el
increíble lugar donde estábamos", escribe Elías. El montañista cuenta:
"Poco a poco comenzamos al fin a divisar el glaciar Olivares Gamma y
su rampla de hielo que separa la parte inferior del glaciar, con un
plateau superior rodeado de los cerros que veníamos a subir. El
paisaje era sencillamente cautivamente".
 
Los montañistas describen la escena que se encontraron. "La neblina
que surgía del glaciar se fusionaba con las nubes del horizonte y,
mientras tanto, los débiles rayos del sol iluminaban cada punto clave
de nuestro entorno y así nos mostraba la hermosura de un invierno en
el hielo".
 
Dos días después, tras soportar una intensa nevada y fuertes vientos,
los montañistas pudieron subir la rampla de hielo del glaciar y
establecer al fin campamento a los pies del cerro Bahamonde, a unos
4.400 metros de altitud. Al regreso los azotó una fuerte tormenta y se
vieron obligados a cavar una amplia cueva para dormir. Debían salir a
palear cada veinte minutos para evitar quedar atrapados. Finalmente
lograron salir. "Al final del día logramos llegar al plateau superior
del glaciar (4.500 metros) y establecer nuestro último campamento en
una isla de rocas en la cabecera norte del glaciar". Las anotaciones
en su cuaderno son elocuentes. "¡Habíamos logrado la primera travesía
longitudinal al glaciar Olivares Gamma, y aún estamos aquí!"
 
Para llegar al sistema de glaciares Olivares-Juncal Sur hay tres rutas
que parecen evidentes al observar los mapas. La primera es vía Los
Andes, por el camino Los Libertadores hacia el sector de Saladillo,
donde está el Yacimiento Río Blanco de Codelco Andina. Desde allí,
sólo 590 metros separan al glaciar Olivares Alpha de los caminos
vehiculares que tiene Codelco en el área del yacimiento. Pero un
control de acceso en Saladillo impide el paso.
 
La segunda ruta, también cercana, parte en Santiago, sigue por el
camino que bordea el río San Francisco, paralelo al Santuario de la
Naturaleza Yerba Loca. Por aquí se llega a la mina Los Bronces, de la
compañía Anglo American, donde otro portón restringe el acceso.
Algo más larga -al menos dos días de caminata hasta una pared muy
difícil de escalar; cinco días de excursión en total-, la tercera vía
parte en el Cajón del Maipo, siguiendo de sur a norte el curso del río
Olivares, donde también existe otra barrera. Esta vez, de la central
hidroeléctrica El Alfalfal, de AES Gener.
 
Lira y Gleisner no siguieron ninguna de estas rutas. Porfiados,
optaron por una diferente, más complicada: subieron hasta La Parva,
cruzaron el Paso del Cepo, remontaron los 15 kilómetros de la Vega
Honda (donde confluyen los ríos Cepo y Olivares), escalaron una
imponente pared de roca llamada Loma Rabona y, sólo entonces, se
montaron en el glaciar Olivares Gamma, su gran objetivo.
 
En esa ruta no había portones ni guardias. Allí no necesitaban permisos.
El valor del hielo
 
Cristián Donoso es uno de los exploradores más destacados de Chile, y
un apasionado por los sitios desconocidos. Como el campo de hielo de
Santiago.
 
"Son impresionantes las semejanzas entre los campos de hielo de
Santiago y de British Columbia, en Canadá, por dar un ejemplo de lo
que puede aportar al turismo la existencia de estos glaciares cerca de
una gran ciudad", dice y agrega: "Ambos están a 180 kilómetros de una
gran ciudad, siguiendo una carretera: Santiago en un caso; Calgari en
el otro".
 
Pero las diferencias también son notables. El de Columbia -"que tiene
una superficie similar al de Santiago (352 kilómetros cuadrados)",
según Donoso- es parte del Parque Nacional Banff y, según cifras
oficiales del sistema de parques canadienses, recibe más de cinco
millones de turistas por año. Así, el Banff se ha convertido en uno de
los parques más visitados de Norteamérica y genera ingresos por más de
6 billones de dólares a la economía local. "El de Santiago recibe cero
visitas", dice Donoso.
 
Por cierto, el campo de hielo metropolitano no sólo tiene potencial
turístico y económico. También científico. "Son la principal zona
englaciada en la cordillera del centro del país", comenta el
glaciólogo Cedomir Marangunic, del centro de investigaciones
Geoestudios. Junto con el sistema de glaciares
Universidad-Palomo-Cipreses-Cortaderas -en la Región de O'Higgins-, el
Olivares y Juncal Sur son los más grandes de la Zona Central.
Marangunic lleva años estudiándolos en terreno. A ellos ha llegado a
pie, en mula o -en la mayoría de sus últimas subidas- en helicóptero.
"Es un lugar diferente", cuenta. "Llama la atención encontrarse en un
anfiteatro natural muy amplio en la cordillera, rodeado de cumbres de
pendiente relativamente suave, donde desembocan estos glaciares".
El glaciólogo dice que él no ha tenido problemas para llegar hasta
estos hitos. "Debido a mi continuo trabajo en glaciares, yo y mi grupo
contamos siempre con los permisos y autorizaciones que requerimos".
Aún así, cree que no debiera haber restricciones en el acceso. "Lo de
'prohibido' me parece mal, pero también me parece mal la gran cantidad
de basura que suele quedar en los senderos de montaña y que veo
habitualmente", dice a modo de advertencia sobre la posible apertura
de los accesos a sitios como éste.
 
Opinión similar tiene el glaciólogo Gino Cassasa, del Centro de
Estudios Científicos de Valdivia. "Desde hace ya varias décadas que
existe este problema de acceso a zonas cordilleranas. En particular,
el nodo Olivares-Juncal Sur es un espectacular conjunto de glaciares
que está rodeado por el oeste y por el sur por propiedades
pertenecientes a grandes empresas mineras e hidroeléctricas. Aunque
existen conductos regulares para ingresar, claramente sería ideal
contar con sistemas de acceso más expeditos".
 
El muro de Santiago
 
Hace unos meses, el explorador Cristián Donoso publicó una columna en
los blogs de La Segunda donde, justamente, apuntaba a la existencia de
un "verdadero Muro de Berlín" en la zona del Cajón del Maipo, impuesto
por varias empresas instaladas en esta zona. Hoy, el tema está en el
centro de la polémica sobre todo por el caso del volcán Maipo, cuyo
acceso ha sido prohibido por la empresa Gasco, dueña de un fundo
privado aledaño de más de 97 mil hectáreas (ver recuadro). Lo mismo
ocurre con decenas de montañas situadas entre el cerro Juncal y el
mismo volcán Maipo. Algunas de las empresas involucradas permiten el
acceso, previa solicitud de permiso. Otras simplemente lo niegan,
aduciendo razones estratégicas o de seguridad.
 
En el caso de los glaciares Olivares-Juncal Sur, Codelco informó, a
través de su Gerente de Comunicaciones, Pablo Orozco, que era "muy
difícil o casi imposible compatibilizar en un mismo territorio la
operación minera con el turismo o el deporte aventura sin poner en
riesgo la seguridad de todos quienes participen en ellas y de los
propios trabajadores e instalaciones de Codelco"; pero que "en casos
excepcionales" se pueden coordinar visitas o excursiones tomando
contacto con División Andina de Codelco.
 
Elías Lira, quien hace unos años intentó seguir esta ruta, cuenta que
la empresa le exigió un seguro de vida con cobertura por 700 UF, lo
que finalmente lo llevó a desechar esta vía.
 
En la mina Los Bronces -otra de las posibles entradas al glaciar-
informaron que la empresa no otorgaba permisos.
 
Distinta es la situación en el acceso por el río Olivares. Aunque hay
un portón controlado por la empresa AES Gener, los terrenos del valle
corresponden a una reserva de Bienes Nacionales. En el ministerio y en
la empresa se informó que basta pedir el permiso con anticipación y
presentarlo en la puerta de la central para poder ingresar (contacto:
Patricia Muñoz, tel. 937 5325; pmunozv@bienes.cl).
 
Las soluciones
 
Varios montañistas, como el director del Club Alemán Andino Álvaro
Vivanco, lamentan el vacío legal en esta materia. La ley en Chile no
garantiza el libre acceso a las montañas, como si lo hace, por
ejemplo, con las playas. "En esta zona, la mitad de los cerros no
tiene nombre", dice Vivanco. "Es un sitio ideal para quienes quieren
abrir rutas, conquistar nuevas cimas. Lo mismo pasa en los glaciares
Olivares: tiene un gran potencial turístico".
 
Al respecto, en marzo del año pasado, el ahora ex senador Andrés
Allamand presentó un proyecto de ley que buscaba una garantía legal
para el acceso a valles de cordillera. La propuesta duerme en el
Congreso: no tiene urgencia y se encuentra desde el mismo día que
ingresó en la Comisión de Medio Ambiente y Bienes Nacionales. En
síntesis, el texto plantea que los dueños de terrenos colindantes con
tierras fiscales en la cuenca de la Cordillera de los Andes, que sean
superiores a 10 mil hectáreas y desde los cuales se pueda acceder a
altas cumbres principales, otorguen acceso gratuito a éstos para fines
turísticos, deportivos y científicos. Sin embargo, la iniciativa no
aborda los casos en que las montañas están dentro de predios privados.
"Considero que el cierre de grandes espacios para el desarrollo de
estas actividades resulta un freno a la posibilidad de esparcimiento,
al crecimiento del turismo de intereses especiales y a la actividad
científica", dice Allamand sobre las razones que tuvo para presentar
el proyecto. "Chile es naturalmente un país de montaña. Y por lo
mismo, son cada vez más las personas que practican actividades ligadas
a los Andes. Es también, crecientemente, el destino elegido por
montañistas del extranjero, quienes usualmente conforman un segmento
de alto poder adquisitivo y alto nivel de gasto en el país", agrega.
Cristián Donoso plantea otras soluciones para el caso del "campo de
hielo de Santiago": hacer caminos alternativos para no pasar por estos
yacimientos.
 
Una posibilidad de acceso sería el valle del estero Yerba Loca.
Subiendo hacia Farellones, en la curva 15, hay un desvío que conduce a
la zona de picnic de Villa Paulina: desde ahí, siguiendo hacia el
interior del valle, el campo de hielo quedaría a sólo 15 kilómetros.
"Si se construyera un teleférico, como los que existen en los Alpes, a
lo largo de esos 15 kilómetros -explica Donoso-, sería factible
conectar a Santiago con esos glaciares. Con este teleférico, más el
nuevo camino que se proyecta construir a Farellones, se podría acceder
a estos campos de hielo desde la Plaza San Enrique, por una ruta que
tendría sólo 40 kilómetros".
 
Pero hay otra opción, que evitaría intervenir el paisaje de Yerba
Loca: la del valle del estero Barriga, al que se llega desde Los Andes
por la ruta internacional Los Libertadores. En el fondo de ese valle,
cruzando el portezuelo Barriga, hay acceso al glaciar Olivares Gamma.
¿El problema? La barrera que Codelco Andina tiene instalada en
Saladillo para controlar el paso al Yacimiento Río Blanco. ¿La
solución? Donoso propone que Codelco mueva esa barrera y la ponga más
cerca del yacimiento. "Así podría liberarse el paso a la entrada del
valle del estero Barriga, abriendo la posibilidad de llegar a los
colosales campos de hielo de Santiago". Pero en Codelco no lo ven
posible: dicen que ese punto "marca el inicio del sector que Codelco
necesita resguardar como área industrial".
 
Según Donoso, existe allí un camino vehicular que permite llegar a tan
sólo 640 metros del glaciar Olivares Gamma. Esta ruta hoy está
intransitable por falta de mantención, pero el explorador sostiene que
bastaría habilitar 5 a 10 kilómetros de vía por el valle del estero
Barriga para dejar a Santiago comunicado con sus campos de hielo: en
auto "y a través de su impecable Camino Internacional".
 
Mientras eso no ocurra, a los capitalinos que no son montañistas ni
senderistas con permiso, sólo les quedará imaginarse estas formidables
masas de hielo que se esconden ahí no más: detrás de la cordillera.
A diferencia de lo que ocurre con las playas, la ley en Chile no
garantiza el libre acceso a las montañas.
 
El campo de hielo de Columbia, en Canadá, recibe cinco millones de
visitas al año. El de Santiago, cero.
 
 Las otras barreras
 
El volcán Maipo se ha convertido en un símbolo de este tema. Su acceso
principal está controlado por el portón del fundo Cruz de Piedra,
propiedad de Gasco. Según la empresa, la prohibición para pasar se
debe a razones estratégicas (como resguardar el gasoducto Gasandes),
de seguridad y de protección ambiental. De todos modos, Gasco anunció
que está elaborando un procedimiento especial para montañistas que
debería comenzar a regir a fines de este año.
 
Otro lugar emblemático es el sector de Laguna Negra, vecina al Embalse
El Yeso, que está en un terreno de Aguas Andinas. Desde aquí sale un
sendero que conduce al cerro Peladeros, considerado el santuario más
austral del imperio inca. El acceso está prohibido porque "son
recintos privados y una fuente de captación y reserva de agua cruda
para los habitantes de Santiago", dicen en la empresa

Las grandes sorpresas de 2011

por Vittorio Corbo
Diario El Mercurio, Economía y Negocios, Enfoque
Domingo 20 de marzo de 2011http://diario.elmercurio.com/2011/03/20/economia_y_negocios/enfoques/noticias/63199BC9-7BF2-404C-A2E6-95F601518B52.htm?id={63199BC9-7BF2-404C-A2E6-95F601518B52}
 
En los últimos meses, la recuperación de la economía mundial avanzaba
a un ritmo mayor al anticipado. Los principales problemas eran de
solvencia fiscal y financiera en Europa y del alza en la inflación
tanto en los países emergentes como en la Zona Euro. La recuperación
se ha visto amenazada por los inesperados y profundos cambios que se
están desarrollando en el Medio Oriente y el Norte de África (MENA), y
ahora por los efectos del terremoto, maremoto y contaminación nuclear
en Japón.
 
Los eventos en MENA han dado lugar a un salto de 25 dólares por barril
en el precio del petróleo Brent desde que se desató la crisis en Túnez
y han aumentado la incertidumbre sobre la estabilidad de esos países y
sus efectos. Existe preocupación no sólo por cuál será la evolución
futura de estos eventos, sino que por sus eventuales efectos en el
precio del petróleo, en la estabilidad política de la región y, en
último término, en una economía mundial que ya se proyectaba que iba a
crecer sólo a tasas moderadas en los próximos años.
 
En cuanto a la catástrofe en Japón -la tercera economía más grande del
mundo, que representa un 8,7% del PIB mundial a tipo de cambio de
mercado-, es difícil dimensionar la magnitud de sus efectos, debido a
la gran incertidumbre sobre la seriedad de los problemas de
contaminación nuclear que se han desatado. Si la contaminación nuclear
se logra contener, los efectos del terremoto y maremoto en la
actividad serían acotados y limitados en el tiempo. La región afectada
representa un 7% del PIB, y dentro de ésta, las prefecturas más
afectadas representan en torno al 4%. Estudios preliminares estiman
las pérdidas causadas por el terremoto y maremoto en una cifra de
entre 150 mil millones y 200 mil millones de dólares, lo que equivale
a algo menos del 4% del PIB.
 
Este porcentaje supera las pérdidas
estimadas por el terremoto de Kobe del año 1995, pero es menor a las
del terremoto y maremoto de Chile del año pasado. Japón tiene la
capacidad técnica, los recursos financieros y la fortaleza de una
población con una ética de trabajo muy fuerte para salir adelante con
el proceso de reconstrucción. En este proceso se requerirá reconstruir
infraestructura pública y apoyar a aquellas personas que necesiten
ayuda para recuperar sus vidas, lo que implica un aumento en el gasto
fiscal. A primeras luces, esto pareciera un problema serio, ya que las
finanzas públicas de Japón son precarias: la deuda pública bruta es
más de dos veces el PIB y más del doble de la deuda a PIB del promedio
de los países industriales. Sin embargo, el sector privado japonés es
el principal tenedor de esta deuda, y Japón, como un todo, es un
acreedor neto del resto del mundo, de hecho, es el principal acreedor
a nivel mundial. Lo más probable es que para financiar el esfuerzo de
mayor gasto público asociado a la reconstrucción se recurra a alza de
impuestos.
 
De otra parte, con la destrucción de la capacidad de generación de
energía nuclear y parte de la térmica, la recuperación de la oferta
energética va a tomar tiempo, y en el corto plazo se requerirá un
racionamiento eléctrico. Dada la integración de las cadenas de
abastecimiento en Asia, los efectos de la interrupción de la
producción se harán sentir también a nivel regional.
 
Como resultado,en los próximos meses la actividad de Japón va a
experimentar caídas
del PIB, con efectos menores en la región y en la economía mundial. En
los meses siguientes, la economía de Japón, y en menor medida de la
región, debieran mostrar un gran dinamismo asociado a los efectos del
proceso de reconstrucción con efectos también en los precios de los
metales básicos. Esta dinámica de actividad no es distinta de la que
hemos observado en otros países avanzados y de nuestro país.
 
Con todo, si la contaminación nuclear se logra contener y si el precio
del petróleo Brent se queda en torno a los US$ 115 el barril,
principalmente por los efectos de la crisis en MENA, los efectos de
esta alza en el precio del petróleo en el crecimiento mundial debieran
ser moderados: entre tres y cinco décimas de menor crecimiento en los
países industriales, y entre dos y tres décimas en los países
emergentes. Este efecto sería algo menor que el causado por aumentos
anteriores en el precio del petróleo, ya que, dadas las amplias
holguras de capacidad en los países avanzados, esta vez la política
monetaria no tendría que reaccionar con mucha fuerza.
 
Un efecto negativo adicional puede venir por el aumento en la incertidumbre a
raíz de los problemas en MENA y Japón, lo cual podría reforzar otras
debilidades existentes ocasionando un efecto de confianza que puede
aumentar los efectos de estos eventos recientes.

DR ALBERTO VICUÑA POBLETE


Queridos amigos:

Pasé la semana pasada por Los Angeles en viaje al Sur.
Tuvimos el gran gusto de reunirnos con el Dr. Alberto Vicuña Poblete,gastroenterólogo,gran compañero del 70.

Se instaló hace varios años en Los Angeles,llegó a ser jefe de Gastroenterología en el Hospital de Los Angeles,paralelamente junto a su señora formaron el laboratorio clínico mejor equipado y de referencia en la zona.Junto a un grupo de médicos asociados formaron el centro médico también mas importante de la zona,Scanner,Resonancia Magnética,Ecocardiografía,todas las especialidades,etc.etc.
Todo muy bien instalado y muy buena arquitectura interior.
Su señora (Lucy) lidera el Laboratorio clínico con gran prolijidad y acusiocidad femenina.

Dentro de las propiedades que aparecen en las fotos también se han hecho propietarios de un hotel donde están todos invitados a alojarse cuando lo pasemos a ver.

Me encargó encarecidamente invitar a todo el que pase al sur  pasar a visitarle .

Tienen 3 hijos hombres ,2 médicos casados y 1 Ingeniero en Informática ,quienes viven en Stgo.

Están sólo ellos 2 , en Los Angeles.

Felicitaciones por todo Alberto y Lucy,Alberto eres otro gran dividendo del colegio,que hace gran aporte a la sociedad ¡!!!!!!!!

GOAR!!!!!!!!!!!
Till soon ¡!!!!!!

El vino chileno que se gestó en Borgoña


El vino chileno que se gestó en Borgoña
por Sergio Paz
Diario El Mercurio, El Sábado, 19 de marzo de 2011
http://diario.elmercurio.com/2011/03/19/el_sabado/_portada/noticias/D9D483C8-C48D-408B-95F2-D661999CF0F8.htm?id={D9D483C8-C48D-408B-95F2-D661999CF0F8}

Muy pocos lo han probado, pero ya es famoso. Aún no sale al mercado y
se ha dicho que tiene el mejor potencial del hemisferio sur. Esta es
la historia de Aristos una curiosa mezcla entre el carácter penquista
y la aristocracia francesa hecha vino.

Dentro de un decantador, sobre una mesa de apoyo en el segundo piso
del restaurante Baco, Aristos espera, inmóvil que el oxígeno haga su
trabajo, que salgan de su encierro los aromas, que se liberen los
taninos, y, que por fin, muestre su personalidad.

Aún le faltan varios meses para salir a la venta, no tiene etiqueta,
ni precio, ni mercados, y muy pocos lo han paladeado. Sin embargo, ya
es un mito que circula entre enólogos, críticos y amantes del vino.

En parte, la culpa la tiene el influyente crítico de vino inglés, Tim
Atkin; el mismo que hace unos años remeció a los viñateros nacionales
diciendo que el vino chileno era como un volvo, por lo seguro y
aburrido, y luego, que el carmenere, la cepa emblema, era de segunda
división, ahora sentenció: Aristos tiene el potencial de ser el mejor
del hemisferio sur.

Y el mito se echó a correr.

Francoise Massoc se para de la silla, toma el decantador, lo agita,
acerca su nariz, aspira y regresa a la mesa.

-No, todavía le falta un rato.

Francoise Massoc no forma parte del establishment de los enólogos
chilenos; no nació en Santiago, ni estudió agronomía en la Católica,
como la mayoría. Tampoco tiene alma de rock star, sino que es más bien
un hombre reservado y solitario, que vive recluido con su señora y sus
dos hijas pequeñas de Rancagua hacia la cordillera donde tiene su
trabajo formal: enólogo de la viña Calyptra de propiedad del cirujano
plástico José Zahri. Cuando no está en eso, se dedica a revisar la
evolución de Aristos o a cocinar b?uf bourguignon para el almuerzo.

Hijo de padre francés y madre chilena, nació en Arauco, creció en
Concepción, se educó en la Alianza Francesa de esa ciudad y entró a
estudiar Leyes en la Universidad Católica. Nunca quiso ser abogado,
pero sí diplomático para recorrer el mundo, juntar dinero, volver a
Chile comprarse un campo y dedicarse a la tierra.

Levanta los brazos sobre la mesa y estira los dedos, gruesos, toscos.

-Qué otra cosa iba a hacer con estas manos. Son de obrero. Nunca pude
tocar un instrumento, pero pásame una pala y hago lo que quieras.

Pero tomó un atajo. Dejó derecho a los dos años y entró a estudiar
ingeniería agropecuaria en Inacap, un diploma técnico. Su madre,
desesperada, lo mandó al sicólogo. Egresó y consiguió trabajo en la
tonelería Nadalie del viñatero francés afincado en Chile, Thierry
Villard. Ese fue su primer y definitivo acercamiento al vino. Y fue
Villard, al ver su talento, quien le sugirió que estudiara enología en
Francia. Massoc desembarcó en La Borgoña, la tierra del pinot noir y
donde se producen los vinos más caros del mundo y ahí, en la sala de
clases de la universidad en Dijon, comenzó a gestarse Aristos.

Se hizo un amigo. Un francés campechano, recuerda. No sabía que Louis
Michel Liger Belair era miembro de la nobleza francesa, y uno de los
tres hombres más importante de La Borgoña, y dueño de La Romanee, la
apelación de origen más pequeña del mundo, 0,8 há que produce pinot
noir que se venden a más de un millón de pesos la botella.

- Yo no tenía idea quien era y como lo encontraba campesino lo trataba
como huaso, mientras que el resto le rendía pleitesía.

Massoc se enteró quién era su amigo cuando le fue mal en la primera
ronda de exámenes y tuvo que quedarse el verano estudiando para
repetirlos. Vivía en una pieza de 12 metros cuadrados y Liger Belair
le ofreció mudarse a su casa a estudiar. Massoc le dijo que no, que no
quería molestarlo a él y su mujer.

-Y me dice, no te preocupes, te cierro un ala del castillo para ti.

Y comenzaron a hablar de vino, de Chile y del sueño de hacer un proyecto juntos.

Caminaba un día por Paris la madre de Francoi Massoc cuando se topó en
la calle con Pedro Parra, un compañero de curso de la Alianza Francesa
de Concepción de su hijo, a quien no veía hacía años y se enteró de
que estaba estudiando un doctorado en terroir en Francia. La
coincidencia era demasiado grande -colegio, ciudad y estudios en
Francia- y Parra viajó a La Borgoña a visitar a Massoc.

Pedro Parra es hoy conocido en el mundo de las viñas como "doctor
terroir". Recorre Chile, hace hoyos en la tierra, mira la roca,
analiza el clima y dice que sí, que ahí quedarían muy bien unas
plantas de cabernet sauvignon. Asesora a todas las viñas importantes.

Se juntaron los tres, y hubo química. Fue en 2001. Querían hacer un
vino chileno de clase mundial. Louis Michel daría la pauta para el
estilo del vino, y pondría la marca y el prestigio de su viña en
Borgoña como imagen.

-A Pedro y a mi quizás en eso nos pesa ser de Concepción- dice Massoc.

Parra recorrería el país buscando la uva que diera con su gusto, y
Massoc la vinificaría. Aristos, que significa excelencia en griego,
pero que también juega con la idea de la nobleza de uno de sus dueños,
ya era una empresa.

-Formamos algo que era como un átomo que tiene dos electrones. Yo
vengo a ser el protón que esta al centro, que es más pesado que se
mueve menos y que tiende a hacer menos ruido. Pedro es el electrón
libre que se mueve para todos lados, pelea, discute. Y Louis Michel
aporta con toda su experiencia.

Y comenzó la difícil etapa de hacer cuadrar los estilos. Los gustos de
Louis Michel no cuadran necesariamente con lo que se produce en Chile.
Los franceses están acostumbrados a vinos más ligeros, de menos
graduación alcohólica que llaman vinos elegantes. Al resto: coca cola.

-Para un gallo de California habría sido muy fácil. Pero buscar un
terroir súper bueno para ir a pelear con Almaviva y Clos Apalta (los
ultra premium chilenos), me demoré cuatro años- dice Pedro Parra.

Cuatro años en que recorrió Chile comprando uva que Massoc vinificaba
y partían a La Borgoña con las botellas bajo el brazo a degustarlas
con su socio francés.

-Y, en general, no calzaban. Los tres fuimos criados en la escuela de
Borgoña: vinos elegantes, femeninos, y complejos y que se puedan
guardar- dice Parra.

Hasta que en el Alto Cachapoal encontraron el cabernet sauvignon, que
ahora respira en el restaurante Baco. Massoc hace un ademán y el mozo
le sirve un poco, agita la copa, la huele y asiente.

-Ahora sí.

No le fue fácil a Massoc aterrizar en Chile convertido en enólogo. No
tenía redes sociales ni amigos en el rubro. Provinciano y con título
francés era un outsider. Varias veces sintió que sus opiniones no eran
bien tomadas por los demás.

-Y, cuando quieres hacer un aporte, el resto te percibe como un pata
de vaca, y tú justamente estás tratando de ayudar- dice.

Su amigo Pedro Parra dice: -Es poco diplomático, de pensamiento
hablado, venía llegando de Francia, no le había ganado a nadie, y
nadie se interesó, nunca tuvo ofertas de trabajo.

Consiguió trabajo en una viña en Casablanca pero renunció al poco
tiempo. Ese día se enteró de que su señora estaba esperando a su
primera hija. Fueron diez meses de cesantía.

Para eso tiempos Parra, de regreso con su doctorado -que le había
financiado la viña Concha y Toro y que trataba de Don Melchor, su vino
ícono y que nunca pudo publicar-, tenía mejor suerte y comenzaba su
carrera como consultor de suelos.

-Yo tenía el doctorado, él, en cambio, tuvo que hablar con los vinos.

Los vinos de Massoc comenzaron a hablar en la última guía de vinos
Descorchados del periodista Patricio Tapia, donde la viña Calyptra
-bastante desconocida, como su enólogo- ganó el mejor blanco, un
sauvignon blanc, y el segundo mejor tinto, un cabernet sauvignon. Y
ahora, con Aristos, un cabernet sauvignon de Alto Cachapoal, elegante,
complejo, y que se bebe, pese a sus 14 grados de alcohol, ligero. Es
de esos pocos vinos chilenos que permiten abrir una segunda botella
sin culpas.

Massoc bebe el vino, y lo acompaña de un magret de pato, un fondant de
chocolate y un café. Y cuando apenas queda un poco de vino en el
decantador se para, devuelve su contenido a la botella, y se la regala
Frederick Le Baux, dueño del restaurante Baco, para que lo pruebe. Se
despide, pero antes de partir a su casa, donde lo esperan su mujer y
sus dos hijas y donde están las pocas botellas de Aristos esperando
para salir al mercado en julio, dice:

-Este es un vino que a mucha gente no le va a gustar. Es diferente.

Japon el día después de mañana


Japon el día después de mañana
por Silvia Pisani Enviada especial La Nación Argentina GDA
Diario El Mercurio, El Sábado, 19 de marzo de 2011
http://diario.elmercurio.com/2011/03/19/el_sabado/_portada/noticias/060FFC61-E601-40F7-8A89-168856F33EAC.htm?id={060FFC61-E601-40F7-8A89-168856F33EAC}

El desastre del terremoto y tsunami ha dado paso a la angustia por un
desastre nuclear incierto. Una periodista argentina que llegó a Japón
horas después de la catástrofe escribe sobre las imágenes
apocalípticas y el pánico de la población, "que clama por pastillas de
yodo para paliar una potencial contaminación. Vista de cerca, la
devastación espanta, pero es el temor nuclear el que horroriza".

Llegar a este puerto (de Hitachinaka), donde el aire de mar se satura
por momentos con el olor a destrucción, es toparse con el flagelo del
éxodo, el primero que enfrenta el país desde los ataques con bombas
atómicas que, en agosto de 1945, arrasaron las ciudades de Hiroshima y
Nagasaki.

La gente quiere alejarse de las centrales nucleares. Los miedos se
afirman mientras crece la alarma con la confirmación de que un tercer
reactor de la planta Fukushima I explotó ayer, lo que no hace más que
agravar el riesgo de un desastre nuclear.

"Quiero alejarme de aquí, no quiero vivir más cerca de una central
nuclear. Estoy harto y tengo miedo", dice, lloroso, uno de los
pobladores, mientras apunta en dirección a la vecina Tokai, donde la
planta atómica, a pocos kilómetros, también dio noticia de una falla
en su refrigeración.

Es la primera escala del viaje, la primera bocanada de un miedo que
crecerá en la medida en que se avance hacia el Norte, al encuentro de
un paisaje desolador y de una población que clama por pastillas de
yodo para paliar una potencial contaminación. Vista de cerca, la
devastación espanta, pero es el temor nuclear el que horroriza.

"Me voy a buscar a mi hija. Ya no soporto que esté allí, y ella no
puede regresar sola. Si quiere, venga conmigo", dijo a La Nación
Miyakino Nakano, un pequeño empresario que pasa buena parte del año en
Estados Unidos y que acaba de regresar a Japón, donde lo sorprendió la
tragedia. Es un viaje hacia el Norte, hacia las zonas más afectadas
por el tsunami, que empieza dentro de la prefectura de Ibaraki, 110
kilómetros al nordeste de Tokio. Pocos kilómetros al norte de la
capital, Miyakino deja la autopista y toma por caminos laterales.

Su misión es clara: recoger a su hija y llevarla lejos de esta ciudad,
donde el fantasma de la cercana Tokai, con sus técnicos enfundados en
trajes aislantes, le quitan tranquilidad como "nunca antes", según
confiesa. "La empresa operadora dice que todo está bien. Pero yo ya no
sé qué creer", dice.

Siguen las dudas sobre la situación real y, ante la falta de
información cierta, pasa lo de siempre: el miedo y el rumor cunden. El
recorrido lleva hacia el nordeste de la isla, por la geografía más
castigada por el tsunami. Vamos rumbo al sitio de donde todos quieren
alejarse y no pueden. Un poco más al Norte está la central nuclear de
Fukushima I, con sus múltiples explosiones.

Las palabras no alcanzan a describir el miedo que asoma en los ojos y
que empuja a los que pueden a alejarse de allí. Más al Norte, está el
drama de Sendai y la recogida de los miles de cadáveres que el mar
empieza a devolver. El terremoto causó daños, pero fue el tsunami el
que arrasó la geografía. Hay autos estampados como moscas y casas
hundidas como si fueran de papel.

Los sobrevivientes de esa ciudad no entienden cómo están vivos y
caminan por lo que fue un barrio costero como quien busca algo; con el
paso de las horas se comprende que lo que hacen es dar los primeros
pasos en un duelo larguísimo. Atrás quedan Tokio y sus fuertes
temblores.

Dicho de este modo, parece un viaje al infierno. En rigor, es un
recorrido por un paisaje desolador, una pieza arrancada en vivo de la
geografía de esta potencia. La magnitud del destrozo es abrumadora.
Por momentos, parece una zona bombardeada y, de a ratos, la normalidad
asoma, revelando la suerte desigual con la que se repartió la
desgracia.

Un poco más al Norte, casas derruidas, gente deambulando y el
desconcierto de la vida interrumpida. La Nación pasa al lado de un
enorme camión dado vuelta que aún espera ser removido. Poco es lo que
era: desde los negocios hasta las veredas, donde invade el aroma
inconfundible de la muerte. El recuerdo de que no todos pudieron
escapar a tiempo de la ola gigante. Abruma el silencio.

El viaje se prolonga como atrapado por los malos presagios con los que
empezó. El día despertó con un fuerte temblor en Tokio, seguido por
una falsa alarma de tsunami en la costa y una nueva explosión en la
central de Fukushima I. Demasiado para una población que ya sufrió
mucho.

En un largo tramo no hay nada. Un poco más al Norte y al Oeste, en la
región de Yamagata, la desolación se potencia. Las casas derruidas se
cuentan por miles. Son más de 300.000 los evacuados, casi todos del
entorno de Fukushima. La gente se agolpa en las escuelas para comer y
para tener un techo. Quieren irse, pero no pueden.

A esta cronista, el temblor de 6,2 puntos en la escala de Richter que
sacudió Tokio por poco le quita el aliento. Ahora el paisaje roba el
alma. A Miyakino lo obsesiona el peligro de radiactividad. Lo dice
claramente: "Primero, en Fukushima, fue el reactor número uno; ahora,
es el número tres, y todo luego de que el gobierno dijera que todo
está controlado", dice. No es un hombre que pierda la paciencia, pero,
como muchos otros japoneses, comprende que la situación puede ser peor
de lo que dicen los informativos locales.

Otros habitantes de Tokio, en cambio, parecían ayer más golpeados por
el temblor que sacudió a la ciudad. Un miedo que se alimentó con el
pronóstico de las nuevas réplicas que así se esperan. El centro de la
capital parecía, de a ratos, desierto. Como si la gente hubiese
desaparecido.

Por las dudas, nuestro guía no espera. Quiere recoger a Junkío,
llevarla a la casa familiar en Tokio. "No creo que sea momento de
dejar el país, pero no hay por qué estar al lado de las centrales
nucleares", dice. Quiere hacerlo personalmente porque las líneas
ferroviarias hacia el norte de la isla de Tokio están interrumpidas de
a tramos y hay rutas cortadas. La conversación avanza y se pregunta si
lo que se está viendo no es el primer éxodo nuclear desde el ataque
con bombas atómicas que arrasó Hiroshima y Nagasaki.

Súbitamente, la cuestión queda sin respuesta: la ruta se desvía. Uno
de los conductores que esperan dice que el camino está averiado por
una brecha abierta por el terremoto. Pregunta si tenemos nafta para
darle. La camioneta tiene el tanque lleno, lo que es una suerte, dado
que el combustible escasea y las estaciones de servicio que pasamos
están cerradas. Un hombre cuenta que hizo cola sin suerte por un bidón
de nafta, pero que se acabó antes de su turno.
Otros locales están a la espera de clientes: es evidente que la gente
está empezando a cuidar su dinero, con excepción del que se destina a
hacer acopio de agua y alimentos envasados. El terremoto lo está
cambiando todo. "Pedimos disculpas. El hotel ha sido cerrado por causa
del terremoto", dice, en japonés, un cartel en la entrada del Chisun
Inn Hitachinaka.

"No quedan agua, leche, pan, arroz ni fideos", dice una mujer llorosa.
Cuenta que lleva días comiendo poco y que por la noche tiene frío,
pero que no es eso lo que más la preocupa. "¿Qué está pasando con las
centrales nucleares?", pregunta. Quisiera irse, pero no puede; no
tiene cómo ni adónde. Sólo le queda el refugio local con sus mantas
azules y una espera tan larga como incierta.

De lejos se ve un helicóptero. Parte de su misión es reportar la
presencia de olas gigantes, sobre todo luego del fuerte temblor de la
mañana. Estamos ahora a sólo 90 kilómetros de Tokio y aquí también,
por momentos, la zona costera evoca el paisaje de la castigada Sendai:
gente que deambula buscando entre el barro y los escombros.
La gente se agolpa y cuenta a La Nación de los cientos de autos recién
fabricados que en el puerto local esperaban para ser embarcados y que
fueron levantados por la ola gigante. De pronto, una sirena paraliza
la tarde. Junkío tranquiliza: no es ése el sonido del kinkyu , la
alarma para terremotos que suena segundos antes de que se produzca el
temblor. Es otra cosa y pasa. Por suerte.

La familia de Nakano se reúne y, al caer la tarde, emprende el viaje
de regreso hacia la aparente seguridad del Sur. El ánimo es el de
quien está anonadado por la tragedia. Atrás quedan cientos de miles
que no pueden completar la ruta. No tienen adónde ir y esperan,
resignados, en la más dura de las condiciones: con el miedo de estar
contaminándose y el pronóstico de nuevos temblores. La tristeza les
nubla los ojos.

¿Por qué sube la bencina?


¿Por qué sube la bencina?
por Liberty Valance
Diario El Mercurio, El Sábado, 19 de marzo de 2011
http://diario.elmercurio.com/2011/03/19/el_sabado/perdone_lo_poco/noticias/0A4A5BA5-7593-4885-B387-F6A3D48F3D94.htm?id={0A4A5BA5-7593-4885-B387-F6A3D48F3D94}

A. Lo de ahora último es evidente: la inestabilidad política,
económica y social que sacude a Libia, uno de los países miembros de
la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo). Libia
disminuyó la producción en 750 mil barriles diarios y eso, obviamente,
empujó al alza a los combustibles en Chile. ¿De quién es la culpa? De
Trípoli.

B. El grupo Al Qaeda del Magreb está cada vez más activo, promueven la
guerra santa, han cometido atentados en Argelia y resienten los
enclaves españoles en las costas de África: Ceuta y Melilla. Hay que
recordar el incidente de hace unos años entre Marruecos y España, por
el islote de Perejil, pese a que el sitio es yermo, ventoso y son dos
hectáreas. Es decir, la escalada hasta puede alcanzar a un país
europeo. Si eso ocurre, no tenga ninguna duda: en Chile se dispara la
parafina y la gasolina de 93 octanos llega a 830 pesos. El diésel
sube, pero no tanto. No hay caso con Al Qaeda.

C. El régimen de Irán, de manera constante y persistente, desarrolla
el enriquecimiento de uranio, con fines pacíficos (según ellos). Si se
llega a descubrir alguna cabeza nuclear pasiva (y no digamos activa) y
si el rumor no confirmado de que quizás podrían estar pensando en
construir una bomba nuclear, que hasta tendría nombre (Smiling
Ayatollah); en ese caso y en ese clima y si todo se comprueba, sube el
gas licuado un 15% ; las bencinas un 9% y la parafina apenas un 1%
(mire lo que son las cosas).

D. Los productores de cacao de Nigeria están enfrentados con las
empresas petroquímicas. Si el conflicto se agudiza en ese país enorme
(150 millones) y con tanta diversidad de lenguas (unas 500) y si la
postura de los productores de cacao prevalece, se restringiría la
extracción de crudo, entre 500 y 750 mil barriles diarios. La
problemática del cacao nigeriano empuja al alza a los combustibles en
Chile. Está todo conectado en el mundo globalizado.

E. La provincia de Najrán, en Arabia Saudita, colinda con la
gobernación de Hadramaut, de Yemen. La frontera es larga, no faltan
los conflictos y abundan los pozos y el islamismo chiita. La zona
podría transformarse en un barril de pólvora y no de petróleo, ante
eso, se espera un aumento brusco, en torno al 8%, de las bencinas
chilenas de todos los octanos.

F. Hugo Chávez, el Presidente de Venezuela, termina su período el 2013
y seguramente irá a otra reelección. Eso implica un país en campaña
electoral y en tensión política creciente desde mediados del 2012
hasta el comienzo del 2014. Por lo tanto, en Chile empieza a subir el
diésel, lo mismo la parafina y nadie para las bencinas. No hay caso.
Somos quemados.

G. Qatar va a organizar el Mundial de Fútbol del 2022 y ya están
pensando en construir los estadios y algunos serían de lujo y
refrigerados. El gasto será sin medida durante años y eso
evidentemente afectará a la economía de ese país y a su producción de
crudo. Y por eso los combustibles chilenos van a estar por las nubes.
Hay que pararle el carro a los qatarí. Hasta cuándo

Bofetada educadísima de Brasil al mundo


Bofetada educadísima de Brasil al mundo 


DECLARACIONES DE CHICO BUARQUE
MINISTRO DE EDUCACIÓN DE BRASIL.

Durante un debate en una universidad de Estados Unidos, le
preguntaron al ex gobernador del Distrito Federal y actual
Ministro de Educación de Brasil, CRISTOVÃO CHICO
BUARQUE, qué pensaba sobre la internacionalización de la
Amazonia. Un estadounidense en las Naciones Unidas introdujo
su pregunta, diciendo que esperaba la respuesta de un
humanista y no de un brasileño.

Ésta fue la respuesta del Sr. Cristóvão Buarque:

Realmente, como brasileño, sólo hablaría en contra
de la internacionalización de la Amazonia. Por más que
nuestros gobiernos no cuiden debidamente ese patrimonio,
él es nuestro.

Como humanista, sintiendo el riesgo de la degradación
ambiental que sufre la Amazonia, puedo imaginar su
internacionalización, como también de todo lo demás, que
es de suma importancia para la humanidad.

Si la Amazonia, desde una ética humanista, debe ser
internacionalizada, internacionalicemos también las
reservas de petróleo del mundo entero. 

El petróleo es tan importante para el bienestar de la
humanidad como la Amazonia para nuestro futuro. A pesar de
eso, los dueños de las reservas creen tener el derecho de
aumentar o disminuir la extracción de petróleo y subir o no su precio.

De la misma forma, el capital financiero de los países
ricos debería ser internacionalizado. Si la Amazonia es una
reserva para todos los seres humanos, no se debería quemar
solamente por la voluntad de un dueño o de un país. Quemar
la Amazonia es tan grave como el desempleo provocado por las
decisiones arbitrarias de los especuladores globales.

No podemos permitir que las reservas financieras sirvan para
quemar países enteros en la voluptuosidad de la especulación.

También, antes que la Amazonia, me gustaría ver la
internacionalización de los grandes museos del mundo.
El Louvre no debe pertenecer solo a Francia.
Cada museo del mundo es el guardián de las piezas más bellas producidas
por el genio humano. No se puede dejar que ese patrimonio
cultural, como es el patrimonio natural amazónico, sea
manipulado y destruido por el sólo placer de un propietario o de un país.

No hace mucho tiempo, un millonario japonés decidió
enterrar, junto con él, un cuadro de un gran maestro.
Por el contrario, ese cuadro tendría que haber sido
internacionalizado.

Durante este encuentro, las Naciones Unidas están
realizando el Foro Del Milenio, pero algunos presidentes de
países tuvieron dificultades para participar, debido a
situaciones desagradables surgidas en la frontera de los
EE.UU. Por eso, creo que Nueva York, como sede de las
Naciones Unidas, debe ser internacionalizada. Por lo menos
Manhatan debería pertenecer a toda la humanidad.
De la misma forma que París, Venecia, Roma, Londres, Río de
Janeiro, Brasilia... cada ciudad, con su belleza
específica, su historia del mundo, debería pertenecer al mundo entero.

Si EEUU quiere internacionalizar la Amazonia, para no
correr el riesgo de dejarla en manos de los
brasileños,internacionalicemos todos los arsenales
nucleares. Basta pensar que ellos ya demostraron que son
capaces de usar esas armas, provocando una destrucción
miles de veces mayor que las lamentables quemas realizadas
en los bosques de Brasil. 

En sus discursos, los actuales candidatos a la presidencia
de los Estados Unidos han defendido la idea de
internacionalizar las reservas forestales del mundo a cambio de la deuda. 

Comencemos usando esa deuda para garantizar que cada niño
del mundo tenga la posibilidad de comer y de ir a la
escuela. Internacionalicemos a los niños, tratándolos a
todos ellos sin importar el país donde nacieron, como
patrimonio que merecen los cuidados del mundo entero. Mucho
más de lo que se merece la Amazonia. Cuando los dirigentes
traten a los niños pobres del mundo como Patrimonio de la
Humanidad, no permitirán que trabajen cuando deberían
estudiar; que mueran cuando deberían vivir. 

Como humanista, acepto defender la internacionalización
del mundo; pero, mientras el mundo me trate como brasileño,
lucharé para que la Amazonia, sea nuestra. ¡Solamente
nuestra!

NOTA: Este artículo fue publicado en el NEW YORK
TIMES, WASHINGTON POST, USA TODAY y en los diarios de mayor tirada de EUROPA y JAPÓN.


Pero en BRASIL y el resto de Latinoamérica, este artículo no fue publicado. Ayúdenos a divulgarlo.

Gracias

HISTORIAS DE PERDEDORES...


Renace Juan Harting
por Sabine Drysdale
Diario El Mercurio, Wikén,
viernes 18 de marzo de 2011
http://diario.elmercurio.com/2011/03/18/wiken/_portada/noticias/4249604D-1ABC-4BAA-9E3D-61D093D6FE59.htm?id={4249604D-1ABC-4BAA-9E3D-61D093D6FE59}

Juan Harting: Me gustan las historias de perdedores. Tienen mucha más
vida, más claros y oscuros. En el fondo, el mundo son puros
perdedores, los ganadores son re pocos...

____________________________________________

Con "El almacén", una sitcom sobre perdedores, quien fuera el
productor de televisión más exitoso del país y luego protagonizara la
quiebra más estrepitosa y amarga de la industria renace en las
pantallas de UCV Televisión. "Estoy en el mismo lugar que antes",
asegura.

Fue una coincidencia. Dos hombres con las revisiones de kilometraje
vencidas, se encuentran cerca de las ocho de la mañana del 25 de mayo
de 2010 en un taller de la Volkswagen en Viña del Mar. Juan Harting y
Enrique Aimone no se han visto hace años.
-Hola Juan, qué cuentas.

(Hace un par de meses, Juan Harting lo había llamado por teléfono a su
oficina en la dirección ejecutiva de UCV Televisión, pero estaba en
viaje de negocios).

-Quería hablar contigo -le dice Harting.
-Genial, ¿tienes tiempo ahora?
-Todo el tiempo del mundo. Estoy cesante.

-¿Te gusta caminar?

Esa mañana, Juan Harting y Enrique Aimone cruzan caminando,
prácticamente Viña del Mar completo, desde la calle Quillota con 11
Norte hasta Agua Santa con Viana. Hace frío, el aire está seco, y
abrigado con una chaqueta de cotelé y una bufanda -quien fuera el
productor más exitoso de la televisión chilena- mientras esquiva hojas
secas, relata lo que quedó de su vida profesional, tras el paso de la
"tormenta perfecta", la metáfora que le gusta usar a Juan Harting para
explicar la quiebra de su empresa, Roos Film en 2009.

Se conocieron a fines de los noventa, en Televisión Nacional. Enrique
Aimone era secretario general de TVN, mientras que Harting producía
para ese canal, junto a su entonces amigo, el director Cristián
Leighton, "Los Patiperros", la serie documental sobre chilenos en el
extranjero que lo lanzó a la fama y que inició la exitosa historia de
Roos Film.

Pero esa amistad se terminó y no se hablan hace diez años; "es una de
las grandes penas en mi historia audiovisual", dirá luego Harting.
Roos Film, por su parte siguió un camino ascendente, con decenas de
producciones para cine y televisión. Fue una empresa nunca antes vista
en la TV chilena: Entre 2006 y 2007, esta productora llegó a vender 8
millones de dólares anuales, emplear a 250 personas, a hacer siete
producciones en paralelo y completar 500 horas de ficción al año.
Llegaron a ser más grandes que cualquier área dramática. Además tenían
la licencia para hacer remakes de series del canal estadounidense
Sony: "Casado con hijos", "Tres son multitud" y "La Nany" fueron
algunas de las que produjeron para Mega.
En esos tiempos Harting estaba tan arriba, que se sentaba en la mesa
con los ejecutivos de los canales de televisión y se iba cincuenta y
cincuenta. Financiaba cincuenta por ciento de los costos y ganaba el
cincuenta por ciento de los ingresos publicitarios.

Eran años en que se atrevía a tomar el teléfono, llamar al Hotel
Sheraton, y preguntar por la habitación del "señor Moore", Roger
Moore, el 007, de paso por Chile, quien le contestó, lo invitó a tomar
una taza de té y aceptó leer uno de sus guiones.

Pero inesperadamente en 2009 quebró, arrastrando una deuda de tres mil
millones de pesos, dejando a decenas de actores, productores,
camarógrafos cesantes y con quince páginas de protestos en su informe
comercial como empresa y otras siete en el de Harting como persona.

Esa mañana del 25 de mayo de 2010, luego de más de una hora de
caminata por las calles de Viña, llegaron hasta las oficinas de UCV
Televisión, un canal pequeño, de bajo presupuesto: una antena rodeada
de construcciones hechas de a poco, adosadas sin lógica
arquitectónica, cruzadas por pasillos y recovecos, con oficinas
desordenadas, sillas plásticas y monitores de los que sólo se
encuentran en este lugar y en plantas de reciclaje. Ahí, ese día de
otoño lleno de casualidades, se gestó el regreso de Juan Harting a la
televisión chilena, y el nacimiento de una modesta área dramática en
el canal de Aimone. Hace dos semanas se estrenó "El Almacén", una
comedia de situaciones ambientada en La Florida, la comuna de su
infancia, sobre cuatro amigos -Willy (Enzo Gnecco), Jacky (Valentina
Zamorano), Larry (Francisco Mancilla) y Pepe (Giovanni Caffi)- que han
fracasado en sus carreras y que, sin muchas perspectivas de vida,
deciden poner un almacén. Se emite de lunes a viernes a las nueve de
la noche, cuando el resto del mundo transmite noticieros centrales.
Enrique Aimone, un David de la televisión, se enfrenta a los Goliat
usando la teoría de la contraprogramación. Y ha tenido éxito, con un
costo por capítulo del 5% de lo que gasta un canal grande, han logrado
mantener su rating en un horario muy difícil y han aumentado el rating
comercial, con una gran participación en el segmento de adultos
jóvenes ABC1, según dice Harting.

Historias de perdedores

Deben ser las tres de la tarde. Es lunes. El set de "El Almacén" está
vacío. Hay tres escenografías, el mostrador y sus repisas llenas de
aceites y arroces, el de una vieja fuente de soda tapizada de pósters
de Huachipato -el equipo de fútbol de Harting- y la del living de la
casa de la polola de uno de los protagonistas. En los sillones rojos
de ese living, está sentado Juan Harting, un hombre de 46 años, alto,
de barba y mirada melancólica. Incluso cuando sonríe, Juan Harting,
tiene los ojos tristes.

Sobre la trama de "El Almacén", dice:

-Me gustan las historias de perdedores. Tienen mucha más vida, más
claros y oscuros. En el fondo, el mundo son puros perdedores, los
ganadores son re pocos.

Harting conoce ambos lados. Hoy intenta volver a situarse entre los
ganadores. Enrique Aimone ve en esto la típica trama hollywoodense:
- Juan tiene una historia de héroes, los héroes se construyen desde
muy de abajo, subes, luego te caes, caes muy abajo y tu resurrección
es siempre más arriba de donde partiste.

Harting es hijo de padre y madre alemanes, quienes llegaron a Chile
escapando de los desastres geopolíticos del siglo pasado. Es el menor
de cuatro hermanos. Su padre, fundador de la empresa química Harting,
murió cuando él tenía 14 años. Su madre, traductora dramatúrgica, fue
una de las personas que lo introdujo en el mundo del cine. Su infancia
completa la vivió en el paradero 14 de Vicuña Mackenna, en La Florida,
la comuna donde se ambienta "El Almacén". Estudió Ingeniería Civil en
la Universidad de Chile. Sobrevivió no yendo a clases, leyendo
novelas, mirando películas y practicando kung fu. Se casó dos veces
con dos mujeres ligadas a la televisión, tiene cinco hijos. Vive hace
ocho años en Tunquén, hacia donde escapó un invierno por el smog de
Santiago y donde se ha refugiado de la tormenta. No tiene TV en su
casa.

-¿Hacía tiempo que no escribía?

-Nunca paré de escribir.

Después de la quiebra, Harting hizo un par de largometrajes de
películas basadas en novelas de Kurt Vonnegut, un escritor
norteamericano, su escritor favorito. Acaba de terminar el documental
"A man without a country", que va a entrar al circuito de festivales.
También, en los tiempos muertos, reconstruyó el árbol genealógico de
su familia paterna hasta 1785 y entendió porqué sobrevivió a la
ingeniería y terminó en el cine y la televisión: el 90 por ciento de
sus ancestros eran actores.

-¿Qué de autobiográfico tiene "El Almacén"?

-Harto, hay harto de varios amigos míos ahí. Está el barrio, la cosa
del almacén que es algo iconográfico, que tiene una vida que es muy
rica. Yo tenía una nana que me quería mucho, Inés. Pasaba todo el día
con ella y me llevaba de paseíto al almacén de la mano. Caminábamos 10
cuadras, y llegábamos a una calle que en el fondo era Vicuña Mackenna
y estaba el almacén. La idea del almacén me remontó mucho a esa época.

-Está en UCV TV, un canal chico, ¿era muy difícil para usted volver a
los canales grandes?

-No para nada, he tenido contacto con todos los canales, pero las
cosas se dan como se dan y se dieron así. Tampoco es que lo haya
buscado, se dio nomás. Acá tengo todo lo que requiero para trabajar.
Ha sido muy agradable, y para mí era muy importante tener un equipo
joven y que fueran de la Quinta Región, eso me lo autoimpuse como
meta, es un aporte neto, es hacer industria en la región.

-Fue tan sorpresivo que una empresa como Roos Film haya terminado tan
mal, cuando tenían esa imagen de programas tan exitosos.

-Mira, es la tormenta perfecta, lo que ocurrió. Lo cuenta así:

-Desde que termina "Casado con hijos", estuvimos más de un año sin
actividad. Pasamos de un correr muy rápido y bien, a estar
completamente detenidos con un tremendo costo fijo y sin la
posibilidad de disminuirlo, porque para eso tienes que indemnizar, y
si no tienes la plata no puedes hacerlo. Estábamos siempre esperando
partir de nuevo. Además veníamos saliendo de un proyecto, "Fortunato",
la telenovela que hicimos para Mega y que fue bastante deficitaria
para nosotros.

Eran los tiempos en que Harting corría con 50% de los costos. Y en
"Fortunato" no hubo utilidades.

Sigue:

-Y cuando nos estábamos levantando con un montón de proyectos nuevos,
pienso, "nos salvamos, vamos a salir de esto", viene la crisis
internacional, una externalidad absoluta que a nosotros nos cayó por
dos aristas, porque teníamos una actividad internacional muy fuerte
(distribuía material de Sony Pictures) y en Estados Unidos la
televisión literalmente se detuvo. Y producto de la crisis
internacional, en Chile se produce una crisis financiera y se empiezan
a acelerar todos los créditos, nosotros como estábamos endeudados, se
nos aceleran los créditos. Nos estábamos recuperando y ¡bum! viene
esta cuestión que fue como una ola gigante. Ahí comienza la caída que
demora, no sé, 6 meses, 6 meses en los que tratamos por todos los
medios de salvar la empresa.

-Lo mínimo que se ha dicho de usted es que es un sinvergüenza.

-O sea, de todo. Hay gente que te trata así de mal y otra gente que te
trata todo lo contrario. Me tocó vivir de todo, me tocó encontrarme
con mucho cariño y también con muy poco cariño.

-¿Creció desmedidamente?

-No. Tuvimos un crecimiento sostenible y estable en el tiempo. Pero
sí, estábamos en un modelo de negocios muy agresivo en un momento en
que la economía estaba pujante. Hubo un apretón previo a la crisis y
luego vino la crisis.

-Debió haber cerrado en ese momento.

-No podía. Estaba amarrado de manos. No había para dónde salir, el
único camino posible era seguir adelante. No tengo el número fresco,
pero creo que la cantidad promedio de tiempo que quedamos debiendo no
pasan las cuatro semanas de sueldo. Obviamente lo ideal hubiera sido
pagarlo todo. Quebrar es súper fuerte especialmente cuando partes con
un negocio de cero y es bonito y es exitoso, florece y de repente se
va todo a las pailas. Es una cosa muy triste. Me afectó muchísimo
anímicamente. Me provoca mucha pena.

-¿Cómo lo soportó?

-Con mucho amor. Mi señora se lo vivió de la mano conmigo, cada
centímetro que recorrí fue de la mano- dice emocionado.

-Pero no lo destruyó.

-Pero es que sabes, al final te das cuenta de que la vida está tan
llena de cosas terribles y uno siempre piensa que uno tiene el
problema más espantoso de todos.

-¿Qué perdió?

-Todo. Departamento, terrenos, mi casa. Quedé en pelotas en la calle,
tal como salí de la universidad, pero con cinco hijos.

-Y su vida social. La gente se aleja de los que caen en desgracia.

-No me ha tocado eso, pero es cierto que vivimos en una sociedad
movida por el éxito económico y cuando le quitas éxito y, para peor,
se transforma en fracaso absoluto, obviamente te baja tu score total.
Eso se vive todos los días. Pero en términos sociales no me ha
afectado porque no tengo términos sociales, soy bien huraño, la vida
que hago gira en torno a esto y si no es esto, gira en torno a algún
guión.

-¿Cuál es su mundo?

-Son mis historias, mi equipo de trabajo, mis hijos, los adoro, mi
señora, mi vieja, que tiene 91, está en cama, no se levanta, y la voy
a ver 2 o 3 veces a la semana. Ese es mi mundo.

-¿Terminará algún día contando su propia historia?

-No, para nada. Capaz que sea una lata mi propia historia, no me dan
ganas de escribirla, ahora al menos.

Juan Harting se para del living y camina hacia el set donde está el
mostrador. Se sienta en una silla plástica, y frente a un monitor en
extinción, en un pasillo convertido en switch, mira cómo los cuatro
actores jóvenes del puerto que descubrió para esta serie tras 4 meses
de castings, echan garabatos de grueso calibre para relajarse antes de
que el director, un joven con el pelo fijado a lo mohicano, sentado a
su lado con fonos, dice: acción y "El Almacén" cobre vida.

-¿Le gustaría volver a donde estaba antes?

-Estoy en el mismo lugar que antes.

Las escenas son chistosas, pero la mirada de Juan Harting sigue siendo triste.

Esperando la última ola



Esperando la última ola
por Marcelo Ibáñez
Diario El Mercurio, Wikén, Viernes 18 de Marzo de 2011
http://blogs.elmercurio.com/wiken/2011/03/18/esperando-la-ultima-ola.asp

Este viernes vi el fin del mundo transmitido en directo por quinta
vez. Comenzó con una ola arrasando la ciudad japonesa de Sendai,
siguió con Chile evacuando todo su borde costero, el anuncio de
posibles fugas de radiación nuclear, la espera de los canales chilenos
por transmitir en directo el arribo de una ola que llegó “demasiado
tarde” en términos televisivos, y terminó con el techo del reactor
nuclear de Fukushima volando por los aires.

La primera transmisión en vivo y en directo de un Apocalipsis del que
tenga memoria, fue la imagen de un rascacielos neoyorquino en llamas.
Una imagen que me hizo pensar —sentado solo en mi living, sin twitter
para consolarme— en una inminente Tercera Guerra Mundial. Un relato
lleno del suspenso más terrible: nadie sabía qué estaba pasando
realmente, pero ahí estaba sucediendo. Extendiendo el miedo global
como una bola de fuego sobre las pantallas.

Lo vi por CNN y aún recuerdo su antológico titular en el generador de
caracteres: “America Under Attack” (“América bajo ataque”). Una imagen
tan inolvidable como esos puntitos rojos que se extendían por todo el
mapa en abril de 2009, mostrando los casos de “gripe porcina”
existentes y los que vendrían, hasta dejar a todo el planeta cubierto
de rojo y contagiado. Esa gripe que se nos dijo acabaría con buena
parte de la población. Como acabaría con la economía mundial, la
crisis subprime que vimos en vivo y en directo seis meses antes. El
año en que, parafraseando a Kubrick, dejé de preocuparme por la bomba
y comencé a amar a su inminente estallido transmitido en vivo.

Fue en medio del pánico respiratorio de la gripe porcina, que tuve que
cruzar en un mes diversos husos horarios: diez días viviendo con
indígenas en Panamá, de ahí a San Francisco, California, y luego a
Indonesia. Treinta días en que sólo vi el pánico global —el de la
gripe y la crisis económica— en los canales de noticias de los
aviones. En las portadas de los diarios. En los funcionarios de los
aeropuertos cubiertos de mascarillas y hombres con trajes nucleares
buscando señales de fiebre en los pasajeros. Mientras tanto, la
realidad de esos tres puntos del orbe continuaba funcionando como
siempre. Sólo a mi regreso a Chile caería en la cuenta de que el mundo
se seguía desmoronando. Por la tele.

Hoy sé que más allá de la información verdaderamente importante y
pertinente, el fin del mundo es un show televisado a ritmo frenético y
non stop, lleno de imágenes “espectaculares” como le gusta decir a los
conductores, como si en lugar de transmitir una calamidad estuviesen
comentando una Copa del Mundo. Imágenes que se repiten una y otra vez
como un mantra del desastre. Que ese flujo interminable de drama,
terror, ironía —Dios salve a twitter—, información y caos, es una
sobredosis que se multiplica como un virus global en plasmas,
computadores y teléfonos móviles.

Hoy sé que las preguntas realmente buenas —¿Puede el combustible de un
avión derrumbar toda la estructura de acero de un edificio como el
WTC? ¿Por qué se siguió alarmando a la población cuando en julio de
2009 resultó evidente que la “gripe porcina” era leve en términos de
mortalidad? ¿Quién se enriqueció con las vacunas?— se pierden en el
ruido audiovisual y el trepidante flujo de la transmisión en vivo. Que
las preguntas realmente necesarias quedan para los buenos documentales
posteriores, esos que, lamentablemente, se confunden, con las teorías
conspirativas de internet. Hoy sé que mientras la tele siga
transmitiendo, es porque estamos relativamente a salvo. Que cuando la
tierra bajo nuestros pies de verdad tiembla, y el mundo se convierte
en un fulgor de estallidos eléctricos, la TV es lo que primero
desaparece. Ahora sé, con seguridad, que ese es el momento de comenzar
a sentir terror.

Generación Y

Generación Y es un Blog inspirado en gente como yo, con nombres que comienzan o contienen una "i griega". Nacidos en la Cuba de los años 70s y los 80s, marcados por las escuelas al campo, los muñequitos rusos, las salidas ilegales y la frustración. Así que invito especialmente a Yanisleidi, Yoandri, Yusimí, Yuniesky y otros que arrastran sus "i griegas" a que me lean y me escriban.

Amigos de las salamandras

muro
Imagen tomada de: bessiehead.blogspot.com/
Fue un poco después de aprender que los caramelos eran dulces y el fuego quemaba cuando me di cuenta que a los cubanos nos estaba permitido inscribirnos en las organizaciones creadas por el gobierno, pero castigados aleccionadoramente si decidíamos crear nuestros propios grupos. Así, los niños entrábamos automáticamente a la unión de pioneros, las mujeres se convertían después de los 14 años en federadas, los vecinos integraban los comités de defensa de la revolución, mientras los trabajadores formaban parte del único sindicato autorizado en el país. Por su lado, los estudiantes se aglomeraban en su confederación y los campesinos estaban aglutinados en una sola agrupación a nivel nacional. Todos aparecíamos como afiliados a algo.
Cada vez que alguien iba a solicitar un puesto de trabajo, una carrera universitaria o pretendía obtener el derecho a comprar un electrodomestico, debía llenar formularios donde se preguntaba la pertenencia a las organizaciones consagradas desde el poder, empezando -desde luego- por las más importantes: el Partido Comunista y la Unión de Jóvenes Comunistas. Ahora, me parece risible evocarme con un lápiz en la mano marcando crucecitas al lado de las siglas OPJM, CDR o FMC. LO hacía en automático, sin convicción, en aras de hacer creer que era una ciudadana integrada, revolucionaria, “normal”.
Hace muchos años que no repito una consigna y que no pertenezco a ninguna de las asociaciones autorizadas en el país. Cuando me preguntan, digo que soy una ciudadana independiente o un  electrón libre y que mi plataforma se limita a exigir la despenalización de la discrepancia. Pero soy consciente de que estamos muy lejos de alcanzar esas metas. A pesar de los cambios y aperturas prometidas, aún está mal visto hacer críticas ya sea a la gestión de un ministro o al horario de clases de una escuela y ni pensar que se pueda fundar  autónomamente un partido, ni siquiera el inocente club de amigos de las salamandras.

Si en algo no me equivoco, es en reconocer que a cada rato me equivoco.


Errores personales
por Rodericus,
Diario El Mercurio, Día a Día
Jueves 17 de Marzo de 2011
http://blogs.elmercurio.com/editorial/dia-a-dia/errores-personales.asp

Si en algo no me equivoco, es en reconocer que a cada rato me
equivoco. Y aunque la experiencia del error sea un patrón común a
todos nosotros, pese a que una vez escuché a alguien decir "Yo no me
equivoco" -con lo cual ya caía en un error-, esto no sirve de mucho
consuelo a la hora de tener que lidiar con las propias chambonadas.

En todo caso, pienso que en ocasiones lo más triste de un traspié ni
siquiera es el yerro mismo, sino el empeoramiento de la situación
debido precisamente al intento por rectificar un desliz inicial. ¿A
quién no le ha ocurrido incrementar un problema, cuando toda su
intención era poner paños fríos al conflicto ocasionado? En más de una
ocasión, el empeño por enderezar el clavo torcido acaba siendo
contraproducente y enchueca más la escarpia ya doblada.

Cada uno debe extraer lecciones de los desaguisados que comete,
principalmente disciplinándose en la cautela para no repetir en el
futuro un gazapo semejante. No obstante, y a pesar de las penas que
quizás provoca lo descrito, no dejamos de hallar un bálsamo en darnos
cuenta de que en el camino de la vida casi nunca están del todo
cerradas las puertas de la enmienda y de la compensación.

Comentario 1: Yo nunca me 'equiboco'. (Por la boca muere el pez)

Comment 2: Often in error, never in doubt,
sufficiently vague to not be even wrong...

Better trying to prove ourselves wrong
as quickly as possible, because
only in that way can we find progress...


Acknowledgements & Apologize
for stealing out of context quotes
from Lev Landau, Wolfgang Pauli
and Richard Feynman.

Fukushima y tú


Fukushima y tú
por Cristián Warnken
Diario El Mercurio, Jueves 17 de Marzo de 2011
http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2011/03/17/fukushima-y-tu.asp

La espera hora a hora de las últimas informaciones que vamos
recibiendo sobre el manejo de la dramática crisis en la central
nuclear de Fukushima me hizo recordar una escena de "El sacrificio",
testamento fílmico de ese cineasta-profeta ruso que fue Andrei
Tarkovski. Alexander, un profesor y crítico de arte que acaba de
jubilar y se retira a su casa construida con el esfuerzo de años,
escucha por la radio alarmantes informaciones sobre un inminente
conflicto nuclear entre las entonces superpotencias mundiales. La
bomba atómica puede ser lanzada en cualquier momento, y el mundo
desaparecer. Con desesperación, Alexander se arrodilla y reza,
pidiéndole a Dios que salve al mundo, y a cambio se compromete a dos
grandes sacrificios: enmudecer, no hablar nunca más y entregar todo lo
que tiene si el planeta se salva. La crisis nuclear es superada y el
mismo Alexander, ante el estupor de sus amigos y familia, procede
-como en una suerte de ritual sagrado- a incendiar su propia casa,
cumpliendo lo que había prometido a su Creador. ¿Es una locura lo que
hizo Alexander y por eso merecería ser encerrado en un manicomio, o es
un supremo acto de sacrificio que lo redime y nos salva a todos?

Tarkovski fue muy crítico de la civilización occidental, de su
materialismo devastador: "Hemos creado una civilización que amenaza
destruir a toda la humanidad. Ante esta catástrofe global, me planteo
la única cuestión que me parece importante en sus principios: la
pregunta por la responsabilidad personal del hombre. La pregunta por
su capacidad de sacrificio interior, sin la que cualquier pregunta por
lo espiritual resulta superflua".

"El sacrificio" fue filmada en 1986, en plena Guerra Fría. Han pasado
más de 25 años, cayó el Muro de Berlín, se desmoronó el sistema
soviético (el mismo que condenó a Tarkovski al exilio), cambió el
"orden mundial", pero el diagnóstico de Tarkovski sigue vigente y
actual. En 25 años la tecnología ha hecho avances espectaculares, la
ciencia ha cruzado fronteras impensadas, pero ¿ha habido un desarrollo
de la conciencia humana de la misma magnitud que ese formidable
desarrollo material?

¿Qué han producido Europa o Estados Unidos en el ámbito estético o
espiritual que se acerque a la magnitud proteica de los reactores
nucleares? ¿Al servicio de qué ha sido puesta la inteligencia humana?
¿Han logrado la ciencia y los científicos una independencia de los
intereses económicos o políticos tal que permita que uno pueda creer
-en crisis como la que hoy vive Japón- los juicios tranquilizadores de
algunos de ellos?

Esto se ve agravado por la habitual práctica de la clase política
japonesa de ocultar información a la población, porque en la cultura
nipona decir la verdad públicamente puede ser descortés. El contraste
entre el civismo y estoicismo ejemplares del pueblo japonés y la falta
de verdad y transparencia de su élite es revelador de una situación
que tiende a darse, en distintas formas, en todo el planeta. Si la
integridad ética alcanzara el mismo nivel de la avidez desbocada y del
afán de poder que hoy campean en el mundo, podríamos dormir
tranquilos. Lamentablemente, la vara moral ha llegado a su nivel más
bajo, mientras los índices de radiación de Fukushima aumentan en forma
alarmante. Todos somos responsables: hemos confiado cada vez más
nuestras vidas a la tecnología, a las cosas, y delegado nuestra
intransferible responsabilidad personal a los intermediarios de toda
especie -políticos, expertos, etcétera.

El mundo está cada vez más afuera y cada vez menos adentro, en el
corazón del hombre, que es donde se juega finalmente todo. Y ahí están
los resultados: en este momento estamos condenados a ser los
espectadores voyeristas de un Chernobyl en cámara lenta. ¿Qué estamos
dispuestos a sacrificar -como Alexander, el personaje de Tarkovski-
antes de que sea demasiado tarde?

MANI TOSTADO por RRA


Las pocas veces que pruebo maní tostado,
en especial cuando viene con cáscara
y ojalá en bolsa de papel,
la adquisición deviene en ceremonia
cuya operación incluye
el proceso de cascar su vaina
y eventualmente desprenderse
de la cascarilla de color rojo,
lo que me traslada
inmediatamente en el tiempo,
por lo menos medio siglo atrás
a un momento expectante:
aquel en el que uno ingresaba
a ese espacio precario pero mágico,
con piso de tierra y cubierto de aserrín,
sillas de madera y graderías
en torno a la 'pista' y sobre la cortina
desde donde emergerían los artistas circenses:
los músicos de la orquesta preparando sus instrumentos.

Todo ese tinglado cubierto
con una enorme carpa multicolor,
era milagrosamente sostenido
por enormes varas inclinadas
y exteriormente tensadas con cuerdas
y ancladas al suelo a unos grandes ganchos.

El maní está asociado a esos momentos previos
de la función de circos con nombres
inolvidables como 'Las Águilas Humanas',
en el que una vez instalado en las aposentadurías,
uno contemplaba el entorno, la pista,
las personas arribando al recinto:
un continuo circular de espectadores
dirigiéndose hacia sus sitios asignados
en una especie de coreografía dispersa
y espontánea como preámbulo
al plato de fondo, el verdadero espectáculo.

Los vendedores con sus chaquetas blancas
y bandejas de madera,
se movían ágilmente entre sillas y personas
ofreciendo el tibio maní tostado
que se vendía como pan caliente,
hasta el momento mismo
en que comenzaba la función,
cuando el recinto quedaba a oscuras
y un solo foco encendido hacía
que las miradas se dirigieran
al centro de la pista...

Todo el mundo se disponía entonces
a contemplar y admirar la habilidad
de los equilibristas y malabaristas,
la tensa relación entre el domador y las fieras,
las chanzas, chistes y todo ese mundo
de exageración y caricatura de los payasos,
pero sobre todo el sabor del maní tostado representa
ese momento en que los niños masticaban expectantes
manteniéndose en vilo a la espera de lo inesperado...

NADA SE PIERDE, TODO SE TRASPAPELA por RRA


NADA SE PIERDE, TODO SE TRASPAPELA

Frecuentemente me sucede,
que estoy buscando un libro
y aunque tengo la casi certeza
de que por ahí está, escondido,
en algún lugar de las estanterías...
no hay caso, no aparece.

Me pongo a buscar Noticias del Extranjero de Pedro Lastra
y me encuentro con Pena de Extrañamiento de Enrique Lihn.
Quiero releer Mal de Amor de Óscar Hahn
y termino hojeando Memorias de un Condenado a Amarte de Floridor Pérez.
De No Faltaba Más de Claudio Bertoni, paso A Peor Vida, de Armando Uribe.

Y así me pasa con todo.
Ando detrás de Elogio de la Melancolía de Armando Roa Vial
y me encuentro con Melancolía Artificial de Roberto Merino.

Ya Hablaremos de la Difícil Juventud, se me confunden Giaconi con Lastra;
La Musiquilla de las Pobres Esferas se me convierte en Una Nota Estridente.

Pero no todo es caos absoluto,
Huacho y Pochocha y el Insectario Amoroso
de Enrique Lihn y Claudia Donoso respectivamente,
permanecen todavía uno al lado del otro (o uno al lado de la otra).

Quisiera que los Discursos de Sobremesa de Parra no terminaran nunca
mientras pienso en Gonzalo Rojas que batalla Contra la Muerte.

¿Estará en la basura Venus en el Pudridero de Anguita,
o estaré condenado con Hahn a Pena de Vida?

¿Por Qué Leer a los Clásicos de Calvino
cuando me absorbe El Ocaso del Pensamiento de Cioran?

Me despido de Wilcok
y su Sinagoga de los Iconoclastas
para terminar leyendo antes de dormirme,
una vez más, El último lector de Ricardo Piglia,
quien se encuentra por estos días en Chile.

Me cuesta algo conciliar el sueño
sabiendo que me estoy perdiendo
las conferencias del autor
de Blanco Nocturno acerca
de 'Las lecturas de un escritor'
y 'Tradición y Traducción'.

¿Nada se pierde, todo se traspapela?
Hasta por ahí nomás.

De partida
se pierde tiempo por un lado
y se gana por el otro.

Quiero pensar con Parra
que de alguna forma estoy perdiendo
el tiempo de una forma provechosa.

Tal vez para sacarme el pillo,
estoy escribiendo estas líneas perdidas
en lugar de ponerme de una vez
por todas a ordenar y botar
antes de que el fin de mundo
me arrase como un tsunami
y se lleve de una vez por todas
mi desorden de papeles y 'papers'.

A propósito, ¿dónde se habrán escondido mis llaves?