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75 Años del Monasterio Benedictino de la Santísima Trinidad de Las Condes‏


75 Años no parece un tiempo muy prolongado
para un benedictino, considerando el tiempo
transcurrido desde que San Benito de Nursia,
considerado el iniciador de la vida monástica
en Occidente fundó la orden benedictina
bajo la regla que lleva su nombre
en el Siglo VI de la era cristiana.

Sin embargo, para valorar lo que ha significado
para la Iglesia y para Chile como luminoso
faro de fidelidad para que en todo 
sea Dios glorificado, además de
constituir de múltiples maneras
en un referente cultural.

Con ocasión de los 75 Años 
del Monasterio Benedictino de la Santísima Trinidad de Las Condes
se celebró una Eucaristía de Acción de Gracias, presidida
por el Arzobispo de Santiago, monseñor Ricardo Ezzati
el día miércoles 4 de diciembre de 2013 en la iglesia abacial.


• Historia del Monasterio Benedictino
Nacimiento del Monasterio Benedictino de Las Condes

No obstante la venerable antigüedad de los benedictinos, siglo VI, y consecuentemente, la abundancia de monasterios que pueblan el viejo mundo testimoniando públicamente su existencia, América española, por expresa disposición de sus reyes, se vio privada de tal testimonio. Se estimó desde principios del siglo XVI que la introducción de órdenes contemplativas masculinas restaría vocaciones a los mendicantes, en perjuicio de la urgente tarea de evangelizar a los naturales. De tal modo se prescindió de un activante elemento espiritual en la construcción de la cristiandad del nuevo mundo, no superado hasta fines del siglo XIX. Es de notar que en los dominios americanos de la corona portuguesa no se observó análogo criterio, fundándose varias casas en el mismo siglo XVI.

El primer monasterio benedictino del cono sur en América española será el de Niño Dios, en la provincia argentina de Entre Ríos en 1899, correspondiendo la iniciativa - a la abadía francesa de BelIoc, de la Congregación Benedictina Sublacense. La primera fundación hecha en Chile fue el priorato de Nuestra Señora de la Nieves, en el camino a Puente Alto, ocurrió en marzo de 1920 como iniciativa de la abadía gallega de Samos, de la misma Congregación Sublacense.

Los orígenes del monasterio de la Santísima Trinidad de Las Condes se remontan más o menos a 1916, cuando don Juan Subercaseaux, futuro Arzobispo de La Serena, estudiaba en el colegio Pío Latinoamericano de Roma. Allí había tenido la oportunidad de conocer a los benedictinos de Solesmes, concibiendo la idea de que pudiesen efectuar una fundación en Chile.

De setiembre del citado 1916 data una carta en la que confía a una de sus hermanas tales proyectos. Concertábanse en tal iniciativa, explicaba, don Manuel y don Jorge Larraín, futuros Obispos de Talca y Chillán, monseñor Luis Enrique Izquierdo, que lo era de Concepción, y nada menos que el Cardenal Billot.

El padre Mauro Matthei ha relatado con detalle los orígenes de la abad ía de Las Condes y dentro de ellos el resultado de estas primeras iniciativas de don Juan Subercaseaux: "ante todo —dice— le faltaba a él y a sus amigos la voluntad de entrega personal: se deseaba tener benedictinos en Chile, pero ninguno de ellos pensaba ser benedictino". Sería Pedro Subercaseaux, hermano de Juan, quien, por providencial designio y bajo otras circunstancias, llevará a cabo la idea.

• Dom Pedro Subercaseaux
OSB

Era hijo de don Ramón Subercaseaux Vicuña, que había sido Ministro de Relaciones Exteriores y Embajador en Berlín, Roma y el Vaticano, notable pintor y escritor, y de doña Amalia Errázuriz Urmeneta, dama de excepcionales virtudes.

El padre Pedro nació en Roma el 10 de enero de 1880. Recibió esmerada educación en un marco de vida profundamente cristiano, tanto en el seno de su ejemplar familia como en los mejores colegios que las misiones diplomáticas de su padre le permitieron frecuentar. Por sobre todo, su extraordinaria disposición para el dibujo y la pintura movió a su padre, pintor al fin, a proporcionarle todas las facilidades posibles para desarrollar este don natural, en contacto con los profesores e instituciones más capacitadas que Europa podía ofrecer a este fin.

El pintor de las glorias de Chile, como se le ha llamado, destacó ya en París, en los tiempos de estudio en la Academia Julian, en los bocetos relativos a composiciones “de género”, uno de los cuales, el abrazo de Maipú, esbozado en esa época, habría de servirle de base para el gran cuadro presentado al concurso internacional en Buenos Aires, con motivo del Centenario de la Independencia Argentina. Puede decirse que no hubo suceso de nuestra historia que escapara a su imaginación de artista, siendo traducido a evocadoras telas marcadas por su inconfundible sello, considerándosele con justicia uno de los más importantes valores de la plástica contemporánea.

En 1906 contrajo matrimonio con Elvira Lyon Otaegui, dama de extraordinaria finura espiritual y profundamente cristiana. En un viaje a Europa en 1919 visitaron diversos monasterios y, estando en misa en Quarr Abbey, en la isla de Wight, Inglaterra, donde estaba trasladada por razones políticas la comunidad de Solesmes, les tocó la lectura del evangelio de Mateo 19, 27: “todo aquel que haya dejado casas, hermanos, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna”. De común acuerdo sintieron ambos esposos el llamado divino, sobre el cual habían conversado antes muchas veces y decidieron dar los pasos para llevarlo a la práctica.

Al efecto, en una audiencia privada tenida con Benedicto XIV, confiaron al Santo Padre su decisión, recibiendo paternalmente su apoyo, los indultos necesarios y sus bendiciones. Doña Elvira ingresó al noviciado de las Damas Catequistas de Loyola, España, el 15 de agosto de 1920, haciéndolo su esposo a continuación al monasterio de Quarr.

La decisión fue comunicada por carta a sus padres, que sufrieron por esta determinación tan extraordinaria como imprevista. Don Ramón, incluso, interpuso su poderosa in fluencia en las esferas vaticanas para ver de lograr disuadir a su hijo de un experimento peligroso, poniéndose para ello en contacto con monseñor Tedeschini, sustituto de la Secretaría de Estado. En su respuesta éste diría a don Ramón: "El Santo Padre es de opinión de que la decisión de don Pedro no fue ni precipitad ni producto de influjos externos. Su edad y su carácter o capacitan para obrar con pleno conocimiento. Su entrada al monasterio se debe a la eximia devoción que siempre ha ornado su alma y de la cual sólo son 'culpables' sus padres tan amados. Su hijo Pedro, que era feliz en el mundo y en la libertad y que sin embargo prefirió la pobreza de Jesucristo para seguir el camino de perfección, se convertirá en un luminoso ejemplo para todos y dará nuevo lustre a la nobleza de su familia".

En su nuevo género de vida, Dom Pedro no pensaba en fundaciones benedictinas en Chile; su formación transcurrió en plena paz y sepa ración del mundo, siempre trabajando en sus pinturas, según el deseo de sus superiores. En cierta ocasión el Abad Dom Delatte le pidió que ilustrara una vida de San Benito, agregando, “pero no se apresure. Hágalo con mucha paz; porque el trabajo de un benedictino debe brotar de la paz y conducir a ella”. El monasterio de Las Condes conserva las acuarelas originales de esta vida.

• Fundación
Fundación del Monasterio Benedictino de Las Condes

Con ocasión de la muerte de doña Amalia, acaecida al llegar a Barcelona en marzo de 1930, Dom Pedro fue autorizado para acompañar a su padre a Chile, oportunidad en que se le hizo manifiesto el vivo deseo de numerosas personas e instituciones de Iglesia respecto a la fundación de un monasterio benedictino. Entre otros Monseñor Carlos Casanueva, rector de la Universidad Católica, hacía proposiciones formales, si bien un tanto fantásticas, ofreciendo terrenos en el cerro San Cristóbal. Don Juan Subercaseaux, a la sazón rector del Seminario, era otro de los interesados, lo que no es de extrañar, si se tiene presente sus primeras iniciativas durante su época de estudiante en Roma.

Por entonces un seminarista de Santiago, Eduardo Lagos Arraño, que manifestara a su rector su vocación a la vida monástica, fue enviado a Quarr, profesando allí en febrero de 1932. Futuro monje de Las Condes, el padre Eduardo sería su primer Abad en 1980.

Durante estos años, mientras Dom Pedro, ya entusiasmado con la idea, interesaba a sus superiores en Quarr, con encomiable diligencia, un caracterizado grupo de seglares y eclesiásticos se movía en Chile para lograr la deseada fundación. Don Juan los capitaneaba.

Sucede entonces un largo y farragoso período de gestación y concreción del plan fundacional, que tropezaba con la prudente resistencia por parte de Abad de Solesmes, Dom Cozien. Una fundación tan lejana no dejaba de plantear graves interrogantes y este género de obras debían ser probadas. Su verificación sería el triunfo de la paciencia ante voluntades aparentemente inconmovibles.

Es digno de resaltar, durante todo este tiempo, el esfuerzo no sólo de don Juan, sino de toda la familia de Dom Pedro, que, oportuna e inoportunamente, movió todos los resortes al alcance de su mano para lograr el deseado objetivo. Entre los muchos capítulos de aquel auténtico drama resalta la intervención de don León Subercaseaux, el hermano menor. Agregado a la Embajada cerca de la Santa Sede, que en 1935 traba contacto con el Cardenal Secretario de Estado, Monseñor Pacelli, a fin de que presionara algo al Abad de Solesmes y decidiera la fundación.

En el intercambio de correspondencia habida en esta ocasión se manifestó claramente el interés de la Santa Sede en esta iniciativa, a la vez que las ideas personales del futuro Pío XII. Asi se lo expresó en abril de 1936 al Abad Primado de los benedictinos padre Fidelis von Stotzingen y posteriormente a la esposa de don León. En la mente del Cardenal Pacelli, la Congregación de Solesmes debería emprender la fundación “hasta que llegado el momento pudiese formarse una congregación sudamericana”. Si la abadía francesa se negaba a esta iniciativa, “se recurriese a la archiabadía alemana de Beuron”. Cabe adelantar que este planteamiento, con pequeñas modificaciones se verificaría de hecho en la práctica.

Hubo aún más. En 1936, con ocasión de una visita del obispo castrense, monseñor Rafael Edwards, a Roma, después de tratar el tema con el Abad Primado y el célebre Cardenal Schuster, Arzobispo benedictino de Milán, visitaba al Abad de Solesmes, a nombre de los obispos de Chile. Al informar a don Juan Subercaseaux del resultado de la entrevista expresaba: “Le he manifestado con cierta tenacidad que todos los obispos de Chile deseamos vehementes esta fundación y que pensamos que ella es un complemento del establecimiento de la Iglesia en Chile. Le he agregado que deseamos que sea Solesmes quien funde; por el gran poder de irradiación que tiene Francia y éste su admirable monasterio y que no nos mueve el desear esta fundación el simple deseo de tener más operarios del Evangelio en Chile (que harto lo necesitamos), sino el deseo de introducir la vida contemplativa y benedictina entre los hombres para rendir culto más perfecto a Dios, para atraernos mayores gracias y para señalar este ideal a nuestros fieles”.

Este planteamiento que definía con gran exactitud el objetivo y orientación de la futura casa, sería acogido con benevolencia por Dom Cozien, quien manifestó a monseñor Edwards que en último término el Capítulo General de su Congregación resolvería la petición. Este se reunió en julio de 1937 y, entre otras importantes materias, aprobó la elevación a abadía del priorato de Quarr y la fundación del monasterio chileno, encargándole a la citada comunidad su verificación.

Entretanto el mismo año se había constituido aquí una “Sociedad Mobiliaria de Las Condes”, encargada de recaudar los fondos para a futura casa y administrarlos. Su presidente sería el distinguido historiador don Carlos Peña Otaegui, amigo de Dom Pedro desde su juventud y primo hermano de doña Elvira; integraban el directorio don Horacio Valdés, cuñado del mismo padre, el presbítero Elías García Huidobro, don Juan Lyon. Un considerable aporte de la insigne benefactora doña Loreto Cousiño de Lyon permitiría la adquisición de la chacra Lo Herrera y la construcción del edificio.

Cupo al primer Abad de Quarr, Dom Gabriel Tissot, como se dijo, abordar la obra, para cuyo efecto se trasladó a Santiago con Dom Pedro Subercaseaux en febrero de 1938. Aquí desplegó extraordinaria actividad, estableciendo contacto con las instancias pertinentes y elaborando un plan entre cuyos puntos destacaban los criterios para la admisión de los primeros postulantes, posibles trabajos comunitarios, incluidos los artísticos.. “El señor Arzobispo —expresaba— ha manifestado que tiene mucho interés en dejar que la obra se funde y se desarrolle en toda libertad, según sus propias tradiciones y sin injerencia de parte suya que pudiese desviar a la comunidad de su ideal monástico. Todos están de acuerdo en reconocer las ventajas que aportaría un monasterio cuyo ideal seria, en el fondo, Solesmes”

El padre Subercaseaux quedaría en Santiago y Dom Tissot, de regreso a Quarr, preparaba el envío de los fundadores. En la correspondencia con la Santa Sede, entablada con el objetivo de obtener las licencias canónicas para el nuevo establecimiento, el Cardenal Pacelli le manifestaba en julio, en una detallada carta y refiriéndose al Santo Padre: “Debe El sin embargo expresar un deseo: y es que sean tomadas las precauciones y las medidas necesarias a fin de que puedan ser guardadas la regularidad y el fervor de la vida monástica. Su intención es, pues, que desde el momento en que la construcción del nuevo monasterio lo permita, los religiosos que deban ocuparlo sean enviados en número suficiente como para que la Regla monástica pueda ser observada plenamente”. Oportunamente se verá la profunda exactitud que tendrían estas sabias prevenciones.

El viernes 28 de octubre de 1938 llegarían a Santiago los fundadores. De Prior vendría Dom Henri Berard, nacido en agosto de 1880, habiendo profesado el 29 de mayo de 1904. Ordenado sacerdote el 24 de junio de 1909, desempeñaría, antes de venir a Chile, el importante cargo de Prior de Solesmes. El ecónomo cerelario sería Dom Marcel Blazy. A él se le deben las primeras páginas de la crónica del monasterio desde el momento de su instalación y, desgraciadamente, como consecuencia de la guerra, sería pronto llamado a Francia. Allí sería elegido Abad de Sainte Anne de Kergonan el 27 de mayo de 1963. Dom Jean Desrocquettes vino con el doble cargo de maestro de canto y organista; retornaría a Quarr en julio de 1948, para desempeñar esos oficios con su natural maestría, en setiembre de aquel año, en que debió hacerse cargo, hasta 1950, del Pontificio Instituto de Música Sagrada de Roma. El hermano Rafael van Hecke sería el encargado de los trabajos agrícolas.

El padre Pedro Subercaseaux, que se uniría al grupo aquí, los esperaba junto al Ministro de Francia y numerosos, amigos de la fundación, cuyo primer domicilio sería la chacra Lo Fontecilla, de don Carlos Peña. De inmediato comenzaría la recitación del Oficio Divino y la vida regular.


• Solesmes
El Monasterio Benedictino y la Congregación de Solesmes

El 4 de diciembre se verificaría la solemne bendición de la primera piedra del futuro monasterio, proyectado noblemente en albañilería reforzada, con ladrillo aparente, por el arquitecto Juan Lyon. Hoy constituye el pabellón más antiguo del Hospital de la Fuerza Aérea. Sin embargo la construcción se dilataría por un par de años, de modo que la generosa hospitalidad brindada por don Carlos Peña debió ampliarse más de lo previsto. Las hermosas casas de Lo Fontecilla, construidas a partir de 1647, se prestaron admirablemente para acoger a la pequeña comunidad, privando automáticamente a su dueño de su uso, que debió limitarse a un pequeño departamento independiente sobre la sacristía de la antigua capilla.

En ésta celebrábase con puntual devoción y dignidad la diaria misa conventual y el oficio, quedando como recuerdo un crucifijo diseñado y pintado por el padre Pedro, al igual que una tarja con el lema PAX sobre el portón de ingreso a las casas.

Aunque no faltaron los candidatos, la precariedad de aquella pequeñísima comunidad, pronto reducida por el regreso de Dom Blazy, sería un factor que conspiró contra la perseverancia de las primeras vocaciones. El padre Mauro Matthei, cuya historia del monasterio hemos venido parafraseando, atribuye a esta causa las dificultades iniciales; acotando las palabras del Cardenal Pacelli, antes citadas, expresa: “Habría de tener consecuencias des favorables para el Monasterio.., el que estas sabias disposiciones de la máxima autoridad de la Iglesia no hubiesen sido tomadas suficientemente en cuenta... el pequeño grupo de cuatro monjes... no pudo proyectar una imagen de la vida monástica suficientemente convincente como para atraer y sobre todo retener a postulantes”. El casi inmediato estallido de la guerra mundial impediría el reaprovisionamiento material y espiritual por parte de la abadía fundadora, en tanto que el desconocimiento local de la vida monástica tornaba lentísimo el eventual flujo de buenos candidatos.

A pesar de que a partir de 1943 se contó con el padre Eduardo Lagos, la vida comunitaria se vio muy limitada en su capacidad de desarrollo, de modo que cuando cuatro años después se verifica la visita canónica de la casa, se acuerda su supresión.

Quedaba a los padres Subercaseaux y Lagos la tarea de obtener, como último esfuerzo antes de reintegrarse a Quarr, el patrocinio de alguna de las congregaciones benedictinas para asumir la fundación. Se contó, en este trance, con la colaboración de diversas amistades, entre ellas don Pedro Errázuriz y don Gustavo Lagos, quienes, en el entendido de que el padre Abad de Solesmes se había inhibido de tal búsqueda, prohibiendo a la vez a los padres chilenos realizar gestiones por su propia cuenta, debieron establecer los contactos pertinentes. El segundo de los citados, tratando de interesar al Abad Dom Martin Muchler, traba contacto en Río de Janeiro con el padre Pablo Gordan, monje de Beuron, quien sí tomó particular interés en el sostenimiento de la fundación chilena, logrando luego que su archiabadía asumiera tal tarea.

El padre Eduardo recuerda que en determinado momento se tuvo el "sí" de dos importantes abadías europeas dispuestas a heredar a Solesmes en el sostenimiento de Las Condes; en la duda decidieron, con el padre Pedro, consultar la opinión del Nuncio Apostólico quien, después de oírlos atentamente, les respondió con la más absoluta seguridad: "ni pensarlo, los alemanes..."

• Beuron
El Monasterio Benedictino y la Congregación de Beuron

Los cuatro primeros monjes beuronenses arribaron a Santiago el 4 de diciembre de 1948, iniciándose el 8, fiesta de la Inmaculada Concepción, la instalación oficial. En este primer grupo habían llegado el Padre Prior Odón Haggenmuller, posteriormente Prior de Beuron y actualmente de Lliu Lliu, en la diócesis de Valparaíso; el padre Silvestre Stenger y los hermanos Antonio Maunz y Leonardo Koch. A continuación se agregaría al padre Bruno Seeger, el padre Pablo Gordan, el padre Desiderio Schmitz y el hermano Baltazar Kurfess.

Aún se agregarían los padres Bonifacio Sultrup y Angel Graf y los hermanos Teodoro Omonsky y Enrique Hugler, en total doce monjes, apreciable dotación que permitiría una implantación completa de la vida regular. Al igual que en el caso de los fundadores solesmenses, la archiabadía de Beuron había cedido miembros óptimamente capacitados para cubrir las diversas responsabilidades de la comunidad. Debe agregarse a los citados el padre Adalberto Metzinger, quien sucedería en 1959 al padre Odón como Prior, hasta 1970, regresando a Beuron en 1972.

Pronto afluirían las primeras vocaciones chilenas y, en el plan jurídico, la casa sería elevada a Priorato conventual el 6 de julio de 1956. El hermoso edificio, parte de un proyecto más amplio, sería vendido en 1953 a la Fuerza Aérea, que, como se indicó, lo habilitó como hospital. La comunidad había adquirido sus actuales terrenos y, en plena etapa de construcción, hubo de desalojar la casa anterior para permitir su adaptación al nuevo destino. Desde agosto de 1955 y durante todo el año siguiente debió de gozar de la hospitalidad de la Congregación de Santa Cruz (Holy Cross), a los pies del cerro Calán.

Cupo al padre Prior Odon la responsabilidad de emprender la construcción del nuevo monasterio; a su sucesor, el padre Adalberto, la de la iglesia y hospedería; al cuarto superior, padre Eduardo, la de la portería, refectorio, servicios y biblioteca, con lo que se completaron las construcciones.

Durante este período el padre Metzinger obtuvo las licencias necesarias para elevar los estudios del monasterio a teologado, aprovechando la existencia, dentro de la comunidad, de varios monjes con los títulos y conocimientos adecuados para poder impartir clases dentro del nivel exigido, completando la dotación del currículum académico con el recurso a profesores invitados, que fácilmente podían acudir desde Santiago.

Este teologado se puso a disposición de los monasterios hermanos más próximos, que así aprovecharían la posibilidad de dar a sus jóvenes la adecuada formación, dentro del marco propio de a vida regular. Entre los estudiantes se contó con grupos de los monasterios de-Puente Alto, Viña del Mar, y de Los Toldos y El Sambión en Argentina.

Con la consolidación del monasterio, bajo el impulso de la Congregación de Beuron, la divina providencia cumpliría el deseo — ¿vaticinio?—- del Cardenal Pacelli, que ya en 1936 había sugerido tal patrocinio.


• Cono Sur
El Monasterio Benedictino 
y la Congregación Benedictina de la Santa Cruz del Cono Sur

Después de una larga etapa de gestación y cumplidos los períodos previos establecidos por el derecho, la Santa Sede creaba, el 27 de diciembre de 1976, la nueva Congregación Benedictina de la Santa Cruz. Integraba los monasterios del cono sur del continente, Argentina, Chile y Uruguay y más tarde Paraguay.

La comunidad, que desde el priorato del padre Metzinger se había esforzado en afianzar los lazos fraternos entre los monasterios de los citados países y que había creado su teologado para reforzarlos y servir al bien común, participó activamente en el proceso conducente a la obtención de esta nueva instancia, cuya efectividad resultaba evidente, y tuvo el honor de que se eligiera a su Prior, padre Lagos, como su primer Presidente.

• Últimos Años
El Monasterio Benedictino en la actualidad

El monasterio sería elevado al rango de Abadía en 1980, siendo bendecido su primer abad, el P. Eduardo Lagos por Su Excelencia el Cardenal Eduardo Pironio, Prefecto de la Congregación de Religiosos, el 22 de noviembre, en una solemne Eucaristía que contó con la asistencia de todos los superiores de la congregación, reunidos en capítulo general.

Víctima de una grave enfermedad, el padre Eduardo hubo de dimitir en abril de 1982, siendo elegido en su reemplazo el reverendo padre Pedro Pérez Errázuriz, en mayo. Después de su dimisión, acaecida en noviembre de 1985, sería designado Prior Administrador el P. Gabriel Guarda, a su vez elegido Abad el 19 de noviembre de 1987. El 18 de diciembre de 1999 sería bendecido el actual abad del monasterio, el P. Benito Rodríguez, por Su Excelencia el Cardenal Francisco Javier Errázuriz.

Según el espíritu y la letra de la regla benedictina y el carisma particular trasmitido por as venerables comunidades fundadoras de Solesmes y Beuron, la de Las Condes trata de vivir un estilo de vida contemplativa, en un marco de oración y silencio, con especial énfasis en la celebración de la liturgia y el canto del oficio inspirado en la tradición recibida de sus mayores. Subraya el trabajo y el estudio en la medida de las capacidades de sus miembros y las condiciones del lugar.

Su hospedería o casa de retiros espirituales, abierta especialmente para sacerdotes, religiosos, seminaristas y seglares, es particularmente frecuentada por jóvenes que buscan compartir con la comunidad, por unos días, su género de vida. Anima grupos de comentario y reflexión bíblica para seglares y oblatos, proporciona dirección y asistencia espiritual a quienes llegan hasta la casa, muchos en busca del sacramento de la penitencia.

Realiza un servicio de asistencia a los pobres del vecindario y de ayuda a otras instituciones de Iglesia en el plano social. Dentro de esta esfera, durante el gobierno del padre Adalberto se creó una escuela agrícola, dotada con óptimos edificios, a la que sucedería una cooperativa para la fabricación de muebles, proporcionando el monasterio los locales, maquinaria, organización y diseño de los muebles. En 1983 le cupo al monasterio la responsabilidad de adecuar los edificios de la primera fundación de monjas benedictinas, hecha por la Abadía de San Pelayo de Oviedo, España, colaborando en la medida de sus posibilidades en su etapa de implantación.

En sus casi setenta años la comunidad cuenta con 19 miembros.



Humanitas
Revista de Antropología y Cultura Cristiana
que se publica trimestralmente desde 1996
bajo el auspicio y apoyo de la 
Pontificia Universidad Católica de Chile,
teniendo como Director desde su fundación
a don Jaime Antúnez Aldunate

Con motivo de los 70 Años desde la fundación
del Monasterio Benedictino de la Santísima Trinidad de Las Condes,
y como Separata de Humanitas N˚ 52, Noviembre de 2008
se publicaron un par de artículos reunidos bajo el título
Orígenes del Monasterio Benedictino de la Santísima Trinidad de Las Condes.

Primero se presenta un texto escrito 
por Fr. Marcel Blazy OSB con ocasión
del 50 aniversario (1988) de esta fundación.  
En él se relatan los históricos 
primeros momentos del nuevo Monasterio.

El segundo texto corresponde a una entrevista 
realizada al Padre Odón Haggenmüller OSB, 
segundo Prior del Monasterio, entre los años 1949 y 1959.  
En el mismo se relata la segunda etapa de esta fundación, 
la cual, después de Solesmes, Francia, fue tomada 
a su cargo por la Archiabadía de Beuron, Alemania.

Más información acerca de este Monasterio Benedictino de Las Condes:

Acogida
Palabras del P. Abad


La actitud de acogida que la Regla de nuestro padre San Benito nos enseña, nos ha llevado a tomar en cuenta a un nuevo tipo de visitante al monasterio y que en un principio no éramos capaces de reconocer. Se trata de un visitante virtual, que ya no toca la campanilla que se encuentra en la portería de nuestro monasterio, sino que se acerca por medio del Internet. San Benito no podía prever cuando escribió su Regla, en la primera mitad del siglo VI, que algo así podía suceder. Pero seguros que lo interpretamos, hemos querido crear esta página web, una especie de portería virtual para atender a nuestros huéspedes virtuales y decirles que aquí estamos y deseamos en lo posible responder a su llamada. En este sitio web podrás encontrar información sobre nuestra comunidad y su vida, sobre lo que significa seguir a Cristo como monje y tomando como guía el Evangelio, algo sobre la espiritualidad monástica benedictina.


Junto con darte la bienvenida a ti, querido visitante virtual, deseo también invitarte a visitarnos personalmente, pues esta portería web de ninguna manera pretende reemplazar a la portería real, que no se alcanza sino viniendo personalmente al monasterio. Si lo que has leído ha sido de tu agrado, quizás podrás sentir el deseo de participar de las Horas (que nosotros llamamos Oficio Divino). O conocernos más quedándote un par de días en nuestra hospedería para compartir nuestra manera de buscar a Dios, al ritmo de nuestra jornada monástica.


Desde ahora que tomas contacto con nosotros puedes unirte a nuestro anhelo de no anteponer nada al amor de Cristo y ayudarnos con tu oración y amistad para que el Señor haga de nuestra comunidad una auténtica escuela del servicio divino. Amén.

P. Benito Rodríguez


En el sitio web de la Abadía Benedictina 
de la Santísima Trinidad delas Condes

Se puede encontrar más información, como por ejemplo:
• San Benito y su obra 
• Espiritualidad benedictina 
• Edificios 
• Hospederías 
• Discernimiento vocacional 

- Horarios — Contacto 
— Artículos — Imágenes y Videos 
— Tienda Monástica — Enlaces

U. I. O. G. D. - Ut In Omnibus Glorificetur Deus

EL DISCO RAYADO



Es curioso cómo funciona la mente.

Tuvieron que pasar más de treinta,
tal vez cuarenta años antes de escuchar 
'Sweet Baby James' como «Lullaby»,
como canción para quedarse dormido,
al estilo de los ambientes de las historietas
de nuestra primera infancia:
historias de vaqueros como Roy Rogers,
Hopalong Cassidy o Gene Autry.

Mientras la balada de James Taylor
se reproducía una y otra vez,
volvían escenas de luminosos
y desolados patios y peladeros
del colegio de Pedro de Valdivia.

Cada pastelón, cada escaso banco
o banqueta, uno que otro esmirriado árbol.
Construcciones eclécticas, por llamarlo
de una forma generosa, empolvadas de tiza,
algo al parecer no muy atractivo.
Pero allí está la añoranza completa.

Especialmente la Casa de las Primeras,
el Patio de las Columnas,
el Bulletin Board; los pupitres
de preparatoria que guardaban
los coloridos First Dictionary,
y sobre una de las paredes
de cada sala, las bolsas de género escocés
en que metíamos el equipo de gimnasia:
una polera de algodón con el color
del respectivo curso,
un short azul y unas zapatillas
blancas de lona, marca Bata.

Los bancos de humanidades
importados de Estados Unidos,
al igual que las mesas del comedor.

Los lockers, el laboratorio,
el teatro del colegio,
la casa de los scouts,
el taller de Manuelito,
la cancha de tenis,
la sala de música,
los talleres de arte,
la librería en el subterráneo
del Edificio de Humanidades,
en la que el Father Dorsey
vendía útiles escolares
la azotea con la antena
de radioaficionado
del Father Provenzano,
la biblioteca del Father Müller,
la oficina del Father Huard,
la Pajarera, la Sala de AudioVisual,
el Hall de Entrada, la Capilla,
la Sala de Profesores,
la Casa de los Curas,
el Patio del Trompo,
las Canchas de Basketball
y Baby Fútbol, los patios
que se llenaban de Stands
para cada Pep Rally,
las School Buses estacionadas
en la calle Los Estanques,
el Foso de Salto Alto,
la imagen de la Virgen
a la que le rezábamos
en el Mes de María,
el Kiosko de las Ureta,
el de Obras Sociales;
la Garita de Pedrito
a la entrada del colegio;
el triciclo de Juan Diablo,
el cajón vidriado de Parrita
en el que vendía sus Dulces chilenos.

Allí está el uniforme clásico del colegio,
la herencia británica de don Carlos Hamilton,
que alcanzamos a utilizar por tres años.

Ese gris con ribeteado de género azul,
la corbata de lana de franjas amarillas y azules;
la camisa gris, los calcetines con una franja
azul acompañada de dos líneas delgadas
del mismo color que subrayaban
las peladas rodillas que soportaban
las cotidianas e interminables pichangas.

Esa tábula rasa es la que sirve para
perderse hasta dormirse…
surgiendo ese taller de creación colectiva,
en el que miles de georgians
se reunían día a día,
para reinventar el mundo,
reírse de todo, escapar a la lata
de la rutina cotidiana,
aprender algo y fortalecer
los vínculos amistosos
y aprender a sobrevivir
en esa acotada jungla de cemento.

La voz de las misses,
con su spanglish,
y una mezcla de determinación,
severidad y momentos de ternura maternal.

La impronta deportiva,
los interescolares,
la efervescencia cuestionadora
de todo impregando todo
de audacia, creatividad y desafío.

Sin saberlo, preparándonos para la vida,
es decir: «Derecho a lo difícil».


paradoja chilena


“…los gobiernos que necesitan Chile y todos los países no son los que se proponen, primordialmente, distribuir las riquezas, sino los que deciden estimular la creación de empresas privadas vigorosas, competitivas y diversificadas que alimenten y sostengan la aparición de clases medias educadas…”

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Michelle Bachelet regresará pronto a la casa de gobierno en Chile. La quieren y, probablemente, lo merece. Ya pasó por La Moneda y abandonó el poder con un altísimo grado de aprobación. Sin embargo, esta vez la han votado para que gobierne de otro modo y lo ha prometido. Habrá salud y educación “gratis”. Va a echar las bases del Estado Benefactor. El gasto público, claro, aumentará sustancialmente, y con él la alegre legión de los funcionarios.

No hay duda. Existe inconformidad en el país con el modelo chileno, pese a sus inmensos éxitos y al hecho innegable de que es hoy la primera economía de América Latina. ¿Por qué? Según Mauricio Rojas, “se trata de un largo proceso que tuvo su espectacular eclosión en el año 2011, con grandes movilizaciones sociales que lograron instalar un discurso antisistema que cuestionó los pilares del modelo chileno”.

Y agrega más adelante: “La centroderecha chilena creyó que la eficiencia del sistema le daría automáticamente legitimidad y apoyo y descuidó el terreno donde realmente se decide el derrotero de las sociedades: el de las ideas”. Esto lo ha escrito, muy preocupado, en un artículo titulado “Chile, rumbo al estado Benefactor y la democracia chavista”.

Mauricio Rojas sabe de lo que habla. En su juventud fue un marxista fiero, miembro del MIR, y tuvo que exiliarse tras el golpe de Augusto Pinochet para que no lo mataran. Se fue a Suecia. Allí, felizmente, se desasnó. Obtuvo un doctorado en Economía en la Universidad de Lund y abandonó las bobas supersticiones marxistas. Luego entendió los errores del Estado Benefactor. Fue diputado por el Partido Liberal y vivió intensamente la rectificación de los excesos cometidos por los socialdemócratas, especialmente tras la crisis de los años noventa.

Suecia era uno de los países más habitables del planeta, pero el excesivo gasto público —llegó a ser el 67% del PIB— y la intervención del Estado acabaron ahogando la iniciativa de la sociedad civil y arruinando las finanzas. Tras el batacazo, los sucesivos gobiernos suecos, además de recortar gastos, aprendieron a depender más del sector privado y a recurrir al mercado mediante sistemas de vouchers que le devolvían a la sociedad la facultad (y el derecho) de elegir. Lo público y lo privado se armonizaron.

La discusión, pues, no debe ser sobre si es conveniente o no erigir un Estado Benefactor. El tema de fondo es otro: ¿Produce suficiente riqueza la sociedad para sostener un modelo de convivencia en el que las personas dispongan de casas confortables, comida variada, ropas adecuadas, estudios y sanidad de calidad, transporte, comunicaciones, diversiones e infraestructuras eficientes? Todo eso es grato, pero cuesta mucho.

Los países escandinavos no están a la cabeza del confort planetario porque decidieron crear Estados benefactores, sino porque generaron un tejido productivo en el sector privado que les permitió segregar sociedades como las que vemos en Suecia, Noruega, Dinamarca o Finlandia. Suiza es Suiza, o Austria es Austria no porque los bondadosos políticos y funcionarios de esas naciones decidieron dotar a esas sociedades de un alto estándar de vida y repartir la riqueza, sino porque el país cuenta con un aparato empresarial privado altamente competitivo que crea empleos bien remunerados y paga impuestos. Aquí no hay duda de si viene primero el huevo o la gallina. Esa es la asignatura pendiente de Chile. El país, sí, va muy bien, pero no tanto como otros y gracias a las exportaciones de cobre, salmón, vino, vegetales y poco más. Como dice el profesor de Harvard Ricardo Hausmann: “Las únicas cosas nuevas que ha desarrollado son las AFP (el estupendo sistema privado de jubilación creado por el economista José Piñera), Falabella y Cencosud (tiendas, supermercados). El país tiene sorprendentemente pocas empresas globalmente competitivas, y eso muestra una falta de diversificación que debiera preocupar”.

Los gobiernos que necesitan Chile y todos los países no son los que se proponen, primordialmente, distribuir las riquezas, sino los que deciden estimular la creación de empresas privadas vigorosas, competitivas y diversificadas que alimenten y sostengan la aparición de clases medias educadas y, de paso, costeen un Estado eficiente. ¿Cómo se hace eso? Ojalá la señora Bachelet lo descubra antes de provocar un descalabro.
-
(El autor de esta columna es un escritor y periodista cubano en el exilio)

Carlos Alberto Montaner

Perdidos en Ñuñoa por Roberto Merino


Diario Las Últimas Noticias, lunes 2 de diciembre de 2013

Hará dos o tres años le sugerí a mi amiga
Camila Valenzuela que no se fuera a vivir a Ñuñoa.

Le dije que ésa era una comuna engañosa,
que la iba a absorber, que mediante
mecanismos casi imperceptibles
le iba a escamotear a sus amigos.

Bueno, ahora ella me escribe
preguntándome con exclamativos
cuándo cresta nos vamos a ver.

La respuesta es difícil
y la realidad también.

Desde que Camila se fue a Ñuñoa
sólo nos vemos en ocasiones
trabajosamente preparadas.

Ya no nos encontramos en la calle.
Ya no estamos al alcance
de un simple y espontáneo telefonazo.

No se trata puramente 
de cuestiones ideológicas,
pero me imagino que la ideología
tiene incidencia en el problema.

No recuerdo cuándo
-mediados de los años noventa quizás-
empezamos a escuchar cosas:
que Ñuñoa era un especie 
de reservorio de la vida auténtica,
republicana, de barrio, a escala humana,
de clase media y blablablá.

Que allá era posible vivir 
sin las presiones de una sociedad 
crecientemente consumista y exitista,
rescatando las antiguas formas
de la sociabilidad chilena.

Estas afirmaciones 
no eran parte de una campaña oficial,
sino de una especie de consentimiento
colectivo filtrado en las conversaciones.

Ahora me acuerdo de unos tipos
vagamente enrolados 
con la medianía o con el fracaso,
con los proyectos que nunca resultaban,
con el anhelo de un mundo más justo,
un mundo que calificara 
a los seres humanos según sus méritos.

Estos tipos eran lentos e irónicos.

Hacían muchas pausas al hablar:
paladeaban el silencio
lo mismo que las diferentes 
cepas y maridajes de los vinos.

Distinguían el sexo del buen sexo,
la pornografía del erotismo,
el cine del cine arte.

Les gustaba la música 
de cualquier tipo
"siempre que sea buena".

En fin, estos tipos de repente
informaban que se habían cambiado a Ñuñoa,
a una casita modesta con parrón,
cerca de una verdulería y de una panadería
atendida por su propio dueño.

Era como una ley de la electrodinámica:
Ñuñoa imantó a esta clase de individuos
en un proceso que un planificador regional
podría demostrar gráficamente en el plano de la ciudad.

Yo conocí bastante bien una Ñuñoa anterior,
a la que se llamaba "burguesa",
pero nunca desarrollé vínculos afectivos
con sus calles ni con sus boliches.

La piscina Mund, la Lincoyán;
el teatro California, el Dante, el Andes;
los restaurantes Renhania, 
Las Alegrías de España,
El Amigo de Todas las Naciones,
estos últimos en el eje de Irarrázaval.

Imágenes que me llegan de la memoria,
cuentos de mis padres de los años cincuenta
en Los Guindos, en regresos nocturnos
primaverales atemperados ahora
por la irrealidad, fotografías con rejas
con enredaderas, un Ford 40 plomo
estacionado junto a unas azaleas,
la aparente liviandad de la vida 
antes de mi existencia.

Pero no dije nada 
de lo que tenía presupuestado,
como casi siempre.

Lo único que puedo enfatizar
es que en mi experiencia
Ñuñoa parece estar al otro lado
de un muro magnético
que corta en dos el espacio,
cuando no el tiempo.

Santiago se expande de nuevo



Miguel Laborde 

Diario El Mercurio, sábado 30 de noviembre de 2013

Las megápolis son un signo del Tercer Mundo, 
ciudades nexo que comunican a un país 
con el resto del mundo y lo alejan de su territorio propio. 

Santiago está ahora cerca de Londres -por las redes-, 
pero a años luz de cualquier otra ciudad chilena.

De las megápolis gigantescas, 
casi todas las mayores 
se ubican en América Latina, 
en países que esperan -esperamos- 
llegar al desarrollo en este siglo. 

Pero tendremos que arrastrar ese peso gigantesco.

Las razones esgrimidas para sumar 
ahora 10 mil hectáreas más al Gran Santiago 
son las mismas de siempre; 
que si no se expande aumentará 
el precio de las viviendas en la capital 
y ellas se volverán inalcanzables 
para las clases medias, y a la vez, 
las sociales subirían de tal manera 
-por el valor del suelo-, que el Estado 
no podría financiar la cantidad que necesita.

Pero esos argumentos son internos. 

No consideran la descentralización, 
o la satelización; cuando se creó 
el Plan Intercomunal de1960, 
es por eso que se propuso 
mejorar la conectividad 
con Melipilla, Casablanca, Buin y Colina, 
para comenzar a crecer en estos polos 
y no, interminablemente, 
ampliando la mancha capitalina.

Se dice que hay que acoger 
a 1,6 millones de personas de aquí al 2030, 
pero no se explica por qué tienen 
que concentrarse todas en Santiago. 

En todo el mundo la economía 
hace subir y bajar los precios 
de las propiedades, 
y frente a ello la demanda reacciona. 

En Detroit, aunque 
se han venido abajo los precios, 
emigraron millones porque no hay empleo; 
en París están altos y escasean las viviendas, 
por lo que la nueva generación 
-en torno a los treinta años de edad- 
está poblando ciudades de provincia, 
lo que es una ventaja para una Francia 
que celebra tener un nuevo capital humano 
de primera línea disperso en todo su territorio.

También es tercermundista el reciclaje de los barrios, 
la pérdida constante de patrimonios urbanos. 

Así como hemos visto construirse 
y desaparecer gran parte de Las Condes y Vitacura, 
nuestros hijos asistirán a la demolición de La Dehesa y Chicureo. 

Mucha de la mejor arquitectura chilena 
desaparece en una sola generación 
o en vida de los hijos de sus creadores.

Aquí tenemos un desorden 
que revela confusión de propósitos; 
lo de "La ciudad que queremos" 
fue una fantasía del Colegio de Arquitectos, 
porque los ciudadanos no tenemos instancias 
en las que nuestra opinión tenga un valor 
que se pueda clasificar como de participativa.

Las propuestas técnicas 
de la Comisión Asesora Presidencial 
tampoco fueron consideradas. 

¿Qué vamos a hacer el año 2030 
cuando, supuestamente, se 'acaben' 
las 10 mil hectáreas que se agregaron ahora? 
¿Otras 10 mil?

Los expertos han coincidido 
en que Chile no debiera tener más de seis regiones, 
que su capacidad de emprendimiento y gestión 
no le permite tener quince. 

Con un orden territorial, 
tal vez podría romperse 
la concentración en Santiago, 
la que deja sin aire a las cabeceras regionales.

Es ahora el Sudeste Asiático, 
beneficiado con impulsos financieros acelerados, 
el que está dando un ejemplo "neocapitalista" 
de cómo orientar las inversiones 
dentro de un marco de operaciones
 que surge de una estrategia-país. 

Las ampliaciones se aceptan aquí con resignación, 
por la esperanza -nunca cumplida- de que se trata 
de la última, que nunca más se repetirá. 

Pero ahora ya sabemos 
que el límite no existe: 
Santiago quiere ser Chile.

Más sobre megápolis en: 

Woody Allen, el documental


"Weide recoge, correctamente, la relación de Allen con las mujeres, que está en el centro de algunos de los momentos memorables de su cine. Registra de una manera aguda sus singulares métodos de trabajo, desde la escritura de fragmentos sueltos hasta la tortura de la sala de edición. Repasa su filmografía con la voluntad de hallar las señas biográficas..."


No es fácil hacer películas sobre cineastas. El “retrato del artista” siempre partirá de una premisa admirativa y, sobre todo, de la convicción en que ese artista existe, es grande y es interesante. Las estrategias para emprender la tarea pueden semejar una pesquisa casi policial, como la notable Roman Polanski: Wanted and desired (2008), de Marina Zenovich; o un esfuerzo interpretativo, como la Elegía de Moscú (1987), el espléndido ensayo visual de Alexander Sokurov sobre Andrei Tarkovski; o una exhaustiva indagatoria sobre la obra y los métodos con que ha sido construida, modelo de lo cual es la Vida de un cineasta: Kenji Mizoguchi (1975), de Kaneto Shindô.

El cineasta Robert B. Weide ha elegido esta última. A través de conversaciones con Woody Allen, 36 entrevistas con sus colaboradores y la cuidadosa selección de algunos momentos de las 42 películas que había dirigido hasta 2011, Weide se interna en la historia del niño judío nacido en Brooklyn, que tuvo una precoz percepción de la muerte y una falta de fe religiosa que lo perseguiría por más de 70 años.

Allen ganaba más dinero que sus padres escribiendo chistes para periódicos a los 17 años, a los 26 ya era un comediante de fama nacional y a los 31 debutaba en el cine por la puerta de la farsa. Sus primeras películas siguieron ese patrón, hasta que en 1977 Dos extraños amantes introdujo un giro hacia el drama y los problemas del amor, el desamor y la familia, y tiene razón Martin Scorsese cuando afirma que Allen intentaba seguir su vocación como artista y su propio cambio personal. Desde entonces, ha alternado drama y comedia (y a menudo en una misma película) como las dos vocaciones que lo movilizan.

Aunque Allen ha querido formarse una fama de cineasta reservado, es con toda probabilidad el que más ha aparecido en programas de televisión, antologías y documentales acerca de su carrera. Con todo, es verdad que nunca antes se había mostrado tan introspectivo respecto de su obra.

Weide recoge, correctamente, la relación de Allen con las mujeres, que está en el centro de algunos de los momentos memorables de su cine. Registra de una manera aguda sus singulares métodos de trabajo, desde la escritura de fragmentos sueltos hasta la tortura de la sala de edición. Repasa su filmografía con la voluntad de hallar las señas biográficas, aunque esto sea, como advertía Benedetto Croce, un ejercicio algo inmaduro.

Pero lo más sorprendente es la angustia de Woody Allen frente a su convicción de no ser un gran artista, de no haber conseguido nunca una obra maestra y de seguir luchando para ello con pocas esperanzas. Este es un Allen más lúcido que sus admiradores, con una notable capacidad de divisar sus limitaciones y hasta reírse de ellas. Es un Allen que quizás no pase a la historia del cine, pero que ya tiene un lugar en la historia de los cineastas.

Woody Allen –The documentary. Dirección: Robert B. Weide. Con: Woody Allen, Diane Keaton, Betty Aronson, Mira Sorvino, Sean Penn, Naomi Watts. 113 minutos.

La sabiduría de saber llegar


Aylwin es una inspiración para todos aquellos que viven en los asuntos públicos. Porque al final es un hombre de Estado; de esos que miran todo con sentido país.

por Andrés Benítez - Diario La Tercera 30/11/2013 





PARA LA mayoría, el paso de los años es siempre un problema. Para la sociedad, también. La población en Chile y el mundo envejece, y todo esto es visto como una crisis. Los viejos aparecen como una dificultad, un costo que tendrán que asumir las nuevas generaciones. Esta visión, sin embargo, choca permanentemente con personas que, con el tiempo, no sólo crecen en edad, sino también en sabiduría. Ellos, más que un estorbo, son un aporte vital para todos.
Esta semana, en Chile tuvimos dos ejemplos notables de lo anterior: Patricio Aylwin y Cat Stevens. Ambos tienen poco en común. Uno es mucho más viejo que el otro. Uno es político, el otro cantante. Pero los dos son ejemplos de personas que iluminan. Cada uno en su estilo y ámbito es fundamental.
Aylwin cumplió 95 años, el martes, y cada vez más asienta en él la figura del ex presidente que todos queremos. Es curioso lo que ha sucedido, porque durante su vida activa fue un tipo más bien fome de carácter. No tiene la impronta de Lagos, el carisma de Bachelet ni la rapidez de Piñera. Era más bien el clásico profesor de derecho administrativo. Pero su gobierno es hoy un ejemplo. No sólo por ser responsable de la transición, sino porque también tiene a su haber el mejor desempeño económico de los últimos tiempos.
Pero su mayor reconocimiento tiene que ver, a mi juicio, con su forma de saber retirarse. Su hija Mariana señaló esta semana que a su padre le costó desprenderse de la vida activa, que se siente inútil, que sabe que su tiempo ya pasó hace rato. Es una forma de verlo. Pero también hay otra. Aylwin es un ejemplo vivo, una inspiración para todos aquellos que viven en los asuntos públicos. Por eso, esta semana, con motivo de su cumpleaños, lo visitaron Piñera y Bachelet. Y él los recibió con el mismo cariño y respeto. Porque al final es un hombre de Estado; de esos que están por sobre las contingencias y miran todo con sentido país. Y ese es un aporte invaluable en los tiempos que corren, porque refleja el lado más trascendente de la política.
Cat Stevens, hoy Yusuf Islam, es un artista que optó por volver luego de 30 años de retiro de los escenarios, pero no de sus creencias. Y regresa como un hombre maduro. A sus 65 años, ya no pretende ser la estrella de antes. Al igual que Aylwin, sabe que su tiempo pasó. Por ello, ahora se presenta como un viejo amigo, desnudo de la parafernalia actual. Su espectáculo, su vestimenta, sus movimientos, son sencillos. Lo suyo es el recogimiento. Y cantando las canciones de siempre, logra una conexión casi espiritual con su audiencia. Todos los que lo vieron se fueron con una sensación de paz a sus casas. Como Aylwin en la política, Stevens nos muestra la mejor cara de la música.
Para la sociedad moderna, Aylwin ya debiera estar postrado, y Cat Stevens en edad de jubilar. Pero ellos son la muestra de esa tremenda equivocación que tenemos de descartar a las personas cuando envejecen. Es cierto, los dos han tenido la sabiduría de saber llegar, pero ejemplos como estos hay muchos. Es cosa de abrir los ojos y así entender que envejecer como sociedad puede ser una gran noticia. Y si pensamos así, de seguro aparecerán otros viejos choros que hoy piden a gritos un espacio para participar.