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San Matías, Apóstol‏




Meditación del día de Hablar con Dios

14 de mayo

SAN MATÍAS, APÓSTOL*

Fiesta

— Dios es el que elige.

— Nunca faltan las gracias para llevar a cabo la propia vocación.

— La felicidad y el sentido de la vida están en seguir la llamada que Dios hace a cada hombre, a cada mujer.

I. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy Yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca1.

Después de la traición de Judas había quedado un puesto vacante entre los Doce. Con la elección del nuevo Apóstol se había de cumplir lo que el mismo Espíritu Santo había profetizado y lo que Jesús expresamente había instituido. El Señor quiso que fueran doce sus Apóstoles2. El nuevo Pueblo de Dios debía estar asentado sobre doce columnas, como el antiguo lo había estado sobre las doce tribus de Israel3. San Pedro, ejerciendo su potestad primada ante aquellos ciento veinte discípulos reunidos, declara las condiciones que ha de tener el que complete el Colegio Apostólico, según había aprendido del Maestro: el discípulo ha de conocer a Jesús y ser testigo suyo. Por eso, Pedro señala en su discurso: Es necesario que de los hombres que nos han acompañado todo el tiempo en que el Señor Jesús vivió entre nosotros, empezando desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue elevado de entre nosotros, uno de ellos sea constituido con nosotros testigo de su resurrección4. El Apóstol pone de relieve la necesidad de que el nuevo elegido sea testigo ocular de la predicación y de los hechos de Jesús a lo largo de su vida pública, y de modo especial de la Resurrección. Treinta años más tarde, asegura en las últimas palabras que dirigió a todos los cristianos: No os hemos dado a conocer el poder de Jesús y su venida siguiendo fábulas ingeniosas, sino como testigos oculares de su grandeza5.

Pedro no elige, sino que deja la suerte a Dios, según se hacía a veces en el Antiguo Testamento6. Se echan suertes, pero es Dios quien da la decisión, se lee en el Libro de los Proverbios7. Presentaron a dos, a José, llamado Barsabas, por sobrenombre Justo, y a Matías, forma abreviada de Matatías, que significa regalo de Dios. Echaron suertes, y la suerte recayó sobre Matías, que fue agregado al número de los Once Apóstoles. Un historiador antiguo recoge una tradición que afirma que este discípulo pertenecía al grupo de los setenta y dos que, enviados por Jesús, fueron a predicar por las ciudades de Israel8.

Antes de la elección, Pedro y toda la comunidad ruegan a Dios, porque la elección no la hacen ellos, la vocación es siempre elección divina. Por eso dice: Tú, Señor, que conoces el corazón de todos, muestra a cuál de estos has elegido. Los Once y los demás discípulos no se atreven por sí mismos, por sus propias consideraciones o simpatías, a tomar la responsabilidad de señalar un sucesor a Judas. San Pablo, cuando se siente movido a declarar el origen de su misión, indica que ha sido constituido no por los hombres ni por la autoridad de un hombre, sino solo por Jesucristo, y por Dios, su Padre9. Es el Señor el que elige y envía. También ahora.

Cada uno de nosotros tiene una vocación divina, una llamada a la santidad y al apostolado, recibida en el Bautismo y especificada después en las sucesivas intervenciones de Dios en la propia historia personal. Y hay momentos en que esta llamada a seguir de cerca a Jesús se hace particularmente intensa y clara. «Yo tampoco pensaba que Dios me cogiera como lo hizo. Pero el Señor (...) no nos pide permiso para “complicarnos la vida”. Se mete y... ¡ya está!»10. Y luego toca a cada uno corresponder. Hoy podemos preguntarnos en nuestra oración: ¿soy fiel a lo que el Señor quiere de mí?, ¿busco hacer la voluntad de Dios en todos mis proyectos?, ¿estoy dispuesto a corresponder a lo que el Señor a lo largo de la vida me va pidiendo?

II. ... et cecidit sors super Matthiam..., y recayó la suerte sobre Matías... La llamada de Matías nos recuerda que la vocación recibida es un don siempre inmerecido. Dios nos destina a asemejarnos cada vez más a Cristo, a participar de la vida divina, nos asigna una misión en la vida y nos quiere junto a Él, en una vida eterna felicísima. Cada uno tiene una llamada de Dios para estar cerca de Cristo y para extender su reinado en el propio ámbito y según sus circunstancias.

Además de esta llamada universal a la santidad, Jesús hace especiales llamamientos. Y llama a muchos: a algunos para que den un testimonio particular alejándose del mundo, o para prestar un servicio particular en el sacerdocio; a la inmensa mayoría, el Señor los llama para que, estando en el mundo, lo vivifiquen desde dentro en el matrimonio, que es «camino de santidad»11, o en el celibato, en el que se entrega el corazón entero por amor a Dios y a las almas.

La vocación no nace de buenos deseos o de grandes aspiraciones. Los Apóstoles, y ahora Matías, no eligieron ellos al Señor como Maestro, según la costumbre judía de seleccionar al rabino del que uno debía aprender. Fue Cristo quien los entresacó a ellos; a unos directamente, a Matías a través de esta elección que la Iglesia deja en las manos de Dios. No sois vosotros los que me habéis elegido -les recordará Jesús en la Última Cena, y hoy leemos en el Evangelio de la Misa-, sino Yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca12. ¿Por qué llegaron estos hombres a gozar de este inmenso don? ¿Por qué ellos precisamente y no otros? No cabe preguntarse por qué razón fueron elegidos. Simplemente, los llamó el Señor. Y en esa libérrima elección de Cristo –llamó a los que quiso13– estriba todo su honor y la esencia de su vida.

Desde el primer momento en que Jesús se fija en un alma y la invita a seguirle, se suceden luego otras muchas llamadas, que quizá parecen pequeñas, pero que señalan el camino; «a lo largo de la vida, de ordinario poco a poco pero constantemente, Dios nos propone –con invitación exigente– muchas “determinaciones” de esa llamada radical, que implican siempre la relación de persona a persona con Cristo. Dios nos pide desde el principio la decisión de seguirle, pero nos oculta, con sabia pedagogía, la totalidad de las posteriores determinaciones de aquella decisión, tal vez porque no seríamos capaces de aceptarlas in actu»14, en aquel momento. El Señor da luces y gracias particulares en esos impulsos en los que el Espíritu Santo parece tirar del alma hacia arriba, en deseos de ser mejores, de servir más a los hombres, y de modo particular a los que cada día conviven con nosotros. Nunca faltan sus gracias.

Matías, según nos señala la tradición, murió mártir, como los demás Apóstoles. La esencia de su vida estuvo en llevar a cabo el dulce y a veces doloroso encargo que aquel día puso el Espíritu Santo sobre sus hombros. También en la fidelidad a la propia vocación está nuestra mayor felicidad y el sentido de la propia vida, que el Señor va desvelando a su tiempo.

III. Jesús elige a los suyos, les llama. Este llamamiento es su mayor honor, lo que les da derecho a una particular unión con el Maestro, a especiales gracias, a ser escuchados de modo muy particular en la intimidad de la oración. «La vocación de cada uno se funde, hasta cierto punto, con su propio ser: se puede decir que vocación y persona se hacen una misma cosa. Esto significa que en la iniciativa creadora de Dios entra un particular acto de amor para con los llamados, no solo a la salvación, sino al ministerio de la salvación. Por eso, desde la eternidad, desde que comenzamos a existir en los designios del Creador y Él nos quiso criaturas, también nos quiso llamados, predisponiendo en nosotros los dones y las condiciones para la respuesta personal, consciente y oportuna a la llamada de Cristo o de la Iglesia. Dios que nos ama, que es Amor, es también Aquel que llama (cfr. Rom 9, 11)»15.

Pablo comienza sus cartas así: Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado al apostolado, elegido para predicar el Evangelio de Dios16. Llamado y elegido no por los hombres ni por la autoridad de un hombre, sino solo por Jesucristo, y por Dios, su Padre17. El Señor nos llama como llamó a Moisés18, a Samuel19, a Isaías20. Vocación que no se fundamenta en ningún mérito personal: Yahvé me llamó desde antes de mi nacimiento21. Y San Pablo lo dirá aún más categóricamente: Nos llamó con vocación santa, no en virtud de nuestras obras, sino en virtud de su designio22.

Jesús llamó a sus discípulos para que compartieran con Él su cáliz, es decir, su vida y su misión. Ahora nos invita a nosotros: hemos de estar atentos para no oscurecer esa voz con el ruido de las cosas, que, si no son en Él y por Él, no tienen el menor interés. Cuando se oye la voz de Cristo que invita a seguirle del todo, nada importa frente a la realidad de seguirle. Y Él, a lo largo de la vida, nos va desvelando la riqueza inmensa contenida en la primera llamada, la de aquel día que pasó más cerca de nosotros.

Apenas elegido, Matías se hunde de nuevo en el silencio. Con los demás Apóstoles experimentó el ardiente gozo de Pentecostés. Caminó, predicó y curó a enfermos, pero su nombre no vuelve a aparecer en la Sagrada Escritura. Como los demás Apóstoles, dejó una estela de fe imborrable que dura hasta nuestros días. Fue una luz encendida que Dios contempló con inmenso gozo desde el Cielo.

1 Antífona de entrada, Jn 15, 16. — 2 Cfr. Mt 19, 28. — 3 Cfr. Ef 2, 20. — 4 Hch 1. 21-22. — 5 2 Pdr 1. 16. — 6 Cfr. Lev 16, 8-9; Num 26, 55. — 7 Prov 16, 33. — 8 Cfr. Eusebio, Historia Ecclesiástica, 1, 12. — 9 Gal 1, 1. — 10 San Josemaría Escrivá, Forja, n. 902. — 11 Cfr. Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, Rialp, 14ª ed., Madrid 1985, n. 92. — 12 Jn 15, 16. — 13 Mc 3, 13. — 14 P. Rodríguez, Vocación, trabajo, contemplación, EUNSA, Pamplona 1986, p. 28. — 15 Juan Pablo II, Alocución en Porto Alegre, 5-VII-1980. — 16 Rom 1. 1; 1 Cor 1, 1. — 17 Gal 1, 1. — 18 Ex 3, 4: 19, 20; 24, 16. — 19 1 Sam 3. 4. — 20 1, 49, 1. — 21 Is 48, 8. — 22 2 Tim 1, 9.

* Después de la Ascensión, mientras esperaban la venida del Espíritu Santo, los Apóstoles eligieron a Matías para que ocupara el puesto de Judas y quedara completo el número de los Doce, que representaban a las doce tribus de Israel. Matías había sido discípulo del Señor y testigo de la Resurrección. Según la tradición, evangelizó Etiopía, donde sufrió martirio. Sus reliquias, por encargo de Santa Elena, fueron llevadas a Tréveris. Es el Patrono de esta ciudad.

Joni Mitchell: Full concert‏



Jazz on the Tube (letters@jazzonthetube.com)
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13-05-2013

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Para: negro rico



Negro

She collaborated with Charles Mingus, but
he didn't live to hear the final results.

Joni Mitchell with Pat Metheny and
Jaco Pastrorius at the Los Angeles
Greek Theater, 1979.

Video:

http://www.jazzonthetube.com/page/23296.html

La cifra de un abandono...‏

La cifra de un abandono...‏


"Yo", "uno", lo que sea

por Roberto Merino

Diario Las Últimas Noticias, lunes 13 de mayo de 2013



Por algún motivo que desconozco,

uno pasa de un estado de ánimo al otro

sin atender el modo en que

éstos se manifiestan en el cuerpo.



Siempre estamos proyectando

la mirada en el exterior,

pero a veces es recomendable

retrotraerla a esa mezcla rara

de memoria, conciencia y bulto humano

que constituye lo que denominamos

"yo", "uno", lo que sea.



¿Recomendable en qué sentido?



En el sentido

de restarle importancia

a nuestras propias opiniones,

diagnósticos y variados énfasis,

sobre todo a los elaborados

en trances de ansiedad paralizante

(bramar por los objetivos

descartando los medios).



En ocasiones, por ejemplo,

no nos damos cuenta de la conjunción

de tres síntomas matinales que nos afectan:

desconcentración, pesadez de párpados

y un pequeño escalofrío establecido

en el tercio inferior de la columna.



Nos quedamos simplemente en los efectos:

nos sentimos desvinculados del mundo,

con un pie en el resbaloso plano inclinado

de la depresión, sin ganas de hablar ni de pensar,

miramos las calles de los primeros nublados del año

y vemos en ellos un problema insoluble de ajenidad:

ese plomo del asfalto que parece

reflejar las nubes sin ser un espejo;

esos papeluchos plásticos de papas fritas

o alfajores que un viento débil

mueve levemente, con mala voluntad;

esas como huellas de ríos secos que hay en las cunetas;

cadenas oxidadas, escalas de aluminio,

árboles somnolientos, mercaderías baratas

expuestas en una lona en el suelo;

en fin, todo aquello que nos devuelve

la imagen, la cifra de un abandono.



Por otra parte, si estuviéramos todo el tiempo

pendientes de cómo sentimos,

llegaríamos igualmente a la inmovilidad,

en la medida en que ese plan es infinito.



Ya los saben los obsesivos y los hipocondríacos,

siempre se puede ir un poco más allá en esta materia:

de la tensión en los maxilares podemos pasar

a la opresión de la tráquea, de las puntadas en el cerebelo

al hueco ardiente en el plexo solar, de la trabazón

de las articulaciones a los movimientos peristálticos.



He logrado entender

que esta lúgubre disposición

se verifica siempre que tenemos

cosas pendientes, aplazadas o peloteadas.



Una cita hecha

en un momento de entusiasmo voluntarista,

una reunión "corporativa" donde

nos van a dar la lata con un power point,

la legalización de unos arreglos inmobiliarios,

repactación de deudas, dentistas,

plumones sucios que llevar a la lavandería,

plazos que vencen, que se renuevan,

que vencen otra vez.



En eso nos pasamos el tiempo,

o bien de esa manera

el tiempo nos sobrepasa.



Lo increíble es que contemos

con un instinto que nos permite

sobrevivir a la lata:

nos distraemos, nos olvidamos

y recuperamos tramos de felicidad reconocible,

la certeza de ser livianos, irresponsables, juveniles.

Ustedes son testigos de todo esto


por Monseñor André Arteaga Manieu
Obispo Auxiliar de Santiago
Diario El Mercurio, domingo 12 de mayo de 2013

Para comprender el acontecimiento de la Resurrección de Jesús,
es necesario integrarlo en el contexto de la historia de la salvación con ese otro misterio de la Ascensión del Jesucristo.
Acontecimiento que en este domingo celebra la liturgia de la Iglesia. No es un asunto 'atmosférico' o 'meteorológico' de cielo, nubes y tierra.

Jesús, después de realizar su ministerio salvífico terreno, muere en la cruz y vuelve a la vida. Durante cuarenta días se aparece a los discípulos de una manera nueva, que los llena de alegría.
Regresa a su lugar, a la diestra del Padre, con la promesa del Espíritu Santo, que llega a los discípulos que permanecen en oración, con María.

No hay confines donde su palabra no deba ser anunciada. La misión de la Iglesia tiene un carácter universal, no tiene fronteras.

Con Él ya en el cielo, comienza definitivamente la transformación del mundo y de la humanidad toda. No es una reanimación para volver a vivir y luego morir (como en el caso de Lázaro y otros), sino un triunfo definitivo sobre la muerte y el pecado, que el Padre le ha otorgado a su Hijo y que se derrama sobre el cuerpo de la Iglesia, del cual Cristo es cabeza. Y sobre todo el mundo creado. Pues todo será consumado. Y habrá cielos nuevos y Tierra nueva.

Testigos de estos misterios son los apóstoles, como consignan los evangelios, y todos los creyentes de todos los tiempos. Con el corazón bien puesto en los bienes definitivos en medio del mundo inestable. Como afirma el Vaticano II:

«Constituido Señor por su resurrección, Cristo,
a quien ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra,
por la fuerza de su Espíritu obra ya en los corazones de los hombres no sólo suscitando el anhelo del siglo futuro, sino también animando, purificando y fortaleciendo de un modo nuevo aquellos propósitos generosos con los que la familia humana intenta hacer más humana su propia vida y someter toda la Tierra a este fin» (Gaudium et Spes 38).

de MARIO AZOFEIFA DE COSTA RICA

Carlitos:
Te felicito. Innovador y atrevido a los 60.
Siempre he creído conveniente dar un empujón a los nuevos empresarios, pero creo que estoy muy lejos,
Apenas vaya por allá, pasaré a comprarme un buen lomito.
Promocionaré el negocio con mi familia chilena.

Un abrazo, amigo querido




El 8 de mayo de 2013 17:47, carlos tironi <carlostironib@gmail.com> escribió:


LA VIDA TIENE TODAS LAS VUELTAS, Y EN TODAS SE APRENDE Y EMPRENDE ALGO NUEVO. ESTOY DE DUEÑO ASOCIADO CON UNO DE MIS HIJOS. PURA AVENTURA. REINVENTE, UN POCO DE LOCURA A LOS 60. NOSTALGIA. DE TODO UN POCO

LOS INVITO A CONOCER LA MEJOR CARNICERÍA DE BARRIO DE SANTIAGO EN EL BARRIO ITALIA, TODO FRESCO, COMO ANTES, CHILENA, DE NUESTRO SUR, CALIDAD GARANTIZADA.

UN ABRAZO



HORARIO BARRIO: Lunes a Viernes de 9:30 a 14:30 / 17:30 a 20:30

Sábado: 10:00 a 20:30 continuado

DELIVERY SEGÚN PEDIDO

mercado y/o estado?

Columnistas
¿Mercado y/o Estado?
por Serio Urzúa, Diario El Mercurio, Domingo 12 de mayo de 2013
http://www.elmercurio.com/blogs/2013/05/12/11675/Mercado-yo-Estado.aspx
"¿Una estación de Metro al aeropuerto? Le apuesto que el lobby para que esto no ocurra será grande...."
Sergio Urzua
Hoy es políticamente incorrecto defender la competencia. El malestar social se interpreta como contra las leyes de mercado. En la clase política, la balanza entre más Estado o más mercado ha sido inclinada hacia la izquierda. Pero muchas de las quejas contra el modelo -concepto ambiguo, que se presta para todo- no son atribuibles a los principios de mercado. Le doy un ejemplo.

Al salir del aeropuerto de Santiago, luego de pasar por los controles y antes de salir de la zona de seguridad, uno se encuentra con varios servicios de taxis oficiales. Están todos juntos, uno al lado del otro, en posición privilegiada para captar la atención de los pasajeros. La configuración hace pensar que la competencia por los clientes es fiera y que los precios y el servicio deberían así reflejarlo. Pero no es así. Basta consultar para darse cuenta de que algo anda mal: -"¿Cuánto sale un taxi a Providencia?". -"18 mil pesos", me responde la persona a cargo del primer mesón. - "¿No es un poco caro?", inquiero. -"Bueno, si no le gusta, pregunte al lado", me ladra.

Siguiendo la amable sugerencia, paso al siguiente mesón, recibiendo una tarifa de 17 mil pesos. La diferencia sugiere que la competencia no es tal. Le hago la consulta al nuevo encargado. Me responde que los precios entre compañías varían dependiendo de la zona. "Un viaje a Las Condes sale más caro aquí que allá, y viceversa a Providencia". La respuesta me deja aún más perplejo. ¿No son los costos marginales de un viaje a Providencia idénticos entre compañías? Las dudas me llevaron a desechar las ofertas y buscar otras alternativas.

Por suerte, al cruzar las puertas para salir del terminal, me encuentro con un mercado activo de taxistas, ávidos de negociar precios. El ambiente es un poco caótico y puede sorprender al turista, pero los beneficios de la competencia son evidentes. El viaje me sale 12 mil pesos en un taxi "no oficial".

¿Dónde esta el problema? ¿Habrá abusado el mercado de quien pagó 18 mil pesos? Por supuesto que no. Fue el diseño de la autoridad el equivocado. Las diferencias en el precio de los taxis sugieren que la licitación no priorizó al pasajero. Además, existe un evidente problema de fiscalización que perjudica a los taxis oficiales. ¿Serán sus rentas tan altas que no tienen incentivos para exigir mejoras?

Ante esto, algunos promoverán la acción del Estado: ¿Quizás una línea de taxis estatal? O, mejor aún, ¡la estatización de los taxis!

Evidentemente, esa visión es inapropiada. No se requiere más sino mejor Estado. Es necesario permitir que las fuerzas del mercado operen bajo una institucionalidad adecuada. Una fila única de taxis, bien diseñada, en la que la competencia sea leal y transparente, es una mejor solución y así se ha propuesto. El siguiente paso es una estación de Metro al aeropuerto. Pero le apuesto que el lobby para que esto no ocurra será grande, pues, cual virus, la falta de competencia busca replicarse en el tiempo. He ahí el problema.

Conocimientos que matan


por Pedro Gandolfo
Diario El Mercurio, Revista de Libros, domingo 12 de mayo de 2013
http://diario.elmercurio.com/2013/05/12/al_revista_de_libros/critica/noticias/931238D4-E257-48D3-BF91-ED55FB340566.htm?id={931238D4-E257-48D3-BF91-ED55FB340566}

Jorge Edwards, usando un tono memorialístico libre, en una ficción muy próxima a lo biográfico, narra en El descubrimiento de la pintura , su última novela, la peripecia de Jorge Rengifo Mira, Rengifonfo o, Fonfo, para los más cercanos.

La novela es, en efecto, la evocación que el narrador hace de la vida de un lejano pariente, primo segundo de su madre, que jugó un vago papel en su infancia, pero quien adquiere protagonismo en su juventud. Por su tono, El descubrimiento de la pintura podría caber como otro capítulo de sus memorias y, como ya ocurrió con La muerte de Montaigne y en el primer tomo de aquéllas, Jorge Edwards se apropia con total aplomo y libertad del género y logra en esta nueva entrega proporcionar una imagen entrañable de este personaje de aparente "segunda fila", Jorge Rengifo Mira, el protagonista. La evocación la lleva a cabo un narrador ya adulto, escritor, dedicado más bien a la poesía, quien al dar medio azarosamente con una pintura de Rengifonfo hila jovialmente estos recuerdos en torno a él. Gracias a las características más bien ambiguas y movedizas de la memoria -la diosa que preside el relato-, las que el autor recuerda a menudo al lector, la narración se desliza serenamente por aguas intermedias entre la ficción y la realidad. Si la memoria es falible, incluso fantasiosa, la evocación memorialística no es ni puede pretender ser una réplica fiel de lo sucedido.

Así, el personaje principal, el héroe (o más bien antihéroe, como lo señala el autor), es un pintor de domingo, que de lunes a viernes trabaja en la sección cerrajería de Saavedra-Balfour, melómano, apasionado de la pintura, pero paradigma del artista "naif", absolutamente ingenuo, sin ningún conocimiento de la tradición pictórica, solterón y pobretón y, más encima, con fama de ser "pa'l otro lado". Edwards ofrece un panorama documental agudo y lúcido respecto a los valores y costumbres de las familias de la clase alta chilena, de sus círculos y desplazamiento: Fonfo, un sobrenombre ridiculizante, es un marginal, un venido a menos. Sin embargo, un inesperado matrimonio, "un braguetazo", le da un vuelco a su vida (para sorpresa general y, sobre todo, de su familia), un vuelco hacia el éxito social y económico, aunque, en la ironía del narrador, le significa el fin de su vocación de pintor.

La historia de Jorge Rengifo Mira, el pintor aficionado, adquiere en la prosa llana, familiar y próxima de Edwards el encanto de esas vidas menores que pasan sin mayor visibilidad pero con una profunda nobleza. La construcción del personaje principal es redonda y muy verosímil, al igual que la de las otras figuras de la novela. Con todo, es la visión del narrador, su manera de ver la realidad y, particularmente, el modo en que cuenta la historia, el acierto esencial de esta novela: un testigo cariñoso aunque lúcido y crítico, un espectador parte de la familia y clase a la cual pertenece, pero que es capaz de tomar distancia, ironizar, reírse y representarla sin engaños.

Jorge Edwards en El descubrimiento de la pintura traza sutilmente un paralelo entre la formación artística del narrador -en el plano de las letras- y la del protagonista -en el plano de la pintura-. Mientras el narrador, como es lo común, lee con enorme curiosidad a los grandes autores de la literatura, Fonfo, el protagonista, se niega (salvo algunas observaciones casuales e intensas) a ver las grandes obras maestras y prefiere voluntariosamente permanecer "naif". Después del sorpresivo y feliz matrimonio, Jorge Rengifo Mira, sobrino de las Hermanas Mira, visita Europa y los museos y allí "descubre la pintura". El golpe es definitivo. El momento clave -contado con agilidad y gracia por el autor- se produce cuando Rengifonfo entra por cuarta o quinta vez al Museo del Prado y se detiene frente a Las Meninas, sufriendo una suerte de "síndrome de Stendhal": "Y fue tal su impresión (...), su asombro, su desconcierto, porque había tenido la sensación de entrar en el interior del cuadro, me contó, y me dijo que las piernas se le habían vuelto de lana, y que después no estaba seguro de haberse caído de poto, ¡de culo!, al suelo, o de haberse sentado como la gente". El descubrimiento de la pintura, la pérdida de la ingenuidad, la belleza inconmensurable de esos grandes cuadros, produce un efecto terrible en Fonfo: no puede volver a pintar. Según cuenta su viuda, Marita Casares, poco antes de morir, le confiesa que se olvidó de pintar. "O, a lo mejor nunca supe".

El descubrimiento de la pintura es un relato amable, gentil con el lector -al cual involucra en la narración- risueño y que despliega, de modo en absoluto grave, las intimidades del conflicto entre pasión, talento y vocación artísticos.


La historia de Jorge Rengifo Mira, el pintor aficionado, adquiere en la prosa llana, familiar y próxima de Edwards el encanto de esas vidas menores que pasan sin mayor visibilidad pero con una profunda nobleza.
Jorge Edwards Santiago, 1931.
Escritor chileno. Estudió Derecho en la Universidad de Chile e ingresó a la vida diplomática en 1957. Es narrador, cronista y memorialista. Entre sus obras se cuentan, entre otras, los libros de cuentos El Patio (1952) y Fantasmas de carne y hueso (1992); las novelas El peso de la noche(1965), El origen del mundo (1996), El sueño de la historia(2000), El inútil de la familia (2004), La casa de Dostoievsky (2008) y La muerte de Montaigne (2011); las crónicas y memorias, Persona non grata (1973), Adiós poeta (1990) y Los círculos morados (2012). En 1994 recibió el Premio Nacional de Literatura. En 1999 obtuvo el Premio Cervantes.

Tres breves textos para meditar la Ascensión del Señor‏





"Subió a los cielos, está sentado a la derecha de Dios Padre"

"El Señor Jesús, después de haber hablado con ellos, fue levantado a los Cielos y está sentado a la diestra de Dios" (Mc 16, 19); "al día cuadragésimo de su resurrección subió a los Cielos con la carne en que resucitó y con el alma". Ascendió "por su propio poder", poder que tenía como Dios y también poder de su alma glorificada sobre su Cuerpo glorioso. "El que lo creó todo, subió por encima de todo y por su propio poder".

"Estar sentado" es una manera de decir que ha llegado al reposo que merece como guerrero vencedor. Es la postura del Rey y del Juez, lleno de poder y majestad.

La Ascensión de Cristo al Cielo, entre otras cosas, nos mueve a buscar siempre las cosas esenciales, que son invisibles a los ojos del cuerpo, y que son aquellas cosas que no pasan y que no mueren: "Aspirad a las cosas de arriba donde está Cristo... gustad las cosas de arriba, no las de la tierra", decía el apóstol San Pablo a los primeros cristianos (Col 3, 1-2).

Asimismo, la Ascensión del Señor debe llenarnos de inconmovible esperanza, ya que nos aseguró: "En la casa de mi Padre hay muchas moradas... Voy a prepararos el lugar... De nuevo volveré y os tomaré conmigo, para que donde yo estoy estéis también vosotros" (Jn 14, 2-3). ¡Somos ciudadanos del Cielo! (Flp 3, 20). Y como los apóstoles, que tras la Ascensión quedaron "mirando al cielo", debemos tener "fija la vista en Él..." (He 1,10).
A la diestra del Padre

"Se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas" (Heb 1, 3), según San Juan Damasceno se refiere a "la gloria y el honor de la divinidad", o sea, significa que Cristo reina junto con el Padre y, además, tiene el poder judicial sobre vivos y muertos. El saber que el Señor está junto al Padre debe hacernos crecer, de manera inconmensurable, nuestra confianza en Él: "Todo lo puedo en aquél que me conforta" (Flp 4,13), debe decir un joven junto con San Pablo y con él también aquella otra magnífica expresión de confianza total: "¡Sé a quién me he confiado!" (2 Tim 1,12).


Catecismo de la Iglesia Católica


La Ascensión del Señor aumenta nuestra fe
Jueves VI de Pascua

Cristo, en su humanidad santísima, ya ha llegado a la gloria, esa gloria que, por el momento, es aurora para el resto de la humanidad. Todavía no la podemos experimentar, pero creemos firmemente en ella. De hecho, la esperanza en ese reino ha inducido a tantos hombres, después de Cristo, a entregar su vida, sin temer la muerte; hombres que conforman una constelación casi infinita de joyas en la historia de la Iglesia: son los mártires. Pero no sólo los mártires; en realidad, todos estamos llamados a una única santidad y todos debemos vivir con los ojos de nuestro corazón vueltos al cielo porque "pasa la figura de este mundo" y pronto seremos "recibidos en la paz y en la suma bienaventuranza, en la patria que brillará con la gloria del Señor". (Gaudium et spes, 93).

Así como en la solemnidad de Pascua la resurrección del Señor fue para nosotros causa de alegría, así también ahora su ascensión al cielo nos es un nuevo motivo de gozo, al recordar y celebrar litúrgicamente el día en que la pequeñez de nuestra naturaleza fue elevada, en Cristo, por encima de todos los ejércitos celestiales, de todas las categorías de ángeles, de toda la sublimidad de las potestades, hasta compartir el trono de Dios Padre. Hemos sido establecidos y edificados por este modo de obrar divino, para que la gracia de Dios se manifestara más admirablemente, y así, a pesar de haber sido apartada de la vista de los hombres la presencia visible del Señor, por la cual se alimentaba el respeto de ellos hacia él, la fe se mantuviera firme, la esperanza inconmovible y el amor encendido.

En esto consiste, en efecto, el vigor de los espíritus verdaderamente grandes, esto es lo que realiza la luz de la fe en las almas verdaderamente fieles: creer sin vacilación lo que no ven nuestros ojos, tener fijo el deseo en lo que no puede alcanzar nuestra mirada. ¿Cómo podría nacer esta piedad en nuestros corazones, o cómo podríamos ser justificados por la fe, si nuestra salvación consistiera tan sólo en lo que nos es dado ver?

Así, todas las cosas referentes a nuestro Redentor, que antes eran visibles, han pasado a ser ritos sacramentales; y, para que nuestra fe fuese más firme y valiosa, la visión ha sido sustituida por la instrucción, de modo que, en adelante, nuestros corazones, iluminados por la luz celestial, deben apoyarse en esta instrucción.

Esta fe, aumentada por la ascensión del Señor y fortalecida con el don del Espíritu Santo, ya no se amilana por las cadenas, la cárcel, el destierro, el hambre, el fuego, las fieras ni los refinados tormentos de los crueles perseguidores. Hombres y mujeres, niños y frágiles doncellas han luchado en todo el mundo por esta fe, hasta derramar su sangre. Esta fe ahuyenta a los demonios, aleja las enfermedades, resucita a los muertos.

Por esto los mismos apóstoles, que, a pesar de los milagros que habían contemplado y de las enseñanzas que habían recibido, se acobardaron ante las atrocidades de la pasión del Señor y se mostraron reacios en admitir el hecho de su resurrección, recibieron un progreso espiritual tan grande de la ascensión del Señor, que todo lo que antes les era motivo de temor se les convirtió en motivo de gozo. Es que su espíritu estaba ahora totalmente elevado por la contemplación de la divinidad, del que está sentado a la derecha del Padre; y al no ver el cuerpo del Señor podían comprender con mayor claridad que aquél no había dejado al Padre, al bajar a la tierra, ni había abandonado a sus discípulos, al subir al cielo.

Entonces, amadísimos hermanos, el Hijo del hombre se mostró, de un modo más excelente y sagrado, como Hijo de Dios, al ser recibido en la gloria de la majestad del Padre, y, al alejarse de nosotros por su humanidad, comenzó a estar presente entre nosotros de un modo nuevo e inefable por su divinidad.

Entonces nuestra fe comenzó a adquirir un mayor y progresivo conocimiento de la igualdad del Hijo con el Padre, y a no necesitar de la presencia palpable de la substancia corpórea de Cristo, según la cual es inferior al Padre; pues, subsistiendo la naturaleza del cuerpo glorificado de Cristo, la fe de los creyentes es llamada allí donde podrá tocar al Hijo único, igual al Padre, no ya con la mano, sino mediante el conocimiento espiritual.


De los Sermones de San León Magno, Papa


Nadie ha subido al cielo sino aquel que ha bajado del cielo

"Hoy nuestro Señor Jesucristo ha subido al cielo; suba también con él nuestro corazón. Oigamos lo que nos dice el Apóstol: Si habéis sido resucitados con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Poned vuestro corazón en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Pues, del mismo modo que él subió sin alejarse por ello de nosotros, así también nosotros estamos ya con él allí, aunque todavía no se haya realizado en nuestro cuerpo lo que se nos promete.

Él ha sido elevado ya a lo más alto de los cielos; sin embargo, continúa sufriendo en la tierra a través de las fatigas que experimentan sus miembros. Así lo atestiguó con aquella voz bajada del cielo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y también: Tuve hambre y me disteis de comer. ¿Por qué no trabajamos nosotros también aquí en la tierra, de manera que, por la fe, la esperanza y la caridad que nos unen a él, descansemos ya con él en los cielos? Él está allí, pero continúa estando con nosotros; asimismo, nosotros, estando aquí, estamos también con él. Él está con nosotros por su divinidad, por su poder, por su amor; nosotros, aunque no podemos realizar esto como él por la divinidad, lo podemos sin embargo por el amor hacia él.

Él, cuando bajó a nosotros, no dejó el cielo; tampoco nos ha dejado a nosotros, al volver al cielo. Él mismo asegura que no dejó el cielo mientras estaba con nosotros, pues que afirma: Nadie ha subido al cielo sino aquel que ha bajado del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo. Esto lo dice en razón de la unidad que existe entre él, nuestra cabeza, y nosotros, su cuerpo. Y nadie, excepto él, podría decirlo, ya que nosotros estamos identificados con él, en virtud de que él, por nuestra causa, se hizo Hijo del hombre, y nosotros, por él, hemos sido hechos hijos de Dios.

En este sentido dice el Apóstol: Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. No dice: "Así es Cristo", sino: Así es también Cristo. Por tanto, Cristo es un solo cuerpo formado por muchos miembros. Bajó, pues, del cielo, por su misericordia, pero ya no subió él solo, puesto que nosotros subimos también en él por la gracia. Así, pues, Cristo descendió él solo, pero ya no ascendió él solo; no es que queramos confundir la divinidad de la cabeza con la del cuerpo, pero sí afirmamos que la unidad de todo el cuerpo pide que éste no sea separado de su cabeza."


De los Sermones de San Agustín, obispo
(Sermón Mai 98, Sobre la Ascensión del Señor,
1-2; PLS 2, 494-495)
El picaflor de la lucarna...‏

En parte por el vértigo de sus evoluciones

y también porque la casa en que vivimos

desde hace un cuarto de siglo

se fue con el crecimiento de la familia

y de los mismos hijos

gradualmente ampliando

e internando en el bosque

que creció en el intertanto,

ocasionalmente algún picaflor

confunde el interior y el exterior

e ingresa por alguna ventana abierta

y después desconoce el camino de salida.



Recién pasado el mediodía

ingreso en la pieza de Benito

para anotar en su plantilla

de avistamientos diarios

la presencia del Canastero

que ayer pude contemplar

a un par de metros,

en unas escaleras

mientras me encontraba leyendo.



Escucho el zumbido del aletear

incesante de plumas y un suave

golpeteo en contra de la pared

de mica de la parte superior

de la lucarna de la pieza

por donde ingresa la luz

a raudales a esta hora del día.



Veo a un pequeño colibrí

luchando por escapar

sin percatarse de que la

solución a su problema

pasa por descender,

justo lo contrario

de lo que está

infructuosamente intentando.



Me encaramo a una silla,

y logro envolverlo entre mis manos

lo más suavemente posible

para no causarle daño alguno.



Bajo con este bello tesoro

iridiscente y emplumado

que palpita en una especie

de taquicardia perpetua.



Salgo al jardín

y camino de prisa

hasta un claro flanqueado

por lantanas y salvias,

levanto los brazos y la vista

y abro las manos

mientras el sol del mediodía

encandila los ojos.



En una sensación de libertad plena,

tanto para el picaflor como para mí

que siento como si mis manos volaran,

veo alejarse al pequeño picaflor

ganando rápidamente altura

y haciendo un giro hacia la izquierda

hasta perderse de vista en instantes memorables

por sobre el follaje de las ramas más altas del bosque.

El tren detenido...‏


A veces duermo sobre la tabla de mi escritorio

que queda junto a la ventana de mi oficina

que mira al imponente cordón del Manquehue,

junto a la parte norte de la precordillera andina de Santiago

y en primer plano, el variopinto colorido otoñal

del valle de San Damián.



La sensación es parecida

a la que sentía de niño,

a comienzos de los años sesenta,

cuando viajábamos al sur

en el tren a Puerto Montt

en los coches dormitorios

un paisaje cambiante

de nuestro increíble país.



Mis padres dormían

en un privado aparte

que se llamaba departamento

y el resto de mi familia

lo hacían en los asientos

que eran adaptados como camas,

incluyendo camarotes

ubicados muy cerca

del borde superior curvo

de los vagones, en una ubicación

en que habitualmente se ubican

pequeñas maletas, maletines y bolsos.



Partíamos desde la Estación Central,

a eso de las nueve de la noche

y amanecíamos ya en pleno sur,

contemplando los verdes

y extensos potreros

con vacas pastando,

o el imponente paisaje

de volcanes y cumbres nevadas del sur,

mientras tomábamos desayuno

en el coche comedor.



Nos dirigíamos

a un campo de unas amistades

de mis padres, en la costa de Arauco,

bajándonos en la estación Renaico

y desde allí tomábamos el Buscarril

en el que el conductor iba

en el mismo compartimento

de los pasajeros, como en un bus.



El buscarril cruzaba

la cordillera de Nahuelbuta

y bordeaba el lago Lanalhue,

pasando por varios túneles

y deteniéndose en algunas estaciones,

como Angol, Contulmo

hasta llegar a Peleco

que quedaba a un par de horas

de Antiquina, una hacienda de más

de ocho mil hectáreas cuya extensión

iba desde Nahuelbuta hasta el mar,

con una espléndida vista a la Isla Mocha;

ubicada un poco al norte de Quidico, Tirúa

y el Lago Lleu-lleu, cuerpo de agua

que alguna vez crucé en barcaza

que transportaba los jeeps en que viajábamos,

hasta desembarcar junto a una mina de hierro

que recién estaba siendo explotada

y cuya entrada quedaba junto

a una magnífica cascada.



Pero me distraje de lo que estaba contando:

la sensación que siento

al permancer recostado

junto a la ventana de mi oficina

es parecida a la que sentía en el tren.



La forma en que,

dependiendo

de la hora del día, la luz

va confiriendo relieve

a los cerros, o cómo

la contaminación y la bruma

lo van difuminando todo;

las nubes que navegan por el cielo

hacen que el paisaje cambie permanentemente

sin que necesariamente cambie la vista.



Falta sólo el movimiento del tren.



Pero para eso estamos

en un país telúrico,

en nuestro caso, más encima,

sobre la falla de San Ramón,

que en cualquier momento

nos hará ver que el tren

se pondrá nuevamente en marcha,

tal como me pareció una noche

de la primera vez que fuimos

a Antiquina, en 1962,

cuando un temblor

grado 7.4 en la escala de Richter

con epicentro en Angol,

y que duró algo así

como un minuto y medio

-un acomodo de la tierra después

del megasismo y maremoto de 1960-

nos despertó con la sensación

de que me encontraba

nuevamente en algún tren.



Dicho sismo con carácter

de terremoto si hubiese ocurrido

en alguna ciudad importante,

a escala local y en un lugar apartado

pasó casi desapercibido.



Hubo réplicas diarias

por más de una semana,

hasta que tuvimos que regresar a Santiago

porque había fallecido mi abuela materna,

quien vivía en Santiago poniente,

en la calle Santo Domingo

entre Manuel Rodríguez y Riquelme,

un entorno de casas de dos o tres patios,

de galerías y de fachadas afrancesadas

con calles adoquinadas

y veredas angostas con faroles,

y por supuesto, el infaltable

almacén de la esquina

con dueño de ascendencia italiana.



La partida de la inolvidable Nana,

-mis otros abuelos habían muerto

antes de que yo naciera-

coincidió con el primer terremoto

de que tengo conciencia

y ahora estoy pensando

el comienzo del fin de mi infancia...Acciones




Louis and the New Orleans All Stars‏




A couple of days ago we featured a video
where Duke Ellington introduced some
of his key players one by one and let
use get a taste of some of their playing.

We just found this clip of Louis Armstrong
doing the same with New Orleans greats. 
A young Billie Holiday looks on. 

Video:

http://www.jazzonthetube.com/page/7662.html

Latin Music Week: Stan Getz and Flora Purim‏



One example of why Brazilian music has
taken over the world.

Stan Getz and Flora Purim in 1969.

Video:

http://www.greatlatinmusic.com/page/23074.html

Conversaciones en el umbral

Columnistas
por Sebastián Gray
Diario El Mercurio, Sábado 04 de mayo de 2013
http://www.elmercurio.com/blogs/2013/05/04/11394/

"Conversar en el umbral implica estar en tránsito temporal y espacial, ambos de pie, tal vez apoyados en las jambas, en igualdad de condiciones y a mesurada distancia. Significa estar en público, pero sin apropiarse de ningún espacio, sino lo contrario: entre dos mundos..."

Sebastián Gray
Hay entre las reglas monásticas de algunas órdenes religiosas una muy particular que me ha causado siempre una gran admiración: que ahí donde el silencio sea una severa obligación colectiva, si dos personas deben necesariamente conversar, sólo podrán hacerlo en el umbral de una puerta. Esta imagen evoca una infinidad de reflexiones que vinculan fundamentalmente al ser humano con la arquitectura, relacionando la complejidad del pensar y del sentir en función del entorno edificado que norma desde el origen de los tiempos la actividad cotidiana. Conversar en el umbral implica estar en tránsito temporal y espacial, ambos de pie, tal vez apoyados en las jambas, en igualdad de condiciones y a mesurada distancia. Significa estar en público, pero sin apropiarse de ningún espacio, sino lo contrario: entre dos mundos, alojados en la médula del edificio, bajo el peso inconmensurable de los muros; expuestos y sin embargo enmarcados, situados y cobijados.

El acto de construir es un impulso atávico, de los más trascendentes de toda cultura. Junto con la palabra y la música, edificar es una manifestación cumbre de la evolución de nuestra especie. Apenas tuvo oportunidad, abandonó el ser humano su hábitat natural para asegurarse mejor refugio, y en el perfeccionamiento de las técnicas constructivas y el descubrimiento de posibles materiales, encontró en lo construido mucho más que una mera utilidad: también un lenguaje, una expresión del ser, un poderoso sentido estético, repleto de significación espiritual. Ese habitar transformado por las formas construidas en un acto de magnitud poética es lo que la Humanidad reconoce como Arquitectura. Luego, de la natural agregación de construcciones surgió la ciudad, un ente complejo y abstracto que se nutre tanto de sus edificios como del espacio que existe entre ellos, espacio que no es un mero vacío sino una prodigiosa incubadora colectiva, fuente de civilización.

La toma de conciencia de estas fantásticas empresas llamadas edificios y ciudades ejerce en el ser humano una permanente fascinación. Un niño, que interpreta con total libertad el mundo que le rodea, es capaz de representar una ciudadela con sólo baldes de arena húmeda, o de hacerse una casa a su medida con sólo cajas de cartón, y en esas ilusiones efímeras ya está plasmado el milagro creativo del ser humano constructor. Habrá que enseñarle que la arquitectura es tanto forma como espacio; la forma del espacio, el molde de la vida. Así también la ciudad es forma y espacio, donde las formas por sí solas, vistas como objetos, no bastan en absoluto: nuestro destino como sociedad y cultura depende de la magnificencia concertada de nuestras calles. Una tarea colectiva.

Progreso para atrás



Columna del día

Woody, Michael Jackson y los progresistas

Diario El Mercurio, Sábado 04 de mayo de 2013

Gerardo Varela

"Como parece que nos olvidamos, les voy a contar la historia de Chile al revés. Malas ideas de intelectuales manipuladores se transforman en buenos eslóganes que se toman la calle. los políticos, salvo excepciones, son seguidores de la calle y agarran vuelo..."


Woody Allen nos invita a reflexionar sobre lo genial que sería vivir la vida al revés:

"En mi próxima vida quiero vivir de atrás para adelante, empiezas muerto y resucitas, despiertas como un viejo pero te sientes mejor cada día. Te echan del asilo por estar demasiado sano, cobras tu pensión y entonces empiezas a trabajar. El primer día te hacen una fiesta y te regalan un reloj de oro hasta que 40 años después eres suficientemente joven para retirarte. Te dedicas a la juerga, el alcohol y vives una vida promiscua hasta que estás listo para el colegio, donde te transformas en niño, y juegas sin responsabilidades; pasas a ser guagua hasta que naces. Entonces vives 9 meses en un spa, flotando con comida a voluntad y calefaccionado hasta que ¡Voilá! terminas en un gran ¡Orgasmo!".

Escuchando el discurso político de moda me da la impresión de que está transitando peligrosamente hacia el delirio de Woody, pero esta vez es en serio.

Chile ya tuvo universidad gratuita y era elitista, de mala calidad y financiada por todos los chilenos, incluyendo los que no estudiaban.

Chile ya tuvo un sistema electoral proporcional y era inmanejable, el Presidente estaba siempre en minoría y había amplio espacio para las minorías extremistas que extorsionaban a las mayorías moderadas y las obligaban a extremarse también.

Chile ya tuvo sistemas de pensiones "solidarios" estatales y fracasaron. Los fondos se los gastaron los políticos de turno, la inflación y los grupos de interés.

Chile ya tuvo un Estado empresario y fue un fracaso. Funcionaba con administradores irresponsables, crecía a costa de la libertad de los privados; era un competidor desleal porque no quebraba y era ineficiente porque operaba a costos monumentales.

Chile ya tuvo una Constitución Política que las mayorías transitorias podían modificar a su amaño y que se transformó en un instrumento de opresión, y anarquía.

Chile ya tuvo gremios y sindicatos nacionales poderosos, con cúpulas responsables ante nadie e irresponsables ante Chile.

Como parece que nos olvidamos les voy a contar la historia de Chile al revés. Malas ideas de intelectuales manipuladores se transforman en buenos eslóganes que se toman la calle, los políticos, salvo excepciones, son seguidores de la calle y agarran vuelo. Le entregan más poder al Estado para que lidere el desarrollo. El Estado, como es permeable a presiones, empieza a crecer, porque no sabe decir que no. Como es lógico, necesita financiamiento, entonces tiene que extraer rentas del resto. Primero se endeuda hasta que no le prestan más; después crea monopolios en "sectores estratégicos", gasta la plata de las pensiones, prometiendo devolverla, pero todavía no le alcanza, entonces emite dinero y genera inflación extrayendo riqueza de los pobres sin contarles, pero tampoco es suficiente. Entonces empieza a expropiar, los campos primero, la minería después para terminar con la industria, todo por supuesto con un trasfondo de alzas impositivas en que, so pretexto de cobrarles más a los ricos, en realidad empobrece a todos los chilenos. Pero nunca le alcanza. Los chilenos ya no pueden andar solos y libres por la calle, necesitan protección de las patotas y todos entran a los partidos, gremios empresariales, colegios profesionales, logias y sindicatos. La economía se estanca, Chile se empobrece y el mercado se transforma en un juego de suma cero en que cualquier riqueza se logra a costa de la pobreza de otro.

Al deterioro económico le sigue un deterioro institucional y a éste el político. Esa vida de "progresismo" la vivimos y es por la que están transitando Argentina y Venezuela. Francamente el refrito de ideas progresistas que se escuchan, desde la AFP estatal hasta la nueva Constitución, pasando por la estatización del cobre, me parecen como el "moonwalk" de Michael Jackson, es sólo una ilusión óptica de que se avanza cuando en realidad se va retrocediendo.

Me temo que vivir nuestra historia hacia atrás, termina también en un "Grand Finale" pero menos feliz que el de la alegoría de Woody.

Resumen diario de noticias sobre educación

 

Resumen de Noticias Educación - por Educación 2020
1.- La escuela más efectiva del país
La Tercera
Ni la vulnerabilidad ni la lejanía frenaron los esfuerzos de la escuela municipal Rafael, de Tomé. El 94% de sus alumnos sabe lo adecuado para su nivel en Simce.

2.- Fin de la Municipalización. Nace una educación pública fortalecida
Por Alfredo Rojas
El Quinto Poder (Opinión)
"El sentido de las redes será el terminar con la segmentación socioeducativa de la población, y propiciar la heterogeneidad sociocultural del estudiantado en las aulas, mediante una oferta sistémica de oportunidades de acceso privilegiado a la educación media a estudiantes provenientes de establecimientos incluyentes, en los establecimientos emblemáticos y bicentenario,- e inversiones adecuadas mediante-, en Liceos Técnico-Profesionales de calidad".

3.- FECh cree que el Gobierno está "dando el año por perdido" en el Mineduc
Radio U de Chile
Andrés Fielbaum criticó la renuncia del jefe de la División de Educación Superior porque parece que el "Gobierno está dando el año por perdido". Mario Venegas (DC) y María José Hoffmann (UDI) evalúan de forma dispar la gestión de Juan José Ugarte.

4.- Rector de U. SEK: Nos atacan para ocultar el lucro en otras universidades
Emol 
Sostuvo que el lucro es un problema que "no aqueja" a ese plantel y acusó que se busca "empatar" la situación de esa universidad, indagada por presuntos sobornos para conseguir su acreditación, con el de otras instituciones que sí estarían lucrando.

5.- Intendencia y estudiantes no alcanzan acuerdo para marcha del 8 de mayo
La Nación 
Voceros de la Confech y dirigentes secundarios se reunieron la mañana de este viernes con representantes de la Intendencia Metropolitana. Estudiantes piden que el trazado sea por la Alameda, entre Plaza Italia y Plaza Los Héroes. La autoridad regional ofrece entre la Usach y la Plaza Los Héroes. A las 18:30 horas de este viernes volverán a conversar.

6.- Seremi de Educación realiza sumario interno para determinar si se usó información privilegiada en la reubicación de dos alumnos de U. del Mar
El Mostrador 
Los alumnos de medicina de esta casa de estudios denunciaron que la seremi de Educación, Patricia Colarte, habría intervenido directamente en la reubicación de dos alumnos de quinto año para que ingresaran a la Universidad Andrés Bello.

7.- Más de 223 mil familias han solicitado el beneficio tributario por gasto en educación
La Tercera 
La solicitud se hace junto a la declaración de impuestos y el proceso culmina el 9 de mayo.

8.- La municipalidad de Concepción firmó convenio para apoyar la educación pública
Soy Chile 
En las dependencias del municipio penquista, se firmó el acuerdo de colaboración mutua entre la alcaldía e Inacap Concepción-Talcahuano, cuyo objetivo es formalizar y ampliar los vínculos entre la casa de estudios y los liceos Gran Bretaña y Juan Martínez de Rozas.

9.- Estudio concluye que créditos son más efectivos que becas
La Tercera 
Investigación de la UC analizó a alumnos que entraron a la educación superior en 2008 y que recibieron becas y créditos estatales.

10.- Bullying: ¿cambio a mi hijo de colegio?
La Tercera
Es una de las decisiones más difíciles de tomar. Porque siempre implica riesgos. Sacarlo puede significar que entienda que las soluciones rápidas son mejores que enfrentar un problema. Dejarlo, que nadie lo puede ayudar. Las circunstancias personales, la edad y personalidad del niño, la dinámica familiar, la respuesta del colegio, dicen los especialistas, son claves para saber qué hacer.

11.- Programa de estudios beneficia a familiares de universitarios
Diario Concepción 
Un innovador plan ha capacitado en oficios a más de 60  familiares de alumnos de distintas carreras de la UCSC, que se encontraban cesantes.

12.- China: 2 niños se suicidaron por exceso de tareas escolares
La Nación 
En un sistema educativo muy competitivo, los alumnos chinos pasan en promedio 8,6 horas por día en clase, a las que se suman otras muchas en tareas a realizar en casa.

OFRECER LAS OBRAS DEL DÍA

Meditación del día de Hablar con Dios

Pascua. 5ª semana. Jueves



— El ofrecimiento de obras dirige a Dios nuestro día desde los comienzos. Nuestra primera oración.

— Cómo hacerlo. El «minuto heroico».

— El ofrecimiento de obras y la Santa Misa. Ofrecer nuestra tarea al Señor muchas veces al día.

I. Para ordenar nuestra vida, el Señor nos ha dado los días y las noches. El día habla al día y la noche comunica sus pensamientos a la noche1. Y cada nuevo día, al despedirse el día pasado, nos recuerda que hemos de continuar nuestros trabajos interrumpidos y renovar nuestros proyectos y nuestras esperanzas. «El hombre sale a trabajar hasta el anochecer: entonces llega la noche y, con una amable sonrisa, (Dios) nos manda dejar todos nuestros juguetes, con los cuales nos alborotamos tanto nosotros (...), nos cierra los libros, nos esconde las distracciones, extiende un gran manto negro sobre nuestra vida...; cuando la oscuridad se cierra a nuestro alrededor, vivimos un ensayo general de la muerte; el alma y el cuerpo se dan las buenas noches... Luego llega la mañana y con la mañana el renacimiento»2.

Cada día comienza, en cierto modo, con un nacimiento y acaba con una muerte; cada día es como una vida en miniatura. Al final, nuestro paso por el mundo habrá sido santo y agradable a Dios si hemos procurado que cada jornada fuera grata a Dios, desde que despunta el sol hasta su ocaso. También la noche, porque del mismo modo la hemos ofrecido al Señor. El hoy es lo único de que disponemos para santificarlo. El día habla al día; el día de ayer susurra al de hoy, y nos dice de parte del Señor: Comienza bien. «Pórtate bien “ahora”, sin acordarte de “ayer”, que ya pasó, y sin preocuparte de “mañana”, que no sabes si llegará para ti»3. El día de ayer ha desaparecido para siempre, con todas sus posibilidades y con todos sus peligros. De él solo han quedado motivos de contrición por las cosas que no hicimos bien, y motivos de gratitud por las innumerables gracias, beneficios y cuidados que recibimos de Dios. El «mañana» está aún en las manos del Señor.

Lo que debemos santificar es el día de hoy. ¿Y cómo vamos a empezarlo si no es ofreciéndoselo a Dios? Solo quienes no conocen a Dios y los cristianos tibios comienzan sus días de cualquier manera. El ofrecimiento de obras por la mañana es un acto de piedad que orienta bien el día, que lo dirige a Dios desde sus comienzos, de la misma manera que la brújula señala al Norte. El ofrecimiento de obras nos dispone desde el primer momento para escuchar y atender las innumerables inspiraciones y mociones del Espíritu Santo en este día, que ya no se repetirá nunca más. Hoy si oís su voz no queráis endurecer vuestros corazones4. Y en cada jornada nos habla Dios.

Le decimos al Señor que le queremos servir en el día de hoy, que le queremos tener presente. «Renovad cada mañana, con un serviam! decidido –¡te serviré, Señor!–, el propósito de no ceder, de no caer en la pereza o en la desidia, de afrontar los quehaceres con más esperanza, con más optimismo, bien persuadidos de que si en alguna escaramuza salimos vencidos podremos superar ese bache con un acto de amor sincero»5.

Nuestras obras llegarán antes a Dios si hacemos el ofrecimiento a través de su Madre, que es también Madre nuestra. «Aquello poco que desees ofrecer, procura depositarlo en aquellas manos de María, graciosísimas y dignísimas de todo aprecio, a fin de que sea ofrecido al Señor sin sufrir de Él repulsa»6.

II. La costumbre de ofrecer el día a Dios también la vivían los primeros cristianos: «apenas despertar, antes de enfrentarse de nuevo con el trasiego de la vida, antes de concebir en su corazón cualquier impresión, antes incluso de acordarse del cuidado de sus intereses familiares, consagran al Señor el nacimiento y principio de sus pensamientos»7.

San Pablo exhortaba a los primeros cristianos a ofrecer todo su día a Dios. Recomendaba a los primeros cristianos de Corinto: Ya comáis, ya bebáis o ya hagáis alguna otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios8. Y a los colosenses: Y todo cuanto hagáis de palabra o de obra, hacedlo todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por Él9.

Muchos buenos cristianos tienen el hábito adquirido de dirigir su primer pensamiento a Dios. Y enseguida el «minuto heroico», que es una buena ayuda para hacer bien el ofrecimiento de obras y comenzar bien el día. «Sin vacilación: un pensamiento sobrenatural y... ¡arriba! —El minuto heroico: ahí tienes una mortificación que fortalece tu voluntad y no debilita tu naturaleza»10. «Si, con la ayuda de Dios, te vences, tendrás mucho adelantado para el resto de la jornada.

«¡Desmoraliza tanto sentirse vencido en la primera escaramuza!»11.

Aunque no hay por qué adaptarse a una fórmula concreta, es conveniente tener un modo habitual de hacer esta práctica de piedad, tan útil para que marche bien toda la jornada. Unos recitan alguna oración sencilla aprendida de pequeños... o de mayores. Es muy conocida esta oración a la Virgen, que sirve a la vez de ofrecimiento de obras y de consagración personal diaria a Nuestra Señora: ¡Oh Señora mía! ¡Oh madre mía! Yo me ofrezco del todo a Vos, y en prueba de mi filial afecto, os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo vuestro, ¡oh Madre de bondad!, guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra. Amén.

Aparte del ofrecimiento de obras, cada cual verá lo que estima oportuno añadir a sus oraciones al levantarse: alguna oración más a la Virgen, a San José, al Ángel de la Guarda. Es un momento también oportuno para traer a la memoria los propósitos de lucha que se concretaron en el examen de conciencia del día anterior, renovando el deseo y pidiendo a Dios la gracia para cumplirlos.

Señor, Dios todopoderoso, que nos has hecho llegar al comienzo de este día: sálvanos hoy con tu poder, para que no caigamos en ningún pecado; sino que nuestras palabras, pensamientos y acciones sigan el camino de tus mandatos12.

III. Hemos de dirigirnos al Señor cada día pidiéndole ayuda para tenerle siempre presente; y no solo en los momentos expresamente dedicados a hablar con Él, sino también en las normales actividades diarias, pues queremos que además de estar bien realizadas sean oración grata a Dios. Por eso podemos decir con la Iglesia: Te pedimos, Señor, que prevengas nuestras acciones y nos ayudes a proseguirlas, para que todo nuestro trabajo empiece en Ti y por Ti alcance su fin13.

En la Santa Misa encontramos el momento más oportuno para renovar el ofrecimiento de nuestra vida y de las obras del día. Cuando el sacerdote ofrece el pan y el vino, nosotros ofrecemos cuanto somos y poseemos, y todo aquello que nos proponemos hacer en esa jornada que comienza. En la patena ponemos la memoria, la inteligencia, la voluntad... Además, familia, trabajo, alegrías, dolor, preocupaciones... Y las jaculatorias y actos de desagravio, las comuniones espirituales, las pequeñas mortificaciones, los actos de amor con que esperamos llenar el día. Siempre resultarán pobres y pequeños estos dones que ofrecemos, pero al unirse a la oblación de Cristo en la Misa se hacen inconmensurables y eternos. «Todas sus obras, sus oraciones e iniciativas apostólicas, la vida conyugal y familiar, el cotidiano trabajo, el descanso de alma y de cuerpo, si son hechas en el Espíritu, e incluso las mismas pruebas de la vida, si se sobrellevan pacientemente, se convierten en sacrificios espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo (Cfr. 1 Pdr 2, 5), que en la celebración de la Eucaristía se ofrecen piadosamente al Padre junto con la oblación del Cuerpo del Señor»14.

En el altar, junto al pan y al vino, hemos dejado cuanto somos y poseemos: ilusiones, amores, trabajos, preocupaciones... Y en el momento de la Consagración se lo entregamos definitivamente a Dios. Ahora, ya nada de eso es solo nuestro, y por tanto –como quien lo ha recibido en depósito y administración– deberemos utilizarlo para el fin al que lo hemos destinado: para la gloria de Dios y para hacer el bien a quienes están cerca de nosotros.

El haber ofrecido todas nuestras obras a Dios nos ayudará a hacerlas mejor, a trabajar con más eficacia, a estar más alegres en la vida de familia aunque estemos cansados, a ser mejores ciudadanos, a vivir mejor la convivencia con todos. El ofrecimiento de nuestras obras podemos repetirlo, aunque solo sea con el pensamiento, muchas veces a lo largo del día; por ejemplo, cuando iniciamos una nueva actividad, o cuando lo que estamos haciendo nos resulte particularmente dificultoso. El Señor también acepta nuestro cansancio, que así adquiere un valor redentor.

Vivamos cada día como si fuera el único que tenemos para ofrecer a Dios, procurando hacer las cosas bien, rectificando cuando las hemos hecho mal. Y un día será el último y también se lo habremos ofrecido a Dios nuestro Padre. Entonces, si hemos procurado vivir ofreciendo continuamente a Dios nuestra vida, oiremos a Jesús que nos dice, como al buen ladrón: En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso15.

1 Sal 18, 3. — 2 R. A. Knox, Ejercicios para seglares, Rialp, 2ª ed., Madrid 1962, pp. 45-46. — 3 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 253. — 4 Sal 94, 7-8. — 5 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 217. — 6 San Bernardo, Hom. en la Natividad de la B. Virgen María, 18. — 7 Casiano, Colaciones, 21. — 8 1 Cor 10, 31. — 9 Col 3, 17. — 10 San Josemaría Escrivá, Camino, n. 206. — 11 Ibídem, n. 191. — 12 Liturgia de las Horas. Laudes. — 13 Ibídem, Oración de Laudes. Lunes 1ª semana. — 14 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 34. — 15 Lc 23, 43.

ORACIÓN PARA EVITAR EL INFIERNO



Amadísimo Jesús mío,
mi Salvador y mi Juez:
cuando vengas a juzgarme,
por piedad no me condenes al infierno.

En esa negra prisión no te podría amar,
sino que te odiaría para siempre.

¿Pero, cómo odiarte,
si eres tan amable
y me has amado tanto?

Si quieres condenarme al infierno,
concédeme al menos la gracia
de amarte con todo mi corazón.

No merezco esta gracia, por mis pecados;
pero si no la merezco yo, Tú la mereciste por mí,
con la sangre que derramaste con tanto dolor en la cruz.

En una palabra, oh mi divino Juez,
castígame con todas las penas que quieras,
pero no me prives de la facultad de amarte.

Madre de mi Dios, que ves el peligro
que corro de ser condenado
a ya no poder amar a tu adorable Hijo,
que merece un amor infinito,
¡ven en mi socorro,
ten compasión de mí!
__________________________

Tomada del Devocionario para todos los días
Heraldos del Evangelio
Editado por Verum
Impreso por QWCh (Octubre, 2007)
Av. Vespucio Sur 250 - Las Condes, Santiago.
www.heraldos.cl
rosario@heraldos.cl

Sonata Otoñal‏





Una blanca mariposa

se desprende de una rama

y en su aleatorio vuelo

hasta el suelo

parece un doble pétalo

que en pleno otoño

ha caído a destiempo.



En un especie de

un-dos-tres-momia

se queda estática

contrastando

su blanca palidez

con los colores tierra

del polvo pedregoso.



De improviso

sale de su letargo

y resucita como

por encanto

y se aleja vacilante

como si fuera

una hoja empujada

por el viento...