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Carta corta: Esquela esquelética...‏



El parque de los esqueletos.
El patio de los callados.
La paz de las tumbas.

El recorrido de lo que queda.
El trayecto del más acá al más allá.
El sendero de los caminos que se bifurcan.

La sala de espera.
El parto de los montes.
El postnatal de la muerte.

Las pompas fúnebres.
El lugar de los despojos.
El sitio trascendental de lo tenebroso.

El canto al amor desaparecido.
El llanto al dolor que no se va.

La esquela infinita, no dicha,
al ser querido del cual queda,
con suerte, sólo el esqueleto.

La espera esperanzada
del reencuentro prometido,
por el muerto resucitado,
alguien incomparablemente
más que un mero iluminado,
siendo a la vez: camino, verdad y vida, 
pasó de la cruz a la perenne luz…

La falsa soberbia Escribir desde el "yo" es una tarea no tan sencilla como parece. A algunos, incluso, les molesta encontrarse con escritores que escriben desde su propia y personal perspectiva. por Rafael Gumucio


Diario El Mercurio, Revista de Libros
Domingo 30 de diciembre de 2012

Hay muchas maneras de escribir mal, aunque todas ellas tienen en común el mismo error de base: escribir para ser algo más que uno mismo. Resbaloso concepto, lo admito, ese "uno mismo", que la escritura tiene como papel revelar, aunque sea muchas veces -como le sucede al hombre invisible- usando para delimitar sus rasgos los velos y el humo. Ficciones, mentiras, metros y rimas que no tienen otro objeto que inventarnos una espada y una pared entre la que ponernos para contar sin pausa y sin trampa por qué llegamos aquí. Como esas manos que los cavernícolas dejaron marcadas en las paredes de la cueva, esa simple marca, esos dedos que todos tenemos atraviesan los siglos mejor que toda suerte de mensajes para la eternidad.
Escribir lo primero que se te pasa por la cabeza es un ejercicio que pide un talento sin par, porque escribir es de las últimas cosas que se nos pasan por la cabeza. Escribir como quien habla implica primero entender la leyes del habla y luego domesticarla para que quepa naturalmente en la jaula de la escritura. El estilo que parece surgir sin esfuerzo, la prosa que parece siempre haber estado ahí, denota un doble esfuerzo, el esfuerzo por encontrar lo que se busca, y el esfuerzo por volver a dejarlo caer para dejarnos a nosotros el placer de recogerlo como si nada.
Esa generosidad provoca en los que ven la literatura como una máquina dispensadora de prestigio -aunque sea el prestigio bohemio y canalla- que la escritura no sea un medio de promoción o de mistificación que les hace sentir a los amantes de la prosa sonora o minimal algo incomprensible. A las mucamas gramaticales, el pasajero del hotel que trata la habitación como su casa le resulta enojoso. Sólo así me explico el carácter agrio e impaciente con que no pocos críticos inteligentes y amigos lúcidos, descubren para su desilusión que Los círculos morados , las memorias de Jorge Edwards, las escribió Jorge Edwards y tratan de su vida. De sus críticas sólo se puede extraer ese hecho de la causa, que Jorge Edwards se llama Jorge y se llama Edwards y que nunca podría salir de eso. Que Jorge Edwards no es Daniel Villalobos (que tiene justamente el talento de ser en Sur , su libro, completamente Daniel Villalobos); que Jorge Edwards no puede contar la pobreza en los años ochenta o el delirio en Villa Alemana o los sindicatos culturales en San Antonio, es algo que Jorge Edwards sabe mejor que nadie. Lo que hace su libro tan inteligente como valiente es el gesto de no salirse nunca de sí mismo, de rodearse, de flotar en los supuestos de su identidad, para hundirse en círculos concéntricos (los círculos morados del título) hacia la incerteza de una memoria que no está muy segura de qué recuerda o qué inventa, de qué sabe o qué adivina.
Aparentemente leve y muchas veces terrible, lo que ciertos amigos detestan es lo que más me gusta del libro, esa falta de patetismo, esa actitud a veces distraída, que le permite a Edwards contar más y no menos: abuso sexual, absurdos sociales, los orgullos y los prejuicios de un mundo ido que explica en gran parte el nuestro. Su yo, como ocurre con el yo de Patricio Fernández de La calle me distrajo , es una linterna que muestra más de lo que juega a mostrarse, una forma curiosamente púdica -e inesperada para quienes les basta leer el nombre del autor para juzgar el libro- de generosidad. Es cierto que esa seguridad en ambos casos no es ajena a ciertas certezas de clase que por lo demás denuncian. Lo hacen con el acento de esa clase, sabiendo que también esa es la tarea del escritor, dejar patente el tono de un mundo, la forma verbal de un universo.
Yo prefiero la falsa soberbia a la falsa humildad. Pelear contra quien depone sus armas, el que se cuenta del modo más simplemente plausible es un tipo de cobardía muy parroquial. La gracia de este libro (y del de Fernández y el de Villalobos) es que son libros indefensos que cuentan lo poco o nada que sus autores ven o creen ver del mundo. Testimonios que son más que lo que aparentan, que tienen la nobleza de no aparentar todo lo que saben, que nos recuerdan que escribir es también eso, el famoso espejo al borde del camino de Stendhal.
Hace poco, Philip Roth renunció a escribir sólo para evitarse la neurosis de estar encerrado en un bosque cercado por el subconsciente. ¿Se puede escribir, apartado de todo y todos, novelas que se paran solas en la nada? Pienso en Chateaubriand y Benjamin Constant, escritores entre muchas otras cosas que no renunciaron a ninguna batalla, a ningún error, a ninguna tentación, incluso la de escribir y escribirse. Roth se dedica ahora a ver gente y hablar cosas. Estoy seguro de que si escribiera eso, sólo eso, todo lo que ha hecho desde que renunció a escribir, daría al fin con su obra maestra. Es el tipo de libro que personalmente estoy esperando, esos que renuncian a ser escritos para escribirse mejor.

Publicación Aspectos de la autora viajera María Graham: la vida como una novela



La escritora inglesa vivió en Chile entre abril de 1822 y enero de 1823. Una de las tantas etapas incluidas en "María Graham. Una biografía literaria", obra de la investigadora chilena Regina Akel que primero se editó en inglés y ahora aparece en castellano. Entrevista a la autora del libro y una reseña del connotado profesor James Stevens Curl.  

por Patricio Tapia 

Diario El Mercurio, Artes y Letras
Domingo 30 de diciembre de 2012

Casi 200 años después hizo el viaje inverso de María Graham. Regina Akel fue profesora de literatura en la Universidad Católica, pero se alejó de la vida académica en 1977. Años después cumplió su deseo de viajar a Inglaterra para estudiar un doctorado. Fruto de su labor de investigación sobre María Graham -pudo ver los manuscritos de sus diarios no publicados, pudo consultar su correspondencia con el editor John Murray- publicó en inglés una biografía de la viajera, en 2009. Su libro abarca toda la vida de María Graham, quien estuvo sólo diez meses en Chile.
Regina Akel adquirió en Inglaterra la costumbre de evitar la hipocresía diciendo, de manera amable, la verdad, y también el gusto por el té. Su libro tiene una perspectiva literaria, en el sentido de que sus análisis suelen comparar las técnicas usadas o adelantadas por Graham y también porque ella construyó una suerte de personaje y narró su vida como en una novela. Además, el libro de Akel está escrito con cierto gusto por el suspenso e incluso el misterio: tuvo acceso a un diario de María Graham en poder de un coleccionista chileno que prefiere permanecer en el anonimato.
-María Graham, ¿es más que una viajera inglesa que pasó por Chile?
-A su llegada al país, María Graham ya había publicado con éxito tres diarios de viaje: dos acerca de la India y uno que relata su estadía en el pueblo de Poli, al norte de Italia. Cuando acompañó a su marido en su viaje a América del Sur, sin duda tenía pensado retratar los países que visitara. Ahora, este retrato tenía una finalidad: informar a los viajeros e inversionistas ingleses acerca de las características de estos lugares desconocidos que recién abrían sus puertas al mundo. Así, junto con describir comidas, vestimenta y costumbres de los chilenos, ella devela las carencias en infraestructura del país y el atraso en las prácticas agrícolas, por ejemplo, junto con riquezas que esperan ser explotadas. Me parecen notables también las descripciones de plantas que encontró en sus caminatas por los cerros de Valparaíso y el relato de los efectos del terremoto de 1822 en costas y caminos. Sus afirmaciones no estuvieron exentas de controversia en su propio país, pero más tarde fueron validadas por la Royal Geographical Society de Londres.
-¿En qué aspectos reside la importancia de María Graham para los chilenos?
-Ella fue la primera mujer que escribió sobre Chile al comienzo de nuestra vida independiente. Nos entrega detalles de la vida cotidiana en Santiago y Valparaíso que preferentemente notan las mujeres antes que los hombres; por ejemplo, su observación de que los chilenos prefieren moverse en vehículo antes que caminar. Esto a propósito de una invitación a cenar del Director Supremo, Bernardo O'Higgins, al Palacio de Gobierno que estaba ubicado donde se encuentra la actual oficina central de Correos de Chile. La casa donde ella alojaba estaba justo detrás del palacio, en calle Santo Domingo, pero para dirigirse a la cena los dueños de casa hicieron traer su coche y caballos. Pienso que en eso no hemos cambiado mucho en doscientos años. También me parece importante que haya descrito personajes históricos con gran inmediatez, a veces citando sus propias palabras en la intimidad de una conversación casual. Por otra parte, sus juicios deben ser recibidos con cierta precaución, porque la imparcialidad no era una de sus mayores virtudes.
-Usted coteja, cuando los hay, los "diarios" publicados y los "diarios" verdaderos. Y tienen diferencias. ¿Cuáles son las razones de ella para adoptar una voz pública distinta?
-Hay rasgos permanentes en la voz pública de María Graham que denotan una gran necesidad de aparecer moral e intelectualmente superior a su entorno. Por ejemplo, el uso de palabras rebuscadas, la referencia a autores extranjeros y a obras musicales, literarias o filosóficas poco conocidas, o la crítica constante a la vestimenta o cualidades morales de las mujeres que encuentra a su paso. Creo que sería aventurado proponer explicaciones para esta no muy agradable característica del estilo de María Graham, aunque en general se considera que esta actitud refleja un deseo de compensar alguna carencia sufrida en la niñez. Ahora, pienso que había una gran contradicción en esta escritora, porque a pesar de que guardaba celosamente sus sentimientos más íntimos, cuando se refería a Lord Thomas Cochrane mostraba una faceta muy apasionada y dejaba de lado toda restricción estilística. En pocas ocasiones, al leer el manuscrito del viaje hacia la India de 1808, o el diario que relata su niñez, compuesto al final de su vida, se pueden vislumbrar rasgos de la verdadera María, una niña y una joven sensible y maltratada por los acontecimientos de su vida.
-En el caso de Chile, no hay diarios y cartas. Pero usted compara algunas cosas con escritos de otros viajeros. ¿Podría indicar las principales distorsiones o inexactitudes que encontró?
-Existen distorsiones en varios planos entre los diarios publicados de María Graham y la realidad que conocemos. Por ejemplo, en el plano histórico, cuando ella detalla las razones de la disputa entre Lord Cochrane y José de San Martín, es un relato totalmente sesgado a favor de su compatriota. En el visual, cuando describe lugares, personajes y objetos claramente inexistentes en el Chile de la época, como el caso del misterioso boticario de Valparaíso que parece traído directamente desde la Florencia medieval. Notable es su descripción del convento de las monjas de San Agustín en Santiago con la extraña pila de agua en el centro del claustro. O los casos que imagina motivaciones e intenciones en personas que encuentra a su paso: la connotación siniestra que atribuye a su vecina de Valparaíso y a sus hijas. Todos estos agregados me parecen estrategias literarias para agregar interés a su relato, que en partes parece más ficción que descripción.
-Señala que recurrentemente ella percibió rechazo y hostilidad. ¿No sería un poco insoportable?
-Sin duda debe haber sido difícil convivir con María Graham desde que era niña. Si hacemos un recuento de los pasajes conflictivos que ella narra a lo largo de su vida, vemos que ya en el colegio dejó de hablarle a su prima porque la consideraba estúpida. Más tarde se enemistó con otras compañeras y estuvo sometida al castigo del silencio durante meses porque se negó a pedir perdón, cuando solamente tenía nueve años. Luego, en el barco con destino a la India, la oficialidad completa, con excepción del entonces teniente Graham, dejó de hablarle durante semanas. En Chile no tuvo mayores problemas, pero sí en Brasil. Las damas de la sociedad no la soportaban por su abierto interés en Lord Cochrane, a pesar de que la esposa de éste se encontraba en el país. Luego, en su breve paso por el palacio imperial, las damas de la corte le hicieron la guerra porque las enemistó con sus permanentes aires de superioridad. Por ejemplo, insistía en dirigirse solamente a la emperatriz Leopoldina en francés, de esa forma alienando a las damas portuguesas de la corte. Debe haber sido una señora sumamente antipática.
-Dedica un capítulo entero a Lord Cochrane. ¿Qué significó él para ella?
-Un capítulo entero de la biografía está dedicado a Lord Thomas Cochrane, porque es un personaje importante para nosotros además de controvertido e interesante. ¿Qué significó él en la vida de María? Mi opinión muy personal es que gracias a él existe el Diario de mi residencia en Chile . María no se habría quedado sola en Chile de no haber sabido que Lord Cochrane se encontraba aquí ayudando a la causa de la Independencia de Chile y Perú. Su disculpa aduciendo que no estaba de ánimo para soportar un viaje de vuelta a Inglaterra después de la muerte de su esposo parece débil viniendo de una hija y esposa de marinos que, por lo demás, había pasado parte de su juventud a bordo de un barco. Al igual que mucha gente, pienso que dada la forma en que María se refiere a Lord Cochrane en sus escritos, él fue el amor de su vida, pero dudo que él le haya correspondido. Esta incertidumbre ha dado lugar a especulaciones y varias novelas. La última, Maria and the Admiral , de Rachel Billington es excelente y fue publicada en Londres el año pasado.
-Si pudiera preguntarle algo a María Graham, ¿qué sería?
-Le preguntaría si realmente llevó un diario privado de vida durante su estadía en Chile, y si así fue, ¿dónde está? Si ese diario existiera, su lectura nos despejaría muchos misterios.
 Graham en Chile
El Diario de una residencia en Chile fue traducido en nuestro país por José Valenzuela en 1902, con varias reediciones. El escritor Tomás Lago (1903-1975) dejó en sus archivos un manuscrito, sin su última revisión, de una vida de María Graham que se publicó póstumamente como La viajera ilustrada (2000). En 2007, LarrainVial editó el Diario de una residencia en Chile en edición facsimilar y completa de la primera edición en castellano, con ilustraciones coloreadas por la viajera. De esta edición son las imágenes utilizadas aquí.
Una mujer nada común
María Graham (nacida Dundas, 1785-1842), viajera y escritora, era, al igual que la tía de Charley -el personaje en la obra teatral de Brandon Thomas-, una mujer nada común. Su lectura era omnívora, alentada por William Delamotte, el paisajista, quien la introdujo en las obras de Edmund Burke. Pero ella también se movió en el círculo de Agnes y Mary Berry, que habían sido amigas del celebrado ingenio y virtuoso Horace Walpole. Más tarde, en Edimburgo, conoció a miembros destacados de la Ilustración escocesa, incluyendo a Dugald Stewart y John Playfair. Sin embargo, ella enfermó de tuberculosis (la que finalmente la mataría) y, en el invierno de 1806-07, su ocio forzoso le permitió adquirir conocimientos sobre un amplio rango de temas, lo que le resultaría muy provechoso. Pero ella siempre resintió el hecho de no haber asistido a la universidad y esto aparece en la cálida biografía de Regina Akel.
En 1808, María Graham se embarcó con destino a la India. A bordo se encontraba el teniente Thomas Graham: cuando el barco atracó en el subcontinente, ellos estaban comprometidos, y se casaron en diciembre de 1809. Durante el siguiente par de años, Graham viajó por la India, asimilando impresiones y adquiriendo un inteligente interés en todo lo que veía. Después de su regreso a Inglaterra, publicó su Diario de una residencia en la India(1812), seguido de Cartas acerca de la India (1814), y su amplitud de miras es evidente en ambos textos, aunque no dejó de criticar algunas costumbres indias. Describió prácticas tales como el suttee , o sati , con el desapego del mero registro de hechos, lo que le granjeó una cierta cantidad de oprobio de parte de aquellos que sentían que las mujeres ni siquiera podían mencionar tales cosas sin sufrir graves desmayos.
En 1818, los Graham estuvieron en Roma, donde conocieron a numerosos artistas, incluyendo a Charles Lock Eastlake, John Jackson, J. M. W. Turner y Sir Thomas Lawrence. Fue Eastlake quien proporcionó las ilustraciones para Tres meses en las montañas al este de Roma , de Graham (1820), y Lawrence quien pintó el atractivo esbozo al óleo, ahora en la National Portrait Gallery, que muestra a Graham usando el tocado estilo turbante que solía lucir, probablemente para ocultar una lesión que sufrió cuando era una niña. En 1820, se publicaron sus Memorias de la vida de Nicolás Poussin , la primera monografía en inglés sobre ese artista.
En 1821, los Graham se embarcaron hacia América del Sur, pero en 1822 Thomas murió en el mar, y Graham se estableció por un tiempo en Chile, donde sufrió y escribió sobre un terremoto. En 1823, sin embargo, fue nombrada institutriz de Maria da Gloria, hija del Emperador del Brasil, y se mantuvo en el puesto hasta 1824. En 1825 regresó a Inglaterra. Mantuvo diarios sobre su residencia en Chile y el viaje a Brasil, y en 1828 publicó (con John Murray, de quien se había convertido en lectora) Una breve historia de España . En 1827, esta formidable sabelotodo se casó con el pintor Augustus Wall Callcott, para consternación de sus amigos y familiares, y la pareja hizo un largo viaje continental en 1827-1828 que llevó a los Ensayos preliminares de una historia de la pintura (1836). Su libro más exitoso, sin embargo, fue un libro para niños: Historia de Inglaterra de Arturito (1835).
Desde 1831, María Callcott se convirtió en una inválida permanente, y la vida le resultó desagradable y frustrante. Fue duramente desairada por Sir William Allan y John Callcott "Ropas" Horsley cuando aventuró puntos de vista sobre la decoración del Palacio de Westminster, y después de eso evitó toda conversación cuando se discutiera de arte. A partir de 1837, cuando su esposo fue nombrado caballero, ella fue Lady Callcott, pero como María Graham su nombre es venerado tanto en Chile como en Brasil (donde, en la desagradable jerga de estos tiempos ignorantes, ella es un "ícono gay").
Las ilustraciones en el libro de Akel incluyen la losa de la tumba de los Callcott / Graham (restaurada gracias a los esfuerzos de los Amigos del Cementerio Kensal Green y la Embajada de Chile) en el Cementerio General de Todas las Almas.
Traducción: Patricio Tapia

Lemebel: Barroquismo hiperbólico, herético y desvergonzado, disenso al grano, mínimo de adornos; ternura y simpatía...



Pedro Lemebel se ha convertido en una figura tan notoria, tan visible en el Chile actual que cuesta darse cuenta en qué medida es un milagro. Nunca había sido tan difícil emitir pronósticos sobre la literatura, nunca habíamos enfrentado un futuro tan incierto y aún así, de algo podemos estar seguros: la persona y la obra de Lemebel permanecerán y serán recordadas por su carácter único, herético, completamente desvergonzado. No es una hazaña menor en una época en la que lo irreverente está de moda y cualquiera sería capaz de vender a sus hijos con tal de posar como rebelde sin causa. Hay más que decir al respecto: Lemebel ha sido traducido, ha viajado a muchos encuentros fuera y dentro del país, ha recibido reconocimientos por doquier y es un ídolo a quien se lee y escucha con devoción en diversas partes, por los sectores más encontrados de la sociedad. Y nada de esto lo ha cambiado, porque no se le han subido los humos a la cabeza ni ha olvidado sus orígenes. Y, lo que es más importante, su prosa, flamígera e irrepetible, conserva un poderoso vigor y casi podría decirse que ha mejorado con el tiempo.
Háblame de amores , su sexto libro de crónicas, comprende artículos y relatos publicados en los últimos 20 años. Por lo general, vienen sin fecha, de modo que es inesperado descubrir "La insoportable levedad", texto escrito en 1993 y que comienza con las palabras: "Ciertamente que reconstruir la historia de la homosexualidad en Chile significa bucear en el océano oscuro de su clandestinidad". Luego vienen una serie de argumentos que, a veces, exhalan florituras y cascadas verbales -Lemebel siempre es Lemebel-, aunque bien podrían haber sido formulados por un cientista social. Sin embargo, el llamativo personaje se mueve a cuerpo de rey en otro tipo de piezas y sus admiradores gozarán con "Morir de amor en el Amazonas", "Luna de Barranquilla que me hiciste sangrar", "Maraqueo matinal", "Toda la piel de América en mi piel" -homenaje a Mercedes Sosa-, "Las azucenas estropeadas del incesto" y, sobre todo, "Los funerales de la Candy". Este ensayo, de mayor extensión que el resto, resucita, mediante un barroquismo hiperbólico, incluso para los estándares del escritor, a la que fuera reina de los transexuales, desde sus tiempos en el Blue Ballet, hasta su período más elegante, cuando fue dueña de un exclusivo restaurante santiaguino; el tema se presta para las lentejuelas, la seda, las pedrerías y toda clase de objetos, chabacanos o primorosos, de tal forma que el autor saca el máximo partido al estilo churrigueresco, rebosante, destemplado que tanto éxito le ha proporcionado.
El peligro de esta clase de escritura es que puede hostigar, pues ocurre con ella algo parecido a comer chocolate: podemos zamparnos una barra, pero seríamos incapaces de tragar una tonelada. Y he aquí que Háblame... demuestra algo realmente sorprendente y que, una vez más, confirma la singular calidad de este narrador: después de todo, resulta que Lemebel puede ser sencillo, puede ir al grano con un mínimo de adornos y puede conmovernos gracias a la ternura y la simpatía que vuelca en sus historias.
Esto es quizá lo mejor de Háblame... y vale la pena detenerse en unos cuantos títulos. "Aloma ya no vive aquí" cuenta la relación con una septuagenaria dama uruguaya, quien, junto a otras amigas, todas ex tupamaras, "se reunía una vez a la semana...a tomar mate leyendo, bromeando, comentando, emocionándose con los ojos anegados", hasta que reaparece su primer novio. Un paisaje muy distinto es el de "La Juanita de Puerto Viejo": en una caleta perdida en el desierto de Atacama, donde no hay luz, agua ni transporte, la gente, muy pobre, vive tranquila y sin problemas. "Adiós, Stella. Ñau, ñau, poeta" es un emocionado recuerdo de la formidable y temperamental Stella Díaz Varín. "Las manitos arañadas" y "De regreso al colegio" revelan ese don especial, ese acercamiento de Lemebel hacia los niños, y "El sabor tecnicolor de La Vega" muestra su irrenunciable gusto arrabalero.
Con todo, Háblame... contiene una breve sección que, en apariencia, nada tiene que ver con el trabajo previo de Lemebel, aun cuando, considerándola a fondo, pertenece ciento por ciento a su pluma: "Tres museos", donde se juntan lo estrambótico, lo incongruente, en medio de la cotidianeidad, el devenir pausado de los días en lugares normales... y muy inverosímiles.
En realidad, Háblame... da para mucho y, de nuevo, Lemebel nos provee con esa voz suya, la voz escéptica, vigorosa e incorrupta del disenso.

Dos mil trece por Juan Andrés Fontaine


Diario El Mercurio, Domingo 30 de Diciembre de 2012

http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2012/12/30/dos-mil-trece.asp 
Juan-Andres-Fontaine.jpg
Es tiempo de buenos deseos y propósitos. En lo que sigue hago presentes los míos.
Mucho de lo que nos pasa en Chile depende del resto del mundo. Por ejemplo, más allá de nuestros méritos, el que el 2012 haya terminado siendo tanto mejor que lo esperado obedece en buena medida a que -pese a las tribulaciones europeas- la economía mundial no recayó en la crisis. Cabe esperar que en 2013 ocurra otro tanto.
Europa, agobiada por la bancarrota de su modelo de Estado protector, no logrará levantar cabeza todavía, pero si su Banco Central sigue actuando con pericia, el euro se salvará y la banca europea sobrevivirá. Estados Unidos debe sortear el llamado "abismo fiscal" -el cese de los estímulos introducidos en 2009- antes de proseguir su reactivación. Si no hay humo blanco esta noche -aunque sea una prórroga para fraguar el acuerdo parlamentario requerido-, la decepción puede ser grande. Cabe desear que impere la sensatez y que la economía norteamericana reanude la marcha a buen paso. Para nosotros, lo más determinante puede ser el curso que siga la economía china, puntal del auge del cobre. Por ahora las noticias son auspiciosas, porque ha contenido la inflación y está pisando el acelerador. Enhorabuena.
La economía nacional concluye el 2012 creciendo a buen ritmo, con casi pleno empleo e inflación de sólo 2%. No será fácil repetir tan brillante desempeño en el año venidero. Se multiplican las manifestaciones de agotamiento de la capacidad productiva ociosa y de estrechez en la disponibilidad de mano de obra. Se corre el riesgo de que resurjan presiones inflacionarias o de exacerbar la apreciación del peso, con el consiguiente daño para la agricultura y la industria. El Gobierno debe tomar cartas en el asunto: contener la expansión del gasto fiscal para fortalecer el ahorro y lograr los acuerdos políticos para aplicar con sentido de urgencia la agenda pendiente de medidas pro inversión y pro competitividad. Ojalá tanto el Ejecutivo como los partidos oficialistas y de oposición asuman con responsabilidad el desafío.
El año entrante estará marcado por el calendario electoral. Las elecciones son una buena oportunidad para auscultar el verdadero sentir de la ciudadanía, tal vez diferente del que se expresa en las bulliciosas protestas o en las temperamentales encuestas de opinión. Enfrentados a la opción de seguir rumbo al desarrollo o de insistir en el camino de la redistribución tantas veces intentado sin éxito acá y en el vecindario, cabe esperar que el voto mayoritario se incline por el camino que llevamos. Exige sacrificios, pero brinda ya frutos palpables. ¿Será mucho pedir para el año nuevo?

Oscar Ríos acaba de ganar el "Sello de Excelencia al diseño" que por primera vez entrega el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes...‏



Premio a un maestro
 
Oscar Ríos acaba de ganar el "Sello de Excelencia al diseño" que por primera vez entrega el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Académico e investigador, ha formado por 40 años a cientos de diseñadores con su estilo lúdico y cariñosa formalidad. "Quiero despertar en los alumnos el interés y la observación fina", dice.   

Texto, Soledad Salgado S. | Fotografías, José Luis Rissetti
Diario El Mercurio, VD, sábado 29 de diciembre de 2012
http://diario.elmercurio.com/2012/12/29/vivienda_y_decoracion/entrevista/noticias/4BC9927F-A060-44FF-9B79-ED122F262B74.htm?id={4BC9927F-A060-44FF-9B79-ED122F262B74} 

Epifanía. Epi: por encima. Fanía, fanes: aparecer. Epifanía, una palabra que al diseñador Oscar Ríos le resulta precisa y que la desglosa para explicar sus propias revelaciones. "Hay momentos en que para ti tronan platillos, se ilumina el cielo y recibes cosas", dice, abriendo los ojos tras sus lentes. Lo más probable es que a lo largo de su vida no fuera consciente de que pequeñas apariciones gatillaron su camino hacia el diseño, pero hoy las celebra porque construyeron su historia. Todos quienes asistieron a la entrega del premio "Sello de excelencia al diseño" que le otorgó recientemente el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes se enteraron de las epifanías de Ríos a través de su discurso: su paso por una escuela alemana en el sur de Chile donde tempranamente supo del pintor holandés Hyeronimus Bosch y de las historietas del dibujante germano Wilhem Busch; o los textos de Julio Cortázar que fueron llegando a sus manos y cuyas líneas le hablaban del latido de metal y la suavidad satisfactoria de una simple cucharita, o las propiedades que podía tener un sillón. "Yo le he sacado partido a mis epifanías", dice sentado en el escritorio de su departamento.

Oscar Ríos se ve feliz. Y no es sólo por el premio -se entregó por primera vez-, sino porque es un gozador de la vida. Su firma no está en ningún producto fabricado, sino en los cientos de diseñadores que ha formado a lo largo de su destacada trayectoria como académico e investigador. "Yo podría haber hecho ropa, objetos, aparatos, arquitectura, pero nunca estuvo en mí el afán comercial, a mí me gusta dibujar, hacer dibujos para mis clases y crear puentes entre distintas épocas y disciplinas, despertar la observación fina y el interés de los alumnos", dice con una mezcla de entusiasmo, ingenio y sabiduría. Está impecablemente vestido con una de las tantas camisas que manda a hacer a su modista para que las rayas calcen perfecto en el cuello, lleva colleras de diseño, zapatos de cuero -más tarde dirá que son un clásico de 1840- chaqueta de lino con ojal y desde el cual cuelga una cadena que se esconde en el bolsillo. "¿Y eso qué es?", pregunta el fotógrafo. "Ah, esto es simplemente para tener un tema de conversación", bromea mostrando un relojito. 

A sus 71 años este profesor de Historia y Teoría del Diseño en la Universidad Diego Portales y titulado de arquitecto por la Universidad Católica de Valparaíso dice orgulloso que no tiene celular, tampoco email y no usa chequera. Oscar Ríos es un personaje particular.

¿Su facilidad para dibujar no lo acercó al diseño gráfico o la elaboración de afiches?

-Hice algunos afiches, recuerdo en particular uno que diseñé para la bienal de arte y diseño de 1998. Es un tema que me interesa, y sé bastante de los afiches en el mundo. ¡Pero es que acá somos tan malos para celebrar nuestra cultura! En el teatro chileno, por ejemplo, casi no hay afiches. Los dramaturgos son analfabetos visuales, sé que es políticamente incorrecto decir eso, pero bueno, lo que hacen es llamar a alguna chiquilla que le pegue al dibujo para que haga algo o que vaya con su cámara al ensayo y fotografíe una escena. Un dramaturgo inculto visualmente no se imagina que el afiche es una celebración y que habla de la memoria de un lugar. En otros países, en especial en Europa, se le da importancia.

¿Qué problemas cree usted que enfrenta el diseño hoy?

-Hay una enfermedad de productividad. Una palabra nefasta para el diseño es "valor agregado". Lo veo como tener la mala suerte de tener un bebé enfermo y que necesita suplementos para normalizarse. Si el objeto diseñado no es constituyente de celebrar un acto o ayudarte como persona, aunque tenga muchos valores agregados, no sirve. Los proyectos deben nacer con un buen ADN. Una obra arquitectónica por ejemplo nace en un lugar de acuerdo a tensiones urbanísticas, características del barrio, una sumatoria de cosas, anima a los otros a tener ese estándar y nace sin aditivos. Tú puedes tener el peor edificio con los mejores valores agregados y sigue siendo malo. Hay que mejorar las cosas y punto, pero no decir que es un valor agregado. Además, veo que hay muchos "emprendimientos", y que se basan en copiarle a otro que tuvo, además, un éxito relativo. 

¿Por qué se copia tanto?

-Porque consumimos muchas imágenes. Hay que preguntarse, cuestionarse, reflexionar. Hay que tener cuidado con las sirenas que te encantan con su canto. Se necesita tener más cultura para no subirse a todos los autos de colores y para no marearse. Hay que revisar los referentes antes de ponerse a diseñar. Yo, por ejemplo tengo estos zapatos que vienen de una tradición inglesa, que tienen la costura de la puntera en la parte exacta donde se flecta el pie. Es la elegancia de una silla Thonet, de una Bodoni, que está siempre presente.

Veo que le obsesionan los zapatos (varios pares se despliegan en un rincón del escritorio).

-Es una de mis tantas chifladuras. Me gustan. Me interesa saber cómo están hechos, cómo se llaman sus partes. Y fíjate que he encontrado que hay un elemento erótico en ellos que es lo apegado a la piel que son; es como un segundo cuerpo pegado a la piel, que tiene cintura, caderas... ¿ves? 

Oscar Ríos nació en una familia de clase media, con un padre que llegó a ser jefe de correos en Frutillar y una madre que tenía un taller de costura. El mayor de tres hermanos se pasaba el día recortando letras de la revista Life, dibujando aviones, husmeando en el taller y más tarde cosiendo su propia ropa: "Me acuerdo que les pegaba letras en paño lenci a las poleras". Entró a estudiar Arquitectura porque no existía Diseño como carrera, sin embargo, al poco tiempo y luego de enfermar gravemente de tuberculosis decidió congelar para irse a recorrer Europa. "Tengo que probarme que no me voy a morir, me dije, es una cosa de resiliencia, de sacarle partido a la vida", comenta. Quería conocer a los exponentes contemporáneos y trabajaba en albergues a cambio del alojamiento y comida. Hasta a Grecia llegó, y en Noruega tuvo la oportunidad de conocer a Eric Fromm en una charla a la que entró por casualidad. "Me han pasado cosas muy buenas en la vida. Otra epifanía", dice sonriendo.

De vuelta en Chile se tituló, pero a los pocos años derivó en el diseño, de hecho participó en la gestación de la revista Diseño con Hernán Garfias el año 1989, y luego en la creación de la Facultad de Arte, Arquitectura y Diseño de la UDP. "En esa época no se hacía ni un lápiz BIC acá, así es que tampoco tenía una gran motivación por hacer prototipos ni esas cosas. Me atraía la labor educadora, la discusión entorno a la disciplina, las cosas fundadoras", explica.

¿Ha cambiado el panorama?

-Claro. Hay gente con sus propias empresas, poca, pero buena. Se está haciendo muy buen diseño de muebles, de maderas, muy simples, muy finos. Los chiquillos de "Bravo!" lo han hecho muy bien. Francisco Javier Olea en ilustración es muy bueno, se replantea las cosas, lo mismo Alberto Montt; ambos han creado representaciones particulares.

Oscar Ríos es un profesor querido y un magnífico dibujante cuya croquera ya es parte de su mano. De las reuniones a las que asiste siempre sale con bosquejos interesantes o el estudio de una forma que viene a su cabeza mientras se discute algún tema. "Cocinerías", les llama. Varias de ellas formarán parte del libro que se lanzará en enero con parte de su inédita obra gráfica. No en vano el diseñador Manuel Figueroa Aguilera, quien editó un anterior texto en torno a la figura de Ríos, lo llamó "el más público de los anónimos". Ahora el mismo Figueroa señala sobre el premio: "Ha contribuido a la construcción de la cultura del diseño, siendo parte también de la historia de ésta. Ha generado un discurso en torno a la historia de la disciplina en Chile y el mundo, a través de un gran trabajo académico transversal en las distintas áreas... es reconocido como maestro por destacados diseñadores internacionales. Ha dictado conferencias fuera de Chile. Un hombre políglota y culto en el más amplio sentido de la palabra".

No es lo mismo estilo que clase...



por Alfredo Jocelyn-Holt Diario La Tercero- 29/12/2012 - 04:00



“DIGAME ENTONCES, ¿qué piensa de mí hasta ahora, Mr. Evans?’ Le dije que pensaba que tenía estilo. ‘Estilo, a lo mejor, pero dicen que no tengo clase. Afortunadamente, la gente con clase suele estar dispuesta a pasar por alto esta pifia porque soy muy rico. La clase no se compra, pero se puede comprar tolerancia mientras tanto para mitigar su ausencia’” (Peter Evans, Ari. The Life & Times of Aristotle Socrates Onassis, 1986).
Onassis, personaje como sacado de una novela de Eric Ambler (autor de La máscara de Dimitrios), dio con esta filosofía de vida cuando, recién llegado a Buenos Aires y en menos de cuatro años, antes de alcanzar la mayoría de edad, “se hizo la América”, no de la mejor ni más elegante de las maneras (aunque, dicha sea la verdad, por estos lados siempre ha sido un poco así). Tiempo después afinó su “estilo”, se hizo de yates, de la isla Skorpios, de la Callas, de Jacqueline Bouvier-Kennedy-Onassis, esta última lo más estiloso, “streamline, Mad Men style” del mercadeo de la imagen de aquella época.
Hoy, en cambio, en el mundo-fiesta-de-disfraces a que se nos ha spam-invitado, cualquiera, instantáneamente si quiere, puede “producirse”, hacerse de cierta “estética”, de cierto “perfil”, “new look”, “social lifting”, o, hablemos en términos antropológicos (seamos “progres”), de esa entelequia en que todo cabe, nadie entiende y siempre vende: de “identidad”.
 A propósito de esta obsesión identitaria de ahora último, paradójicamente también por los sin rostros, el año pasado el “Personaje del Año”, según la revista Time, fue un manifestante encapuchado (“The Protester”). Bien pudo haber sido “Anonymous”, vieja máscara inglesa de un conspirador incógnito, retomada por el movimiento “Occupy Wall Street” y que también hiciera suya Julian Assange. Si Time hubiese seguido en esa misma línea este año, cosa que no ocurrió, nunca debió haber elegido a Obama y saltado a “PSY”, el showman surcoreano de anteojos oscuros, Gangnam Style, a quien el mismo Obama, según propia confesión, remeda a escondidas. Idem personaje que figurara en una fiesta de fin de año ofrecida por Piñera a sus ministros (exhibieron un video con la cara del Presidente superpuesta al cuerpo contorsionado del cantante-bailarín, las ministras hicieron de coristas). Un espectáculo patético-surrealista. En una de estas, no es que el mundo político globalizado haya hallado finalmente su máscara, sino que los rostros de los primeros mandatarios se pueden estar convirtiendo, a su vez, en máscaras de este titiritero asiático chabacano pegajoso (con mil millones de reproducciones en YouTube). ¿Secreto álter ego de quienes pretenden mandar nuestros países? Los japoneses, aterrados, no lo pescaron.
Onassis también tenía la razón. No es cuestión de estilo (estamos  siendo inundados con esto del “estilo”); es de clase, o, por lo visto, de falta absoluta de clase. Eso que la plata, el poder, el lucro, ni los votos compran o sobornan (durante este año, para un Chile escandalizado, esto, al menos,  quedó claro). Eso que hasta el viejo Marx sabía que “valía” (no plusvalía) de verdad. Esa conciencia de que se “es” cuando se tiene historia y dignidad propia, no que se aspire a “ser” y ande uno disfrazándose de cualquier cosa sin vergüenza.

Hablemos en marzo por Francisco José Covarrubias


Diario El Mercurio, Sábado 29 de Diciembre de 2012

http://blogs.elmercurio.com/reportajes/2012/12/29/hablemos-en-marzo.asp
FRANCISCO-COVARRUBIAS.jpg
¡Michelle Bachelet está en Chile! Pero en silencio...
"Hay tiempo suficiente, hablemos en marzo", dijo hace algunos días, en un improvisado punto de prensa en las afueras de su casa.
El silencio de Bachelet, aunque es exagerado decir que está dañando la institucionalidad, se está transformando en algo enervante. Al estilo del Oráculo de Delfos, tenemos que leer los mensajes en clave, o enterarnos de lo que supuestamente está pensando a través de sus pitonisas (los Vidales, los Escalonas o los Andrades).
Pese a que esto se parece cada vez a la indefinición de Büchi con su "contradicción vital", es obvio que quiere y que será la candidata de la "nueva Concertación". Y hasta ahora su estrategia ha sido clara: simplemente no entrar al debate, vivir del recuerdo y, en el fondo, ningunear al resto de los candidatos.
Pero una cosa es la estrategia y la pelea chica, y otra distinta es no haber tenido opinión en dos años sobre las cosas relevantes que han pasado en Chile, como por ejemplo La Haya. Ello está en el filo de la irresponsabilidad.
Algunos dicen que cuando empiece a hablar en marzo la candidata irá dejando heridos en el camino. Que tendrá que tomar definiciones y decidir si está con los de aquí o con los de allá en cada uno de los temas. Yo creo que no será así.
Bachelet en marzo comenzará a hablar, pero en el fondo no romperá su silencio. Porque en la "nueva Concertación" es tal el nivel de diferencias en todos los temas, que necesariamente tendrá que pronunciarse sobre el futuro hablando del pasado: "cuando fuimos gobierno...", "cuando fui Presidenta...", etc. Bachelet tendrá que hablar, pero lo hará sin tomar definiciones. En el fondo, hablará desde el silencio...
La "vieja Concertación" fue un amplio espectro de centro izquierda, con objetivos comunes, buscados "en la medida de lo posible". Y resultó bien. A la izquierda profunda (comunistas) se le dejó fuera y a la izquierda populista (Girardi) se le mantuvo a raya.
En la "nueva Concertación", por el contrario, no existen acuerdos prácticamente en ninguno de los temas. La izquierda populista tendrá las trenzas más sueltas y la izquierda profunda será la invitada de honor. Sin ir más lejos, si en la "nueva Concertación" se nombra un ministro comunista, probablemente será el único ministro comunista de un país democrático en el mundo.
Eso explica por qué Bachelet tendrá que seguir "guardando silencio" durante 2013. Es cierto que las expectativas del poder unen. Y es probable que la disciplina de la elección haga que el espiral de silencio llegue a la coalición completa.
Tres son los temas que repiten todos los miembros de la "nueva Concertación": Fortalecimiento de la educación pública, reformas políticas y reforma tributaria. ¿Pero más allá del título, dónde se juntan los Walker con los Teillier? Mejor será el silencio...
En medio de este silencio ha surgido con cierta estridencia la voz de Velasco. Que mientras más cosas dice menos probable es que se transforme en el abanderado de la "nueva Concertación". Por eso es que su candidatura tiene cada vez más cara de tener que llegar hasta el final. Es cierto que ya dijo que sólo llegaría hasta las primarias. Pero también dijo antes que no sería candidato si Bachelet se presentaba. Llegar hasta noviembre es su única alternativa. Sacar el 15% en la primaria sería dramático. Sacar el 15% en las elecciones sería una plataforma de futuro.
Mientras tanto, la miopía de la Alianza ha sido no darse cuenta que el binominal es la causa final de la unión de la "nueva Concertación", ayudada -por cierto- por el silencio de su líder.
Tendremos que esperar lo que diga la próxima semana la encuesta CEP, que mostrará la nueva foto del momento. Vendrá el verano y no pasará nada. En el intertanto, y mientras llegamos a marzo, la candidata deberá recordar el viejo proverbio: "cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio".